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martes, 12 de octubre de 2021

Muerte y ¿resurrección? de la universidad pública.

Muerte y ¿resurrección? de la universidad pública.

 

Mtro. José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
robledomeza@yahoo.com.mx
cel: 2223703233

 

La institución que obtuvo la autonomía en 1956 fue la universidad pública denominada “Universidad Autónoma de Puebla”. La institución ha cambiado notablemente lo mismo que sus circunstancias. La sociedad poblana, la sociedad nacional, la sociedad mundial han cambiado preclaramente en los últimos sesenta años.

El nombre de la institución es ahora “Benemérita Universidad Autónoma de Puebla”. La Ley Orgánica de ayer hoy se denomina “Ley de la Benemérita Autónoma de Puebla” de la que se derivan tanto su Estatuto Orgánico como el reglamento del Consejo Universitario. Al violar el juramento contenido en el reglamente señalado, así como lo establecido en el Estatuto en lo relativo a la vigencia de la representatividad de maestros y alumnos, jurídicamente la paradoja se ha instalado en la institución.

Si en sentido estricto la autonomía es “darse reglas a uno mismo para o tomar decisiones sin intervención ni influencia externa”, hoy la “Benemérita” es una institución sin autonomía ya que ha violado sus propias normas que la han situado en los hechos no exista una autoridad institucional.

Frente a los hechos consumados –la ilegalidad y el fraude en la BUAP- es importante reflexionar sobre el futuro de la universidad. En las condiciones actuales, en que las decisiones de un grupo responden a los intereses de grupos (mafias dixit AMLO) para tener control sobre el presupuesto asignado es necesario responder algunas preguntas. ¿La universidad pública en las condiciones actuales es necesaria socialmente? ¿La universidad educa a nivel superior a las nuevas generaciones? ¿La conducta de la comunidad está orientada por una ética superior? ¿El mito de la defensa de la autonomía –el control del presupuesto- ha llegado a su fin? ¿Es el rector saliente el único responsable de los malos manejos del patrimonio universitario? ¿La comunidad es ajena a las condiciones de corrupción e impunidad de sus representantes? ¿La defensa de las conductas ilícitas de un rector es la defensa de la autonomía o todo lo contrario?

La atención del pasado y la imaginación en el presente, permitirá construir los recuerdos del futuro. Construir de los relatos existentes mapas, nos permitirá crear de los mapas relatos creíbles que permitan proyectar la energía social existente y sacar a la universidad pública de su presente condición. Se trata no solo de conocer el territorio sino de construirlo, en eso consiste la 4T. La 4T exige de artistas creadores en todos los terrenos, pero sobre todo en la política. Ubicarse y ser ubicados no pueden diferir de modo sustancial sobre todo si lo que está en juego es la consolidación de un proyecto democrático.

A continuación, el hilo argumental sobre la cuestión. Pinchar sobre el texto para acceder al documento.

A la Comunidad Universitaria No avalar la usurpación

¿Qué se está usurpando en la BUAP?

Mis principios

18 de agosto de 2021 en la BUAP, un día célebre.

Crear la posibilidad de la posibilidad.

Mi postura

De la usurpación al golpe de estado

Atentado contra la Soberanía Nacional

Violación a los derechos humanos en la BUAP

Razones por las cuales no participé. En defensa de la autonomía universitaria. Argumentos jurídicos.

Tres comentarios al mensaje de Gutiérrez Müller

La protesta-juramento de los consejeros y funcionarios en la BUAP. Consecuencias de su incumplimiento.

Análisis del mensaje de Gutiérrez Müller. Contexto y proyección.

Fraude electoral en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Elección ilegal convierte a la BUAP en una institución sin autoridad.

Frente a la corrupción e impunidad un modelo objetivo en el ámbito del derecho procesal.

 

 

miércoles, 16 de junio de 2021

La Construcción de la Nueva Universidad Pública Mexicana

La Construcción de la Nueva Universidad Pública Mexicana

CD José Antonio Robledo y Meza

Colegio de Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

 

Participar en el próximo proceso de elección de la rectoría de la BUAP es el propósito de la presentación de la propuesta denominada “La Construcción de la Nueva Universidad Pública Mexicana” conjunta experiencia y argumentos. Se formularán proposiciones argumentadas que permitan destacar las condiciones existentes en los subsistemas académico –docencia, investigación y extensión-, político, económico, burocrático… de la actual BUAP. Importante será redefinir las relaciones de la institución con otros sistemas: la cultura, la política, la economía, la naturaleza, el Universo. La reflexión parte de un cambio de perspectiva y actitud. En lo más cercano la universidad debe hacer frente a la responsabilidad de hacer tangible el derecho a la educación superior y cumplir con la obligación de transformar la sociedad. Lo expuesto es el resultado de mi formación y experiencia como académico durante 50 años. Experiencia que abarca la enseñanza frente a niños y la docencia en el nivel medio superior, licenciatura y posgrado; en la investigación desde mi estancia en la Preparatoria Popular Emiliano Zapata y continuada hasta ahora; la pantomima y la radio –durante más de 10 años- han sido mis principales instrumentos en el campo de la extensión.

La exposición se irá desarrollando por partes, en tantas en cuanto sea necesario para que puedan analizarse, discutirse y criticarse por los interesados, esto es, por los ciudadanos todos. En esta entrega se presentarán solo las ideas generales que orientarán las exposiciones lógicamente consecuentes.

El cambio de visión y actitud.

Superar la visión construida por las últimas administraciones de que la universidad es asunto e interés solo de los universitarios, debe abandonarse. La Universidad, como su nombre lo indica, es asunto universal y su condición de pública obliga a la BUAP a comprometerse con los valores que permitan construir una sociedad cada vez más democrática, justa, libre y amorosa. La BUAP, en su condición de institución pública, debe rendir cuentas a la sociedad representada por las autoridades legal y legítimamente constituidas y que están definidas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Nuevas circunstancias históricas exigen cambios de actitud de manera que la política universitaria esté orientada a cambiar tres tipos de comportamientos: hacia los demás, a la vida, y la naturaleza. Es importante discutir sobre cada uno de estos comportamientos y hacerlo en la perspectiva definida por dos ideas-fuerza: la Soberanía del Pueblo y la construcción de una Nueva República. El camino hacia la Nueva República exige la construcción de una Nueva Universidad. Esta intencionalidad de valor universal define la perspectiva; esta perspectiva exige un cambio en las actitudes, tanto individuales como colectivas, de los universitarios. La Nueva Universidad mexicana debe constituirse en un agente de promoción de lo establecido en la vigente Constitución.

La pérdida de autoridad de la BUAP es un hecho del cual debemos partir para mostrar el talante crítico y creativo de la comunidad para coadyuvar en la construcción de las nuevas instituciones que reclama la Nueva República. La sanción moral para quienes operaron la pérdida de la autoridad aludida debe ser el impedir que continúen administrando a la institución.

Tanto en el año 2018 como en el 2021 el pueblo de México definió a las autoridades que deben coordinar las acciones colectivas hacia la construcción de una Nueva Sociedad. Las autoridades electas democráticamente han realizado los cambios constitucionales que orientan los primeros pasos hacia la construcción de la Nueva República. Este caminar se ha iniciado promoviendo el respeto a los derechos humanos como elemento ineludible en la construcción de la nueva ciudadanía, combatiendo legalmente la corrupción, terminando con los abusos del fuero político a través de la revocación de mandato, la consulta popular, y tomando medidas para reducir el gasto suntuario de las burocracias en instituciones públicas.

La Constitución junto con el concepto de educación deben ser las plataformas para construir los conceptos de persona y sociedad democrática que requiere la Nueva República. Cambiar el paradigma basada en criterios numéricos en otro que responda a los valores para construir la ciudadanía que México y el mundo requiere.

El cambio de perspectiva académico.

Como el Universo, todos los mundos se expanden permanentemente. Se expande el mundo del existir: lenguaje, conceptos, saberes, conocimiento y tecnología; se expande el mundo del ser: las experiencias, los perceptos, el conocimiento y la tecnología. La expansión de los mundos del existir y del ser modifica permanentemente los perceptos y conceptos que aplicamos para modificar, sin parar, los mundos del ser y el existir a través de la tecnología.

La provisionalidad de conocimientos y saberes nos han permitido arribar a la racionalidad-crítica como criterio para avanzar contando con el apoyo de las mejores experiencias y los mejores argumentos construidos por los humanes a través de la historia. La conciencia de nuestras limitaciones, de los errores cometidos, de nuestra infinita ignorancia nos han hecho adoptar el método de la discusión y el principio de la racionalidad-crítica en todos los campos del saber y conocer.

Los mexicanos al igual que todos los humanes continuamos construyendo respuestas a las preguntas relativas al pasado (¿de dónde vengo?), del presente (¿quién soy?, ¿dónde estoy?) y del futuro (¿dónde voy?). Las respuestas a estas preguntas fundamentales nos obligan a responder a la pregunta de método: ¿cómo caminar del presente al futuro?, ¿cómo concretar paso a paso el camino hacia lo intencionalmente definido? La pregunta del método nos conduce directamente a la definición de políticas públicas orientadas por criterios éticos. ¿Cómo sabemos que nuestras respuestas son las mejores? Solo podemos apelar y aplicar el método de la discusión y el criterio de la racionalidad-crítica para provisionalmente aceptar las respuestas que requerimos para actuar.

Todo lo dicho tiene íntima relación con las funciones de la Nueva Escuela Mexicana, incluyendo a la Nueva Universidad Mexicana: docencia-investigación-extensión. Más adelante abundaré al respecto.

La Soberanía del Pueblo está expresada en la Constitución Política y por lo tanto, toda propuesta deberá estar enmarcada en el contexto constitucional. El artículo 1° Constitucional establece las categorías básicas de personas y seres humanos. En este sentido debe admitirse que los mexicanos como personas y seres humanos tenemos el derecho de tener y realizar pensamientos (pensar), sentimientos (sentir) y acciones (actuar); y armonizar pensamientos, sentimientos y acciones para formar significados de experiencia y crear nuevos conocimientos, sentimientos y conductas.

Con esto último debe comprometerse la Nueva Universidad Mexicana: la libertad para pensar (laicismo), para sentir (amar) y caminar hacia una sociedad (república) más justa aplicando permanentemente los criterios que hagan posible una convivencia democrática.

Paseo de las Fuentes, Puebla, Pue. 16 de junio de 2021.

José Antonio Robledo y Meza

robledomeza@yahoo.com.mx

celular: 2223703233

 

miércoles, 22 de enero de 2020

Autonomía, laicismo y universidad pública. Segunda parte


Autonomía, laicismo y universidad pública. Segunda parte
José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
robledomeza@yahoo.com.mx
WA: 2223703233

En nuestra entrega anterior terminábamos diciendo que “el criterio laico es el fundamento del principio de la autonomía de las actividades humanas, o sea la exigencia de que tales actividades se desarrollen según reglas propias, que no le sean impuestas desde fuera, con finalidades o intereses diferentes a los que ellas mismas se dan. Este principio es universal y puede ser invocado a nombre de cualquier de cualquier actividad “legítima” (que no obstaculicen, destruyan o imposibiliten a las demás). El principio de autonomía ha servido para sustraer la esfera del saber, a las influencias extrañas y deformadoras de las ideologías políticas, de los prejuicios de clase o de raza, etc.”

No otro es el sentido que el México republicano vigente se acompañara de la reforma educativa encabezada por Gabino Barreda Flores en 1867 donde la Ley Orgánica de Instrucción organiza la enseñanza laica. Esto ha sido reiterado en la reforma educativa de 2019 que teniendo como fundamento el concepto de Pueblo Soberano y como fin una Nueva República ha nombrado al proceso para lograrlo Cuarta Transformación.

México: la autonomía de la Universidad en México se inicia con la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo el 15 de octubre de 1917 y en los próximos años la Universidad Nacional Autónoma de México (hasta ese entonces Universidad Nacional de México) se establecería oficialmente como una Universidad autónoma en el año de 1929. La autonomía universitaria está garantizada por la Constitución desde 1979.

En este 2020 a 103 años de haber obtenido la autonomía la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (1917), a 91 años de la autonomía de la Universidad Nacional de México (1929) y a 64 años de que la Universidad de Puebla la obtuviera, resulta relevante que a partir del principio de laicidad que, como lo hemos visto, da sentido a la autonomía, se dé respuesta a las muchas de las interrogantes existentes en torno a la naturaleza y legitimidad de la Universidad pública. Destacan en estos momentos, por ejemplo, la problemática definida por las cuestiones siguientes: ¿Cómo concebir la forma de educación? ¿La educación debe ser un fin en sí misma o debe ser pragmática y orientada a una profesión? ¿Qué tipo de aprendizaje debe atender y de qué manera está vinculada la educación general con él? ¿Conforme a que criterio de cultura (calidad y cantidad de las materias de enseñanza), deben formularse los planes de estudios? ¿Cuáles deben ser las actividades a desarrollar por los estudiantes? ¿Qué áreas de conocimiento y disciplinas deben proponerse dentro del tronco común?

La Universidad Autónoma de Puebla tiene dos fuentes de legitimidad. En primer lugar, ser una institución pública y, en segundo lugar, por su especificidad de ser una universidad. Esto último nos remite a la necesidad de establecer los fundamentos epistemológicos que pueden sustentar la educación en una universidad. Formular tal epistemología requiere de formular una concepción de la enseñanza y una del aprendizaje, con la definición, por supuesto, del tipo de conocimientos que justifiquen ambas teorías. Analicemos cada uno de estos aspectos y a partir de él derivemos las cuatro conclusiones básicas relacionadas con la caracterización de la educación, las metas, los fines y los objetivos de la BUAP como universidad pública.

En la historia de México la enseñanza ha estado ligada a otras manifestaciones socio-culturales como la religión, la ciudadanía, la alfabetización, el patriotismo y la moralidad. Los nexos de la educación con la moral y la religión se debilitaron en distintos momentos históricos y se volvieron más relativas. La alfabetización incluyó la lectura, la escritura y la comprensión de ideas y al expandirse el núcleo común de conocimientos necesarios se volvió fragmentado. El patriotismo incorporó perspectivas críticas del propio país y de sus instituciones, y, por esto, las expectativas hacia la educación crecieron hasta incluir la igualdad de oportunidades. Tal y como se planteó en el proyecto de Universidad Crítica, Democrática y Popular, una propuesta alternativa a la hecha por el incipiente neoliberalismo.

Hoy día, podemos decir que la escuela pública se configura como el instrumento central de la oportunidad y la igualdad, de la reforma social, de la justicia social, de la productividad económica y del aprendizaje individual y socialmente relevante. Esto lo podemos constatar si observamos el marco jurídico de la educación pública: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (artículos 3) y la Ley Federal de Educación- en nuestro país.

La sociedad mexicana -como sociedad democrática- al estar fincada en el sufragio universal está indisolublemente unida a la escolarización universal. El sufragio sin escolarización de la mejor calidad posible produce demagogia, da lugar a un electorado manipulable y equivale a una mistificación de las instituciones y procesos democráticos. En artículo 3º constitucional establece que la educación “será de excelencia, entendida como el mejoramiento integral constante que promueve elmáximo logro de aprendizaje de los educandos, para el desarrollo de su pensamientocrítico y el fortalecimiento de los lazos entre escuela y comunidad”.

Una sociedad democrática debe capacitar para el diálogo racional, para los acuerdos responsables y una conducta apegada a la ley (espíritu republicano), por ello debe proporcionar igualdad de oportunidades educativas (espíritu democrático): dando la mayor cantidad -y de la mejor calidad posible- de educación pública. El democrático es uno de los criterios definidos en el 3º Constitucional para educar a los mexicanos, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.Los cambios que precisamos deben asegurar la continuidad en la historia de nuestra sociedad e instituciones republicanas y democráticas.

En otro instrumento jurídico -la Declaración de los Derechos Humanos- se alude, en su segundo párrafo, a los fines de la educación y a los valores que han de inspirarla, poniendo énfasis en aspectos que contribuyen a la formación de los ciudadanos del mundo: la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y grupos étnicos o religiosos, así como la promoción de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

(Continuará)

La primera parte puedes leerla aquí:
https://mexicoelarboldelosmilfrutos.blogspot.com/2020/01/autonomia-laicismo-y-universidad.html

martes, 21 de enero de 2020

Autonomía, laicismo y universidad pública. Primera parte

Guillermo de Ockham, también Occam, Ockam, (en inglés: William of Ockham)
(c. 1280/1288-1349) fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico inglés.

Autonomía, laicismo y universidad pública. Primera parte
José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
robledomeza@yahoo.com.mx
WA: 2223703233

De la evolución de tres conceptos podemos entender lo que hoy es la autonomía de una universidad pública y podemos derivar su proyección para el futuro. Nos referimos a los conceptos de “autonomía”, “laicismo” y “universidad pública”.

El laicismo surge a fines del siglo V (492) durante el papado de Gelasio I, quien expuso la teoría de las “dos espadas” en un tratado y en algunas cartas. Fue probablemente el primero en apelar con claridad al principio del laicismo, desconocido por la Antigüedad clásica, ya que ésta no conoció conflicto alguno de principios entre las diferentes actividades humanas. Esta teoría -la de los dos poderes distintos, derivados ambos de Dios -el del papa y el del emperador- sirvió a Gelasio para reivindicar la autonomía de la esfera religiosa con relación a la política. Fue doctrina oficial de la Iglesia durante muchos siglos. Todavía en el siglo XII el canonista Esteban de Tournai la expresó con extrema precisión en la introducción de su Summa Decretorum

En 1302 Juan de París en su tratado Sobre la potestad regia y papal utiliza la misma doctrina cuando se invierten los papeles, para defender el poder político contra el poder eclesiástico. 

En 1313 Dante en su De Monarchia vuelve a defender el poder político contra el poder eclesiástico, esto es,defiende al Imperio contra las injerencias excesivas de la Iglesia buscando una nueva interpretación de la naturaleza y puesto del Imperio –como instrumento para la realización de la humana civilitas-, con el fin de conseguir una nueva y más sólida concordia entre los poderes temporal y espiritual.

El principio laico fue introducido en el mundo académico por Guillermo de Occam.A principios del siglo XIV y a propósito de la condena de algunas de las proposiciones de Santo Tomás, de parte del Obispo de París, Occam sentenció: “Las aserciones principalmente filosóficas, que no conciernen a la teología, no deben ser condenadas o interdictas por nadie, ya que en ellas cada uno debe ser libre de decir libremente lo que guste” (Dialogus Inter magistrum et discipulum de imperatorum et pontificum potestates, I, II, 22). 

Más adelante durante el Renacimiento y la Ilustración se consolida la progresiva prevalencia del laicismo en la vida política y civil de Occidente. Es importante recordar el célebre caso del siglo XVII.Galileo Galilei, reafirmó el principio de laicismo formulado por Occam con respecto a la ciencia, polemizando contra los límites y los obstáculos opuestos a la ciencia por la autoridad eclesiástica. La Sagrada Escritura y la naturaleza –decía Galileo- proceden ambas del Verbo divino, pero en tanto que la palabra de Dios ha debido adaptarse al limitado entendimiento de los hombres a los cuales se dirigía, la naturaleza es inexorable e inmutable y nunca trasciende los términos de las leyes que le son impuestas, porque no se cuida de que sus recónditas razones sean o no comprendidas por los hombres y, de tal manera, “lo que los efectos naturales o la sensata experiencia nos pone ante los ojos o lo que también las demostraciones necesarias afirman, de ninguna manera debe ser puesto en duda, ni tampoco condenado, en virtud de que fragmentos de la Escritura tuvieran diferente significación” (Lett. Alla Grand. Cristina, en Op., V, 316)

Como podemos ver el principio del laicismo ha sido uno de los fundamentos de la cultura moderna y, por lo tanto, ha resultado indispensable a la vida y al desarrollo de todos sus aspectos. En el mundo de hoy los auténticos adversarios del laicismo son las direcciones políticas totalitarias, esto es, las direcciones que pretenden adueñarse del poder político y ejercerlo con la única finalidad de conservarlo para siempre. Tales direcciones, en efecto, pretenden adueñarse del cuerpo y del alma del hombre para impedirle toda crítica o rebelión. Una dirección política totalitaria puede ser reconocida con facilidad precisamente en relación con el principio del laicismo: ya se apoye en una confesión religiosa, en una ideología racista o clasista o en otra cualquiera, tiende en primer lugar a disminuir y por último a destruir la autonomía de las esferas espirituales, como tiende a disminuir y a destruir los derechos de libertad del ciudadano. El laicismo, en efecto, es en el plano de las relaciones de las actividades humanas entre sí, lo que es la libertad en el plano de las relaciones de los hombres entre sí: es el límite o la medida que garantiza a esas actividades la posibilidad de organizarse y desarrollarse, como la libertad es el límite y la medida que garantiza a las relaciones humanas la posibilidad de mantenerse y desarrollarse. El saber humanístico y el conocimiento científico exigen la autonomía de sus reglas, o sea el laicismo.

Aquí surgen las preguntas ¿a quién interesa la defensa del laicismo? ¿La defensa del laicismo es de interés público? Respondemos que el principio del laicismo interesa a todos ya que la administración del Estado, las ciencias, la cultura, la educación y, en general, las esferas de la actividad humana, se organicen y rijan por principios que puedan ser reconocidos por todos, o sea que resulten independientes de la inevitable disparidad de creencias y de ideologías y que, por lo tanto, hagan eficaces y fecundas las actividades en las que se fundan. Es bastante evidente que una administración política que favorezca a determinados grupos de ciudadanos en perjuicio de los demás es simplemente una administración ineficaz y corrompida. Una ciencia que sirva los intereses de partidos, creencias e ideologías, no puede considerarse meritoria bajo ningún título y no es, en efecto, una ciencia. Sería parecida a un arte médico que admitiera como criterio de diagnosis, prognosis y cura los deseos del paciente o de otras personas o, más exactamente, un arte médico semejante sería un caso de ciencia “no laica”. El laicismo es un criterio que interesa a todos, ya que se supone que el interés de todos es el desarrollo armonioso de las actividades que aseguren la supervivencia del hombre en el mundo.

El criterio laico es el fundamento del principio de la autonomía de las actividades humanas, o sea la exigencia de que tales actividades se desarrollen según reglas propias, que no le sean impuestas desde fuera, con finalidades o intereses diferentes a los que ellas mismas se dan. Este principio es universal y puede ser invocado a nombre de cualquier de cualquier actividad “legítima” (que no obstaculicen, destruyan o imposibiliten a las demás). El principio de autonomía ha servido para sustraer la esfera del saber, a las influencias extrañas y deformadoras de las ideologías políticas, de los prejuicios de clase o de raza, etc.

(Continuará)

lunes, 2 de septiembre de 2019

Pasado y futuro de la educación pública


Pasado y futuro de la educación pública.
José Antonio Robledo y Meza
WA: 2223703233

El día 2 de septiembre de 2019 apareció en La Jornada de Oriente la entrevista que Aurelio Fernández Fuentes le hizo a Luciano Concheiro Bórquez, subsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública federal y encabezada de la siguiente manera “Rompimos con la horrible costumbre de meter las manos en el gobierno de las universidades, señaló Concheiro.”

Con respecto a las universidades públicas, que ejemplificó con los casos relacionados con la UNAM y la BUAP, señaló como diagnóstico las características de mercantilización y gobierno clientelar que violentó la autonomía de las instituciones al permitir que gobiernos anteriores intervinieran en los procesos y dinámicas internos de las mismas. En pocas palabras lo que se infiere de lo dicho por Luciano Concheiro es que en los procesos y dinámicas anteriores de las universidades intervinieron actores externos para modificar lo que llamó “la función primordial de la educación pública”. A eso se prestaron quienes hoy encabezan las instituciones mencionadas.

Resalto dos citas de la entrevista:
1) “Que se mercantilizó la educación, que a todo se le puso precio y se olvidó la función primordial de la educación pública; ese es el primer nudo que hay que resolver para integrar la educación a la Cuarta Transformación”.
2) “es lo que había y por desgracia aún prevalece en algunos lugares una política de gobierno clientelar.”

Frente a esta situaciónLuciano Concheiro Bórquez proyecta el nuevo rumbo de políticas públicas afirmando que “El papel de las universidades en la 4T: aterrizar los programas en las necesidades sociales, atender los grandes problemas nacionales”; en relación a la nueva escuela aseveró que ““la comunidad escolar no puede ser áulica”, es decir, encerrada en el aula”” y que el gobierno federal observará el “respeto absoluto hacia los procesos internos de las universidades”; es enfático al señalar “no nos meteremos en la dinámica interna de gobierno de las universidades”.
Como puede apreciarse no hizo pronunciamiento alguno en torno a los dos casos ventilados públicamente y que deben ser resueltos por las instancias correspondientes:
1) La cara desconocida de Pumas: privatización de recursos de la UNAM y subsidio permanente  

2) Legislación BUAP y el caso Lobos

La entrevista completa a Luciano Concheiro Bórquez aquí:

miércoles, 19 de junio de 2019

Autonomía, laicismo, democracia y la universidad pública mexicana


Autonomía, laicismo, democracia y la universidad pública mexicana.
Mtro. José Antonio Robledo y Meza
Mtra. Karla Pérez Rodríguez
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
wa: 2223703233

De la evolución de tres conceptos podemos entender lo que hoy es la autonomía de una universidad pública y podemos derivar su proyección para el futuro. Nos referimos a los conceptos de “autonomía”, “laicismo” y “universidad pública”.
Para comprender el sentido de la autonomía de las universidades públicas y su proyección al futuro, es necesario conocer la evolución y aplicación del principio laico.

El laicismo surge a fines del siglo V (492) durante el papado de Gelasio I, quien expuso la teoría de las “dos espadas” en un tratado y en algunas cartas. Fue probablemente el primero en apelar con claridad al principio del laicismo, desconocido por la Antigüedad clásica, ya que ésta no conoció conflicto alguno de principios entre las diferentes actividades humanas.

El principio laico fue introducido en el mundo académico por Guillermo de Occam. A principios del siglo XIV y a propósito de la condena de algunas de las proposiciones de Santo Tomás, de parte del Obispo de París, Occam sentenció: “Las aserciones principalmente filosóficas, que no conciernen a la teología, no deben ser condenadas o interdictas por nadie, ya que en ellas cada uno debe ser libre de decir libremente lo que guste” (Dialogus Inter magistrum et discipulum de imperatorum et pontificum potestates, I, II, 22 [escrito después de 1327]). Más adelante durante el Renacimiento y la Ilustración se consolida la progresiva prevalencia del laicismo en la vida política y civil de Occidente. Es importante recordar el célebre caso del siglo XVII. Galileo Galilei, reafirmó el principio de laicismo formulado por Occam con respecto a la ciencia, polemizando contra los límites y los obstáculos opuestos a la ciencia por la autoridad eclesiástica.

El principio del laicismo ha sido uno de los fundamentos de la cultura moderna y, por lo tanto, ha resultado indispensable a la vida y al desarrollo de todos sus aspectos. El laicismo, en efecto, es en el plano de las relaciones de las actividades humanas entre sí, lo que es la libertad en el plano de las relaciones de los hombres entre sí: es el límite o la medida que garantiza a esas actividades la posibilidad de organizarse y desarrollarse, como la libertad es el límite y la medida que garantiza a las relaciones humanas la posibilidad de mantenerse y desarrollarse. El saber humanístico y el conocimiento científico exigen la autonomía de sus reglas, o sea el laicismo.

Aquí surgen las preguntas ¿a quién interesa la defensa del laicismo? ¿La defensa del laicismo es de interés público? Respondemos que el principio del laicismo interesa a todos ya que la administración del Estado, las ciencias, la cultura, la educación y, en general, las esferas de la actividad humana, se organicen y rijan por principios que puedan ser reconocidos por todos, o sea que resulten independientes de la inevitable disparidad de creencias y de ideologías y que, por lo tanto, hagan eficaces y fecundas las actividades en las que se fundan.

El criterio laico es el fundamento del principio de la autonomía de las actividades humanas, o sea la exigencia de que tales actividades se desarrollen según reglas propias, que no le sean impuestas desde fuera, con finalidades o intereses diferentes a los que ellas mismas se dan. Este principio es universal y puede ser invocado a nombre de cualquier de cualquier actividad “legítima” (que no obstaculicen, destruyan o imposibiliten a las demás). El principio de autonomía ha servido para sustraer la esfera del saber, a las influencias extrañas y deformadoras de las ideologías políticas, de los prejuicios de clase o de raza, etc.
No otro es el sentido que el México republicano vigente se acompañara de la reforma educativa encabezada por Gabino Barreda Flores en 1867 donde la Ley Orgánica de Instrucción organiza la enseñanza laica.

El principio del laicismo y la lucha por la autonomía en los campos de la enseñanza y la investigación ha sido uno de los fundamentos de la cultura moderna y, por lo tanto, ha resultado indispensable a la vida y al desarrollo de todos sus aspectos.

El laicismo es en el plano de las relaciones de las actividades humanas lo que es la libertad en el plano de las relaciones de los hombres: es el límite o la medida que garantiza a esas actividades la posibilidad de organizarse y desarrollarse, como la libertad es el límite y la medida que garantiza a las relaciones humanas la posibilidad de mantenerse y desarrollarse. El saber humanístico y el conocimiento científico exigen para su desarrollo de la autonomía de sus reglas.

A décadas de haber obtenido la autonomía varias de las universidades públicas resulta relevante que a partir del principio de laicidad que da sentido a la autonomía se dé respuesta a las muchas son las interrogantes existentes en torno a la naturaleza y legitimidad de la Universidad pública. Destacan en estos momentos, por ejemplo, la problemática definida por las cuestiones siguientes: ¿Cómo concebir la forma de educación? ¿La educación debe ser un fin en sí misma o debe ser pragmática y orientada a una profesión? ¿Qué tipo de aprendizaje debe atender y de qué manera está vinculada la educación general con él? ¿Conforme a que criterio de cultura (calidad y cantidad de las materias de enseñanza), deben formularse los planes de estudios? ¿Cuáles deben ser las actividades a desarrollar por los estudiantes? ¿Qué áreas de conocimiento y disciplinas deben proponerse dentro del tronco común? ¿Bajo qué criterios se impulsa una investigación y no otra?

La Universidad pública mexicana tiene dos fuentes de legitimidad. En primer lugar, ser una institución pública y, en segundo lugar, por su especificidad de ser una universidad. Esto nos conduce a la necesidad de referirnos a los fundamentos epistemológicos que pueden sustentar la educación en una universidad. Formular tal epistemología requiere de formular una concepción de la enseñanza y una del aprendizaje, con la definición, por supuesto, del tipo de conocimientos que justifiquen ambas teorías.

Hoy día, podemos decir que la escuela pública debe configurarse como el instrumento central de la oportunidad y la igualdad, de la reforma social, de la justicia social, de la productividad económica y del aprendizaje individual y socialmente relevante. Esto lo podemos constatar si observamos el marco jurídico de la educación pública –Constitución (Artículos 3, 5, 44, 45) y debe quedar claramente formulada en Ley General de Educación.

La sociedad mexicana -como sociedad democrática- al estar fincada en el sufragio universal está indisolublemente unida a la escolarización universal. Una sociedad democrática debe capacitar para el diálogo racional, para los acuerdos responsables y una conducta apegada a la ley, por ello debe proporcionar igualdad de oportunidades educativas: dando la mayor cantidad -y de la mejor calidad posible- de educación pública. Los cambios que precisamos deben asegurar la continuidad en la historia de nuestra sociedad e instituciones.

En otro instrumento jurídico -la Declaración de los Derechos Humanos- se alude, en su segundo párrafo, a los fines de la educación y a los valores que han de inspirarla, poniendo énfasis en aspectos que contribuyen a la formación de los ciudadanos del mundo: la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y grupos étnicos o religiosos, así como la promoción de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

Con estas premisas podemos derivar que el marco jurídico aludido expresa nuestros propósitos comunes, nuestro pluralismo, nuestro deseo de igualdad y excelencia educativa. Esto queda claramente expresado en la demanda de que cada uno de los planteles del sistema educativo proporcione a los futuros ciudadanos el conocimiento, las actitudes y los instrumentos que les permitan participar plenamente en la vida democrática y ejercer sus derechos y obligaciones. Para alcanzar esto se requiere de una educación que favorezca la adquisición de conocimientos básicos, el pensamiento crítico y la imaginación. Estas tres cosas es lo que definirían una educación con orientación a la excelencia. Cada retroceso en este sentido devaluaría a los estudiantes y pondría en peligro nuestra democracia.

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