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sábado, 6 de enero de 2024

El futuro de los partidos políticos en México

El futuro de los partidos políticos en México

José Antonio Robledo y Meza

 

Cuando se plantea la pregunta “¿por qué ocurren los sucesos en la política mexicana de una manera y no de otra manera?”, se busca una respuesta que indique cuál será el sentido de los sucesos. Por ejemplo, si la alianza de tres partidos políticos con distintas historias, principios, intenciones y sin predominio de uno de ellos en cuanto a autoridad política se refiere, se anticipa que finalmente predominará que la alianza operará en contra de cada uno de los partidos.

¿Hacia dónde se orientará la energía perdida? Hay solo dos posibilidades:

a) Se oriente hacia uno de los partidos que, distintos a los tres aliados, existan.

b) Se oriente hacia la no participación en las elecciones.

Si se orienta hacia uno de los partidos existentes, el partido beneficiado será el que ofrezca más posibilidades de desarrollo y éste sería el partido en el poder.

Los que opten por la no participación estarán beneficiando también a los partidos participantes y especialmente al partido en el poder.

La energía política perdida en la alianza perdedora no la pierde el sistema solo la distribuirá aleatoriamente en el sistema político y esta distribución tenderá a reorganizarse hacia una condición más probable que, también, favorece al partido con más poder. Pero esta reorganización del sistema universo provocará, en el interior del partido beneficiado, un aumento de disensos y de cómo se disuelvan estos disensos en un nuevo consenso, definirán el perfil futuro de los partidos beneficiados y del sistema de partidos.

Este nuevo consenso hará muy improbable la irreversibilidad del sistema político original, de manera tal que, algunos de los partidos de la alianza perdedora estén jugando quizá su última carta para sobrevivir.

Los resultados de las elecciones del 2024 anunciarán el rumbo que tomará la trasformación de la sociedad mexicana en sus tres subsistemas básicos: el económico, el político y el cultural.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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martes, 28 de junio de 2022

Génesis de los partidos políticos en México

Génesis de los partidos políticos en México

José Antonio Robledo y Meza


Las diferencias y escisiones dieron por resultado a las dos grandes tendencias políticas o “partidos” que iban a cortar en tres al México del siglo XIX: las diferencias existentes entre las clases poseedoras y el resto de la población y dos escisiones, la primera entre el Estado y la Iglesia y la segunda entre el centro y las provincias.

La proclamación de Iturbide como Emperador obligó al surgimiento del movimiento antiiturbidista. Este último se dividió rápidamente en “borbonistas” y “republicanos”. Las élites dirigentes se confrontaron con vehemencia. Oficiales del ejército, profesionistas y clérigos, comerciantes y terratenientes se dividieron en dos tendencias políticas: “monarquistas” y “republicanos”.

El “Partido monárquico” o “borbonista” estuvo formado por los miembros del alto clero, algunos oficiales del ejército, los terratenientes y los miembros de la burguesía que controlaban el comercio y la minería. El “Partido republicano” agrupó de su lado al clero bajo y medio, a los profesionistas y a una facción del ejército.

Estas dos tendencias se agruparían en las primeras organizaciones políticas de México: las logias masónicas. El primero en nacer fue, en 1813, el “Partido escocés”. En su mayoría eran peninsulares y desarrollaron sus actividades con el concurso particular de los oficiales de las fuerzas armadas que constituyeron, de hecho, su principal sostén.

En España, desde 1812, el término “liberal” empiezó a formar parte del lenguaje político de las cortes de Cádiz, para distinguirse del partido servil, y en la literatura, con Madame de Stäél y Sismondi, para indicar una nueva orientación ético-política que se estaba consolidando. De esta manera desde el inicio del siglo XIX el adjetivo “liberal” era acompañado por otros términos políticos que algunas veces negaban o limitaban su contenido. Hubo partidos monárquicos-liberales, liberales-nacionales, católicos-liberales, protestantes-liberales, liberales-democráticos, liberales-librecambistas, liberales-estatalistas.
El término “conservador” aparece en el año de 1818 en su uso político moderno. Se originó con Chateubriand y Lammenais, quienes fundaron juntos un diario llamado Le Conservateur para combatir a los partidarios de la Revolución francesa. En 1820 nace, en Francia, el positivismo europeo quien repudia los principales elementos de la teoría liberal.

El conservadurismo mexicano nace y se desarrolla durante los años 1821-1857 y con él los sinónimos de conservador: tradicionalistas, serviles, iturbidistas, escoceses, novenarios, imparciales, aristócratas, bustamantistas, clericales, monarquistas, centralistas, santanistas, etc.

Durante cincuenta años (1820-1870) se manifestaron varios fenómenos políticos que marcarían el desarrollo del Estado por nacer en México: conflictos ideológicos, confusión política y modificaciones de las doctrinas clásicas del liberalismo. Los años posteriores al 70, con Juárez primero y con Díaz después, fueron de consenso político al mismo tiempo que se manifestaría un conflicto teórico entre el liberalismo clásico o doctrinario y el “positivismo”.

La Constitución de Cádiz se restablece en 1820. Según José María Luis Mora (Revista política de las diversas administraciones de la República mexicana que ha tenido hasta 1837) a mediados de este año se empezaron a manifestarse dos tendencias: una que pretendía cambios políticos radicales y otra que los repudiaba y quería mantener el estado de cosas vigente. Los partidarios de cambios comenzaron por sustituir la palabra Imperio, como denominación del país, por el de República y más tarde agregaron el concepto Federal. Estas tendencias fueron calificadas por Mora de “extra-constitucionales”.


El liberalismo-conservadurismo mexicano. La construcción de las visiones.

Básicamente tres son las versiones de la historia política del México decimonónico. Estas se han diferenciado por dos aspectos: su compromiso ideológico y el uso político de la historia. Las dos visiones tienen su origen en las luchas ideológicas del siglo XIX: la que tiene como origen a Lucas Alamán y la liberal-oficial. La escuela alamanista está representada por José Vasconcelos, Mariano Cuevas y José Bravo Ugarte. La escuela liberal-oficial predominante tiene como representantes más destacados a Justo Sierra, Emilio Rabasa, Jesús Reyes Heroles y Francisco López Cámara. Estas dos escuelas fueron establecidas por las pugnas de los mismos contrincantes de la primera generación después de la independencia y reproducidas posteriormente. En el centro de cada una existió un creciente interés por forjar una nación. Es así que el nacionalismo y el conflicto ideológico han sido los principales determinantes en la historiografía política mexicana.


La tercera versión, iniciada a mediados del siglo XX, autodenominada crítica o no oficial -desconfiaba de la versión oficial y alertada a lo dicho por los representantes de la escuela alamanista y sus estudiosos- está representada por Cosío Villegas, Reyes Heroles, González Navarro, Allan Knight, Charles Hale y Josefina Vázquez.


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