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sábado, 10 de agosto de 2019

Recuerdos de mis tiempos 1


Recuerdos de mis tiempos 1
José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
WA: 2223703233



En 1954 -a los tres años- ingresé al nivel de “parvulitos” de la escuela “Sor Juana Inés de la Cruz” que estaba situada en la calle 5 de mayo casi con la esquina de la 16 oriente de la ciudad de Puebla. En ese entonces no había cuadernos, ni lápices, mucho menos bolígrafos… Para aprender se debía copiar lo que la maestra escribía en una lona habilitada como pizarrón. Los “escuincles” –así nos llamaban- escribíamos en una pizarra como la siguiente



Usábamos una pequeña mina para escribir que la llamábamos “pizarrín”.

Para borrar lo escrito se podía usar una esponja o un pedazo de tela… nosotros usábamos la lengua…

Aquí la imagen de una niña con su pizarra.



De esta época fueron los pupitres –tecnología de punta- que jamás tuvimos en nuestra escuela…



Pupitre con 4 asientos con pizarras incrustadas, año 1950

En el recreo nos comíamos las tortas que nos habían preparado; regularmente eran rellenas de nata, frijoles o plátano… ¡¡¡Deliciosas!!!




Llevábamos el agua en cantimplora…  


Aquí unas imágenes de la época

Plaza de toros



Cauce del río de San Francisco, hoy boulevard 5 de mayo



El Parián



El kiosco del zócalo



Avenida Reforma



Paseo Bravo



Zócalo de Puebla




Vista aérea de la ciudad




Puebla Antigua



1950 Olds, La Carrera Panamericana Oaxaca - Puebla



CANCIONES QUE ESCUCHABA EN LA RADIO EN LOS 50-60 s - AUDIO



LA MÚSICA EN MÉXICO EN LOS AÑOS 50




viernes, 17 de mayo de 2019

De la ignorancia al pensar

José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
Cel. 2223703233


Todo problema como tal nace cuando el espíritu se halla en una situación intermedia entre la ignorancia y el saber. No hay problema para el ignorante, como tampoco lo hay para el sabio. La noción misma de problema va unida a la de filosofía, es decir, de deseo o amor a la sabiduría.
Bréhier E. en El problema en filosofía contemporánea.



¿Qué debe saber hacer un estudiante que egresa de una universidad se le enseñe o no? La respuesta depende de la intención del estudiante en cuestión. ¿Quiere un certificado? ¿Quiere ser profesor? ¿Quiere aprender a pensar? De esta última cuestión me ocuparé.
Los humanes sabemos muchas cosas, tenemos información que nos interesa de muchos tipos: de valor histórico, de interés intelectual, de importancia práctica (tecnología) de profundo conocimiento teorético (filosofía, teología, geometría, matemáticas y ciencia) que nos procuran comprensión del mundo y el Universo; pero también reconocemos que es infinita nuestra ignorancia. Adquirimos conciencia de nuestra ignorancia por: a) el conocimiento adquirido en la vida cotidiana y en el campo de las ciencias; b) la reflexión que a cada paso que damos en la solución de un problema nos permite descubrir nuevos problemas incluso ahí donde creíamos estar en terreno firme.
¿Cómo adquirimos saberes y conocimientos? Al estudiar aprendemos; adquirimos saberes y conocimientos, y, con esto, desarrollamos las condiciones para formular nuevos problemas ya que el estudio al mismo tiempo que nos abre las puertas de los saberes y conocimientos, nos da conciencia de nuestra ignorancia. El estudio hace posible que adquiramos distintas habilidades y capacidades -como las de dudar y sorprendernos y la creatividad-. El estudio al ayudarnos a formular problemas nos conduce a pensar, a investigar. Por lo dicho, los humanes reconocemos que día a día crecen nuestros saberes y conocimientos pero al mismo tiempo que nuestra ignorancia es casi infinita. Y esta tensión entre saber e ignorancia se mantiene todo el tiempo.
Todo saber es para el pensador una fuente de problemas y es con problemas que se mantiene vivo el pensar. Son los problemas -la tensión entre saber, conocer e ignorar lo que le dan sentido al pensar. Después sigue el análisis del problema y los ensayos de solución y su correspondiente argumentación.
Una fuente del pensar nos lo proporcionan las contradicciones contenidas en nuestros saberes y conocimientos; otra son las contradicciones presentadas entre los saberes y los hechos a los que se pretende dar cuenta. Sea uno u otro el caso el problema es conceptual ya que si el problema viniera del mundo práctico esto nos obligaría a meditar, teorizar, especular, dando con ello lugar a conceptualizaciones.
Continuemos con un par de ejemplos. Imaginemos que nos preguntamos ¿Qué es la vida humana? Antes de ir por la respuesta es necesario saber qué tipo de pregunta se está uno haciendo. Y la pregunta que nos hacemos es conceptual ya que la pregunta: ¿Qué es la vida humana? exige una definición del concepto "vida humana". Y aquí surgen más preguntas. ¿Por qué puede uno preguntarse tal cosa? ¿Por qué es uno capaz de preguntarse tal cosa? ¿Eso tiene el sentido de por qué es necesario preguntarse tal cosa? La legitimidad de la pregunta es epistémica ya que el hombre siempre se ha mostrado como un animal curioso que sabe muchas cosas pero que también ignora muchas más. Otra pregunta derivada de la original sería: ¿Uno tiene el derecho de saber que es la vida humana? Esta pregunta apunta por la necesidad biológica de saberlo. ¿Es necesario saberlo? Esta pregunta apunta por las razones, esto es, por la necesidad de explicar por qué hay vida humana.
Hemos repetido varias veces el por qué tal o cual cosa lo que equivale a preguntarse por las causas de la vida humana, o en otras palabras, la vida humana es efecto de qué circunstancias. Finalmente podemos preguntarnos por las características de la vida humana ¿Cómo se manifiesta? ¿De qué manera? ¿En qué forma? ¿Qué sería un ejemplo de vida humana?
Ahora hagamos un pequeño ejercicio. Supón que eres astronautas, y que tu nave espacial cae en un planeta desconocido para ti. ¿Qué es lo que harías una vez recobrado el conocimiento? Lógicamente, las cuatro primeras preguntas que un humán haría en tales circunstancias serían: ¿dónde estoy?, ¿cómo lo sé?, ¿qué debo hacer?, ¿cómo le hago? Estas preguntas, fundamentales para el estudio de la existencia y por ende, para la supervivencia humana, son respondidas por las cuatro primeras ramas de la filosofía: metafísica (¿dónde estoy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?), epistemología (¿cómo lo sé?), ética (¿qué debo hacer?) y política (¿cómo le hago?).
¿Dónde estoy? Los aportes del pensar no me dirán si estoy en Cholula o en Ámsterdam o en otro lugar (aun cuando me dará las herramientas necesarias para averiguarlo); sin embargo, ayudará a comprender el dilema: ¿estoy en un mundo gobernado por leyes estables, firmes, cognoscibles, absolutas? ¿O estoy en un caos incomprensible? ¿Las cosas a mí alrededor son reales, o son sólo una ilusión? ¿Existen independientemente de mi voluntad o son creadas por mi mente? ¿Puedo cambiarlas según mi voluntad o no? De estas preguntas se ocupa la Metafísica, que es el estudio de la naturaleza de la existencia como tal.
¿Cómo lo sé? Como el humán no es omnisciente ni infalible, debe descubrir el mundo, averiguar qué es el conocimiento y cómo probar la validez de sus conclusiones al respecto. ¿Adquiere saber por un proceso racional o por una súbita revelación, o por instintos, o por acto reflejo? ¿Es la razón competente para descubrir la realidad o el humán posee alguna otra facultad superior o paralela a la razón? ¿Puede estar seguro de algo o está condenado a vivir en una duda perpetua? De todo ello se ocupa la epistemología, que estudia el conocimiento y el medio de adquirirlo.
¿Qué debería hacer? Las investigaciones a las dos primeras preguntas determinarán la respuesta a la tercera. ¿Qué es bueno y malo para el humán, y por qué? ¿Su preocupación debería ser alcanzar la felicidad o huir del sufrimiento? ¿Debería perseguir sus propias metas, o subordinarse a las de los demás? De ello se ocupa la ética, rama del pensar que estudia el modo en que un hombre debería comportarse.
A su vez, la respuesta que da la ética determina cómo el humán debería tratar con otros humanes, lo que involucra la cuarta rama de la filosofía, la política, directamente basada en las primeras tres, que define los principios de un sistema social adecuado.
Analiza cada pregunta y te percatarás que algunas tienen tanto componentes teóricos como prácticos. Lo dicho hasta aquí nos permite inferir que:
1) No hay problema sin ignorancia.
2) No hay problema sin conocimientos y saberes.
3) No hay pensar sin ignorancia.
4) No hay pensar sin conocimientos y saberes.
5) No hay pensar sin problemas, i.e., sin ignorancia y conocimientos y saberes.
Si retomamos la pregunta inicial ¿Qué debe saber hacer un estudiante que egresa de una universidad se le enseñe o no? concluyo que es el reconocimiento de que la ignorancia nos pone en el camino del estudio y de los problemas, y son el carácter y la cualidad de éstos -los problemas- juntamente con su análisis, la audacia y singularidad de las soluciones propuestas lo que determina el valor o falta de valor del pensar. Y una forma de problematizar es formulando preguntas así que un estudiante que aspire a formarse como pensador no debe conformarse con repetir soluciones sino, por el contrario, debe habilitarse como un formulador de preguntas.

Puebla, Pue., Plazas de Guadalupe
16 de mayo del 2019

lunes, 5 de febrero de 2018

5 de febrero de 2018: 101 años de la Constitución de 1917 ¿Momento de una gran reforma?

5 de febrero de 2018: 101 años de la Constitución de 1917
¿Momento de una gran reforma?
José Antonio Robledo y Meza
robledomeza@yahoo.com.mx

Para Carlos Meza Valenzuela, Jorge Lerín Valenzuela y Raymundo García García, con quiénes compartí estimulantes momentos de reflexión en torno a temas constitucionales.

Día de la constitución. Frente a las campañas políticas parece no ser un tema de actualidad. Sostengo qué es una cuestión que en estos momentos nos ayudaría a levantar la mirada y plantear propuestas argumentadas frente a las trivialidades de los candidatos a ocupar los cientos de cargos de representación “popular”.

La discusión en torno a todos los aspectos alrededor de la Constitución es un tema relevante para las condiciones actuales; es un tema de actualidad que hunde sus raíces muy lejos y que ha sido motivo de reflexión, temor y esperanza para la familia mexicana durante su evolución.

Las personas con las que platico cotidianamente tienen presente que esta conmemoración alude al fin de un proceso y el inicio de otro. Los intentos de fundar una sociedad terrenal –mejor que la existente- es lo que ha llevado a los mexicanos a realizar esfuerzos para darse una constitución. Una constitución que se leía como una promesa que anunciaba un fin: la mejora de la sociedad para beneficio de quienes la constituimos.

Hoy estamos viviendo una realidad conformada con nuestras propias esperanzas y propuestas entre las que destaca la recuperación del principio de la Soberanía Nacional; realidad también conformada con nuestros propios miedos y terrores: crecimiento de la pobreza -material e intelectual-, ausencia de autoridades legítimas en todos los terrenos, ausencia de liderazgos que inspiren la superación de la mediocridad reinante, degradación del lenguaje que impide la coordinación política, etc. Frente a esto, se derivan las siguientes preguntas que pediremos -a quienes nos leen- intentar esclarecer y, entre todos, definir una agenda ciudadana.

Un poco de historia.

La actual Constitución tuvo como precedentes a la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, de 1857, y ésta, a su vez, fue precedida por cinco leyes fundamentales (El Acta Constitutiva de la Federación y la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1824; Las Siete Leyes Constitucionales, de 1835-1836; las Bases Orgánicas de la República Mexicana de 1843 y el Acta Constitutiva y de Reformas, de 1847) Anterior a éstas se organizó el Estado teniendo como base la Constitución de Cádiz de 1812, los Sentimientos de la Nación de José María Morelos, de 1813 y el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, o Constitución de Apatzingan, de 1814.

En total nueve documentos constitucionales. ¿Qué se intentaba constituir? Nada más y nada menos que el Estado Mexicano fundado hace 150 años, en 1867 y cuya efemérides pasó desapercibida.

Llama la atención que entre 1813 a 1856 (46 años) hubo nada menos que siete constituciones y de 1857 hasta la fecha (148 años) solamente dos. Si unimos a esto que entre 1824 y 1867 (43 años) hubo 54 gobernantes y que de 1867 a 1811 (44 años) hubo 8 presidentes, entonces surge la interrogante en relación a la estabilidad política alcanzada en la república. He dicho república y esto no es trivial como tampoco lo es que se pensara ésta como federal, democrática y con división de poderes.

Debemos convenir que el concepto de Estado es de suyo una abstracción. Sin embargo las sociedades recurren a ella para organizar la convivencia de acuerdo a principios y fines compartidos. Los principios del Estado no son pues una abstracción sino producto de la razón política de quienes acuerdan convivir para lograr ciertos fines y según esos principios fundamentales.

Algunas preguntas a manera de conclusión.

¿Para qué los mexicanos decidimos construir nuestra historia a partir de darnos un código normativo máximo llamado Constitución? ¿Para qué fines nos hemos reunido y nos hemos dado principios fundamentales? ¿Es pertinente discutir una gran reforma o promulgación de una nueva Constitución? ¿Qué es una Constitución y cuál debe ser su función? ¿Qué debe contener  la Constitución? ¿Es necesaria una gran reforma constitucional? Si hay que reformarla ¿en qué sentido (para qué)? ¿Cuáles son las virtudes que hay que conservar? ¿Cuáles los aspectos que deben modificarse o eliminarse? Si es necesaria una nueva Constitución ¿cómo llegaremos a definirla y qué debe perseguir prioritariamente?

Termino con una pregunta más: ¿qué es ser mexicano hoy día?

México el árbol de los mil frutos tiene sitio web

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