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lunes, 12 de septiembre de 2022

Barreda y el 16 de septiembre de 1867

Barreda y el 16 de septiembre de 1867

José Antonio Robledo y Meza

 

La causa primera del actual Movimiento de Renovación Nacional es el movimiento encabezado por Miguel Hidalgo y asociado simbólicamente con la principal fecha de conmemoración ciudadana en México como lo es el Grito del 16 de septiembre de 1810. Sin embargo, el lazo más fuerte del mundo simbólico actual es la conmemoración realizada el día 16 de septiembre de 1867 en la ciudad de Guanajuato. En esa ocasión un personaje de primera importancia en nuestra historia, aunque un poco olvidado, y líder ideológico del juarismo pronuncio la famosísima “Oración cívica” que en su párrafo inicial construye el significado de la conmemoración que una vez más vamos a celebrar. Sus palabras adquieren un significado político muy relevante en los días que corren en este año de 2022.

Barreda dice en el primer párrafo lo siguiente: “En presencia de la crisis revolucionaria que sacude al país entero desde la memorable proclamación del 16 de septiembre de 1810; a la vista de la inmensa conflagración producida por una chispa, al parecer insignificante, lanzada por un anciano sexagenario en el oscuro pueblo de Dolores; al considerar que después de haberse conseguido el que parecía fin único de ese fuego de renovación que cundió por todas partes, quiero decir, la separación de México de la Metrópoli Española, el incendio ha consumido todavía dos generaciones enteras y aún humea después de cincuenta y siete años, un deber sagrado y apremiante surge para todo aquel que no vea en la historia un conjunto de hechos incoherentes y estrambóticos, propios sólo para preocupar a los novelistas y a los curiosos; una necesidad se hace sentir por todas partes, para todos aquellos que no quieren, que no pueden dejar la historia entregada al capricho de influencias providenciales, ni al azar de fortuitos accidentes, sino que trabajan por ver en ella una ciencia, más difícil sin duda, pero sujeta, como las demás, a las leyes que la dominan y que hacen posible la previsión de los hechos por venir, y la explicación de los que ya han pasado. Este deber y esta necesidad, es la de hallar el hilo que pueda servirnos de guía y permitirnos recorrer, sin peligro de extraviarnos, este intrincado dédalo de luchas y resistencias, de avances y de retrogradaciones, que se han sucedido sin tregua en este terrible pero fecundo periodo de nuestra vida nacional: es la de presentar esta serie de hechos, al parecer extraños y excepcionales, como un conjunto compacto y homogéneo, como el desarrollo necesario y fatal de un programa latente, si puedo expresarme así, que nadie había formulado con precisión pero que el buen sentido popular había sabido adivinar con su perspicacia y natural empirismo; es la de hacer ver que durante todo el tiempo en que parecía que navegábamos sin brújula y sin norte, el partido progresista, al través de mil escollos y de inmensas y obstinadas resistencias, ha caminado siempre en buen rumbo, hasta lograr después de la más dolorosa y la más fecunda de nuestras luchas, el grandioso resultado que hoy palpamos, admirados y sorprendidos casi de nuestra propia obra: es, en fin, la de sacar, conforme al consejo de Comte, las grandes lecciones sociales que deben ofrecer a todos esas dolorosas colisiones que la anarquía, que reina actualmente en los espíritus y en las ideas, provoca por todas partes, y que no puede cesar hasta que una doctrina verdaderamente universal reúna todas las inteligencias en una síntesis común.”

El valor simbólico del año de 1867

1867 es el año de la victoria de Benito Juárez sobre Maximiliano y Conservadores. Antes de que se cumpliera un mes de la victoria liberal, Juárez propuso que se extendiera a los clérigos el derecho de votar y que se hicieran distinciones de grado al castigar a quienes hubieran colaborado con los franceses o con Maximiliano. Sus propuestas fueron muy debatidas, pero finalmente se aprobó una amplia ley de amnistía el 10 de octubre de 1870. Se comienza a identificar al liberalismo con la nación misma. Se establece una tradición liberal oficial. El liberalismo dejó de ser una ideología en lucha contra: a) unas instituciones; b) un orden social; c) unos valores heredados. El liberalismo se convirtió en un mito político unificador. Se encontró con un ambiente intelectual nuevo, influido en parte por la filosofía positivista.

Con Juárez electo constitucionalmente, el 2 de diciembre de 1867 y en un ambiente de creciente antijuarismo por el proceso y resultado de las elecciones presidenciales, se expidió la Ley Orgánica de Instrucción Pública en el Distrito Federal. Esta norma estableció todo un sistema de instituciones educativas dividido en dos niveles: la instrucción primaria y la instrucción secundaria. La escuela de estudios preparatorios se ubicó en el nivel secundario junto con otras escuelas e instituciones: instrucción secundaria para mujeres, estudios profesionales -en sus distintas modalidades: jurisprudencia, medicina, cirugía y farmacia, agricultura y veterinaria, ingenieros y naturalistas-, bellas artes, música y declamación, comercio, normal, artes y oficios, para la enseñanza de sordomudos, un observatorio astronómico, una academia nacional de ciencias y literatura, y un jardín botánico.

1867 es el inicio del vigente Estado mexicano: republicano, democrático y laico.

Estado republicano donde el presidente es el jefe de Estado.

Estado democrático. La forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes; 2) forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen conforme a mecanismos contractuales

Estado laico. El Estado pertenece a la sociedad civil, es independiente de cualquier organización o confesión religiosa.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

WA: 2223703233

 

viernes, 13 de septiembre de 2019

Historia y significado del 16 de septiembre. Quinta y última parte

Historia y significado del 16 de septiembre. Quinta y última parte
José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
WA: 2223703233



Mural de Arturo García Bustos en las escalinatas del Palacio de Gobierno de Oaxaca

En 1871 Juárez celebró las fiestas en el Teatro Nacional de la ciudad de México. Las ceremonias se realizaron como venía haciéndose años antes: después de escucharse discursos y poesías, así como algunas piezas de música y canto, el presidente a las once de la noche vitoreó la Independencia, retirándose ante los acordes del Himno Nacional. Las bandas de música recorrieron las calles tocando el himno hasta la Plaza de la Constitución, en donde se quemaron fuegos artificiales.

 
Detalle del mural de José Clemente Orozco, Juárez, el clero y los imperialistas, ubicado en el Museo Nacional de Historia - Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Escucha la quinta parte de la obra de teatro Coatl y Cuatli de Felipe Galván.



En 1887 Porfirio Díaz trajo a la ciudad de México la campana de Dolores y en Palacio Nacional se convirtió en el primer presidente en tocarla. Convocó a que el 15 por la noche se celebrara la Gran Fiesta Nacional, día de su cumpleaños.

En 1910 Con Porfirio Díaz se realizan la fiesta con mayor fastuosidad y pomposidad de la historia y en1912 con Francisco I. Madero la celebración vuelve a tener la sencillez original.

En 1940 Lázaro Cárdenas del Río encabeza la ceremonia en Dolores Hidalgo.

En 1960 Adolfo López Mateos ordenó la construcción de 31 réplicas idénticas a la campana original, las cuales se hacen tañer en todas las capitales de la República Mexicana cada 15 de septiembre.

Detalle del mural de Diego Rivera “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”

Barreda y el 16 de septiembre

Sepulcro de Gabino Barreda en la Rotonda de las Personas Ilustres.

El día 16 de septiembre de 1867 en la ciudad de Guanajuato un personaje de primera importancia en nuestra historia, aunque un poco olvidado, y líder ideológico del juarismo pronuncio la famosísima “Oración cívica” que en sus dos primeros párrafos pinta el significado de la conmemoración que una vez vamos a celebrar. Sus palabras adquieren un significado político muy relevante en los días que corren en este año de 2019.

Conciudadanos: En presencia de la crisis revolucionaria que sacude al país entero desde la memorable proclamación del 16 de septiembre de 1810; a la vista de la inmensa conflagración producida por una chispa, al parecer insignificante, lanzada por un anciano sexagenario en el oscuro pueblo de Dolores; al considerar que después de haberse conseguido el que parecía fin único de ese fuego de renovación que cundió por todas partes, quiero decir, la separación de México de la Metrópoli Española, el incendio ha consumido todavía dos generaciones enteras y aún humea después de cincuenta y siete años, un deber sagrado y apremiante surge para todo aquel que no vea en la historia un conjunto de hechos incoherentes y estrambóticos, propios sólo para preocupar a los novelistas y a los curiosos; una necesidad[1] se hace sentir por todas partes, para todos aquellos que no quieren, que no pueden dejar la historia entregada al capricho de influencias providenciales, ni al azar de fortuitos accidentes, sino que trabajan por ver en ella una ciencia, más difícil sin duda, pero sujeta, como las demás, a las leyes que la dominan y que hacen posible la previsión de los hechos por venir, y la explicación de los que ya han pasado. Este deber y esta necesidad, es la de hallar el hilo que pueda servirnos de guía y permitirnos recorrer, sin peligro de extraviarnos, este intrincado dédalo[2] de luchas y resistencias, de avances y de retrogradaciones, que se han sucedido sin tregua en este terrible pero fecundo periodo de nuestra vida nacional: es la de presentar esta serie de hechos, al parecer extraños y excepcionales, como un conjunto compacto y homogéneo, como el desarrollo necesario y fatal de un programa latente, si puedo expresarme así, que nadie había formulado con precisión pero que el buen sentido popular había sabido adivinar con su perspicacia y natural empirismo; es la de hacer ver que durante todo el tiempo en que parecía que navegábamos sin brújula y sin norte, el partido progresista, al través de mil escollos y de inmensas y obstinadas resistencias, ha caminado siempre en buen rumbo, hasta lograr después de la más dolorosa y la más fecunda de nuestras luchas, el grandioso resultado que hoy palpamos, admirados y sorprendidos casi de nuestra propia obra: es, en fin, la de sacar, conforme al consejo de Comte, las grandes lecciones sociales que deben ofrecer a todos esas dolorosas colisiones que la anarquía, que reina actualmente en los espíritus y en las ideas, provoca por todas partes, y que no puede cesar hasta que una doctrina verdaderamente universal reúna todas las inteligencias en una síntesis común.[3]
El orador a quien se ha impuesto el honroso deber de dirigiros la palabra en esta solemne ocasión, siente, como el que más, el vehemente deseo de examinar, con ese espíritu y bajo ese aspecto, el terrible período que acabamos de recorrer, y que políticos mezquinos o de mala fe, pretenden arrojarnos al rostro como un cieno infamante para mancillar así nuestro espíritu y nuestro corazón, nuestra inteligencia y nuestra moralidad, presentándolo maliciosamente como una triste excepción en la evolución progresiva de la humanidad; pero que, examinado a la luz de la razón y de la filosofía, vendrá  a presentarse como un inmenso drama, cuyo desenlace será la sublime apoteosis de los gigantes de 1810, y de la continuada falange de héroes[4] que se han sucedido, desde Hidalgo y Morelos,[5]hasta Guerrero e Iturbide;[6] desde Zaragoza y Ocampo,[7] hasta Salazar[8] y Arteaga,[9] y desde éstos hasta los vencedores de la hiena de Tacubaya[10] y del aventurero de Miramar.[11]

CONCLUSIONES

El ritual de la celebración del 16 de septiembre tiene la carga de la reiteración de la reconciliación nacional y a lo largo de su historia ha permitido definir distintos tipos de intencionalidades políticas conjugando los tiempos de la historia.

Se reitera la unidad nacional recordando los hechos históricos constituyentes de la nación y se formulan objetivos a alcanzar.

El condimento esencial de la ceremonia es la recreación emotiva de los mejores momentos de la nación cuyos protagonistas son los héroes realizando acciones heroicas, especialmente se recuerda a Hidalgo –Padre de la Patria- conduciendo al pueblo a su emancipación política con respecto a España.

¿Pero cómo se ha realizado este ritual? Dar respuesta a esta pregunta remite a la historia de la visión que las generaciones pasadas han tenido sobre los hechos que nos constituyeron y constituyen como nación.

La peculiaridad de la conmemoración está definida por rasgos harto significativos:

1) Es la única conmemoración civil de carácter popular que sintetiza en un solo momento aspectos de la identidad nacional. El sentir popular está apegado a los ideales de soberanía, libertad e independencia.

2) Engrana, incorpora y resuelve en un solo momento aspectos que se le han ido agregando a lo largo de la historia. El rito revela las formas en que el país ha celebrado su historia. Uno de los simbolismos más sobresalientes en el ceremonial es la reunión masiva y espontánea de la población en el Zócalo.

3) Combina diversos elementos históricos.

4) Incorpora, en forma de arenga, el llamado a la sedición que hace Miguel Hidalgo y Costilla para levantarse contra el régimen colonial. Este llamado es origen y esencia de la más importante fiesta patria y es el elemento central de la festividad y es lo que hace único a este festejo en el mundo.

5) La arenga es la comunión entre el gobierno y el pueblo que reproduce la adhesión, el consenso, el acuerdo de defender la Independencia nacional.

6) Asimila el proceso por el cual Agustín de Iturbide promueve la jura del acta de Independencia en todas las regiones del país.

7) Reproduce las formas características que distintos estratos de la sociedad adoptan para festejar: los carros alegóricos, las representaciones teatrales, los recitales poéticos, los convivios y banquetes, la algarabía popular.

8) El rito se ha llevado a cabo desde 1812 hasta nuestros días.

Escucha la sexta y última parte de la obra de teatro Coatl y Cuatli de Felipe Galván.



También te invito a leer el libro: Gabino Barreda y el mitologema liberal

Descarga Barreda y el Mitologema Liberal Aquí

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[1] Este deber y necesidad marca la visión histórica de Barreda.
[2] Laberinto.
[3] Esta síntesis común no alude a la serie de fracasos políticos a los que Rabasa hace mención: “Así fue cómo por dos actos sucesivos –(disolver el Congreso y la creación de la Junta Instituyente), y cuando se iniciaba en el espíritu público el respeto a la autoridad investida de los poderes de la nación, Iturbide destruyó todo principio de autoridad suprema y quitó los fundamentos de la suya propia, primero atentando contra la representación investida del poder nacional y después usurpando ese poder para la investidura de una asamblea sin origen legal ni autoridad alguna. La idea democrática fue así destruida en germen; la fe en los principios que la alimentan vaciló desde entonces.
Cinco meses después tocó su turno de desprestigio a la autoridad fundada en la fuerza. Una revolución rápida como pocas, sin grandes esfuerzos ni notables hechos de armas, casi sin encontrar resistencias, dio al traste con el principio y lanzó al emperador del territorio nacional. En menos de un año, los pueblos habían perdido la fe en el derecho y el respeto a la fuerza, y con la eficacia de las lecciones de la experiencia habían aprendido a burlarse de las promesas del uno y a despreciar las amenazas del otro.” (Rabasa, Emilio: 1968 (1912). La constitución y la dictadura. México, Porrúa, 5-6)
[4] Héroe. (Del lat. heros, -ois, y éste del gr. heros.) m. Entre los antiguos paganos, el nacido de un dios o una diosa y de una persona humana, como Heracles (Hércules). II Varón famoso por sus hazañas o virtudes. II El que lleva a cabo una acción heroica. II Persona principal de todo poema, drama, ópera, novela o película en que se representa una acción, aventura edificante o gesta. II Cualquiera de los personajes de carácter elevado en la epopeya.
HEROICO, CA. (Del lat. heroicus, y éste del gr. heroikós.) adj. Aplícase a las personas famosas por sus hazañas o virtudes, y por ext., dícese también de las acciones. II Perteneciente a ellas. II Aplícase también a la poesía en que se narran hechos memorables.
[5] Insurgentes y muertos por su participación en la insurgencia.
[6] Firmaron el acta de independencia.
[7] Vinculados con la Reforma.
[8] Carlos Salazar (1829-1865) combatió la invasión estadunidense (1847), fue liberal en la revolución de Ayutla (1854) y en la guerra de los tres años (1858-1860), luchó contra la invasión francesa y el Imperio. Participó en la batalla del 5 de mayo. Acompañó a Juárez en su viaje hacia el norte. Fue fusilado por los proimperialistas.
[9] José María Arteaga (1827-1865). Combatió la invasión norteamericana, fue fusilado por tropas imperialistas.
[10] Leonardo Márquez.
[11] Maximiliano de Habsburgo.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Historia y significado del 16 de septiembre. Cuarta parte

Historia y significado del 16 de septiembre. Cuarta parte
José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
WA: 2223703233

En 1850 José María del Castillo Velasco[1] “Exaltaba ampliamente al movimiento insurgente y a su primer caudillo, Miguel Hidalgo, el cual comenzaría a surgir con sus características de padre de la patria, “un ministro de paz, anciano débil y sin recursos, sin más auxilios que los del cielo, al cual imploraba para que fueran libres sus hermanos”. José Ignacio Esteva[2], repite la imagen de paternidad y de vejez se asocia frecuentemente con la de protector; Hidalgo lo es de los indios, idea fundamental en su concepción liberal. Según Castillo, no fue ninguna casualidad que recurriese a los indios para llevar a cabo su “heroica empresa”, pues ellos eran “descendientes de los antiguos y legítimos dueños del país” Como padre del indio, Hidalgo ofrece una imagen sugestiva; el anciano venerable y sabio que intentó otorgar la regeneración a una raza oprimida.

Un reconocimiento a la pluralidad se da en 1852 cuando Melchor Ocampo incluye en su discurso[3] las siguientes palabras:
...subdividida la inteligencia casi en tantas opiniones como hay cabezas que piensan,la inteligencia, primer poder del hombre y de la sociedad, se halla como diluida... en tantos pareceres diversos: no hay por lo mismo opinión, no puede crearse un espíritu público, porque no hay una fe uniforme.

En 1853 el discurso de Gabriel Sagaseta[4], presenta la obra de Hidalgo en un movimiento de reacción contra las ideas y principio liberales que surgían en Europa.
... en el mundo viejo, a fines del último siglo todo se había conmovido; torrentes de sangre inundaron Europa, se destruyeron las leyes, en que desde siglos antes estaban asentados los gobiernos... Los sucesos del extranjero y los de la metrópoli inspiraron a los buenos mexicanos la noble idea de poner a México a cubierto de los rudos golpes con que la guerra consternaba a España.

En la ciudad de México Santa Anna decreta el 17 de septiembre se adornen puertas y ventanas los días de fiestas nacionales y se declara caballeros grandes cruces de la orden de Guadalupe a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y José María Morelos y el decreto del 25 del mismo mes a Ignacio López Rayón y Mariano Matamoros.

En 1854 bajo el gobierno de Santa Anna el 15 de septiembre se estrena el himno nacional y uno de sus autores –de la letra- fue uno de los oradores de la función. El texto original dedica varias estrofas a Iturbide y ninguna a los héroes insurgentes. Se canta por primera vez el Himno Nacional en el gran teatro de Santa Anna de la ciudad de México, interpretado por la soprano Enriqueta Sontag. A partir de este año se integra oficialmente el Himno Nacional a las fiestas patrias.

Himno Nacional Mexicano (Completo, con letra y audio HQ)



En el año de 1855 Guillermo Prieto dice en su discurso[5]
El cristianismo era y es todo un símbolo de libertad; el Evangelio, la revolución terrible contra todos los privilegios, contra la maquinación sacrílega de vivir los pocos a expensas de los muchos, de convertir en estancos el poder, la conciencia, la fuerza, el pensamiento, para desheredar, corromper, debilitar y embrutecer al pueblo.

... Mientras esa idea del evangelio se conservó pura, el cristianismo todo lo conquistó cambiando la faz del mundo; pero ya no fue lo mismo cuando los sucesos de los hombres de la fe quisieron desvirtuar esa idea sublime, haciéndola servir al apoyo de intereses menguados, porque desde ese día se hizo estéril, y el libro del pueblo se convirtió en el código de los privilegiados. No señores, los hombres que han hecho esto, no son los que conservan pura, ni la fe de Cristo, ni la tradición de sus discípulos, y es preciso que llegue el día en que el pueblo apoyado en el Evangelio, reconquiste los derechos que éste le aseguró poniendo en todo su vigor su espíritu democrático.
... ¡El párroco del pueblo, encorvado por los años, con su frente encanecida, teniendo tan cerca el lecho de la muerte, endereza sus pasos y marcha resuelto al cadalso de los héroes!

Se compara a Hidalgo con Moisés, no solamente por su vejez, sino también por su fortaleza física e intelectual, y por sus aptitudes para el liderazgo.
La revolución de Hidalgo fue la revolución por excelencia, la revolución democrática sin liga impura, ni contemporizaciones traidoras... Eso mismo decía de la revolución de Juan Alvarez.

En 1856 Ignacio Comonfort imprime nuevas características a la fiesta. El festejo incluye una gran verbena popular, con programas patrióticos en los teatros, cañonazos y repiques generales y con un banquete organizado en la calzada de La Piedad, en donde el presidente repartió ramos de flores y onzas de oro. Comonfort decreta que el callejón de Dolores se abra hasta salir y comunicar con la calle de San Juan de Letrán, la cual deberá denominarse “Calle de la Independencia”.

Miguel Buenrostro en su Oración[6], señala que “El evangelio es democrático y el cristianismo republicano, porque ambos proclaman la igualdad.”

En el año de 1857 la Constitución y las leyes de Reforma eliminan el sentido religioso y le dan un tono completamente laico a la conmemoración. Aparece un Hidalgo ya no de bronce, sino de carne y hueso y, sobre todo, que comienza a adquirir las características del padre de la patria; envejece rápidamente. A menudo se le menciona como un hombre sabio para oponerse a quienes califican su movimiento de bárbaro; se destacan sus actividades como agricultor y hombre filantrópico, y sobre todo, se insiste en su entrega al estudio de las ideas ilustradas y su preocupación por los males de la patria.

En 1858 Melchor Ocampo[7], establece que “
Jesucristo se airaba de que los mercaderes del templo hubieran vuelto caverna de ladrones la casa de Dios. ¿Qué diría hoy si viese a una parte de los guardianes mismos del templo empuñar la espada contra el César o emplear los tesoros del templo en volverse asesinos, dije mal, fratricidas mendantes?
Ocampo percibía muy lúcidamente el mal que había ocasionado la educación en manos de religiosos, pues únicamente se había inculcado la moral católica, desechando los valores democráticos; esto había llevado a formular aseveraciones tan ridículas como la siguiente:
...el hombre es más inclinado al mal que el bien...esta es la idea que quieren que nos formemos del hombre, los mismos que nos enseñan que ha sido criado a imagen y semejanza de Dios. Tal aseveración de que el hombre, la copia, es más malo que bueno ¿no es una blasfemia flagrante contra el original?

En 1859 el general Miguel Miramón inicia los festejos con una solemne función religiosa en la Catedral, junto con las demás autoridades conservadoras se dirigieron posteriormente al Palacio Nacional para recibir un sinnúmero de felicitaciones, de ahí pasaron a la Alameda Central donde Tomás Sierra y Rosso pronuncia un discurso alusivo al Grito de Dolores. Más tarde el presidente y su comitiva, desde el balcón de Palacio Nacional, presenciaron un desfile de la guarnición. Miramón dirigió un mensaje a los presentes en Palacio Nacional en el que esperaba la pronta reanudación de la paz. Por la noche los fuegos artificiales y las funciones en los teatros pusieron fin al regocijo del día.

En 1861 Juárez celebra en el Teatro de Oriente, en donde se cantó el himno patriótico alternándose con discursos, poesías y piezas de canto. A las once de la noche se salió a las calles con banderas, luces y cohetes. Al día siguiente se dio un baile especial.

En 1862 Ignacio Manuel Altamirano[8], recomienda lo siguiente:
El mejor modo de honrar a los muertos ilustres es imitarlos; la muerte de un gran varón debe ser un estímulo, lejos de ser motivo de desconsuelo. El alma del invicto Zaragoza se ha unido ya a la de sus padres Hidalgo, Morelos y Guerrero... Zaragoza tiene dignos ciudadanos, y su muerte no ha hecho más que centuplicar nuestros esfuerzos, y como Zaragoza, morirán otros mil; pero la idea quedará en pie, porque es la idea de la independencia y de la Democracia...

En 1863 el 6 de junio Juárez establece mediante decreto que quedaba erigido en ciudad la Villa de Dolores, Hidalgo, y mandó construir un monumento a don Miguel Hidalgo; convirtió a su vez en propiedad de la nación la que fuera casa de este héroe.
En 1864 Maximiliano celebra por primera vez en Dolores Hidalgo. A las once de la noche, en la casa de Hidalgo salió al balcón y vitoreó a los héroes de la Independencia. En el álbum depositado por Juárez en la casa de Hidalgo, Maximiliano dejó inscrita la siguiente frase: “Un pueblo que bajo la protección y con la bendición de Dios funda su Independencia sobre la Libertad y la Ley tiene una sola voluntad, es invencible y puede elevar su frente con orgullo. Maximiliano”.

En 1865 Ignacio Manuel Altamirano[9], rinde loas a Juárez diciendo que (Juárez es) el gran sacerdote de la República... nuestro inmortal presidente.

En el año de 1867 Juárez celebra las fiestas del 15 de septiembre en el Teatro Principal. Se leyó el Acta de Independencia formulada por el Congreso de Chilpancingo en 1813, y se pronunciaron después los discursos oficiales. A las once de la noche el presidente vitoreó a los héroes, a la Independencia y la República, y las bandas y músicos militares tocaron dianas. Al mismo tiempo, en los otros teatros de la ciudad y en el Zócalo se realizaron diversos actos, encabezados por representantes oficiales. Al día siguiente por la noche se prendieron fuegos pirotécnicos en la Plaza de la República.



José María Morelos y el Congreso de Anáhuac: hacia el México Independiente

En este año es cuando en Guanajuato pronuncia su famosísima “Oración cívica” Gabino Barreda.

Lee la “Oración cívica” de Barreda

Escucha la cuarta parte de la obra de teatro Coatl y Cuatli de Felipe Galván.







[1] Oración cívica pronunciada en la Alameda de México el 16 de septiembre de 1850, aniversario del glorioso grito de Dolores, por el ciudadano licenciado... México, Imprenta de Ignacio Cumplido. 21p.
[2] “Discurso pronunciado en la plaza principal de la H. Veracruz, el día 16 de septiembre de 1850, aniversario de la Independencia nacional, por el ciudadano..., comisionado al efecto por la junta patriótica”, en Colección de composiciones. 
[3] “Discurso pronunciado el 16 de septiembre de 1852” (dicho en Morelia), En Obras completas. Escritos políticos, t. II, prólogo de Ángel Pola. México, Ediciones El Caballito, 79-88.
[4] Discurso pronunciado en la festividad nacional de la capital de la república, el 16 de septiembre de 1853, por el Lic. don... minsitro honorario de la Suprema Corte de Justicia y rector del ilustre y nacional Colegio de Abogados de México. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 12p.
[5] Oración cívica pronunciada por el ciudadano..., en la Alameda de México el día 16 de septiembre de 1855, aniversario del glorioso grito de Independencia dado por el cura de Dolores en 1810. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 14p.
[6] Oración patriótica pronunciada en la Alameda de México por el licenciado... el 16 de septiembre de 1856, aniversario de la Independencia nacional. México, Imprenta de José A. Godoy, 14p. 
[7] Discurso pronunciado en la alameda de la H. C. De Veracruz la tarde del 16 de septiembre de 1858 por el ciudadano..., ministro de Gobernación. Veracruz, Imprenta de Rafael de Zayas, 12p.
[8] “Discurso en la Alameda de México, el 16 de septiembre de 1862”, en Obras completas..., t. I. 99-109.
[9] “Discurso en el campamento de la Sabana junto a Acapulco, por encargo de la junta patriótica de la misma ciudad, que con la población se había trasladado al expresado campamento, el 16 de septiembre de 1865”, en Obras completas..., t. I. 126-132.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Historia y significado del 16 de septiembre. Tercera parte

Historia y significado del 16 de septiembre. Tercera parte
José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
WA: 2223703233

Escucha SINFONIA INDIA de Carlos Chavez Dirige G Dudamel



Escucha la tercera parte de la obra de teatro Coatl y Cuatli de Felipe Galván.



Pasó el tiempo de las palabras, pronto llegará el de los hechos, y cualquiera que sea la actual complicación de intereses, la libertad, hija de la justicia y conservadora del orden; la igualdad, el más precioso y fecundo de los derechos humanos, se establecerán sólidamente, auxiliados por el cristianismo, cuyo espíritu es eminentemente liberal y democrático. Tal es hoy la marcha de los pueblos libres y civilizados, que han conseguido el imperio de la libertad, sin el terror ni la anarquía, y el influjo de la religión católica sin el fanatismo, ni la barbarie. Lo obtendremos también nosotros, porque todo ello tiende a ello, las necesidades materiales de la sociedad, la marcha del pensamiento y nuestras relaciones con esos pueblos que nos sirven de ejemplo. Los sucesos inclinarán las cosas a este resultado e independientemente de toda voluntad individual tendremos instituciones análogas a nuestra situación particular y al espíritu del siglo, Cuanto muere pertenece a las viejas ideas, y cuanto nace viene en apoyo de las nuevas.

En 1842 en el decreto que emite Santa Anna el 10 de septiembre para celebrar el grito designa a los asistentes un lugar en la catedral. En la noche, a pesar de la lluvia, una gran cantidad de ciudadanos y la junta cívica de festejos concurrieron a la universidad, la cual se vistió de gala. Hubo una ceremonia que inició con una oración y composición poética, a su término la concurrencia vitoreó entusiasmada la lucha por la Independencia. Se repartieron 27 premiosa a quienes participaron en la lucha. Los músicos que animaban el evento anunciaron las 11 de la noche, se dio una salva de 21 cañonazos en la plaza y se escucharon repiques en todas las iglesias y cohetes provocando gran algarabía. Dos días después Antonio López de Santa Anna conmemoró el Grito de Dolores con una fiesta en la Alameda Central que tuvo la participación de la mayoría del pueblo, donde se honró la memoria de Hidalgo e Iturbide. Terminada la ceremonia cívica, se realizó en el cementerio de Santa Paula el sepelio del pie que Santa Anna había perdido durante el conflicto con Francia, en Veracruz. Ese mismo día Manuel Zetina y Abad pronuncia su Oración cívica[1]donde exhorta la conciliación de los extremos se sitúe en un medio justo y conveniente.

Una descripción completa de la celebración la encontramos en la reseña de 1843. A las 9 de la mañana se dieron repiques de campanas y salvas; en Catedral se dio una solemne misa de acción de gracias a la que asistió la Junta Patriótica, el Ayuntamiento, la Asamblea Departamental y el gobernador y comandante general. Posteriormente se dirigieron a Palacio para la ceremonia de colocación de la primera piedra de la gran columna que conmemora la Independencia, por el ministro de Relaciones, el de Justicia, el de Hacienda y el oficial mayor de Guerra. La ceremonia terminó con el discurso del ministro José María Bocanegra y salva de 21 cañonazos. Más tarde a modo de paseo, las autoridades y el pueblo se trasladaron a la Alameda, acompañados por carros alegóricos, niños y niñas de las escuelas lancasterianas de México, contingentes de colegios, la junta patriótica, el Tribunal Superior del Departamento y demás autoridades. El desfile fue encabezado por el gobernador y comandante general. Se escuchó un discurso alusivo de Mariano Otero; a continuación se vitorearon a los héroes de la Independencia y se encendieron juegos pirotécnicos. Esta ceremonia finalizó con una gran fiesta. En el discurso pronunciado por Mariano Otero[2] se queja: “La generación de la gloria va desapareciendo ante la generación del dolor y del infortunio.”

Las quejas suben de tono en 1845 Manuel Doblado[3] describe:

“(Somos) hijos degenerados de una raza de héroes... Esclavos degradados hemos pasado por todas las humillaciones que la tiranía doméstica reserva a los cobardes... nos hemos dejado arrebatar nuestras leyes, nuestros tesoros, nuestra población.

... No, señores, sobrado tiempo se ha mentido a los mexicanos para que hoy se les nieguen las palabras de verdad. Engañados,.... burlados siempre en su confianza... han llegado a dudar de todo, y exasperados se han echado más de una vez en brazos de los ambiciosos sin fortuna..., ¿y qué revolución por justificada que sea, podrá en lo sucesivo inspirar simpatías? La gloriosa resurrección del seis de diciembre (Plan de Guadalajara) que se anunció bajo auspicios tan felices, ha burlado también todas las esperanzas que hizo concebir.”

En 1846 los estadunidenses entran a la ciudad de México el 14 de septiembre, ocupan el Zócalo e izan su bandera. No hubo festejos en la ciudad de México.

En 1847 se reanudan los festejos en el Zócalo de la ciudad de México con gritos, arengas, piedras, ladrillos y hasta muebles frente a los yanquis invasores.




[1] Oración cívica que en la solemnidad del aniversario del 16 de septiembre de 1810, pronunció en la capital de Puebla el ciudadano... Puebla, Imprenta de Juan Nepomuceno del Valle, 16p.
[2] “Discurso pronunciado en la solemnidad del 16 de septiembre de 1843 en la ciudad de México”, en Obras, t. II, 463-475.
[3] Discurso que pronunció el C. Licenciado... en el palacio de la E. Asamblea del Departamento de Guanajuato el 16 de septiembre de 1845. (Guanajuato), Imprenta de Oñate, 8p.

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