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lunes, 27 de enero de 2025

Monarquía o república. El camino hacia la soberanía popular

Monarquía o república. El camino hacia la soberanía popular.

José Antonio Robledo y Meza


La segunda trasformación de México

No pocas sorpresas le esperan para quien se asoma a la historia de México, sobre todo al siglo XIX. Una de esas sorpresas es que antes de 1867, año del triunfo de la república, México no tenía la estructura de un verdadero Estado. La construcción del Estado mexicano corrió a la par de dos ideas: la imperial y la republicana. En 1821 se inicia con el llamado Primer Imperio de Agustín de Iturbide. Es en este momento que se constituye el inicio de la disputa del ser de México. Dos tendencias rivales disputaron sobre la forma política y social que debía regir a México. Es, en términos filosóficos, un gran debate ontológico secular. Ambas tendencias tuvieron como origen el monarquismo -uno absoluto, el otro constitucional- formarán parte de las opciones insurgentes; una tendencia se inclinará por el monarquismo liberal que mutará al federalismo y, posteriormente, al republicanismo. La otra corriente optará por el monarquismo absoluto-y el centralismo conservando la idea imperial que aun bajo el mando de administraciones federalistas, no dejó de argumentar a favor del sistema monárquico.

El republicanismo se consolidará con dos revoluciones: la de Ayutla (1854) y la de Reforma (1858-1861). 1858 significó un momento decisivo de la historia de México, fue el inicio de una guerra sin posibilidad de transacción. Las dos fuerzas antagónicas tuvieron conciencia de la magnitud de la contienda y de su importancia. El saldo de la guerra de Tres Años fue favorable para los reformistas. Los juaristas pusieron las bases de una sociedad civil al dictar las Leyes de Reforma.

Según Edmundo O’Gorman, la importancia de las Leyes de Reforma radicó en su ataque al poder político y social del clero al mismo tiempo que iba dirigida también contra las costumbres, los hábitos, los privilegios y, más profundamente, contra el modo de vivir y de pensar de la mayoría de los nacidos en el territorio hoy conocido como México. Juárez encabezó una revolución secundada por el esfuerzo de una minoría muy audaz y muy resuelta. Y vuelvo a repetir, el gran mérito juarista fue el realizar una obra sobreponiéndose al deseo de la mayoría, enfrentándose a viejos hábitos, destruyendo creencias seculares. La actitud de Juárez y los liberales iba en contra del sentimiento de la mayor parte de los mexicanos.

Sin embargo, esta victoria condujo a una dictadura, la que, contradictoriamente, devendrá en el siglo XXI, pasando por la dictadura unipersonal de Porfirio Díaz y la dictadura del Partido Revolucionario Institucional, en el movimiento llamado Cuarta Trasformación que es la expresión política de un movimiento cuyo fundamento es la Soberanía del Pueblo y cuya intencionalidad es la construcción de una Nueva República, liberal, democrática y justa socialmente.

La Cuarta Trasformación es una parte del camino que conduce a la conformación de una autoridad política frente a los autoritarismos propuestos como horizonte. Si el equipo de Juárez actúo contra el sentimiento de la mayor parte de los habitantes, la Cuarta Trasformación está orientada por los intereses y deseos de la mayoría de los mexicanos.


robledomeza@yahoo.com.mx

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domingo, 10 de septiembre de 2023

El largo camino hacia la Soberanía Popular (1821-2022). De la firma del Acta de Independencia (1821) a la revocación de mandato (2022)

El largo camino hacia la Soberanía Popular (1821-2022).

De la firma del Acta de Independencia (1821) a la revocación de mandato (2022)

José Antonio Robledo y Meza

 

La victoria republicana-democrática en México que reivindica la autoridad basada en la soberanía popular es, no sólo un triunfo nacional sino universal.

1821-2022 define la historia del largo camino que dio vida a la soberanía popular en México. Es un proceso donde se han desarrollado varios conflictos a partir de dos conceptos: autoridad versus autoritarismo. Es la historia de dos ideas de legitimación del poder: providencialismo versus laicismo. Se inicia enfrentando dos clases de monarquía, la constitucional versus la absoluta; dos sistemas políticos federalismo versus centralismo; dos ideas de dictadura, la unipersonal (Santa Anna, Juárez, Díaz) y la de partido (PRI); dos ideas de autoridad: soberanía popular versus autoritarismo presidencial. Es la edificación, primero de un Estado y después la construcción de una Nación.

Rastros de estas luchas las encontramos en distintos documentos constitucionales: Cádiz (1812), Apatzingán (1814), el acta constitutiva y la Constitución de 1824, el Acta Constitutiva y de reformas de 1847, Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos del 5 de febrero de 1857 y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 y sus reformas hasta 2022.

En 1820 los liberales españoles de ambos hemisferios se levantaron en armas y lucharon para que se reconociera la Constitución de Cádiz; ante esta situación el rey español tuvo que aceptar el establecimiento de la Constitución y de las Cortes, con voz y voto, haciendo que en los territorios de la Nueva España los criollos retomaran la lucha por la Independencia de México. El coronel Agustín de Iturbide trato de derrotar a Vicente Guerrero sin éxito, por lo cual le propuso una alianza para lograr la Independencia. El insurgente Guerrero aceptó para obtener la autonomía absoluta de España.

En febrero del año siguiente se reunieron -Iturbide y Guerrero- en Acatempan, Gro., donde acordaron las bases del Plan de Iguala, en el que se estableció la declaración de Independencia, bajo la tutela de la Corona española, así como el respeto de la religión católica. Para el cumplimiento de estos acuerdos se formó el Ejército Trigarante, sumándose al plan nuevos caudillos y obteniendo nuevas victorias sobre las tropas del gobierno virreinal, que fortalecieron la independencia. Seis meses después, en agosto, se firmaron los Tratados de Córdoba, en los que se estableció la Independencia de la Nación Mexicana, denominándose Imperio Mexicano, con un gobierno monárquico constitucional.

España no aceptó los Tratados de Córdoba ni la capitulación que había firmado Juan O‘Donojú. Ante esta negativa -en septiembre 27- el Ejército Trigarante entró triunfante a la Ciudad de México, dando así por consumada la lucha de independencia, firmando al día siguiente el Acta de Independencia.

Según Edmundo O´Gorman la independencia se inicia con el llamado Primer Imperio de Agustín de Iturbide y es en este momento que se constituye el inicio de la disputa del ser de México. Dos tendencias rivales disputaran sobre la forma política y social que debía regir a México. Es, en términos filosóficos, un gran debate ontológico semisecular. Ambas tendencias surgidas del monarquismo -unos se inclinarán por el monarquismo liberal, otros por el monarquismo absoluto- formarán parte del grupo de insurgentes; una tendencia mutará al federalismo y, posteriormente, al republicanismo; la otra al centralismo conservando la idea imperial que aún bajo el mando de administraciones federalistas, no dejaba de argumentar a favor del sistema monárquico. El proyecto monárquico, después del fracaso de Iturbide, marchó hacia la dictadura de Santa Anna y ésta al llamado II Imperio con Maximiliano a la cabeza y remató con la instauración de la “república imperial” administrada por los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional.

Por otro lado, el republicanismo-democrático evolucionó con dos revoluciones decimonónicas: la de Ayutla y la de Reforma y se consolidó en la llamada Cuarte Trasformación (4T) en el siglo XXI. Tanto la guerra de reforma (1857-1860), como el inicio del proceso llamado 4T han significado momentos decisivos de la historia de México. Ambos momentos son parte de un proceso político sin posibilidad de transacción. Las dos fuerzas antagónicas tuvieron y tienen noción exacta de la magnitud de la contienda y de su importancia. El saldo de esta guerra ha sido favorable para los reformistas y transformacionistas.

Juárez y los suyos pusieron las bases de una sociedad civil al dictar las Leyes de Reforma. La importancia de esta legislación radicó en su ataque al poder político y social del clero al mismo tiempo que iba dirigida también contra las costumbres, los hábitos, los privilegios y más profundamente contra el modo de vivir y de pensar de la mayoría de los mexicanos. Juárez encabezó una revolución en la fue secundado por el esfuerzo de una minoría, muy audaz y muy resuelta. Ése fue su gran mérito: realizar una obra sobreponiéndose al deseo de la mayoría, enfrentándose a viejos hábitos, destruyendo creencias seculares. La actitud de Juárez y los liberales iba en contra del sentimiento de la mayor parte de los mexicanos.

A diferencia de los reformistas, los trasformacionistas lidereados por Andrés Manuel López Obrador, en 2018 triunfan -con el respaldo de la mayoría de mexicanos- la presidencia de la república. López Obrador manifiesta en su toma de posesión: “Reitero: voy a cumplir todos los compromisos de campaña, no le voy a fallar a los ciudadanos y habré de ser fiel en todos mis actos al interés, la voluntad y el bienestar del único que manda en este país: el pueblo de México.” Es así que el gobierno de López Obrador se ha dirigido para eliminar el clasismo, el racismo, la corrupción, la hipocresía, los privilegios y -por medio de la revolución de las conciencias- contra el modo de vivir y de pensar de millones de mexicanos.

Juárez encabezó una revolución en la que fue secundado por el esfuerzo de una minoría, audaz y resuelta. Ése fue su gran mérito: realizar una obra sobreponiéndose al deseo de la mayoría, enfrentándose a viejos hábitos, destruyendo creencias seculares. La actitud de Juárez y los liberales iba en contra del sentimiento de la mayor parte de los mexicanos. López Obrador ha sido capaz de continuar con el proyecto republicano-democrático construyendo una mayoría que dará - como árbol robusto- más y mejores frutos en el futuro.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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sábado, 8 de julio de 2023

Soberanía popular e igualdad social versus derecho divino y privilegios

Soberanía popular e igualdad social versus derecho divino y privilegios

José Antonio Robledo y Meza

 

La tarea de la narrativa conocida como “Cuarta Trasformación (4T)” consiste en construir una historia aleccionadora y edificante cuya materia a examinar “a la luz del humanismo mexicano (la razón y la filosofía)” es el periodo de que va de 1810 a 2018 que incluye el decadente periodo neoliberal, y que culmina con la sublime apoteosis de 2018, identificada por el inicio de la 4T. La “mirada retrospectiva” que la 4T propone acerca de un poco más de dos siglos (208 años) tiene un fin práctico a la vez que intelectual: que la política marcha por la idea de transformación.

Habría, por tanto, que insistir en que el examen histórico contenido en la “4T” se basa en ciertas creencias: los acontecimientos o hechos históricos son encadenamientos de causa-efecto y son susceptibles de explicación y previsión racional gracias a que están sujetos a leyes: ¿cómo impedir que la luz que emanaba de las creencias populares penetrase a su vez en la conciencia histórica? La estatura histórica, entonces, podía ser alcanzada al identificar una ley o al enunciar un hecho general. A lo largo de ese pasado que la 4T menciona se encuentra la existencia de un hecho histórico, ni único ni excepcional, ni tampoco momentáneo, que está atrás de los eventos políticos: la idea de trasformación.  

Después de más de tres décadas de política neoliberal (1982-2018) es imposible que aparezca súbitamente la voz del pueblo que como movido por un resorte, arrancarles la victoria electoral a sus poderosos enemigos. Tan importante acontecimiento fue preparado de antemano por un concurso de influencias lentas y sordas, pero reales y poderosas; el 2018 sería inexplicable de todo punto, y no sería ya un hecho histórico sino un romance fabuloso. ¿Cuáles fueron esas influencias insensibles cuya acción acumulada por el transcurso del tiempo, pudo en un momento oportuno luchar primero, y más tarde salir vencedora de resistencias que parecían incontrastables? Todas ellas pueden reducirse a una sola -pero formidable y decisiva- la revolución de las conciencias, caracterizada por la gradual decadencia de las doctrinas, y su progresiva sustitución; decadencia y sustitución que, marchando sin cesar y de continuo, acabaron por producir una transformación. La revolución de las conciencias es el hecho general indiscutible que se presenta a la vez como emancipación científica, religiosa y política, y que explica el conjunto de conflictos producidos.

En el discurso de la 4T la obra trasformadora, en su “triple venero”, la soberanía del pueblo, la construcción de una nueva república y la idea de un proceso encabezado por el movimiento de reconstrucción nacional (Morena), un movimiento popular que durante mucho tiempo parecía navegar sin brújula y sin norte; el pueblo, al través de mil escollos y de inmensas y obstinadas resistencias, fue caminando siempre en buen rumbo, hasta lograr el grandioso resultado que hoy palpamos, admirados y sorprendidos de nuestra propia obra: juntos estábamos haciendo historia.

El poder simbólico de la narrativa de la 4T radica en que formula una explicación del presente, con base en el pasado y una proyección para el futuro. De ahí que puedan distinguirse en él una proyección temporal casi cronológica que va de la época precuauhtémica a la Nueva República y estableciendo que entre ambas tres trasformaciones.

Esta división revela la importancia en que consistió establecer un diagnóstico del presente, revisando el pasado, para formular el remedio y superar la degradación causada por el neoliberalismo. Este remedio está hoy asociado al seguimiento de un itinerario que conducirá a México a marchar hacia adelante. Con ello quedan señaladas las dos características de la 4T para quien guía la permanencia del nuevo orden: debe saber la historia del humanismo mexicano para prevenir y explicar la historia como necesidad.

La narrativa de la 4T hace énfasis en una concepción racional de la historia cuando establece que la historia no debe verse como un conjunto de hechos incoherentes entregada al capricho de influencias providenciales, ni al azar de fortuitos accidentes. En estos momentos es necesario plantearse una pregunta ¿por qué insistir en la racionalidad de la historia? La respuesta es porque sus conclusiones tendrán así el apoyo del principio de racionalidad-crítica y no en fuerzas ajenas a la voluntad de los hombres, ni al capricho de unos cuantos ni, mucho menos, al azar.

El principio político de la soberanía popular, está claramente explicito en el texto constitucional. El artículo 39 expresa que “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.”

Los acontecimientos políticos en el mundo han propiciado la emergencia de nuevos valores políticos: la formulación del principio de la igualdad social y en la demarcación de los bandos. Así como la soberanía popular es contraria al derecho divino, la igualdad social es, incompatible con los privilegios de quienes los tienen. Con estos dos axiomas se encuentra en lo político, minado desde sus principios el edificio social que el neoliberalismo quería construir y que hoy pretende volver.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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