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domingo, 23 de febrero de 2025

Curiosidades en la narrativa de El Quijote

Curiosidades en la narrativa de El Quijote

José Antonio Robledo y Meza

 

Hace 420 años, a comienzos de 1605, fue publicada la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha; es la obra más destacada de la literatura española y una de las principales de la literatura universal. Esta primera parte se publicó, a imitación del Amadís de Gaula, en cuatro partes; sus 52 capítulos fueron separados en cuatro partes de 8, 6, 14 y 24 capítulos, Diez años después apareció su continuación con el título de Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha.

La palabra "cuatro," aparece en el Quijote 160 veces (frecuencia del 0.04%), sigue como el número más importante de la novela después del “uno” (350 veces (frecuencia del 0.09%)), del "dos" (684 veces (frecuencia del 0.18%)), y del " tres" (233 veces (frecuencia del 0.06%). En el mundo de la geometría el “uno” simboliza el punto, "dos" representa el principio formal de la línea, el "tres" denota el del plano y el "cuatro" se asocia con el del sólido.

En el mundo antiguo el "cuatro" representaba el ciclo de las estaciones del año, aunque a veces se reconocía una quinta estación llamada estío. En este sentido en el Capítulo LIII del Quijote “Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza” se encuentra la siguiente reflexión en donde podemos encontrar el contraste entre dos visiones del tiempo, el tiempo cíclico y el tiempo lineal:

«Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo excusado; antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda: a la primavera sigue el verano, al verano el estío, al estío el otoño, y al otoño el invierno, y al invierno la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua; sola la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten». Esto dice Cide Hamete, filósofo mahomético; porque esto de entender la ligereza e instabilidad de la vida presente, y la duración de la eterna que se espera, muchos sin lumbre de fe, sino con la luz natural, lo han entendido; pero aquí nuestro autor lo dice por la presteza con que se acabó, se consumió, se deshizo, se fue como en sombra y humo el gobierno de Sancho.

Cide Hamete Benengeli, el historiador del Quijote.

Cervantes menciona en el Quijote tres veces el nombre de Cide Hamete Benengeli, un personaje ficticio, supuesto historiador musulmán quien dejó un manuscrito titulado "La Historia de Don Quijote de La Mancha.” A continuación, estas menciones: 

1) (Capítulo IX): “Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo.”

2) Capítulo XV: “Cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli que, así como don Quijote se despidió de sus huéspedes y de todos los que se hallaron al entierro del pastor Grisóstomo, él y su escudero se entraron por el mesmo bosque donde vieron que se había entrado la pastora Marcela” 

3) Capítulo XVI: “Fuera de que Cide Hamete Benengeli fue historiador muy curioso y muy puntual en todas las cosas, y échase bien de ver, pues las que quedan referidas, con ser tan mínimas y tan rateras, no las quiso pasar en silencio; de donde podrán tomar ejemplo los historiadores graves, que nos cuentan las acciones tan corta y sucintamente, que apenas nos llegan a los labios, dejándose en el tintero, ya por descuido, por malicia o ignorancia, lo más sustancial de la obra.”

De regreso al número cuatro, son cuatro elementos (agua, aire, tierra y fuego) a los que se añade la quintaesencia o éter. El cuatro también simboliza las cuatro etapas del hombre: la niñez, la adolescencia, la juventud y la madurez. 

El titulo original del Quijote—Los cuatro libros del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha—modelado sobre el de Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadis de Gaula, también alude a la idea cíclica del sino humano. Semejantemente el cumplimiento del destino humano repara en cuatro partidas del caballero manchego de su aldea; tres de las cuales son aventuras caballerescas y la última es su muerte. El movimiento circular también se halla en la acción de la novela, que comienza y acaba en la casa de don Quijote entre numerosas aventuras que ocurren en cuatro lugares distintos: en el camino, en la sierra, en la majada, y en la venta. Los grupos de cuatro también se encuentran en otras situaciones. El nombre entero de la mujer de Sancho es "Teresa Mari Juana Gutiérrez," y cuatro posibles nombres para el protagonista son "Quijote, Quijana, Quejano y Quesada." En la novela hay también poemas de cuatro estrofas.

Celebremos estos 420 años de la publicación de El Quijote golpeando cuatro veces nuestras copas; con la parte superior de la copa tres veces: a la izquierda, al centro y a la derecha y, finalmente, el cuarto golpe, con la parte inferior de la copa.

 

¡¡¡Salud!!!

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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domingo, 12 de febrero de 2023

El amor en el prólogo de El Quijote. Indicios y símbolos.

El amor en el prólogo de El Quijote. Indicios y símbolos.

José Antonio Robledo y Meza.

Para todos los amantes del mundo.

 

“Desocupado lector sin juramento podrás creer que quisiera que este libro como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y el más discreto que pudiera imaginarse”. Palabras iniciales del prólogo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

 

 

Como el mismo Cervantes confiesa, le costó mucho trabajo componer El Quijote, pero allí donde halló más dificultad fue en la redacción del prólogo. De aquí derivamos que la importancia y la precisión de un prólogo requiera un extremo cuidado.

Cervantes nos deja en las líneas de su prólogo una serie de indicios y símbolos que sirven para interpretar el conjunto de la obra. Se citarán solo algunos con el deseo de provocar la curiosidad suficiente que lleve a formular preguntas qué haga pensar y que cada lector sea quien se forme una idea de su importancia en el imaginario colectivo que hizo, por ejemplo, a Bernal Díaz del Castillo escribir su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España 27 años después de publicada la primera parte del Quijote.

Cuando Cervantes escribe: “sin juramento me podrás creer”, alude a la costumbre hebrea: jurar cumpliendo el mandamiento bíblico de no jurar en vano (Deuteronomio V, 11). Este detalle, unido a otros, parece indicarnos que, así como Díaz del Castillo lo leyó, debemos leer El Quijote con ojos hebreos, o sea con los ojos de la cábala. Para ésta, las raíces de las palabras tienen una gran importancia; por esta razón intentemos penetrar en el sentido etimológico de la palabra “prólogo”.

Cualquier persona aficionada a la lectura y escritura sabe que un proemio, un prefacio o un prólogo es un conjunto de palabras que preceden al texto de un libro, presentando generalmente al autor y a la obra; sin embargo, esto no ocurre con El Quijote, lo cual nos delata que su prólogo no es ordinario.

La palabra prólogo procede del griego, y podemos descomponerla en dos términos: pro, adverbio que significa ‘adelante’, ‘antes’, pero que también podría ser una preposición de genitivo cuyo significado es ‘en defensa de’ y logos, ‘palabra’, ‘verbo’. El prólogo es lo que “antecede a la palabra” y, en este caso, a la palabra simbolizada por todo el texto conocido como El Quijote. Se trata de algo que está “en defensa de la palabra”. Simbólicamente, la función del prólogo es servir de “puerta”, de entrada, al texto que seguirá. A través de él, o sea a través de la comprensión del prólogo, penetramos al interior del libro. Así pues, el estudio atento y pormenorizado (observando, no solo viendo o mirando) de un prólogo nos abre la puerta de la comprensión de una obra.

En hebreo, idioma que Cervantes conocía y utilizaba, puerta se nombra deleth, palabra que se escribe con daleth, la cuarta letra del alfabeto, que corresponde a nuestra D, y al número cuatro, y como sabemos, cuatro son los elementos de una verdadera triada. De aquí que comprender una triada es abrir la puerta a otra dimensión.

La primera parte de El Quijote (1605) se editó como si fuera todo el libro, pero su éxito obligó a Cervantes a escribir y a publicar años más tarde una segunda parte (1632). Es curioso observar que la edición de 1605 tenía cuatro partes (Primera parte, cap. De I al VIII; Segunda parte, cap. De IX al XIV; Tercera parte, cap. De I al XLIX; Cuarta parte, cap. De L al LII), y que la primera letra del prólogo era una D mayúscula: “Desocupado lector sin juramento podrás creer que quisiera que este libro como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y el más discreto que pudiera imaginarse”. Cervantes se dirige al lector “desocupado”. ¿Quién es un lector desocupado? La respuesta nos la da Perogrullo: aquel que no está ocupado. En su sencillez casi chusca, este término es muy significativo. No es el «lector ocupado por las vanidades del mundo” (Eclesiastés I, 3 y sig.) ni “aquél que es soñador de una vida irreal” (Ibid. V, 2). No se trata del lector corriente que, sumido en su sueño, es incapaz de considerar el sentido profundo -simbólico-- de las palabras.

El verbo ‘ocupar’ se dice en hebreo tapas, y de él procede el término tepes, ‘traba’, ‘impedimento’. ¿Cuál es este impedimento, esta traba de los que ha de carecer el lector de El Quijote? Según la cábala sería un obstáculo que niega el logos al hombre. Visto desde otro punto de vista, sería aquello que imposibilita la alianza entre los hombres. Este obstáculo es una “callosidad del corazón”. Se han hecho extraños a la vida amorosa, a causa del dogmatismo que les habita, a causa de la callosidad de su corazón. Al hablar de los “habitados”, se refiere a los ocupados por el dogmatismo que se han hecho “extraños” a la vida amorosa. El término que utiliza para designar esta “callosidad” es porosis, que significa, ‘endurecimiento’, ‘callosidad’. Fonéticamente, porosis nos recuerda a poroso, término que podemos asociar a Toboso. Según el diccionario el término “poroso” se aplica a algo ‘formado por piedra toba’ o sea, una ‘caliza muy porosa y ligera’. Trabas, impedimentos, callosidades del corazón, Toboso ¿a dónde nos conduce todo esto?

La circuncisión es un rito, un símbolo. La circuncisión auténtica no es la de la carne, sino la del corazón (Romanos II, 28-29). El término “prepucio del corazón” es usado en la cábala. Por otra parte, cuando en la segunda parte de El Quijote (cap. XXXII) la duquesa le pide al Quijote que le describa a Dulcinea, suspirando, don Quijote le dice: “Si yo pudiera sacar mi corazón, y ponerle ante los ojos de vuestra grandeza aquí sobre esta mesa y en un plato, quitara el trabajo a mi lengua de decir lo que apenas se puede pensar...” Todo parece referirse a lo mismo, todo en El Quijote parece girar en torno al misterio del corazón. La búsqueda de Dulcinea, el descenso a la cueva de Montesinos y tantos otros episodios tratan de ese misterio.

El corazón con sus callosidades es aquel que está habitado u ocupado por la pedantería; es un corazón seco y estéril, pues está separado del agua de la vida y es incapaz de producir nada. En cierto modo, no está cultivado, no es virtuoso. El corazón desocupado, aquel de “Desocupado lector”, es aquel que, purificado de la ampulosidad, liberado de la traba o del prepucio, es como el recipiente del agua de la vida. Uno es como una lengua retenida que no puede hablar, cuya palabra está trabada, y el otro como la lengua capaz de pronunciar la palabra, pues le ha sido quitada la traba. Así, cuando Cervantes se dirige al lector entendido que está desocupado habla para el iniciado por el amor en la lectura de símbolos.

Finalmente, la Mancha de dónde don Quijote, representa la sequedad y pobreza del corazón, la falta de amor en las relaciones humanas.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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