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martes, 27 de agosto de 2024

Discutir la autonomía universitaria en tiempo de reformas y trasformaciones sociales

Discutir la autonomía universitaria en tiempo de reformas y trasformaciones sociales

José Antonio Robledo y Meza

 

El concepto de autonomía surge en términos dialécticos entre la libertad ética (auto obligarse a una norma) y límite. Hoy día la democracia directa (autogobierno) es inviable en el sentido de que todos gobiernan ya son gobernados a la vez porque la extensión territorial del gobierno es grande. En este caso debe pretenderse muy poca democracia directa porque la "extensión" del autogobierno requerido es ya tal, que admite sólo una interpretación metafórica del concepto. Autogobierno no significa ya, en este punto, gobernarse por sí, sino más bien ser gobernado de cerca más que de lejos; es decir, que el concepto de autogobierno mantiene todavía un significado concreto en antítesis a "centralización".

Hoy día las democracias no indican democracias que se autogobiernan, sino formas de democracia representativa en las que somos gobernados por interpósitas personas. Si aplicamos lo anterior a la noción de autonomía universitaria veremos que la noción varía en función de lo que entendamos por autonomía y universidad y en qué circunstancias. No será la misma noción si se aplica a la universidad en 1956 cuando albergaba cientos de universitarios en un área localizada en el centro histórico de Puebla que cuando alberga a decenas de miles en todo el territorio del estado de Puebla. Hablar de una autonomía perenne que se concibió desde 1956 en la entonces Universidad de Puebla debe discutirse y reformularse en 2024.

Si asociamos la noción de autonomía con el criterio laico veremos cómo como la noción se ha politizado y juridizado. El criterio laico surge con la doctrina de las dos espadas en el siglo IV que sirvió para definir la autonomía de la autoridad papal con respecto a la del monarca. La autonomía surge por una necesidad política de la separación de poderes. La autonomía es fundada en principios teológicos y, por lo tanto, se adecúa a la visión cristiana del mundo, pero marcada por dos luchas ideológicas; la primera entre el papado y el imperio y después entre el catolicismo y el protestantismo. En los dos casos el discurso sobre la autonomía se configura a partir de Platón y Aristóteles y es un discurso que conjunta indisolublemente lo ético con lo político. La ética ha variado, ha pasado por los perfiles naturalista, psicologísta, teológico y juridizada que debate el problema del "bien" en nombre de lo que es "justo", invocando la justicia y las leyes. La doctrina del derecho natural, en sus sucesivas fases y versiones, resume bastante bien esta amalgama de normativa jurídica y de normativa moral. En todos estos sentidos, y también en otros, la política no se configura en su especificidad y autonomía hasta Maquiavelo.

 

La autonomía de la universidad.

Cuando hablamos de la autonomía de la universidad, el concepto de autonomía no debe entenderse en sentido absoluto, sino más bien relativo. Hay que partir de que la universidad es diferente. Afirmar que la universidad es diferente equivale a poner una condición necesaria, no todavía una condición suficiente (de la autonomía). A pesar de ello, toda la continuidad del discurso queda estrechamente condicionada por este punto de partida. ¿Diferente de qué? ¿De qué modo? ¿Hasta qué punto?

La universidad se diferencia de la moral y de la religión. Es ésta una primera y nítida separación y diferenciación. La moralidad y la religión son, ciertamente, ingredientes fundamentales de la cultura y la política; pero a título de instrumentos.

Sin embargo, hay un problema que hay que resolver de antemano: no existe una teoría de la universidad. Es necesario hacerla y quienes deben hacerla son los propios universitarios. La teoría sobre la universidad no se debe limitar a señalar la diferencia entre la universidad, la política y la moral; es necesario partir de una vigorosa afirmación de su autonomía: la universidad debe tener sus leyes, leyes que el universitario "debe" aplicar. La teoría universitaria debe constituirse no con la deducción sino con la abducción. Observando el “mundo real” y explicarse con lo que ocurre en el mundo de la economía, la política y la cultura. Su identidad es el cambio permanente porque cambian las ciencias que explican los fenómenos tanto naturales como sociales y que además cuentan con un instrumento como la Internet. La teoría de la universidad no debe construirse solo con valores sino, con los resultados de la investigación científica y con la forma de hacerlo: el método científico. La teoría debe construirse a dos voces; una la ciencia y otra la filosofía.

La autonomía de la universidad con respecto al Estado (política) presupone otras diferencias: la de la esfera económica y cultural. La autonomía universitaria debe ir unida a la democratización de la política y encontrar en esta referencia tanto su fuerza como su límite. Su fuerza porque la verticalidad democrática se caracteriza por un desenvolvimiento ascendente, de tal modo que los sistemas de democracia política resultan sistemas que típicamente reflejan y reciben las demandas que salen de abajo. Su límite, porque este hilo explicativo se caracteriza por una verticalidad descendente, por el predominio de órdenes que descienden.

En estos momentos puede apreciarse que la polémica sobre la identidad y también sobre la autonomía de la universidad no puede ser más abierta. Un hecho es indudable: la ubicuidad y por lo tanto la difusión de la universidad en el mundo con temporáneo. Este hecho puede ser interpretado de distintas maneras. Puede respaldar la tesis que reduce la universidad a otra cosa, subordinándola de distintas maneras al sistema social y a las fuerzas económicas o políticas; es la tesis de la heteronomía, pero también, en su forma extrema, de la negación de la universidad. O bien puede valorar la tesis opuesta, la que observa que el mundo jamás ha estado tan "politizado" como hoy. En medio de estas dos tesis opuestas, se sitúan las incertidumbres de identificabilidad, la dificultad de ubicar la universidad. A esta dificultad se puede vincular una tercera tesis; la que ve en la dilución, y por lo tanto en la pérdida de fuerza de la universidad, un eclipse de la universidad (pero no su heteronomía).

En estas circunstancias se pueden plantear tres tesis: extinción, eclipse o triunfo de la universidad. Toca a los universitarios iniciar cuanto antes discutir en torno al concepto de autonomía y socializar al resto de la población y persuadirlos de la necesidad de evitar que continue el eclipse que llevaría a la extinción de la universidad y, por el contrario, acompañe a los universitarios hacia su consolidación y triunfo.

Para ello no basta con reformar la estructura académica (planes y programas de estudio) sino llevar a cabo una radical trasformación de su estructura política-burocrática.

Con los aires que corren de reformas y trasformaciones en la sociedad mexicana el tiempo es corto.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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martes, 26 de febrero de 2019

Universitarios en la transformación


Pensar para discutir la BUAP

A continuación se presentan dos discursos vinculados a la historia de la Universidad Pública mexicana. El primero es el discurso de Justo Sierra en el acto de la inauguración de la Universidad Nacional de México, el 22 de septiembre de 1910.
El segundo Discurso de José Vasconcelos pronunciado en la Universidad en 1920 al ser nombrado el 9° rector de la Universidad Nacional de México.

El propósito de compartirlos es de pensar en el pasado, presente y futuro de la hoy BUAP. Se trata de pensar en las relaciones que la universidad pública poblana ha establecido con la sociedad en el pasado, las relaciones que tiene en el presente y las que puede tener en el futuro.
No debemos caer en el error de desconocer su pasado pero tampoco quedarnos en su glorificación.

No debemos tampoco de dejar de reconocer que el presente está lejos de satisfacer las exigencias sociales y que los universitarios intuitivamente sentimos limitada en su potencialidad al grado que la universidad se percibe como una institución ajena a su naturaleza y que se encuentra en el dintel de un futuro incierto. Prueba de esta incertidumbre se refleja en el discurso oficial que reitera tanto un supuesto perfil de excelencia académica que suscita dudas. Tanto humanistas como científicos sabemos que lo que se reitera como valor es inexistente en los hechos. La trampa hasta ahora operante es el de hablar de un valor como si de una realidad se tratara y, por lo tanto, que alguien es el creador de dicha condición. Si la excelencia académica tiene que ver con el incremento de sabiduría para poder resolver problemas –propios y de otro tipo- la situación es contundente: la BUAP hoy día esta más lejos de poder hacerlo. No puede resolver sus propios problemas como el de formar a la nueva generación de académicos aprovechando la experiencia de las viejas generaciones; no puede resolver sus problemas de un trato digno en la jubilación de sus viejos académicos; no ha podido aliviar el sufrimiento de las familias poblanas que ven como se pone en riesgo el futuro de sus hijos al rechazarlos en sus aulas; no ha podido conservar el perfil de muchos de sus egresados como líderes académicos, políticos y sociales...

El control ejercido hasta ahora a impedido que las competencias básicas para un ciudadano participativo se limiten en cuanto a su talante crítico, deliberativo, de razonamiento, de creatividad. ¿Acaso el que el Consejo Universitario y los Consejos de Unidad operen sin deliberación es una buena escuela para que la universidad pueda alcanzar sus objetivos? ¿No es signo de deterioro que los espacios de deliberación, de creatividad colectiva se hayan convertido en espacios de anuencia unánime en las propuestas de algunos?

Una política que mucho daño a causado al aprendizaje colectivo es la desaparición de la identidad estudiantil; al impulsar la atomización de los estudiantes por medio del sistema de créditos que en su modalidad actual ha provocado que se pierdan oportunidades valiosas para que unos aprendan de otros y al limitar este aprendizaje se han puesto cotas ínfimas a la creatividad individual y colectiva.

Frente a este panorama algunos sostienen una actitud de pesimismo que debe superarse de inmediato. He escuchado análisis que la universidad está en agonía debido a que está matando sus características más valiosas: el talante crítico y creativo de sus miembros y su comunidad.

Muere la universidad sosteniendo relaciones de control político –no de poder, que es otra cosa- mediante prácticas fraudulentas de obtención del consenso, mediante prácticas autoritarias ocultas mediante un discurso supuestamente democrático. Muere la universidad mediante la defensa de intereses personales de su ejecutivo y acaso de su reducido grupo, frente a los intereses más globalizados de los individuos de su comunidad y de la sociedad que la alberga.

Muere la universidad cuando se elogia el término medio desconociendo que el término medio queda definido no por el mismo sino por la osadía de los extremos. Si todo fuera término medio nada sería término medio. El término medio tiene sentido solo por los extremos que lo definen.

Sin crítica, sin creatividad, sin inconformidad no tiene sentido el término medio.
Sin dejar de participar en el descontento de la mayoría queremos convertir este descontento en un acto de creatividad colectiva para sacar a la BUAP del proceso que conduce a su ruina. Incluso estamos seguros que quienes han impedido hasta ahora el talante crítico y creativo van a “convertirse” en sus promotores por una sencilla razón: también sus intereses están en riesgo. Así pues, frente al apoliticismo, a la apatía, a la desidia y al inmovilismo hoy reinante proponemos más reflexión, más discusión, más crítica, más acción universitaria. Esa es la salida más tolerante porque nadie queda excluido, incluso deben participar aquellos que defienden otro tipo de proyectos para la BUAP  por reaccionarios que parezcan.

Es necesario que los objetivos declarados de una institución como la nuestra no se encuentren divorciados con las prácticas cotidianas. En fin, el espacio de discusión es un modo de participar en el rediseño de nuestra institución y es una invitación a todos sin excepción –universitarios o no- a pensar la BUAP y en la BUAP para actuar en consecuencia con los consensos críticos.

Somos muchos los que cuestionamos los contenidos y mecanismos que actualmente sustentan y determinan a la universidad. No obstante, este cuestionamiento por sí solo resulta insuficiente. Pensamos que si bien la subversión de todo el engranaje, de los componentes y producciones de la universidad debe estar en el punto de mira de la reflexión y de la acción, también las formas de las acciones deben ser revisadas y, sobre todo, creadas ex novo.

Las formas con que se responde actualmente a la maquinaria universitaria y a lo que la arropa constituyen verdaderos lastres que vacían de sentido cualquier acción, provocando inmovilismo y desidia. Por ello, es imprescindible pensar formas de disidencia y antagonismo que asuman la inseparabilidad de contenidos y prácticas para evitar el divorcio entre medios y fines, o lo que es lo mismo, que tomen en consideración que en las formas de hacer están inscritos el sentido y la concreción de las acciones. Y una magnífica forma de hacerlo es manteniendo vivo el espacio de discusión al que convocamos hoy día.

“Universitarios en la Transformación”

Promotores:
José Antonio Robledo y Meza, Colegio de Filosofía.
Karla Pérez Rodríguez, Preparatoria “2 de octubre de 1968”.
Guadalupe Angélica Salazar Ruiz, Colegio de Filosofía.
Martín González Rojas, Colegio de Filosofía.
Miguel Saúl Mones Azcatl, Colegio de Filosofía.
Arturo Vargas Olazagasti, Ciudadano Universitario.
S.C. Infancia Protegida ONG

México el árbol de los mil frutos tiene sitio web

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