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domingo, 10 de marzo de 2024

La construcción de las visiones de la historia de México

La construcción de las visiones de la historia de México

José Antonio Robledo y Meza

 

Charles Hale historiador especialista en el México decimonónico reduce a tres las versiones de la historia de México, desde el punto de vista ideológico: la escuela alamanista (Lucas Alamán), la escuela liberal y la escuela crítica.

La escuela alamanista está representada por José Vasconcelos, Mariano Cuevas y José Bravo Ugarte, quienes han visto el materialismo, el anticlericalismo y la influencia de los Estados Unidos como fuerzas extranjeras y subversivas contra las cuales la nación debe mantenerse en defensa continua; y las variadas interpretaciones oposicionistas de la revolución del siglo XX. Esta escuela ha visto al proceso político desde 1810 como una sucesión de varios esfuerzos por destruir las tradiciones hispánicas, por sustituir ideas y valores extranjeros y, al hacer esto, condenar al país a la anarquía perpetua, a la dictadura y a la corrupción moral. Esta escuela furiosamente nacionalista identificó a la nación mexicana con la herencia hispánica y reveló nostalgia por la paz y la aparente prosperidad de la Nueva España y, en particular, por el papel que la Iglesia católica desempeñó en la sociedad colonial. Esta escuela conservadora es la menos importante, pero ha mantenido su vitalidad y quizá últimamente se haya fundido con las variadas interpretaciones oposicionistas de la revolución del siglo XX.

La escuela liberal es la predominante y está representada por Justo Sierra, Emilio Rabasa, Jesús Reyes Heroles y Francisco López Cámara. Esta escuela al igual que la alamanista fueron inicialmente establecidas por las pugnas de los mismos contrincantes de la primera generación después de la independencia y reproducidas posteriormente. En el centro de cada una ha existido un creciente interés por forjar una nación.  Así, el nacionalismo y el conflicto ideológico han sido los principales determinantes en la historiografía política mexicana.

La escuela crítica está representada por Daniel Cosío Villegas y sus colaboradores. Dentro de esta escuela Josefina Zoraida Vázquez nos hace un somero recuento de las principales interpretaciones no oficiales sobre la historia decimonónica mexicana en torno a los liberales -Reyes Heroles, González Navarro, Alan Knight y Hale- que compara con la suya propia. Su estudio se centra en el liberalismo precursor a la Reforma y conecta al liberalismo mexicano con el contexto ideológico estrictamente novohispano -la política “protoliberal” borbónica y el constitucionalismo gaditano-, y algunos aportes externos como la ilustración del XVIII, las revoluciones norteamericana y francesa, y la intervención napoleónica en México. La interpretación de Josefina Zoraida nos permite reconstruir el proceso ideológico que va de finales de la época colonial a finales del siglo XIX.

Siendo lo anterior importante, el estudio de Vázquez tiene un mérito mayor al alertarnos contra algunos vicios historiográficos como considerar a los reaccionarios y centralistas personificados por los grandes propietarios, la Iglesia y el ejército, como enemigos del liberalismo. Si ambas corporaciones reflejaron la amplia gama ideológica de la sociedad, es absurdo tratar a la Iglesia y al ejército como instituciones monolíticas. Josefina Vázquez muestra lo inadecuado de intentar explicar la política decimonónica con la fórmula reduccionista liberal-conservadora. Tanto entre los llamados liberales como entre los conservadores existieron gamas políticas distintas que la investigación histórica está descubriendo.

Los estudios sobre el conservadurismo mexicano

En la línea de considerar el pensamiento conservador, un serio análisis de la importancia de éste y de sus fuentes es el realizado por Alfonso Noriega (El pensamiento conservador y el conservadurismo mexicano, 1972). Dos hechos hacen significativa la obra de Noriega: aparece el mismo año que el estudio de Hale sobre el liberalismo del Dr. Mora y rompe el silencio de la historiografía oficial acerca de la importancia de los conservadores en las definiciones políticas hasta hoy imperantes. En esta obra se ensaya una visión de los conservadores más allá de la oficialista en su pretensión de reducirla a simples defensores de la tradición hispánica, centralista, corporativa, clerical, militarista y monárquica. Según Noriega tanto en México como en los Estados Unidos el complejo de doctrinas que se conocen como positivismo “dieron forma y sustancia a una nueva versión del conservadurismo.” Esta observación de Noriega da pauta para investigar más a fondo las relaciones entre positivismo y liberalismo conservador, entre Barreda y Sierra para con ello mostrar la íntima relación entre el liberalismo moderado, el conservadurismo y el triunfante liberalismo conservador que posibilitó la consolidación del México como nación.

La pionera obra de Noriega abrió brecha para otros estudios como el de Jorge Adame-Goddard, (El pensamiento político y social de los católicos mexicanos (1867-1914)), quien aborda las características del partido conservador. La obra de Adame nos proporciona información sobre uno de los intentos de los católicos por participar en la res publica dirigida por los liberales. Estos católicos -que a sí mismos se llamaban “unionistas”- hicieron un esfuerzo de adaptación, en 1871, al estado liberal.

Junto con Adame los estudios de Manuel Ceballos Ramírez (El catolicismo social: un tercero en discordia, Rerum Novarum, la cuestión social y la movilización de los católicos mexicanos (1891-1911)) nos informan sobre los líderes políticos e ideológicos de los católicos, acerca de la herencia del partido conservador al movimiento católico, el significado de las reformas liberales para los católicos y las razones de la búsqueda de una opción "netamente católica" frente a la tradicional subordinación de los católicos a los conservadores. Al ilustrarnos este autor sobre las estrategias fundamentales de los católicos en un régimen republicano podemos investigar de qué manera influyeron en la definición de Justo Sierra del liberalismo conservador.

De liberalismo conservador nos ocuparemos en otra ocasión.

En el primer párrafo de esta colaboración citamos a Charles Hale (1995), "Guerra, crisis nacional y el conflicto ideológico".

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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lunes, 5 de septiembre de 2022

Las visiones liberal y conservadora sobre el 16 de septiembre en el año de 1840

Las visiones liberal y conservadora sobre el 16 de septiembre en el año de 1840

José Antonio Robledo y Meza

 

En 1837 se inauguran las fiestas del 27 de septiembre, que conmemora la entrada del ejército Trigarante a la ciudad de México. Esta festividad abarca la República centralista, su caída y los intentos por definir el rumbo del país hasta que llega la última dictadura de Santa Anna. En el periodo 1837-1854 surge la visión integral del movimiento de independencia, que concibe los movimientos de Hidalgo e Iturbide como parte de un mismo proceso de búsqueda de la independencia nacional. En los discursos de este periodo son frecuentes las palabras de orden, armonía, unión, y otras similares para calificar el movimiento iturbidista”.

En 1840 la lectura de la Oración en Puebla recayó en Félix Beístegui y Azcué, en ella asentaba que los preceptos de 1824 eran impracticables en México, en donde el pueblo estaba acostumbrado al yugo y unas clases poderosas no permitirían que sus privilegios terminaran: “(dicha) constitución (estaba) mal avenida a nuestras costumbres porque suponía virtudes republicanas que no conocimos y desterraba vicios con nosotros nacidos. Una constitución donde las corporaciones notables veían la progresiva ruina de sus intereses... hubo de ser simiente fructuosísima de desavenencias internas y levantamientos.” (Oración que pronunció en Puebla el 16 de septiembre de 1840, el ciudadano Félix Beístegui y Azcué. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 18p.)

Al mismo tiempo en Oaxaca Benito Juárez se refería así de la gesta de 1810: “¡Oh Sol de 16 de Septiembre de 1810! Tú, que en sesenta lustros había alumbrado nuestra ignominiosa servidumbre, esclareces ya nuestra dignidad, y tus lucientes rayos surcan ya la frente de un republicano, que ha jurado vengar nuestra afrenta.” (Discurso que el ciudadano Benito Juárez pronunció el día 16 de septiembre de 1840, en el aniversario del glorioso grito de independencia, dado en el pueblo de Dolores. Oaxaca, impreso de Ignacio Rincón, 14p.)

En ese año de 1840, causaba gran escándalo la propuesta que Gutiérrez de Estrada había hecho al presidente Anastasio Bustamante para instaurar un sistema monárquico en México. Esta situación influyó en la celebración hecha en la capital; el orador, José María Tornell, quien formaba parte del supremo poder conservador, definía que el mejor sistema para México era republicano, y que los problemas del país se debían no a ese sistema, sino a que no se seguían sus principios. (Discurso que pronunció el Excmo, señor general don José María Tornell individuo del Supremo Poder Conservador, en la Alameda de la ciudad de México en el día del solemne aniversario de la Independencia (dicho el 16 de septiembre de 1840). México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 16p.)

Juárez en 1840 planteaba la necesidad de desterrar de una vez las estructuras coloniales: “Para que la obra de la independencia que nos dejó encomendada el héroe de Dolores reciba su más perfecta consolidación, necesitaremos... desechar de nuestro sistema político las máximas antisociales, con que España nos gobernó y educó por tantos años... No es mi intento renovar heridas, que deben cicatrizarse con el bálsamo saludable de un patriotismo ilustrado. Hablo de España conquistadora, y no de España amiga de la justicia. Sólo recuerdo sus pasados extravíos para deducir de ellos consecuencias saludables a mi patria... En este discurso Juárez desarrollaba los temas principales de la leyenda negra al referirse a la colonia; condenaba la preponderancia del fanatismo, y en cambio promovía una “obediencia ciega al imperio de las ciencias y de la ilustración”. En el mismo sentido, reprobaba la cerrazón de una sociedad estamental al comercio y a la inmigración extranjera y en la cual, por este mismo hermetismo, se daban inevitables odios entre las clases. Más adelante se refería a los vicios que estos males heredados provocaron en la nueva nación, tales como “...la estúpida pobreza en que yacen los indios nuestros hermanos. Las pesadas contribuciones que gravitan sobre ellos todavía. El abandono lamentable a que se halla reducida su educación primaria. Por otra parte, la intolerancia política por la que se persigue y se aborrece al hombre, porque haciendo uso de su razón, piensa esto o de otro modo. El menosprecio de las artes y de las ciencias. El aborrecimiento al trabajo, y el amor a los vicios y a la holgazanería. El deseo de vivir de los desatinos públicos y a costa de los sudores del pueblo... Todos estos defectos son todavía las reliquias del gobierno colonial... son los verdaderos obstáculos de nuestra felicidad, y son los gérmenes positivos de nuestras disensiones intestinas..”. Juárez compara a Hidalgo con Moisés, no solamente por su vejez, sino también por su fortaleza física e intelectual, y por sus aptitudes para el liderazgo.

De esta manera Juárez se distanciaba de lo dicho por José María Tornell y Mendívil quien decía de la joven República mexicana: “...comenzó a existir el 16 de septiembre de 1810... (y) mutilada y enfermiza vive todavía; pero su vida es un suplicio, porque se le esconde hasta la esperanza de felicidad. Aquí recuerdo treinta años de padecimientos continuos, treinta años en que hemos navegado por un mar de lágrimas y sangre, sin acercarnos jamás al puerto. (Discurso que pronunció el Excmo, señor general don José María Tornell y Mendívil. individuo del Supremo Poder Conservador, en la Alameda de la ciudad de México en el día del solemne aniversario de la Independencia (dicho el 16 de septiembre de 1840). México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 16p.)

Como puede verse, ya en 1840 estaba claro que la lucha era por un proyecto de nación. La alternativa en cuanto al régimen a construir era o la República o la Monarquía.

 

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