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lunes, 24 de febrero de 2025

Breve historia de las banderas de México.

Breve historia de las banderas de México.

José Antonio Robledo y Meza

 

La bandera mexicana actual es el resultado de los decretos de los presidentes Abelardo L. Rodríguez, Gustavo Díaz Ordaz y Miguel de la Madrid. Sobre la disposición de la bandera y su uso; representaron, con algunas variaciones, el expedido por el presidente Carranza. En la actualidad, nuestra bandera nacional es de forma rectangular y está dividida de manera vertical en tres partes iguales. Sus colores son, a partir del asta, el verde, el blanco y el rojo. Sobre la franja blanca lleva el escudo nacional con los elementos que lo constituyen. Al igual que en el caso del himno y el escudo nacionales, el modelo original de nuestra bandera se encuentra en el Archivo General de la Nación y en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec.

Para reforzar el uso de los símbolos patrios, en 1983 el Presidente de la República Lic. Miguel de la Madrid Hurtado, expidió la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacional. Actualmente cualquier reproducción del escudo nacional debe ser fiel al modelo original, diseñado por el pintor Francisco Eppens Helguera. El escudo sólo puede usarse en monedas, medallas oficiales, sellos y papel oficial, y queda prohibido utilizarlo en documentos particulares. Únicamente puede figurar en él las palabras “Estados Unidos Mexicanos”. Simbolizando así el escudo nacional la unión de los mexicanos y nuestras raíces.

La bandera mexicana es un símbolo mestizo forjado por tres tradiciones que reúne tres historias: símbolos precolombinos y españoles, símbolos de la época colonial y símbolos de la Revolución Francesa y el pensamiento ilustrado. Dentro de los símbolos de la época colonial destacan el pendón de la Virgen de Guadalupe que tomó don Miguel Hidalgo y Costilla del Santuario de Atotonilco, Gto. El 16 de septiembre de 1810. También es digno de mencionar que en 1814, José María Morelos utilizó una bandera con un águila de perfil en un rectángulo de color azul. El águila se encontraba sobre un nopal y éstos sobre un puente formado por tres arcos con las letras VVM (Viva la Virgen María).

En Iguala, Iturbide ordenó la confección de una bandera que utilizaría el ejército trigarante la cual estaba formada por tres franjas diagonales con los colores blanco, verde y rojo con una estrella de cinco puntos en cada franja. Los colores simbolizaban las tres garantías: conservar la religión católica, la independencia bajo la forma de gobierno monárquico moderado y la unión entre europeos y mexicanos. La idea principal era emancipar al pueblo de la esclavitud española; así como para que la nueva bandera sirviera de armonía y unión en la nueva nación.

El tercer elemento que influyó en los símbolos nacionales aparece como el principio de la libertad de los pueblos y la soberanía de la nación, a éstos se unieron los de igualdad y justicia, provenientes del movimiento popular y las ideas del pensamiento político moderno.

Cuando se proclamó el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821, se estrenó la primera bandera nacional, que fue confeccionada por el sastre José Magdaleno Ocampo, quien la elaboró por encargo de Agustín de Iturbide con las siguientes características: tres franjas diagonales, una de ellas roja con una estrella blanca; otra verde con una estrella roja, y la tercera blanca con una estrella verde. Bandera tricolor, cuyos elementos esenciales permanecen en la actual. 

La bandera original de Iguala estaba dividida por tres barras diagonales y no verticales, y en el centro de cada banda había una estrella dorada de cinco puntas. Estas tres estrellas estaban colocadas diagonalmente, pero en sentido inverso al de las barras. Era, pues, aquella, una bandera que significaba unión y armonía, y la conservación de los colores indica que este ideal está todavía vivo en el corazón de los mexicanos. En la franja central tenía una corona imperial dorada y las palabras: “Religión, Independencia y Unión”. Fue llamada “la bandera de las tres garantías”, y representó al ejército “trigarante”.

La bandera de Iguala fue modificada en detalle por el mismo Iturbide el 2 de noviembre de 1821, pocas semanas después de consumada la independencia. Se colocaron las franjas en sentido vertical, pasando el color blanco al centro y quedando a la izquierda el verde y a la derecha el rojo. Desde aquella lejana época, la disposición de los tres colores ha permanecido inalterable hasta nuestros días. En el centro de la barra blanca campeaba un águila posada sobre un nopal en posición de tres cuartos de perfil aproximadamente, ceñida la cabeza con una corona imperial, las alas caídas, y sin serpiente en el pico. A la caída de Agustín de Iturbide desapareció la corona y posteriormente se modificó la posición del águila; sin embargo, en la época de Maximiliano se restableció la bandera el 9 de agosto de 1864 con muy ligeras variantes en lo relativo a los atributos monárquicos. Vencido el emperador Maximiliano de Habsburgo, también desapareció definitivamente esta efímera enseña.

Durante el gobierno del poder ejecutivo el soberano congreso constituyente mexicano, decretó el 14 de abril de 1823 que se conformara el símbolo patrio de acuerdo con la tradición indígena, el águila de perfil posada sobre un nopal devorando una serpiente y sin corona imperial, orlando la figura ramas de encino y laurel. A esta bandera se le agregan las ramas de encina y laurel símbolos republicanos. Al adoptar nuestro país un régimen republicano de gobierno, el 14 de abril de 1823, el Congreso Constituyente decretó que la bandera oficial debería tener tres franjas verticales, verde, blanca y roja, llevar un águila sin corona y con ramas de encina y laurel en la parte inferior. Estos elementos se han conservado desde entonces, aunque el águila ha estado en distintas posiciones: de perfil, en tres cuartos y de frente.

La bandera confeccionada durante el gobierno de Porfirio Díaz se decidió que el águila tuviera las alas abiertas, con una rama de laurel y otra de oliva, en semicírculo y eliminar la corona.

Es con Venustiano Carranza que aparece el águila de perfil, devorando una serpiente. Cuando don Venustiano Carranza tomó el mando en el país después de derrotar al usurpador Victoriano Huerta, decidió rescatar los elementos indígenas que componían originalmente el escudo nacional, por lo que el 20 de septiembre de 1916 expidió un decreto en el que se estipuló que el águila debería ser representada de perfil izquierdo, estar parada sobre un nopal que brota de una peña rodeada de agua y tener ramas de encina y laurel en la parte inferior conforme con las primeras insignias utilizadas por los defensores de la independencia. Sin embargo el decreto no llegó a entrar en vigor. El Congreso Constituyente dispuso cómo debía ser la bandera de México: tendría tres franjas verticales, cada una de diferente color, la franja pegada al asta debía ser verde, la del centro blanca y la del extremo roja. En la franja del centro se encontraría un águila de origen mexicano, sin corona, que estuviera parada sobre un nopal, el cual crecería en una peña rodeada de agua. El águila debía estar posada sobre su pata izquierda, con la derecha agarraría una serpiente en actitud de querer despedazarla con su pico. Además debía estar enmarcada por los símbolos republicanos: ramas de encino y laurel.

Fue hasta el gobierno del presidente Abelardo L. Rodríguez el 5 de febrero de 1934 en el que se conservó el águila de perfil, se estilizó su plumaje y se rectificó la posición de la serpiente. A partir de entonces su diseño fue declarado como oficial y único como emblema nacional.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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jueves, 13 de febrero de 2025

La historia secreta de las canciones de amor

La historia secreta de las canciones de amor.

José Antonio Robledo y Meza

 

Hace una década que salió a la luz el libro de Ted Giogia, Canciones de amor. La historia jamás contada (2015), y hoy día en vísperas del día del amor y la amistad celebramos ambos acontecimientos. Dice Giogia que la idea inicial provino de su creciente interés por el papel de la música como agente transformador y como fuente de placer en la vida cotidiana. E inspirándose en Arthur C. Danto señala que el futuro del arte estaría marcado por un regreso a lo que siempre fue su sentido fundamental: enriquecer la vida de los individuos, las comunidades y las sociedades: hay que aprender a vivir dentro de los límites del mundo. Eso, tal como yo lo veo, significa volver a poner el arte al servicio de unos fines básicamente humanos.

De los esbozos anteriores Gioia derivo un proyecto que se orientaría por la perspectiva de la vida cotidiana y de las necesidades humanas, y no como una letanía de grandes compositores e intérpretes célebres. Se trataba de construir una historia de la canción, el fenómeno que ha transformado la vida íntima de millones de personas. Dice Gioia que, frente a la inexorable mercantilización del arte, las canciones poseen una fuerza mágica, un encanto, una dimensión metafísica, cuasi espiritual, que se pierde en los relatos de las estrellas del escenario musical. No es casualidad que la palabra latina cantare nos remita también a encantamiento, al conjuro mágico. La magia de la música nos pertenece a todos, desde siempre; y señala Gioia “yo quise escribir una historia de la música que reconociese su potencia”.

Guiado por estos planteamientos, nos comparte Gioia que “Descubrí nuevas perspectivas sobre la música en los sitios menos esperados: el folclore, los mitos, estudios de antropología y sociología, literatura de viajes, diarios y memorias, poesía épica, trabajos científicos, escrituras de distintos credos y sectas, textos cuneiformes o jeroglíficos, y hasta pinturas rupestres, entre otras fuentes bien dispares. A la larga me di cuenta de que podía contar esta historia escondida aislando determinadas hebras del rico tapiz de la canción humana”. El libro Canciones de amor. La historia jamás contada -el tercero de este proyecto-estuvo antecedido por sus complementarios: Work Songs y Healing Songs.

El tema obligó a Gioia a acotar el tema, después de reconocer que la mayor parte de nuestras creaciones musicales desde el inicio de los tiempos han sido de amor. Nos señala Gioia que “Incluso después de haber investigado durante años la historia social de la música, yo dudaba de mi capacidad para acotar el tema. Para más dificultad, la historia de las canciones de amor se ramifica hacia una multitud de otras áreas, cada una de ellas peliaguda y compleja. Comprendí que para contar la historia completa, tendría también que recorrer la historia de los rituales y el romance, del cortejo y el matrimonio, de la moral y la sexualidad, y muchas otras materias que excedían con mucho las que suelen abordar los musicólogos.” La investigación llevó a Gioia a descubrir que la historia de las canciones de amor era una historia secreta.

Continua Gioia “No obstante, armar el rompecabezas de la historia de las canciones de amor me ha demostrado que las innovaciones en esta música provinieron sobre todo de marginados y bohemios, desconocidos y advenedizos, campesinos, esclavos, prostitutas y otros personajes que operaban en las márgenes de la sociedad. Las mujeres, específicamente, jugaron un papel mucho más importante de lo que yo hubiera sospechado en la evolución de esta música; y de hecho ellas, como demostrarán las páginas siguientes, aportaron muchos de los componentes claves que han definido la canción amorosa. No comprendí, hasta haber investigado durante muchos años, cuán radical y disruptiva ha sido la canción de amor durante cada periodo de la historia. Los poderes establecidos se oponen a las innovaciones en la música romántica porque estas canciones con carga emocional originan inevitablemente un mayor sentido del individualismo y de la autonomía personal. A lo largo de los siglos, la canción de amor ha puesto siempre en cuestión el gobierno autoritario y las instituciones patriarcales. Ha exigido no solo libertad en la expresión artística, sino otras libertades tanto íntimas como públicas. Además, estas canciones provenían usualmente de los jóvenes y de aquellos con quienes no se contaba, entrando en escena con un vigor y una insistencia que ponía nerviosos a los de las generaciones más mayores y establecidas. Al principio pensé que tenía que ser pura coincidencia que los nuevos estilos de música romántica siempre parecieran fomentar reacciones violentas y agitación social. Finalmente comprendí que los agentes del poder tenían razones para combatir esta música, y reescribir luego los libros de historia ocultando sus huellas.”

Por lo dicho, les invito a leer el libro de Ted Giogia, Canciones de amor. La historia jamás contada (2015), cuyo índice es el siguiente: I Los pájaros lo hacen!, II Música procreativa, III Safo y Confucio, IV El amor en la antigua Roma, V Doncellas pervertidas y rameras lujuriosas, VI La conexión norafricana y de Oriente Próximo, VII  Los trovadores, VIII El triunfo del romance, IX Un amor supremo, X  Amor profano, XI Divas y desviaciones, XII  Canciones folclóricas y canciones de amor, XIII Canciones de amor para el mercado masivo, XIV  La conexión africana (otra vez), XV  ‘Crooners’, canciones románticas y quinceañeras, XVI El rock’n’roll y el verano del amor, XVII Todo lo obscenos que quieran.

 

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jueves, 12 de septiembre de 2024

Filosofía e historia de “El Grito” mexicano

Filosofía e historia de “El Grito” mexicano

José Antonio Robledo y Meza

 

La filosofía del grito mexicano es parte de la filosofía que estudia la teleología, la epistemología y la metafísica de la historia y la historiografía relacionadas con el rito del Grito de la Independencia mexicano que se viene celebrando desde 1812 cuando Ignacio López Rayón propuso su celebración.

Elementos de la filosofía de la historia del Grito están presentes en las reflexiones sobre el tiempo y la historia misma; estas reflexiones se han ocupado de la historia del hecho ocurrido en la mañana del 15 de septiembre de 1810 en Guanajuato como parte de la historia universal y su carácter metafísico, es decir, buscando un sentido para el rumbo de la humanidad al margen de lo que se venía haciendo en occidente de carácter eurocéntrico. 

A partir del siglo XX, con la aparición de la filosofía analítica al debate, se bifurcó en dos áreas: por un lado, la filosofía especulativa o sustantiva de la historia y, por otro lado, la filosofía crítica o analítica de la historia donde, en esta última, es posible analizar El Grito desde otras perspectivas conceptuales: la teoría de la historia y la epistemología de la historia o historiología. Acompaña a estos nuevos enfoques la filosofía de la historiografía y la corriente de las tesis narrativas.

Bajo nuevas actitudes académicas pueden responderse las siguientes interrogantes: ¿qué pasó el 15 de septiembre?, ¿Cuáles son los testimonios (quienes son los que dicen qué pasó) que se consideran como fuentes? ¿Quiénes son los que han indagado sobre los decires de lo que pasó el 15 de septiembre? ¿Cómo se ha organizado lo que se ha dicho que pasó el 15 de septiembre?

La filosofía de la historia va intrínseca a la historia como al propio pensamiento del historiador, que tendrá, quiera o no quiera, una determinada perspectiva filosófica que siempre está actuando sobre él. Toda consideración histórica tiene un carácter filosófico y, por lo tanto, necesita de una narración filosófica que complemente su sentido. Al no poderse distinga entre historia y filosofía de la historia habrá en términos metafísicos historiadores idealistas y materialistas, hegelianos y marxistas o positivistas y hermenéuticos. 

La historia también puede ser vista como una forma de ética que puede enseñar, a través de ejemplos históricos, comportamientos adecuados y, por lo tanto, elegir a los personajes históricos y temas históricos con vistas al aprovechamiento moral del lector. Bajo este enfoque se reconoce y admite que la historia debe enseñar buenos ejemplos a seguir construyendo santos y santas en términos religiosos (hagiografías) como la construcción laica de los héroes. La visión pedagógica excede en mucho la visión de la historia basada solo en “hechos” buscando reflejarlos con la mayor imparcialidad posible.

Con el marco anterior recomiendo ver y leer las siguientes obras en estos días previos a la ceremonia de “El Grito” mexicano.

 

Película: Hidalgo: La historia jamás contada



https://www.youtube.com/watch?v=Iz_n7Z93GLw

 

Chihuahua, 1811. Tras ser arrestado en Acatita de Baján por las fuerzas realistas, para luego ser degradado de su condición sacerdotal y expulsado de la Iglesia, Miguel Hidalgo languidece en una celda de un excolegio de los Jesuitas. Allí empieza a recordar sus años de juventud. Luego de ser rector del Colegio de San Nicolás Obispo, y como castigo por sus ideas progresistas, Hidalgo es obligado a abandonar a su mujer e hijos y es enviado por la autoridad eclesiástica a un pequeño pueblo: San Felipe Torres Mochas. Pero la transición no será nada fácil, porque incluso hasta aquel recóndito lugar, su fama de bebedor, mujeriego, dicharachero y liberal le precede y le gana algunos enemigos entre la facción más tradicional y puritana de la localidad.

 

Leer:

Jorge Ibargüengoitia, Los pasos de López

 

Película 7: Morelos 



https://www.youtube.com/watch?v=ruxJXltKvPI

 

Retrata los últimos años de la vida de José María Morelos y Pavón (1812-1815), caudillo de la independencia mexicana quien, tras burlar el cerco de Calleja en Cuautla, reorganiza sus tropas y toma la ciudad de Oaxaca; sin embargo, teniendo más de la mitad del territorio mexicano en sus manos, Morelos se empeña en tomar el puerto de Acapulco mientras las tropas realistas se reorganizan y recuperan terreno. Muestra la relación de Morelos con sus lugartenientes, su preocupación por crear instituciones propias y un ejército disciplinado capaz de hacerle frente a las tropas realistas. El film captura dos facetas indisolubles de la vida del héroe mexicano: sus contradicciones y sus pasiones.

 

Leer:

Morelos, Los sentimientos de la nación

Bando de Morelos aboliendo la esclavitud 17 de noviembre

 

Por último, les invito a leer los siguientes ensayos:

 

Significado del Escudo Nacional

https://mexicoelarboldelosmilfrutos.blogspot.com/2024/09/significado-del-escudo-nacional.html

 

Historia del escudo nacional mexicano

https://mexicoelarboldelosmilfrutos.blogspot.com/2024/09/historia-del-escudo-nacional-mexicano.html

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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martes, 3 de septiembre de 2024

Historia del escudo nacional mexicano

Historia del escudo nacional mexicano

José Antonio Robledo y Meza

 


 

Virreinato


Durante los primeros años del virreinato algunos pobladores de la Nueva España adoptaron este símbolo. Como el símbolo del águila devorando una serpiente se generalizó bastante, el virrey don Juan de Palafox y Mendoza ordenó su desaparición quien consideró dicho símbolo como idolátrico y lo sustituyó por una imagen de la virgen.

 

Independencia

Durante la guerra de independencia, en la Junta de Zitácuaro, se decidió tomar como escudo de armas al águila coronada en la que se eliminó la serpiente, posada en un nopal y éste sobre un puente, y en la parte superior, alrededor del escudo propiamente dicho, una rama de laurel enlazada con otra de encino.


Primer imperio

1822-1823

Escudo utilizado durante el Primer Imperio Mexicano decretado el 7 de enero de 1822. Consta de un manto imperial en cuya cima posa una corona imperial y está sostenida por un lazo tricolor con el lema del imperio; en el centro del manto hay un blasón central basado en la leyenda de la fundación de México-Tenochtitlan que consta de un águila real —devorando una serpiente con las alas extendidas y portando una corona imperial— sobre un nopal que nace de una peña de un lago; en la parte superior del blasón central hay una corona sencilla de siete plumas, del centro y ambos lados hay un collar de la Orden de Guadalupe, y en la parte inferior hay dos ramas de laurel y olivo.

Al caer el imperio de Iturbide, el Congreso Constituyente de 1823, determinó: “Que el escudo sea el águila mexicana parada en el pie izquierdo sobre un nopal que nazca de una peña entre las aguas de la laguna y agarrando con la derecha una culebra en actitud de despedazarla con el pico y que orlen este blasón dos ramas, la una de laurel y la otra de encino, conforme al diseño que usaba el gobierno de los primeros defensores de la Independencia.” El águila de este escudo también estaba de frente, con las alas abiertas como si fuera a iniciar el vuelo y la cabeza hacia la izquierda. Como escudo a un águila coronada de frente y en la parte superior del escudo un penacho de siete plumas representando a los tlatoanis azteca.


1823-1835

Tras la derrota del Primer Imperio, el Congreso Constituyente de 1823 decretó un nuevo escudo caracterizado por un águila volteando a la derecha y sin la serpiente y la corona imperial (simbolizando el futuro carácter republicano que optaría la nación) y el agregado de dos ramas de laurel y olivo unidas por un listón rojo.

 

 

1835-1846

Con la proclamación de la República Centralista se cambió el escudo nacional para simbolizar el cambio de régimen político: el águila voltea a la izquierda y el listón es de color blanco.


 

1846-1863

Con la proclamación de la Segunda República Federal se reformó el Escudo para marcar el fin del centralismo. El águila vuelve a voltear a la derecha y tiene las alas extendidas; el nopal nace directamente de un listón tricolor que une ambos lazos.

 

Segundo Imperio

1863-1867

Escudo utilizado durante el Segundo Imperio Mexicano por el decreto del 20 de septiembre de 1823. El blasón consta de un águila parecido al de la Primera República Federal pero cuya peña es triple y no tiene lazos de laurel y olivo; su bordura es dorada. El timbre es una corona imperial de águilas doradas y una piña en la cima. Los tenantes son dos grifos cuya parte superior es negra e inferior es dorada. Detrás del blasón en sotuer hay una espada y un cetro. Debajo del blasón hay una cinta verde con el lema del Imperio. Maximiliano modificó dicho escudo en 1865: el águila sin corona está colocada dentro de un escudo detenido por dos leones rampantes y la corona aparece sobre el escudo. En los dos escudos de referencia, la cabeza del águila está volteada hacia la izquierda y en la garra derecha sostiene a la serpiente. Por deseo de la emperatriz Carlota, se le colocó al águila una piña estilizada en la cabeza, en lugar de la acostumbrada órbita imperial.

Tras el fin del Segundo Imperio se restaura el escudo utilizado con anterioridad por los federalistas.

1868-1880

Tras el fin del Segundo Imperio se restaura el escudo utilizado con anterioridad por los federalistas.

Posteriormente llegaron a coexistir una gran variedad de diseños del escudo nacional que eran colocados en toda clase de documentos tales como sellos, oficios, monedas, timbres postales, etc., aunque en lo primordial se respetaba el significado simbólico del escudo.


1880-1909

El presidente Porfirio Díaz hace cambios al escudo nacional simbolizando el fin de la división entre liberales y conservadores. El águila pasa de tener las alas extendidas a posición de descanso; el nopal nace de nuevo de una peña, pero esta vez la peña no emerge de un lago, sino que es sostenida por un listón blanco que une los lazos de laurel y olivo. Aunque el diseño del escudo cambió oficialmente en 1909, se siguió utilizando (como en monedas u otros sitios) aun años después.

Siglo XX

1909-1916

Por los festejos del centenario de la Independencia de México, Díaz hace un nuevo cambio al escudo, llamándose el «Águila del Centenario». El águila vuelve a voltear hacia la izquierda y tiene las alas extendidas; la peña vuelve a nacer de un lago.

1917-1934

El presidente Venustiano Carranza, con el fin de romper con el régimen de Porfirio Díaz y el establecimiento de la Constitución de 1917, realiza cambios al Escudo Nacional, poniendo el águila de perfil, con la intención de homogeneizar su uso en la República. El Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, reconoció las dificultades y obstáculos que se presentaban por las diferentes interpretaciones gráficas del escudo. Bajo esa consideración, Carranza expidió un decreto en el cual se definió y precisó la interpretación gráfica del escudo nacional. De acuerdo con el decreto, el escudo debía retomar los antiguos códices, por lo tanto el águila debía estar de perfil, posada sobre un nopal y éste a su vez, sobre una piedra en el agua. A pesar de que se trató de dar las características específicas, al hacerse el diseño, el águila agarraba a la serpiente casi a la mitad del cuerpo de ésta, lo que resultaba ilógico porque de tener vida el reptil, fácilmente podía atacar al águila. Otro defecto que se le encontró a este diseño fue el que la serpiente estaba con las fauces abiertas y la lengua de fuera, y las serpientes al atacar, abren las fauces para morder pero no sacan la lengua. Finalmente, no sólo por los detalles de diseño que se le encontraron, sino también por la inestabilidad política de la época, el decreto no entró en vigor.

1934- 1968

Se establece la primera legislación para los Símbolos Patrios. Se renueva el Escudo Nacional con base al diseño de Jorge Enciso. El 5 de febrero siendo presidente el general Abelardo L. Rodríguez, se expidió otro decreto para definir una vez más, las características del escudo nacional. El original de dicho diseño se encuentra en el Archivo General de la Nación y se entregó una copia al entonces Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía. Las firmas del presidente de la República, del presidente de la Comisión Permanente del Congreso, del presidente de la Suprema Corte de Justicia, es decir la representación de los tres poderes, además de los secretarios de Estado, avalaron la autenticidad del diseño del escudo.

1968

El 17 de agosto de 1968 se publica un nuevo decreto en el Diario Oficial ratificó el diseño anterior y estableció la normatividad para el uso del Escudo Nacional.

“Art. 2º.- El Escudo Nacional está constituido por un águila mexicana con el perfil izquierdo expuesto, la parte superior de las alas a nivel más alto que el penacho y ligeramente desplegadas en actitud de combate, con el plumaje de sustentación hacia abajo tocando la cola y las plumas de ésta en abanico natural. Posada en su garra izquierda en un nopal florido que nace en una peña que emerge de un lago, sujeta con la derecha y con el pico en actitud de devorar una serpiente curvada de modo que armonice con el conjunto. Varias pencas del nopal se ramifican a los lados. Dos ramas, una de encino al frente del águila y otra de laurel, al lado opuesto, forman entre ambas un semicírculo inferior y se unen por medio de un listón dividido en tres franjas, que cuando se representa el Escudo Nacional en colores naturales, corresponden a los de la Bandera Nacional.”

 

El escudo nacional está basado en la leyenda de la fundación de Tenochtitlan.

Fundación de México Tenochtitlan, primera versión. Fray Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme. Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces.

 

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martes, 26 de septiembre de 2023

Historia del grito de independencia

Historia del grito de independencia

José Antonio Robledo y Meza

 

La ambigüedad del movimiento iniciado en Dolores ha permitido la existencia de muchos Hidalgos, que han respondido a las distintas visiones de republicanos y conservadores, federalistas y centralistas, defensores de la Iglesia y reformistas. Hoy día Hidalgo es una figura asociada a los liberales, sin embargo, los conservadores han intentado varias veces unirlo a su causa.

Enrique Plascencia de la Parra en su libro Independencia y nacionalismo a la luz del discurso conmemorativo (1825-1867), publicado en 1991 señala que durante los primeros 46 años de historia del grito hubo distintas formas de conmemorar el evento encabezado por Miguel Hidalgo en 1810. La historia de la ceremonia del grito da cuenta de los cambios con respecto a seis aspectos: 1) la forma de elegir al orador, 2) nombre de los discursos, 3) sentido de la celebración, 4) ejemplo de los héroes, 5) descripción de la fiesta, 6) visiones del proceso emancipador, 7) leyenda negra, y 8) visiones de Hidalgo.

Patrick Johansson, doctor en letras por la Universidad de París –nahuatlato discípulo de Miguel León-Portilla– rastrea las huellas de la liberación mexica, y establece un paralelismo histórico con los insurgentes. Sometidos a los tepanecas de Azcapotzalco durante más de 100 años, los mexicas, bajo el mando de Itzcóatl, consiguieron su “independencia” en 1428. (“El primerísimo “grito” de independencia”, Proceso, 15 septiembre, 2020). El 16 de septiembre de 2020 -dice Johansson-coincidió con el 500 aniversario de la entronización de Cuitláhuac, señor de Iztapalapa como tlatoani de México, el de 1520, y de su muerte trágica, causada por una epidemia de viruela el 3 de diciembre del mismo año. La victoria aplastante de Cuitláhuac sobre el ejército español y sus aliados nativos en la famosa “noche triste” del 30 de junio iba a ser el comienzo en el vasto proyecto que él tenía de federar las naciones indígenas, amigas y enemigas en torno a los mexicas, para poder derrotar a un poderoso adversario, peligroso en términos bélicos, pero también y sobre todo –como lo había intuido el ilustre iztapalapense– del fin de una manera de ser y de pensar que la victoria del invasor, fatalmente, conllevaría.”

El “grito” del 15 de septiembre de 1810

El “grito” del 15 de septiembre de 1810, marcó el comienzo del fin de tres siglos de opresión por parte de los españoles peninsulares, según lo expresó Miguel Hidalgo, y que se conmemora puntualmente cada año. Además del sonoro y sedicioso grito de libertad proferido por Hidalgo, la insurgencia iba a anclar visualmente los anhelos políticos de su mexicanidad en un emblema “pre-hispánico”. Una vez consumada la Independencia, el afán de desmarcarse radicalmente de los españoles, y de limpiar la joven nación de escorias ideológicas coloniales que podrían adherir todavía al espíritu de su edificación, hizo que se escogiera como blasón alegórico del México independiente el águila azteca posada sobre un nopal, a su vez imagen del portento fundacional de México-Tenochtitlán.

Plascencia distingue tres periodos de los discursos del 16 de septiembre: 1) 1825-1836: coincide casi totalmente con la existencia de la primera República federal. En este período se tuvo una sola fiesta para conmemorar oficialmente la independencia, 2) 1837-1854: Se inauguran de las fiestas del 27 de septiembre, que conmemora la entrada del ejército Trigarante a la ciudad de México. Abarca la República centralista, su caída y los intentos por definir el rumbo del país hasta que llega la última dictadura de Santa Anna. En este periodo surge la visión integral del movimiento de independencia, que concibe los movimientos de Hidalgo e Iturbide como parte de un mismo proceso de búsqueda de la independencia nacional. En los discursos de este periodo son frecuentes las palabras de orden, armonía, unión, y otras similares para calificar el movimiento iturbidista”, 3) 1855-1867: marca el final de esta visión integral de la independencia y el predominio que finalmente adquiere la fiesta dedicada a Hidalgo cuando resultan triunfantes los liberales.

Descripción de la fiesta de la independencia.

“El 15 de septiembre comenzaba los festejos, generalmente con una función especial en un teatro, al que asistía el presidente y en la que se decían discursos y se declamaba poesías alusivas; se intercalaban las lecturas del Acta de Independencia decretada por el Congreso de Chilpancingo (firmada el 6 de noviembre de 1813), o bien la de 1821, firmada el 28 de septiembre de ese año, además del decreto de Hidalgo que daba la libertad a los esclavos. A las 11 de la noche el presidente vitoreaba la independencia y a sus héroes, al tiempo que se escuchaban afuera repiques de campanas y salvas de artillería. La fiesta en que auténticamente participaba el pueblo ocurría al día siguiente. Comenzaba con la asistencia de las autoridades civiles y militares a un solemne Tedeum en la catedral; seguían un desfile, llamado “paseo cívico”, ya que participaban empleados de gobierno, representantes del poder legislativo, jueces y ministros de la Suprema Corte, alumnos de diversas escuelas y miembros de la jerarquía eclesiástica, entre otros, y aunque también participaban miembros del ejército, no era un desfile militar. En la Alameda o en la Plaza de Armas (hoy Zócalo), se pronunciaba el discurso oficial en presencia de diversas autoridades; poco después comenzaba la verbena popular, que se alargaba hasta la noche, allí quemaban fuegos artificiales. Las crónicas refieren que en ocasiones se regalaban boletos para funciones teatrales de manera que el pueblo pudiera asistir.

Visiones del proceso emancipador.

“La agitada vida política del país desde sus Independencia había dificultado una visión clara del proceso (o devenir) histórico. Otero nos lo presentaba como una línea recta y ascendente en su discurso de Guadalajara (16.09.41). La historia del México independiente parecía más un eterno avanzar, frenar y retroceder. Los triunfos de la Reforma, y sobre todo el de la República sobre el Imperio, hicieron posible consolidar una interpretación del desarrollo como un proceso de progreso. De esta manera surge el rescate idílico de la etapa prehispánica como una civilización majestuosa destruida por un grupo de asesinos que sólo buscaban las riquezas tan extraordinarias del país. De acuerdo con esta interpretación, la colonia solamente fue la sistematización del robo y del despojo, y el movimiento popular de Hidalgo marcó el inicio de México, como nación. La consumación de la Independencia fue una emancipación a medias, porque dejaba intactas las estructuras coloniales que habían impedido la igualdad, el desarrollo y la democracia. La lucha siguió durante la guerra de los tres años y el imperio. Desde esta perspectiva los héroes de la insurgencia se enlazan con las acciones de los de la Reforma, y de los que pelearon en defensa de la República. La guerra contra del imperio se convierte así en la conclusión de la lucha iniciada por el cura de Dolores el 16 de septiembre de 1810.

Leyenda negra

Juárez en su discurso de 1840 al referirse a la colonia; condena la preponderancia del fanatismo, y en cambio promovía una “obediencia ciega al imperio de las ciencias y de la ilustración”. En el mismo sentido, reprobaba la cerrazón al comercio y a la inmigración extranjera y por este mismo hermetismo, se daban inevitables odios entre las clases. Un año después Mariano Otero en su discurso del 16 de septiembre de 1841repite el mismo planteamiento. Philip Powell hace un estudio sobre la leyenda negra y dice que ésta surgió en el siglo XVI a causa de rivalidades, odios y temores que el poderío de España provocaba en países como Inglaterra, Italia, Holanda, Francia y Portugal. La Ilustración trajo una versión más intelectualizada de esta leyenda, identificando los prejuicios de intolerancia y de tradicionalismo que se imputaban al carácter español como actitudes opuestas a las nuevas ideas que entonces estaban surgiendo. Contrario a las ideas ilustradas estaba la defensa española del catolicismo, así como la unión Estado-Iglesia. Powell asegura que la leyenda negra llegó a América con las luchas de Independencia (1810-1825) y se expresó claramente en la pugna entre peninsulares-criollos.

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martes, 30 de agosto de 2022

Historia del Escudo Nacional, tercera parte

Historia del Escudo Nacional, tercera parte

José Antonio Robledo y Meza

 

Durante la Guerra de Tres Años (1858-1860) se representó -al águila- con la cabeza a la izquierda, por los liberales, o a la derecha, por los conservadores; y sin corona o con ella, según la usaran las tropas republicanas o imperiales en ocasión de la intervención francesa.


Escudo y sello del Imperio de 1864 a 1867, oficializado por decreto del 1 de noviembre de 1865 por Maximiliano

 


Escudo de Guerra del Segundo Imperio Mexicano

 

El 10 de abril de 1865 Maximiliano ordenó usar un escudo con el águila de frente, bajo la corona del Imperio.

Al triunfo de los constitucionalistas continuaron usándose varias versiones del águila republicana. Por esa causa, el 30 de diciembre de 1880 el presidente Porfirio Díaz dispuso que se le representará de frente, abierta de alas, majestuosa.

 


Escudo Nacional Mexicano usado entre 1880 y 1914, de Tomas de la Peña

 


Escudo Nacional Mexicano usado entre 1898 y 1916, de Juan de Dios Fernández, llamada Águila del Centenario

 

Escudo Nacional Mexicano en uso entre 1914 a 1920

 


Escudo oficial para uso en banderas 1934 a 1968

 


Este diseño fue creado por los artistas Antonio Gómez y Jorge Enciso. De cualquier manera, debido a los problemas políticos de la época, el escudo no se hizo oficial hasta 1932, bajo el mandato del presidente Abelardo L. Rodríguez.

 


En 1968, el presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó un cambio, de modo que el águila se mostrara más agresiva. Este diseño del pintor Francisco Eppens Helguera se usa hasta la actualidad.

En 1984, el presidente Miguel de la Madrid Hurtado promulga la ley actual para definir y controlar el uso de los símbolos nacionales, entre ellos, el escudo nacional.

La utilización de esos símbolos tiene el propósito, de construir, una conciencia colectiva de unidad nacional, la ley es el marco que sirve para establecer, este fin desde un punto de vista jurídico.

 

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