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jueves, 15 de agosto de 2024

1492 marca el inicio de la construcción de Iberoamérica

1492 marca el inicio de la construcción de Iberoamérica

El 12 de octubre desembarcan los tres navíos de Cristóbal Colón en la isla Guanahaní (Bahamas). La fecha es conocida por la historiografía tradicional como el comienzo de la colonización del continente (hoy llamado América) por los europeos.

Alrededor de esta fecha se produjeron grandes cambios en las distintas lenguas e idiomas del mundo y con ello una trasformación significativa en las nociones del tiempo y espacio y es así que se dota de nuevo significado a los conceptos de “viejo mundo” y “nuevo mundo”. 

Los Reyes Católicos, casi simultáneamente, derrotan a musulmanes después de casi 800 años de dominio islámico en la península ibérica y firman el Edicto de Granada (vigente hasta el año 1969) con el que se expulsa a los judíos sefardíes de España. Se estima que fueron exiliados entre 150 000 y 200 000 judíos. Se imprime la primera copia de la Torá. 

En el mundo de la ciencia y la política se suceden varios acontecimientos significativos. El 25 de julio, en Roma fallece el papa Inocencio VIII tras un intento fallido de transfusión de sangre vía oral usando la sangre de tres niños de diez años de edad quienes también murieron por choque hemorrágico; esta es la primera trasfusión registrada en la historia. Semanas después -el 11 de agosto- el cardenal español Rodrigo de Borja es elegido papa, tomando el nombre de Alejandro VI. El 3 de septiembre: Francia e Inglaterra firman la paz mediante el tratado de Étaples.

Todo lo anterior ocurrió previo al desembarco de los tres navíos de Cristóbal Colón -el 12 de octubre- en la isla Guanahaní (Bahamas). El hecho será conocido por la historiografía tradicional como el descubrimiento de América, que marca el comienzo de la colonización del continente por los europeos.

Es por esta época que se empieza a tener conciencia de la necesidad de defender el principio de autonomía de la ciencia con respecto a la ideología, aunque esta liberación del mundo de los valores, ha encontrado obstáculos varios.  Conocemos bien esta parte de la historia: Copérnico (1473-1543) se atrevió a publicar los resultados de sus observaciones y cálculos que abogaban a favor de una concepción heliocéntrica del mundo, superando el temor a enfrentarse a la jerarquía religiosa; Giordano Bruno (1548-1600) pereció en las llamas por haber afirmado que el universo es infinito y no tiene centro; Galileo que se vio obligado a renegar, aun cuando estaba convencido de la verdad de aquello que expresaba.

Un movimiento tan poderoso no dejó indemne el conocimiento del mundo humano. Durante el siglo de Galileo (1564-1642), Spinoza (1632-1677) llevó el debate entre los humanistas hasta el terreno más peligroso que existía, el de la interpretación de la Biblia. Oponiéndose a las escuelas exegéticas tradicionales que sostenían con seguridad que la Biblia decía en todo y por todos lados la doctrina cristiana oficial, Spinoza reclamaba la introducción, también en ese terreno, de un nuevo método de investigación. ¿En qué debía consistir? «Para abreviar, resumiré este método diciendo que no se diferencia en nada de aquel que seguimos en la interpretación de la Naturaleza, sino que concuerda en todo con el mismo.» (Tratado de teología política) Esto quiere decir que esta interpretación renuncia a las instrucciones sobre lo que debe ser el sentido del texto bíblico, renuncia por lo tanto a servirse de una verdad preestablecida como medio de análisis; y que se contenta con recoger informaciones imparciales acerca del sentido de las palabras en la época de la creación del libro, acerca de las circunstancias históricas en las que esa creación tuvo lugar, acerca de las relaciones que se establecen entre los distintos pasajes del mismo libro. En vez de servirse de la «verdad» doctrinal para iluminar el sentido de los pasajes oscuros y tender a la edificación de los creyentes, Spinoza quiere utilizar el método de los naturalistas —la observación y el razonamiento— para buscar la verdad del texto; la edificación de los fieles ya no forma parte de sus preocupaciones manifiestas. El objetivo del conocimiento es la verdad, no el bien.

La intervención de la ideología (encarnada en 1492 por la ortodoxia católica) resulta perjudicial, en cada caso, para el progreso del conocimiento; recíprocamente, la ciencia avanza tanto más rápidamente cuanto más desembarazada se halla de la tutela religiosa y se somete únicamente a sus propias reglas: la observación empírica y el razonamiento lógico. 

Con la excepción de algunos escasos momentos de oscurantismo militante, la libertad de las ciencias naturales parece haberse vuelto, desde la época de Galileo, un principio generalmente admitido. La explicación de este hecho es muy simple: es así como las ciencias más rápidamente progresan, y conducen a resultados prácticos que sirven a los pueblos. Ese principio está hoy presente en la cultura laica del pueblo mexicano.

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martes, 4 de octubre de 2022

1867 año de inicio de la República Restaurada.

1867 año de inicio de la República Restaurada.

José Antonio Robledo y Meza




1867 es el año del fin del segundo Imperio encabezado por Maximiliano e inicio de la República Restaurada, según lo anunció El Monitor Republicano (16.06.1867). Año de inicio de un proceso político caracterizado por Edmundo O'Gorman como república-mestiza y, por lo tanto, de cancelación de sus contrapartes, los proyectos monárquicos criollos, extranjeros o indígenas.

1867 año que cierra el período de esfuerzos del Estado nacional mexicano para lograr desprenderse de España y Europa; año de liquidación de las varias formas de organización política que se habían ensayado y en el que la fuerza política tradicional más importante, la Iglesia católica, dejará de serlo debido a la indiscutible autoridad adquirida por el Estado civil.

El periodo 1867-1878 fue un período de redefiniciones en las intenciones políticas y, por lo tanto, de las actividades a ellas relacionadas. Lograda la expulsión de los franceses y con ello la derrota de los conservadores, Juárez quiso que las acciones militares -cotidianas durante toda la etapa independiente- fueran sustituidas por actividades político-ideológicas. Así lo indicó en su manifiesto triunfal del día 15 julio de 1867. Alcanzada la condición republicana había llegado el momento de responsabilidad para los mexicanos: construir la nación deseada en un ambiente de paz. Así lo manifiesta Juárez:

“Mexicanos: Hemos alcanzado el mayor bien que podíamos desear, viendo consumada por segunda vez la independencia de nuestra Patria. Cooperemos todos para poder legarla a nuestros hijos en camino de prosperidad, amando y sosteniendo siempre nuestra independencia y nuestra libertad”.

Muchos lo entendieron así, lo que explica la “fiebre asociativa”, el “desbordamiento de las logias masónicas”, la “proliferación de las sociedades de ideas”, la aparición de círculos espiritistas, de las congregaciones protestantes -metodistas, presbiterianas, congregacionalistas, bautistas, etc.-, y el surgimiento de organizaciones del artesanado en asociaciones de ayuda mutua-.

La confirmación de este interés por participar en la res publica se manifiesta claramente en la proliferación de publicaciones periódicas durante la década por venir. Entre los varios temas que ocuparon las planas de los periódicos están, por mencionar sólo los más recurrentes: las elecciones presidenciales, las reformas a la Constitución, la amnistía, la usura, la ópera, la importancia de los capitales extranjeros, el divorcio y la reconciliación entre las facciones liberales, las figuras de Juárez, González Ortega, Lerdo, Díaz, Barreda, Sierra.

Un tema de gran interés es la aparición en el debate sobre la convocatoria para elegir presidente de 1867 el concepto de “administración” en contraste con el de “política” que reaparece en 1877 en la crisis política del grupo de liberales y la aparición del periódico La Libertad.

Sin embargo, en abierta contradicción al ideal pacifista del régimen republicano se continuaron manifestando acciones bélicas durante todo el periodo; por lo menos treinta y cinco insurrecciones durante el lapso comprendido entre 1868 y 1876.

Varios fueron los elementos que debemos considerar para comprender la posposición de la paz: el rompimiento de la alianza, en torno a Juárez, entre los grupos liberales a raíz de la convocatoria a elecciones y el plebiscito sobre reformas constitucionales emitidos el 14.08.1867 y que no fueron aceptadas en varios estados como Puebla, Chihuahua, etc.; el juicio a González Ortega y el asesinato de José María Patoni; la petición de poderes extraordinarios solicitada al Congreso por Juárez y su apoyo a Lerdo; el rompimiento con Lerdo a raíz de los resultados de las elecciones en 1872 en que Díaz pierde; la campaña permanente de Díaz contra la reelección -de Juárez primero (Plan de la Noria) y Lerdo después (Plan de Tuxtepec).

No menos importantes fueron las rupturas en el nivel federal, entre otros, los cambios en la jefatura del gobierno nacional y jefaturas estatales. Entre los primeros, el cambio de poderes de Juárez a Lerdo y de éste a Díaz. Entre los segundos, los cambios en Puebla: Juan N. Méndez es sustituido por Rafael J. García. Tal estado de cosas fue desplazando el ideal de libertad por el de orden y el inicio de un gobierno autoritario encabezado por Díaz.

Con Juárez electo constitucionalmente, el 2 de diciembre de 1867 Porfirio Díaz inicia una campaña contra Juárez; lo acusa de traidor, reaccionario y mocho.

En tales circunstancias, en 1878, a dos años de la toma del poder por Díaz, se demanda la reconciliación entre las facciones liberales en pugna -juaristas, lerdistas, iglesistas y porfiristas. Se erigieron nuevos frentes en donde se ventiló la pluralidad de la sociedad mexicana: la Sociedad León XIII, la Sociedad católica de Auxilios Mutuos y la primera manifestación utópica socialista “La ley del pueblo” desde las páginas del periódico poblano La Revolución Social y la pluma de Alberto Santa Fe.

La derrota militar de los grupos conservadores y su ineficiente actividad política permite al juarismo iniciar su conversión en el mito político unificador de la nación mexicana.




Lecturas recomendadas:

Edmundo O'Gorman, 1969, La supervivencia política novo-hispana. Reflexiones sobre el monarquismo mexicano, México, Fundación Cultural de Condumex.

Benito Juárez, 1964-72, Documentos, discursos y correspondencia, vol. 12. (Comp. Jorge L. Tamayo). México, Secretaría del Patrimonio Nacional.

Daniel Cosío Villegas, 1959, Historia moderna de México, la República Restaurada, vida política, México, Hermes.




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