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viernes, 21 de agosto de 2020

El “Foro Retos de la Educación Superior en México” ¿Un encuentro acartonado de temas desarticulados?

 
El “Foro Retos de la Educación Superior en México”
¿Un encuentro acartonado de temas desarticulados?


José Antonio Robledo y Meza

Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP.

robledomeza@yahoo.com.mx

wa: 2223703233

El próximo martes 25 de agosto de 2020 se llevará a cabo la segunda sesión del “Foro Retos de la Educación Superior en México”. Esta sesión está convocada con el nombre de “La Autonomía universitaria en el nuevo modelo de educación superior”. La conferencia magistral la dictará el Dr. Luciano Concheiro Bórquez Subsecretario de Educación Superior.

Si un modelo es un sistema en que se cumple lo que dice la teoría, si un modelo es un sector de la realidad que funciona de acuerdo a una teoría, entonces en México no existe un modelo de educación superior porque no existe una teoría que lo fundamente. ¿Podemos llamar sistema de educación superior a lo que actualmente existe?

A pesar de no existir actualmente un modelo de educación superior, ni propuesta alguna para construirlo, si podemos, en abstracto, preguntarnos por el significado del concepto de autonomía universitaria en el caso de que existiere un sistema universitario. La discusión en torno a la autonomía universitaria debe partir de la pregunta de qué es la autonomía universitaria y cuáles son los alcances o el ámbito de su autoridad y el tipo de relación que guarda con otras autoridades.

Podemos distinguir tres tipos de autoridades: la política, la epistemológica y la religiosa. 

¿De dónde le viene a cada una de ellas su autoridad? 

La autoridad política tiene como fuente la soberanía popular, el Pueblo; la autoridad epistemológica tiene como fuente la verdad y el principio de racionalidad-crítica; la autoridad religiosa tiene como fuente la verdad revelada.

Cada una de ellas se apoya en teorías distintas. La autoridad política está justificada por las teorías de la soberanía popular; la autoridad epistemológica en el conjunto de teorías científicas; la autoridad religiosa en teorías teológicas.

Las tres parten de distintos tipos de Fe, entendida ésta, como la aceptación de una proposición que no se discute. Trabaja la fe como lo que no se discute porque, en última instancia, la fe consiste en aceptar una proposición. En las tres esferas el reconocimiento de una proposición es un acto humano, es un acto de creencia. En la política la proposición es: la autoridad emana del Pueblo. En la epistemológica la proposición es: la autoridad emana de la racionalidad crítica. En la religiosa la proposición es: la autoridad emana de Dios.

Siendo principios indiscutibles -como Fe- todas ellas son resultado de discusiones históricas, en los campos de la filosofía, la teología, el derecho, las ciencias en general. Todas ellas son resultado sintético del pensar crítico de la humanidad. Todas ellas cuentan con el apoyo de libros, autores, lectores, creyentes e instituciones que las promueven y administran, esto es, pueden ser estudiadas como sistemas de creencias y conductas.

Cuando se habla de la autonomía de la universidad, el concepto de autonomía no debe entenderse en sentido absoluto, sino más bien relativo y esto porque la universidad es diferente a otras instituciones.

Afirmar que la universidad es diferente equivale a poner una condición necesaria, no una condición suficiente (de la autonomía). A pesar de ello, toda la continuidad del discurso queda estrechamente condicionada por este punto de partida. ¿Diferente de qué? ¿De qué modo? ¿Hasta qué punto?  Se diferencia de la moral y de la religión. Es ésta una primera y nítida separación y diferenciación. La moralidad y la religión son, ciertamente, ingredientes fundamentales de la cultura y la política; pero a título de instrumentos. ¿La universidad es también ingrediente fundamental de la cultura a título de instrumento?

Responder a esta interrogante requiere una justificación teórica. Es necesario construir una teoría sobre la universidad y quienes deben hacerlo son los propios universitarios. La teoría sobre la universidad no se debe limitar a señalar la diferencia entre la universidad, la política y la moral; es necesario partir de una vigorosa afirmación de su autonomía: la universidad debe tener sus leyes, leyes que el universitario "debe" aplicar cotidianamente. La teoría universitaria debe constituirse no con la deducción sino con lo que llamó Pierce la abducción. Observando el “mundo real” y explicarse con lo que ocurre en el mundo de la economía, la política y la cultura. 

La identidad de la universidad es el cambio permanente como cambian las ciencias que explican los fenómenos económicos, políticos y culturales y contando con un instrumento como la Internet. La teoría de la universidad no debe construirse solo con valores sino, con los resultados de la investigación y la investigación científica y con la forma de hacerlo: con los métodos filosóficos y el método científico. La teoría debe construirse a dos voces; una la ciencia y otra la filosofía.

La autonomía de la universidad con respecto al Estado (política) presupone otras diferencias: la de la esfera económica y cultural.

La autonomía universitaria va unida a la democratización de la política y encuentra en esta referencia tanto su fuerza como su límite. Su fuerza porque la verticalidad democrática se caracteriza por un desenvolvimiento ascendente, de tal modo que los sistemas de democracia política resultan sistemas que típicamente reflejan y reciben las demandas que salen de abajo. Su límite, porque este hilo explicativo se rompe en el caso de los sistemas de naturaleza dictatorial, precisamente porque se caracterizan por una verticalidad descendente, por el predominio de órdenes que descienden. 

En estos momentos puede apreciarse que la polémica sobre la identidad y también sobre la autonomía de la universidad no puede ser más abierta. Un hecho es indudable: la ubicuidad y por lo tanto la difusión de la universidad en el mundo contemporáneo. 

Este hecho puede ser interpretado de distintas maneras. Puede respaldar la tesis que reduce la universidad a otra cosa, subordinándola de distintas maneras al sistema social y a las fuerzas económicas o políticas; es la tesis de la heteronomía, pero también, en su forma extrema, de la negación de la universidad. O bien puede valorar la tesis opuesta, la que observa que el mundo jamás ha estado tan "politizado" como hoy. 

En medio de estas dos tesis opuestas, se sitúan las incertidumbres de identificabilidad, la dificultad de ubicar la universidad. A esta dificultad se puede vincular una tercera tesis; la que ve en la dilución, y por lo tanto en la pérdida de fuerza de la universidad, un eclipse de la universidad (pero no su heteronomía).

Tres tesis, entonces: 1) heteronomía, o abiertamente extinción; 2) autonomía, predominio o, más categóricamente triunfo; 3) dilución, pérdida de fuerza, y en este sentido eclipse. Tres tesis que aluden de diferente manera a la ubicuidad de la universidad, y que reflejan una distinta colocación de la universidad, y por lo tanto un modo diverso de percibirla, identificarla y definirla.

Dicho lo anterior entonces ¿la universidad está subordinada en que aspectos en relación a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial?

Considerando todo lo anterior derivo la siguiente

Propuesta:

En las circunstancias actuales la BUAP debiera promover la discusión de la Autonomía universitaria en un nuevo modelo de educación superior, que tome en cuenta, que la educación superior es un subsistema del sistema escolar, que el sistema escolar es parte del sistema social llamado mexicano, y a éste último como parte de un sistema llamado humanidad y ésta como parte del Universo.

¿Cómo hacerlo? 

Construyendo un sistema de educación superior que se articule en el sistema educativo como tal. Qué paulatinamente se vaya constituyendo en una indiscutible autoridad epistemológica para que junto a otras autoridades iniciar el camino hacia una nueva Sociedad-Tierra.

La BUAP tiene la oportunidad de no solo sumarse a impulsar un cambio más en esta época, sino iniciar el camino de un cambio de época construyendo las teorías pertinentes que den fundamento a la universidad pública mexicana.

Preguntas: 

1) ¿Por qué llamar sistema al actual agregado de universidades públicas?

2) ¿Cómo derivar de este agregado un “nuevo modelo de educación superior”?

3) ¿En el contexto jurídico actual (artículo 3 de la ley reglamentaria del artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos) la autonomía universitaria puede ir más allá de la definición de los planes y programas de estudio de cada universidad?

4) Si el artículo 3 de la ley reglamentaria del artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos la constitución define como autoridades educativas a

“II. Autoridad Educativa Federal o Secretaría: a la Secretaría de Educación Pública de la Administración Pública Federal; 

III. Autoridad educativa de los Estados y de la Ciudad de México: al ejecutivo de cada una de estas entidades federativas, así como a las instancias que, en su caso, se establezcan para el ejercicio de la función social educativa”. Frente a lo anterior, ¿las universidades de qué manera están subordinadas a estas autoridades?


domingo, 8 de septiembre de 2019

Historia y significado del 16 de septiembre. Cuarta parte

Historia y significado del 16 de septiembre. Cuarta parte
José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
WA: 2223703233

En 1850 José María del Castillo Velasco[1] “Exaltaba ampliamente al movimiento insurgente y a su primer caudillo, Miguel Hidalgo, el cual comenzaría a surgir con sus características de padre de la patria, “un ministro de paz, anciano débil y sin recursos, sin más auxilios que los del cielo, al cual imploraba para que fueran libres sus hermanos”. José Ignacio Esteva[2], repite la imagen de paternidad y de vejez se asocia frecuentemente con la de protector; Hidalgo lo es de los indios, idea fundamental en su concepción liberal. Según Castillo, no fue ninguna casualidad que recurriese a los indios para llevar a cabo su “heroica empresa”, pues ellos eran “descendientes de los antiguos y legítimos dueños del país” Como padre del indio, Hidalgo ofrece una imagen sugestiva; el anciano venerable y sabio que intentó otorgar la regeneración a una raza oprimida.

Un reconocimiento a la pluralidad se da en 1852 cuando Melchor Ocampo incluye en su discurso[3] las siguientes palabras:
...subdividida la inteligencia casi en tantas opiniones como hay cabezas que piensan,la inteligencia, primer poder del hombre y de la sociedad, se halla como diluida... en tantos pareceres diversos: no hay por lo mismo opinión, no puede crearse un espíritu público, porque no hay una fe uniforme.

En 1853 el discurso de Gabriel Sagaseta[4], presenta la obra de Hidalgo en un movimiento de reacción contra las ideas y principio liberales que surgían en Europa.
... en el mundo viejo, a fines del último siglo todo se había conmovido; torrentes de sangre inundaron Europa, se destruyeron las leyes, en que desde siglos antes estaban asentados los gobiernos... Los sucesos del extranjero y los de la metrópoli inspiraron a los buenos mexicanos la noble idea de poner a México a cubierto de los rudos golpes con que la guerra consternaba a España.

En la ciudad de México Santa Anna decreta el 17 de septiembre se adornen puertas y ventanas los días de fiestas nacionales y se declara caballeros grandes cruces de la orden de Guadalupe a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y José María Morelos y el decreto del 25 del mismo mes a Ignacio López Rayón y Mariano Matamoros.

En 1854 bajo el gobierno de Santa Anna el 15 de septiembre se estrena el himno nacional y uno de sus autores –de la letra- fue uno de los oradores de la función. El texto original dedica varias estrofas a Iturbide y ninguna a los héroes insurgentes. Se canta por primera vez el Himno Nacional en el gran teatro de Santa Anna de la ciudad de México, interpretado por la soprano Enriqueta Sontag. A partir de este año se integra oficialmente el Himno Nacional a las fiestas patrias.

Himno Nacional Mexicano (Completo, con letra y audio HQ)



En el año de 1855 Guillermo Prieto dice en su discurso[5]
El cristianismo era y es todo un símbolo de libertad; el Evangelio, la revolución terrible contra todos los privilegios, contra la maquinación sacrílega de vivir los pocos a expensas de los muchos, de convertir en estancos el poder, la conciencia, la fuerza, el pensamiento, para desheredar, corromper, debilitar y embrutecer al pueblo.

... Mientras esa idea del evangelio se conservó pura, el cristianismo todo lo conquistó cambiando la faz del mundo; pero ya no fue lo mismo cuando los sucesos de los hombres de la fe quisieron desvirtuar esa idea sublime, haciéndola servir al apoyo de intereses menguados, porque desde ese día se hizo estéril, y el libro del pueblo se convirtió en el código de los privilegiados. No señores, los hombres que han hecho esto, no son los que conservan pura, ni la fe de Cristo, ni la tradición de sus discípulos, y es preciso que llegue el día en que el pueblo apoyado en el Evangelio, reconquiste los derechos que éste le aseguró poniendo en todo su vigor su espíritu democrático.
... ¡El párroco del pueblo, encorvado por los años, con su frente encanecida, teniendo tan cerca el lecho de la muerte, endereza sus pasos y marcha resuelto al cadalso de los héroes!

Se compara a Hidalgo con Moisés, no solamente por su vejez, sino también por su fortaleza física e intelectual, y por sus aptitudes para el liderazgo.
La revolución de Hidalgo fue la revolución por excelencia, la revolución democrática sin liga impura, ni contemporizaciones traidoras... Eso mismo decía de la revolución de Juan Alvarez.

En 1856 Ignacio Comonfort imprime nuevas características a la fiesta. El festejo incluye una gran verbena popular, con programas patrióticos en los teatros, cañonazos y repiques generales y con un banquete organizado en la calzada de La Piedad, en donde el presidente repartió ramos de flores y onzas de oro. Comonfort decreta que el callejón de Dolores se abra hasta salir y comunicar con la calle de San Juan de Letrán, la cual deberá denominarse “Calle de la Independencia”.

Miguel Buenrostro en su Oración[6], señala que “El evangelio es democrático y el cristianismo republicano, porque ambos proclaman la igualdad.”

En el año de 1857 la Constitución y las leyes de Reforma eliminan el sentido religioso y le dan un tono completamente laico a la conmemoración. Aparece un Hidalgo ya no de bronce, sino de carne y hueso y, sobre todo, que comienza a adquirir las características del padre de la patria; envejece rápidamente. A menudo se le menciona como un hombre sabio para oponerse a quienes califican su movimiento de bárbaro; se destacan sus actividades como agricultor y hombre filantrópico, y sobre todo, se insiste en su entrega al estudio de las ideas ilustradas y su preocupación por los males de la patria.

En 1858 Melchor Ocampo[7], establece que “
Jesucristo se airaba de que los mercaderes del templo hubieran vuelto caverna de ladrones la casa de Dios. ¿Qué diría hoy si viese a una parte de los guardianes mismos del templo empuñar la espada contra el César o emplear los tesoros del templo en volverse asesinos, dije mal, fratricidas mendantes?
Ocampo percibía muy lúcidamente el mal que había ocasionado la educación en manos de religiosos, pues únicamente se había inculcado la moral católica, desechando los valores democráticos; esto había llevado a formular aseveraciones tan ridículas como la siguiente:
...el hombre es más inclinado al mal que el bien...esta es la idea que quieren que nos formemos del hombre, los mismos que nos enseñan que ha sido criado a imagen y semejanza de Dios. Tal aseveración de que el hombre, la copia, es más malo que bueno ¿no es una blasfemia flagrante contra el original?

En 1859 el general Miguel Miramón inicia los festejos con una solemne función religiosa en la Catedral, junto con las demás autoridades conservadoras se dirigieron posteriormente al Palacio Nacional para recibir un sinnúmero de felicitaciones, de ahí pasaron a la Alameda Central donde Tomás Sierra y Rosso pronuncia un discurso alusivo al Grito de Dolores. Más tarde el presidente y su comitiva, desde el balcón de Palacio Nacional, presenciaron un desfile de la guarnición. Miramón dirigió un mensaje a los presentes en Palacio Nacional en el que esperaba la pronta reanudación de la paz. Por la noche los fuegos artificiales y las funciones en los teatros pusieron fin al regocijo del día.

En 1861 Juárez celebra en el Teatro de Oriente, en donde se cantó el himno patriótico alternándose con discursos, poesías y piezas de canto. A las once de la noche se salió a las calles con banderas, luces y cohetes. Al día siguiente se dio un baile especial.

En 1862 Ignacio Manuel Altamirano[8], recomienda lo siguiente:
El mejor modo de honrar a los muertos ilustres es imitarlos; la muerte de un gran varón debe ser un estímulo, lejos de ser motivo de desconsuelo. El alma del invicto Zaragoza se ha unido ya a la de sus padres Hidalgo, Morelos y Guerrero... Zaragoza tiene dignos ciudadanos, y su muerte no ha hecho más que centuplicar nuestros esfuerzos, y como Zaragoza, morirán otros mil; pero la idea quedará en pie, porque es la idea de la independencia y de la Democracia...

En 1863 el 6 de junio Juárez establece mediante decreto que quedaba erigido en ciudad la Villa de Dolores, Hidalgo, y mandó construir un monumento a don Miguel Hidalgo; convirtió a su vez en propiedad de la nación la que fuera casa de este héroe.
En 1864 Maximiliano celebra por primera vez en Dolores Hidalgo. A las once de la noche, en la casa de Hidalgo salió al balcón y vitoreó a los héroes de la Independencia. En el álbum depositado por Juárez en la casa de Hidalgo, Maximiliano dejó inscrita la siguiente frase: “Un pueblo que bajo la protección y con la bendición de Dios funda su Independencia sobre la Libertad y la Ley tiene una sola voluntad, es invencible y puede elevar su frente con orgullo. Maximiliano”.

En 1865 Ignacio Manuel Altamirano[9], rinde loas a Juárez diciendo que (Juárez es) el gran sacerdote de la República... nuestro inmortal presidente.

En el año de 1867 Juárez celebra las fiestas del 15 de septiembre en el Teatro Principal. Se leyó el Acta de Independencia formulada por el Congreso de Chilpancingo en 1813, y se pronunciaron después los discursos oficiales. A las once de la noche el presidente vitoreó a los héroes, a la Independencia y la República, y las bandas y músicos militares tocaron dianas. Al mismo tiempo, en los otros teatros de la ciudad y en el Zócalo se realizaron diversos actos, encabezados por representantes oficiales. Al día siguiente por la noche se prendieron fuegos pirotécnicos en la Plaza de la República.



José María Morelos y el Congreso de Anáhuac: hacia el México Independiente

En este año es cuando en Guanajuato pronuncia su famosísima “Oración cívica” Gabino Barreda.

Lee la “Oración cívica” de Barreda

Escucha la cuarta parte de la obra de teatro Coatl y Cuatli de Felipe Galván.







[1] Oración cívica pronunciada en la Alameda de México el 16 de septiembre de 1850, aniversario del glorioso grito de Dolores, por el ciudadano licenciado... México, Imprenta de Ignacio Cumplido. 21p.
[2] “Discurso pronunciado en la plaza principal de la H. Veracruz, el día 16 de septiembre de 1850, aniversario de la Independencia nacional, por el ciudadano..., comisionado al efecto por la junta patriótica”, en Colección de composiciones. 
[3] “Discurso pronunciado el 16 de septiembre de 1852” (dicho en Morelia), En Obras completas. Escritos políticos, t. II, prólogo de Ángel Pola. México, Ediciones El Caballito, 79-88.
[4] Discurso pronunciado en la festividad nacional de la capital de la república, el 16 de septiembre de 1853, por el Lic. don... minsitro honorario de la Suprema Corte de Justicia y rector del ilustre y nacional Colegio de Abogados de México. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 12p.
[5] Oración cívica pronunciada por el ciudadano..., en la Alameda de México el día 16 de septiembre de 1855, aniversario del glorioso grito de Independencia dado por el cura de Dolores en 1810. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 14p.
[6] Oración patriótica pronunciada en la Alameda de México por el licenciado... el 16 de septiembre de 1856, aniversario de la Independencia nacional. México, Imprenta de José A. Godoy, 14p. 
[7] Discurso pronunciado en la alameda de la H. C. De Veracruz la tarde del 16 de septiembre de 1858 por el ciudadano..., ministro de Gobernación. Veracruz, Imprenta de Rafael de Zayas, 12p.
[8] “Discurso en la Alameda de México, el 16 de septiembre de 1862”, en Obras completas..., t. I. 99-109.
[9] “Discurso en el campamento de la Sabana junto a Acapulco, por encargo de la junta patriótica de la misma ciudad, que con la población se había trasladado al expresado campamento, el 16 de septiembre de 1865”, en Obras completas..., t. I. 126-132.

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