Mostrando las entradas con la etiqueta primera parte. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta primera parte. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de agosto de 2022

Historia del Escudo Nacional Mexicano, primera parte

Historia del Escudo Nacional Mexicano, primera parte

José Antonio Robledo y Meza

 

El Escudo Nacional con al águila y la serpiente, ha tenido diversas representaciones a lo largo de la historia. El diseño del actual Escudo Nacional se remonta a la leyenda de la Fundación de la Gran Tenochtitlan.

 

El Escudo Nacional tiene antecedentes muy remotos, y varios de los elementos de que consta han ido cambiando de significado al paso del tiempo. La figura del águila posada sobre el nopal procede de la leyenda de la fundación de Tenochtitlán (del te-tl, piedra, noch-tli, tuna o nopal; ti, partícula eufónica; y tlan, sufijo abundancias: “tunal entre pedregales”).

 

Para los antiguos mexicanos, el águila, la más majestuosa de las aves, era el disfraz o el atavío zoomórfico del sol, dios dispensador de la luz y dador de la vida; y la tuna, el corazón del hombre, de cuyo líquido precioso, la sangre, se alimentaba el astro rey para emprender a diario su vuelo de oriente a poniente, combatir a la noche y renacer victorioso. El sol era para los precortesianos un cazador de estrellas, como lo era del corazón del hombre mediante el sacrificio. Por ello lo representaban como el ave suprema. En los monolitos aztecas y en los códices puede verse el águila aprisionando una tuna entre sus garras.

 



Supuesta versión prehispánica del escudo nacional en el templo B de la Zona Arqueológica de Tula.

 



Grabado en la escultura del Teocalli. Museo Nacional de Antropología

 



Águila del Códice Mendoza.

 



Fundación de México-Tenochtitlan en el Códice Durán

 

La serpiente se introdujo en el jeroglífico de la fundación de Tenochtitlán después de realizada la conquista. Los españoles, movidos por su celo evangelizador, le dieron al combate mitológico del sol contra los poderes tenebrosos de la oscuridad, el sentido catequístico y moralizante de una lucha entre el bien y el mal. En una audaz interpolación pictográfica, la serpiente apareció por vez primera sujetada por el águila. en 1581, en una lámina del Atlas de la Historia de los Indios de la Nueva España e Islas de Tierra Firme del dominico Fray Diego Durán. De este modo el águila, de gran tradición romanesca, pasó a simbolizar el poder del Estado, la altura de miras, lo superior y vital; y la serpiente, el pecado, lo bajo, lo perverso y lo dañino.

 



Escudo usado por el Ayuntamiento de México entre 1530 y 1928

 



Véase a la derecha del cuadro un escudo que muestra una de las versiones del águila y la serpiente.

 



1.er. Sello y escudo oficial de la Junta general de la América Septentrional, Chilpancingo 1811

 



2o. Sello y escudo oficial de la Junta general de la América Septentrional, Junta de Zitácuaro 1815.

 



2o. Sello y escudo oficial del Supremo Gobierno Mexicano por el decreto del 14 de julio de 1815

 

Durante el resto de la época virreinal el águila heráldica de México se representó con o sin serpiente. Proclamada la Independencia, la Soberana Junta Provisional Gubernativa ordenó el 2 de noviembre de 1821 el uso de un escudo con las armas nacionales, el cual consistía en un águila, con la corona imperial, posada sobre un nopal.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

WA: 2223703233

 

martes, 12 de julio de 2022

Pensar la guerra. Primera parte

Pensar la guerra. Primera parte

José Antonio Robledo y Meza

 

La guerra es una especie de “juicio de Dios”, del que se vale la providencia histórica para hacer triunfar la mejor encarnación del Espíritu en el mundo. Hegel.

 

Esforzarse por la paz es la ley fundamental de naturaleza. Hobbes.

 

¿Cuál ha sido, en el transcurso de los siglos, la finalidad de una guerra? Se obraba de una determinada manera para obtener como resultado la derrota del adversario. En México, en los últimos años, aparentemente el adversario era “el narco”. Sin embargo, las tácticas y estrategias desplegadas que se pusieron en el campo han ido mostrando que el enemigo real era el movimiento democrático. Signos de lo anterior fueron el uso de la violencia electoral y el arribo de Felipe Calderón -por la puerta de atrás del Congreso para tomar protesta como presidente- y su declaratoria de guerra al narco como primera política de su gobierno. Estos dos signos permiten comprender que la intención era mantener por el mayor tiempo posible la estructura “neoliberal” del Estado mexicano. Con la guerra al narco, el uso permanente de la violencia, el miedo y el dolor se pretendía “persuadir” a la población a conservar su condición de subordinada a la estructura del Estado neoliberal. Con Peña Nieto entró en el campo de batalla el “ni modo” de la corrupción -otra forma de violencia- promoviendo la idea de que ésta era parte de la cultura inamovible de “lo mexicano”.

 

La estructura del Estado neoliberal tenía como enemigo a vencer al Pueblo Soberano y con ello impedir la trasformación de la estructura del Estado. La violencia era y es, el recurso para minar la fortaleza democrática. Por otro lado, la renuncia del uso de la violencia por parte del Estado democrático ha resultado una de las más eficaces armas para trasformar la estructura del Estado, al igual que el combate a la corrupción, otro pilar del Estado neoliberal.

 

En esta guerra no hay restricciones, ni tampoco neutralidad alguna. La violencia agrede a todos por igual, incluso a quienes la promovieron inicialmente.

 

Para derrotar al movimiento democrático trasformado en el movimiento llamado Morena (no confundir con el partido) se pusieron en el campo todas las fuerzas de las que disponía el llamado lado “conservador”. He aquí algunas:

 

1) los 3 Expresidentes: Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón…

 

2) los 11 Gobernadores integrantes de la Alianza Federalista; cinco del PAN: Francisco García Cabeza de Vaca, Tamaulipas, José Rosas Aispuro, de Durango, Diego Shinué, de Guanajuato, Javier Corral, Chihuahua, Martín Orozco, de Aguascalientes, Francisco Domínguez, de Querétaro; tres del PRI: Miguel Riquelme, Coahuila, José Ignacio Peralta de Colima, Juan Manuel Carreras, de San Luis Potosí; uno de Movimiento Ciudadano: Enrique Alfaro, de Jalisco; uno del PRD: Silvano Aureoles, de Michoacán; un independiente: Jaime Rodríguez, El Bronco, de Nuevo León. A finales del año 2022 la Alianza Federalista a desaparecido.

 

3) Partidos políticos: PRI, PAN PRD, VOX.

 

4) Medios de comunicación: Televisa, Reforma, El Universal, El Financiero, El Economista, New York Times, Washington Post, The Guardian, The Economist, El País…; Latinus (proyecto político-mediático).

 

5) Grupos empresariales como Coparmex (Gustavo de Hoyos), Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (Claudio X. González Guajardo, María Amparo Casar María Amparo Casar, Luis Carlos Ugalde, Leonardo Núñez González y Ximena Mata, Julio Ríos Figueroa, Sofía Ramírez Aguilar y José Manuel Toral, Julio Ríos Figueroa, Janet de Luna Jiménez, Víctor Aguilar Méndez y Ricardo Alvarado Andalón) financiados por la Confederación Suiza y los fondos privados Ford Foundation, MacArthur Foundation, National Endowment for Democracy y USAID y empresas (Kimberly Clarck, OXXO)…

 

6) El Proyecto Bloque Opositor Amplio (BOA) Rescatemos a México, que fracasó en sus intentos de ganarle a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados - elecciones del 2021- y revocar el mandato del presidente en 2022. A finales del año 2022 la coalición PAN-PRI-PRD redujo su presencia de 12 a ocho estados.

 

7) El Instituto Nacional Electoral.

 

8) Instituciones de Educación Superior: ANUIES, CONACyT, CIDE.

 

9) Actores y cantantes: Kate del Castillo, Eugenio Derbez, Natalia Lafourcade, Rubén Albarrán, Ofelia Medina, Omar Chaparro, Bárbara Mori, Saúl Hernández, Ana Claudia Talancón…

 

10) Élites, youtubbers, plataformas de Internet y redes sociales.

 

11) Personajes: Javier Lozano, Fernando Belaunzarán, Marko Cortés, Dante Delgado, Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Arturo Sarukhán, Alejandro Moreno (“Alito”)…

 

12) El Parlamento europeo.

 

Llaman la atención dos cosas. Primero la liga atlántica conservadora compuesta por empresas de comunicación, partidos políticos y el parlamento europeo en defensa del sistema neoliberal. Segundo la creciente ola democrática en Latinoamérica proyectando un sistema basado en la justicia social.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

WA: 2223703233

 

sábado, 12 de marzo de 2022

Paralelismos entre la 2T y la 4T. El horizonte de la República Primera parte



Paralelismos entre la 2T y la 4T. El horizonte de la República

Primera parte


José Antonio Robledo y Meza




El intento de golpe de Estado contra Juárez

En esta ocasión nos ocuparemos de dos manifestaciones en contra de Juárez. La primera es la Carta Pastoral del Episcopado Mexicano “Manifestación de los obispos en defensa del Clero y de la doctrina católica con ocasión del Manifiesto y Decretos expedidos por Juárez en Veracruz” del 30 de agosto de 1859 es. La segunda del 7 de septiembre de 1861 cuando un grupo de 51 diputados pide la renuncia a Juárez como Presidente Constitucional.

Tanto la Carta Pastoral como la solicitud de renuncia se dieron a conocer en el contexto de promulgación de la Ley de suspensión de pagos de México el 17 de julio de 1861 y en pleno ambiente de guerra por todos lados. Guerra de secesión en los Estados Unidos (1861-1865), intento de invasión por parte de España, Inglaterra y Francia, guerra de intervención para preparar la llegada de Maximiliano a México y fundar el II Imperio Mexicano (1862-1867) y guerra civil -enfrentamiento entre republicanos y monarquistas, entre liberales y absolutistas, y entre facciones liberales-. Con los actores en lucha, mexicanos, estadunidenses y europeos, el mundo Atlántico mostraba cuan estrechas eran sus relaciones.1 En conjunción a lo anterior se dio la presidencia itinerante de Juárez (31 de mayo de 1863- 5 de julio de 1867). Pese a todo esto Juárez funda exitosamente -en 1867- la vigente República Mexicana.


La Carta Pastoral



1) El Episcopado Mexicano publica una Carta Pastoral “Manifestación de los obispos en defensa del Clero y de la doctrina católica con ocasión del Manifiesto y Decretos expedidos por Juárez en Veracruz” de fecha 30 de agosto de 1859. En este documento dirigido “a todo el mundo católico” y firmado por “Don Lázaro de la Garza y Ballesteros, arzobispo de México; Licenciado Clemente de Jesús Munguía, obispo de Michoacán; Doctor Don Francisco de Paula Verea, obispo de Linares; Doctor Don Pedro Espinosa, obispo de Guadalajara; Doctor Don Pedro Barajas, obispo del Potosí, y Doctor Don Francisco Serrano como Representante de la Mitra de Puebla” recriminan al “Señor Juárez” los decretos de 12, 13 y 23 de julio que “ha llevado hasta sus últimos extremos la sistemada (sic) persecución a la Iglesia”. Los firmantes se quejan de “la exaltación demagógica e impía”, que ha hecho del clero mexicano “la primera causa de todos los males que pesan sobre México, como el enemigo constante de la civilización y del progreso, como el partidario instituido del depotismo y de la Tiranía, como el aliado nato del ejército contra las instituciones políticas y libertades públicas.” Los firmantes justifican su escrito como oposición “a la propaganda cismática” y que “libre de pasión” y “sana crítica” los sucesos que definen el conflicto de la Iglesia con el Estado han definido, “primero, que la Iglesia no ha hecho nunca oposición a ningún gobierno sino en clase de defensa canónica y cuando ha sido provocada por leyes y medidas que atacan o su institución o su doctrina o sus derechos; segundo, que siempre se ha defendido exclusivamente con sus armas, que son las espirituales; y por último, que aun esto lo ha hecho con suma prudencia y caridad heroica.”2

La solicitud de renuncia a Juárez

2) El antijuarismo presente entre distintas facciones liberales como los “orteguistas”, los “dobladistas” y los jóvenes abogados fogosos, expresado de manera concertada por un grupo de 51 diputados que pidieron su renuncia como Presidente Constitucional el 7 de septiembre de 1861. En respuesta el mismo día otros diputados dan su apoyo a Juárez y entre éstos está Porfirio Díaz.

La historia de la solicitud de renuncia comienza el día 15 de julio en sesión secreta extraordinaria, tuvo lugar el dictamen de las comisiones unidas de Hacienda y Crédito Público, en relación a la iniciativa del gobierno de percibir todo el producto líquido de las rentas federales.3 El 16 de julio las sesiones secretas extraordinarias continuaron y en ellas se aprobaron dos propuestas: primero, el Gobierno de la Unión recibiría todo el producto líquido de las rentas federales y se suspenderían los pagos de la deuda externa por el término de dos años; segundo, cada 15 días las aduanas marítimas y oficinas recaudadoras de las rentas federales, tendrían que remitir su estado de ingresos y egresos a la Tesorería General.4

Pese a los esfuerzos realizados, la firma oficial del decreto de suspensión del día 17 de julio de 1861, aceleró la intervención extranjera. No pasaron más de tres meses de la expedición de aquel decreto, cuando el 7 de septiembre, un grupo de diputados en nombre de supremas necesidades y de la salvación de los principios políticos liberales que profesaban, le pidieron al Ejecutivo su renuncia temporal o absoluta.5 Entre los solicitantes figuraban Ignacio Manuel Altamirano, Pantaleón Tovar, Manuel Romero Rubio, Justino Fernández, Vicente Riva Palacio.6

¿Cuál era la esencia de aquella protesta? Ante todo, la redefinición de las relaciones políticas entre Juárez y los Estados de la República. Pues entonces la facción antijuarista descubrió que en México no existía la unidad federativa que el sistema republicano exige, como tampoco la unidad nacional: “Vemos en la situación actual un elemento mayor que otro alguno de desorganización en la rotura casi absoluta de los lazos federativos [...] Falta pues, la unidad federativa y con ella faltará dentro de poco la unidad nacional”. Y los solicitantes argumentan de manera categórica que el gobierno ha perdido su legitimidad:

Creemos que para consumar una gran revolución no son bastantes los títulos legales, es necesario el tacto político; creemos que para mandar a un pueblo que tiene la conciencia de su fuerza no alcanza la coacción de la ley y que, en los países que han aspirado ya las auras de la libertad, el único Gobierno posible es el basado sobre el prestigio y el amor de los pueblos, prestigio y amor que desgraciadamente a perdido de todo punto el actual personal de la administración.7

En este mismo año las elecciones favorecieron a Juárez por 5,282 votos, pero Vicente Riva Palacio, electo diputado al Congreso de la Unión, argumentó que como el total de electores era de 15 mil, Juárez no logró la mayoría absoluta y por lo tanto la decisión la tendría el Congreso. A pesar de ello 61 diputados votaron por Juárez y 55 por González Ortega.8

De acuerdo con Justo Sierra atrás del movimiento contra Juárez estaban González Ortega, Doblado, Vidaurri y Comonfort; el primero era un exaltado, el último un moderado; entre estos dos colores se distribuían todos los matices de los enemigos políticos de Juárez -no hablamos de los religiosos-; “constituían una suerte de grupo girondino, pero no con un programa de doctrinas, sino una aversión personal.”9

A continuación, reproducimos la solicitud de renuncia de los diputados a Juárez

Un grupo de diputados pide la renuncia a Juárez como Presidente Constitucional

Los que suscribimos, ciudadanos mexicanos en ejercicio de nuestros derechos, al ciudadano Presidente de la República, exponemos:

Que, elegidos por el libre voto de nuestros conciudadanos para venir a representarlos en el Congreso de la Unión, en nuestra calidad de Diputados, hemos llenado hasta hoy nuestro deber, estudiando la situación del país, el origen de los males que lo aquejan y los medios que, aunque escasos, sean eficaces para salvarlo y, después de un maduro examen que ha producido en nosotros la convicción más profunda respecto de las medidas indispensables para organizar la marcha de la causa pública y para alcanzar la salvación no sólo de los principios políticos conquistados sino aun de la autonomía nacional, con ella y, cumpliendo un deber indeclinable que nos impone nuestra conciencia de ciudadanos y haciendo abstracción de nuestro carácter de Diputados, venimos a elevar una petición respetuosa al ciudadano Presidente, usando del derecho que nos concede el artículo 8vo del Código fundamental.

Vemos en la situación actual un elemento mayor que otro alguno de desorganización en la rotura casi absoluta de los lazos federativos, que deberían ligar, haciendo una las diversas partes que constituyen nuestra nacionalidad y la escisión de los Estados que tanto espanta y con razón en la esfera de los hechos consumados, existe ya, así en el orden administrativo como en el Legislativo y Judicial. Falta pues, la unidad federativa y con ella faltará dentro de poco la unidad nacional, siendo imposible, por lo mismo, todo Gobierno en el centro y quedando, cómo está reducido a luchar estérilmente con su propia impotencia. La verdad de este hecho tiene el carácter de la evidencia; a dónde pueda conducirnos esta situación es demasiado fácil adivinarlo; cuál sea la causa de ella y cuál el remedio es, pues, el asunto de que venimos a ocuparnos.

La gigantesca revolución que ha hecho triunfar en los campos de batalla la bandera de la Reforma, no ha sido, ciudadano Presidente, una de tantas revueltas que han agitado durante 40 años nuestro desgraciado país; ha sido, sí, una verdadera revolución social, en que el pueblo ha adquirido la conciencia de su fuerza y se ha puesto a la altura de las conquistas que ha pretendido alcanzar; pero esa revolución, los combates y las victorias no han sido, ni podido ser más que el prólogo, estando encomendado su desarrollo y su consumación a la inteligencia política y administrativa e importante es recordar que en esa lucha los que alcanzaron la victoria, los que para ella sacrificaron su reposo y su hacienda, prodigando su sangre fueron, sin duda, los pueblos del interior de la República y de la frontera, que en el día del triunfo depusieron en el altar de la legalidad todas sus conquistas. esperaron, con razón, el desarrollo y consumación de la Reforma; con ella esperaron también ver curadas esas llagas que de antiguo minan nuestra existencia social y que nos ponen bajo la dependencia de las potencias extranjeras, que nos dominan con el título oprobiosos de acreedores; esperaron ver organizar la administración pública sobre los elementos de moralidad y de justicia, desterrados de ella tanto tiempo hace y, bajo el halago de esa esperanza, quedaron ahogadas las ambiciones bastardas y por la primera vez en la historia de nuestro país, el soldado victorioso acató la ley y cedió el puesto al depositario del Supremo Poder de la Nación.

Mas, por desgracia, todas esas esperanzas han salido fallidas; la revolución se ha detenido en su marcha, puesto que no ha adelantado un solo paso en la esfera administrativa; la desmoralización se ha entronizado en todas direcciones y luchando el Ejecutivo con la falta absoluta de recursos, se ve el país amenazado por la guerra extranjera, devastado por bandidos que, sin invocar un pretexto o un principio político al menos, todo lo destrozan a su paso. Esto es porque a faltado vida y acción en el centro, que ha visto desaparecer en menos de cien días inmensas riquezas acumuladas por el clero en tres siglos de dominación absoluta; que no ha podido cumplir una sola de las promesas mil que ha hecho al país; que ha tenido la desgracia de ver levantar en la puerta de la Capital por pequeñas hordas de bandidos cadalsos en que han perecido los hombres más prominentes de la revolución; que con el poder omnímodo no ha podido destruir unas cuantas bandas de forajidos, ni alcanzar siquiera asegurar la vida y las haciendas de los ciudadanos en el centro mismo de la Capital; que, por último, se ha visto obligado a los cuatro meses de existencia a buscar los medios de sostenerla en las fuentes mismas a que acudió la reacción caduca y moribunda, en los últimos instantes de su agonía.

El Ejecutivo, ciudadano Presidente, no procuró extender su acción legal, benéfica y conciliadora, en los Estados y éstos, temiendo por el porvenir de las causas en favor de las que habían luchado, se han encerrado en sus propias individualidades, dando por resultado, todo ello, la rotura de los vínculos federales.

Creemos que para consumar una gran revolución no son bastantes los títulos legales, es necesario el tacto político; creemos que para mandar a un pueblo que tiene la conciencia de su fuerza no alcanza la coacción de la ley y que, en los países que han aspirado ya las auras de la libertad, el único Gobierno posible es el basado sobre el prestigio y el amor de los pueblos, prestigio y amor que desgraciadamente a perdido de todo punto el actual personal de la administración.

Lejos de nosotros la idea de imputar como un delito, como un crimen o un error, los hechos que hemos referido; nos venimos hoy con el carácter de acusadores, ni en nuestra calidad de ciudadanos queremos abrogarnos los derechos de jueces. Desagracia o más bien resultado preciso de las grandes revoluciones que devoran no sólo la vida y las haciendas de los hombres prominentes, sino también su prestigio y reputación, el hecho es que, el actual Presidente de la República, a quien nos dirigimos, no es posible que salve la situación y su separación del alto puesto que ocupa es una necesidad tan imperiosa para la salvación del país, como fue importante su presencia en él, en los primeros días de la revolución. Durante ella y en los de prueba, usando de ese poder siempre ominoso que se llama dictadura, se gastó lo mas noble que poseía, su prestigio y su poder moral en vano se ha pretendido reconquistar por medio de combinaciones ministeriales que no han hecho más que sacrificar otras tantas reputaciones, esterilizando nobles y fecundas inteligencias.

La revolución, ciudadano Presidente, necesita de éstas; necesita que el nombre de Juárez no pase a la posteridad con las notas que sobre él arrojaría la historia, si apareciera como el hombre que sofocó los gérmenes de una gran revolución; la reforma exige la vida, la acción que presta sólo al prestigio perdido hoy y que es el único centro de unión que puede reanudar los vínculos federativos ya rotos; que puede revivir los elementos de la organización social ya apegados; que puede, por último darnos la fuerza para salir airosos en los conflictos interiores y exteriores que nos amenazan. Y, en nombre de esas supremas necesidades, en nombre de la salvación de los principios políticos que profesamos, en nombre del honor y la salvación de nuestro país, ocurrimos al ciudadano que es capaz de todas las virtudes republicanas, al ciudadano que ocupa el poder, según él mismo lo ha dicho, por un acto de noble abnegación; al ciudadano que jamás hará personal la cuestión de los interese sociales y respetuosamente le pedimos se separe temporal o absolutamente de la Presidencia de la República, en la que sus virtudes son estériles y en las que sacrifica, con su propia reputación, el porvenir de la República.

Protestamos de la manera más solemne ante el ciudadano Presidente y ante el mundo entero que al elevar esta súplica no nos mueve interés alguno bastardo, sino única y exclusivamente el sagrado de la salvación del país y esperamos que, en los términos prescritos por artículo 8vo del código fundamental, se sirva mandarnos sea manifiesta su resolución.


México, 7 de septiembre de 1861.


Manuel María Ortiz de Montellano

D. Balandrano

N. Medina

I. Calvillo Ibarra

Enrique Ampudia

Víctor Pérez

Antonio Rebollar

Susano Quevedo

Braulio Carballar

Pedro Ampudia

Joaquín Escalante

Antonio C. Ávila

Pantaleón Tovar

M. de la Peña y Ramírez

Manuel López

Manuel Romero Rubio

J.R. Nicolín

Jesús Gómez

Antonio Carrión

Juan Bustamante

J.M. Castro

Antonio Tagle

Francisco Ferrer

Ignacio M. Altamirano

Juan Ortiz Careaga

Pablo Téllez

José Linares

Francisco M. Arredondo

J.M. Savorio

Agustín Menchaca

Ignacio Escala

Luis Cossío

Domingo Romero

J.M. Carbó

Vicente Chico Seín

G. Aguirre

Juan González Urueña

Miguel Dondé

Manuel Castilla y Portugal

Justino Fernández

Antonio Herrera Campos

Vicente Riva Palacio

Ramón Iglesias

Francisco Vidaña

Trinidad García de la Cadena

M. Saavedra

R. Vázquez

Juan Zalce

Eufemio Rojas

J. Rivera y Río

Juan Carbó10


robledomeza@yahoo.com.mx

cel: 2223703233


1 De acuerdo con un supuesto de Hale el liberalismo mexicano desde el principio “era una entidad histórica que formaba parte de un conjunto más amplio de pensamiento y de política, que es el mundo atlántico” (Hale, 1995, 10) y éstos sólo pueden entenderse adecuadamente si se les relaciona con la amplia experiencia occidental de la que forma parte.

2 Alfonso Alcalá y Manuel Olimón (comps.), 1989, “Manifestación de los obispos en defensa del Clero y de la doctrina católica con ocasión del Manifiesto y Decretos expedidos por Juárez en Veracruz, 30 de agosto de 1859, en Episcopado y Gobierno de México. Cartas Pastorales Colectivas del Episcopado Mexicano 1859-1875, México, Ediciones Paulinas, 19-23.

3 La sesión secreta extraordinaria del Congreso de la Unión tuvo lugar en la ciudad de México el 15 de julio de 1861, en Jorge L. Tamayo (Selección y notas de), 1966, Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia, t.4, Secretaría del Patrimonio Nacional, México, 653-654.

4 Tamayo, 1966, t.4, pp. 653-655.

5 “Un grupo de Diputados pide la renuncia a Juárez como Presidente constitucional”, en Tamayo, 1966, t.5, 13-16.

6 Tamayo, 1966, t.5, p. 16

7 Tamayo, 1966, t.5, pp. 13-15.

8 Tiempo de México, 1a época, Ciudad de México, de junio de 1861 a mayo de 1864, n. 15, 1-2; México, 1984, 2a ed. SEP.

9 Sierra, 1956, vol. III, p. 318.

10 Jorge L. Tamayo (Selección y notas de), 1966, Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia, t.5, Secretaría del Patrimonio Nacional, México, 13-15.



lunes, 2 de marzo de 2020

Religión sin Dios Primera parte


Religión sin Dios
Primera parte
José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL, BUAP
robledomeza@yahoo.com.mx
wa: 2223703233

Esta reflexión tiene como objetivo discutir en torno a algunas propuestas hechas por Ronald Dworkin, en su libro titulado Religión sin Dios, editado por el Fondo de Cultura Económica, 2015. La traducción es de Víctor Altamirano. El libro se basa en las Conferencias Einstein impartidas por Dworkin en la Universidad de Berna en diciembre de 2011; el autor planeó exhaustivamente ampliar su aproximación al tema en el transcurso de los años siguientes, pero enfermó en el verano de 2012 y sólo tuvo tiempo para completar algunas revisiones del texto original antes de su muerte, en febrero de 2013. En esta charla se trata de poner en contacto con ustedes algunos planteamientos del autor pero no solamente eso sino de discutir con el autor; no se trata de mera divulgación sino de entablar esta discusión formulando ideas propias; se trata de filosofar sobre lo que conceptualmente implica “Religión sin Dios”.

Aunque parezca extraño para filosofar sobre un asunto requiere no saberse de antemano lo que se hallará e incluso, muchas veces, lo que se buscará. Filosofar es esclarecer un asunto. Introducir un poco de orden y de claridad en nuestros propios pensamientos. El filosofar requiere elegir nociones que no se han inventado como objeto de análisis.

El tema del libro de Dworkin se plantea la interrogante por un ¿Ateísmo religioso? Y define el tema de la siguiente manera “la religión es algo más profundo que Dios.”

Puede verse inmediatamente que religión y Dios son dos cosas distintas y además que la religión subordina al concepto de Dios. Surge una pregunta ¿la religión necesita de Dios” Para responderla Dworkin continua diciendo: “La religión es una visión del mundo insondable, distintiva y abarcadora: afirma que todo tiene un valor inherente y objetivo, que el Universo y sus criaturas inspiran asombro, que la vida de los humanos tiene un propósito y el Universo un orden.” Por insondable Dworkin llama la atención en lo insoluble que es responder a la pregunta de ¿qué es el Universo? Por distintiva alude a lo distinta que es esta visión de otras, por ejemplo, la visión propuesta por los mitos y la ciencia. Por abarcadora señala la pretensión de incluir todos los aspectos que llaman la atención de los humanes.

Continua Dworkin hablando de Dios; “La creencia en un Dios es sólo una de las posibles manifestaciones o consecuencias de esa visión más profunda del mundo.” De esta manera Dios es para Dworkin una creencia y solo una posible manifestación de esa visión más profunda. Con esto queda propuesta la posible derivación de otras creencias a partir de la visión del mundo religiosa. Y en este juego de inferencias es posible mantener una visión del mundo religiosa sin la presencia de la creencia sobre Dios. ¿Por qué se conserva la creencia en Dios en muchas religiones? Dice Dworkin “los dioses han servido a muchos propósitos humanos: han prometido una vida después de la muerte, han explicado las tormentas y han tomado partido en contra de enemigos, pero una parte central de su atractivo es que supuestamente han logrado llenar de valor y propósito el mundo.” Así las cosas preguntémonos lo siguiente ¿es necesaria la creencia de la vida después de la muerte? ¿Se pueden explicar las tormentas sin la ayuda de Dios? ¿Es necesaria la divinidad para acabar con los enemigos? ¿Es necesaria la presencia de los dioses para aceptar que el mundo tiene un valor y un propósito?

Antes de responder a esta última pregunta advierte Dworkin: “No obstante, la convicción de que un dios garantiza el valor, presupone un compromiso previo con la realidad independiente de ese valor. Este compromiso también está disponible para los no creyentes, de tal manera que los teístas comparten con algunos ateos un compromiso más esencial que aquello que los separa y, por lo tanto, esa fe compartida puede suministrar las bases para una mejor comunicación entre ellos.”

Dworkin nos dice tres cosas
1) aceptar como postulado la existencia de una realidad independiente y valiosa.
2) que ese postulado lo comparten los creyentes y no creyentes en una divinidad.
3) que esa fe compartida debe servir de base para la comunicación entre creyentes y no creyentes.

Antes de iniciar nuestra discusión terminaré señalando que dos son los asuntos que debemos distinguir de entrada: la religión y Dios. No resulta difícil admitir la existencia de religiones, hay muchas, todas ellas demandan a sus creyentes creer en dogmas y como tal son verdades indiscutibles.

Iniciemos la discusión en torno al concepto de Dios y como concepto debemos admitir que Dios “existe”. Como concepto existe porque, al igual que las matemáticas, la geometría, la lógica sus entidades han sido construidas por los humanes. La existencia de Dios ha sido construida en las teologías por teólogos y esto son humanes como lo fueron, Euclides, Pitágoras, Eratóstenes, Eudoxo, Arquímedes, Aristóteles, Diofanto, Al Juarismi, Omar Jayam, Averroes, Ockham, Fibonacci, Pacioli, Kepler, Fermat, Descartes, Leibniz, Euler, Gauss, Galois, Riemann, Poincaré, Hilbert, Gödel, Turing, Frege, Peirce, Peano, por mencionar unos cuantos geómetras, matemáticos y lógicos.

La teología (del griego θεος [theos], ‘Dios’, y λογος [logos], ‘estudio’, ‘razonamiento’, por lo que significaría ‘el estudio de Dios’ y, por ende, ‘el estudio de las cosas o hechos relacionados con Dios’) es el estudio y conjunto de conocimientos acerca de la divinidad.Este término fue usado por primera vez por Platón en La República para referirse a la comprensión de la naturaleza divina por medio de la razón, en oposición a la comprensión literaria propia de sus poetas coetáneos.Más tarde, Aristóteles empleó el término en numerosas ocasiones. Algunos teólogos importantes fueron: Clemente de Alejandría, Lutero, Son Cullmann, Pannenberg, Zizioulas, Hernri De Lubac.

En torno a Dios se pueden formular muchas preguntas pero comencemos con esta ¿Qué es Dios? Qué tipo de pregunta es esta que implica muchas otras. Por ejemplo, implica identificar o la génesis de dicho concepto o su origen como visión del Universo y del mundo, o como identidad de posturas religiosas a lo largo de la historia, o como objeto de la teología, o como ejemplo ético, o como instrumento de una meta política (ética, intencionalidad), o como parte de una estructura institucional, etc.

La pregunta ¿qué es Dios?, no es una pregunta empírica. ¿No es una pregunta que puede resolverse mediante la observación empírica? No es una pregunta parecida a la pregunta, por ejemplo, ¿qué es la Revolución francesa?, ¿cuándo surgió el Renacimiento?, ¿cuál fue la causa de la muerte de Sócrates?, ¿qué características tuvo el régimen de Porfirio Díaz? Todas estas preguntas en buena medida son preguntas empíricas, esto es, son el tipo de pregunta que pueden ser resueltas con evidencia fáctica. 

La pregunta sobre Dios es una pregunta que alude a algo conceptual; si esto es así, entonces es necesario una forma distinta de identificación y de demostración: conceptos y argumentos.Es acaso la pregunta sobre Dios una pregunta que implica una respuesta afirmativa o negativa (sí, no). En otras palabras, el tema plantea una tesis implícita a discutir, un concepto para caracterizar otro. Ejemplos: ¿estás de acuerdo con la afirmación de que Dios es uno, eterno, inmóvil, justo, etcétera?

Otro tipo de preguntas que se me ocurren: ¿es valioso el concepto de Dios para la convivencia de los humanes?, la pregunta implica una noción de valor, por ejemplo; ¿puede explicarse la identidad humana sin tomar en cuenta el concepto de Dios? ¿Puede uno decir que el hombre actual puede vivir en un mundo sin el concepto de Dios?

Acaso nuestras preguntas intentan implicar una respuesta determinada como cuando proponemos una alternativa, por ejemplo, ¿los valores de los creyentes son buenos o malos?, ¿los valores de los creyentes hacen feliz o no a las personas? Cabe otra alternativa: la pregunta está determinado por el pronombre interrogativo utilizado, por ejemplo, ¿el hombre se da a sí mismo los valores?

Como pueden ver son muchos los ejemplos del tipo de preguntas que podríamos intentar responder.Porque la pregunta sobre Dios apunta hacia diferentes rumbos, esto es, la pregunta sobre Dios implican muchos tipos de preguntas todas ellas diferentes.

Resulta interesante que las siguientes preguntas no requieren para responderse del dogma de la presencia ontológica de Dios e incluso de la aceptación conceptual de Dios.

¿Puede uno vivir sin valores religiosos? ¿Es uno capaz de vivir sin estos valores? Esta pregunta apunta hacia la capacidad o no de vivir con valores.

¿Cómo creyente tiene uno el derecho de ser reconocido como una persona valiosa? La interrogante apunta hacia el problema de la legitimidad, moral y/o jurídica.

¿Es necesario un mundo de valores religiosos? Esta pregunta apunta o hacia la necesidad lógica, o hacia una obligación (moral o jurídica) o hacia las razones (explicación de un hecho, de una necesidad o de una obligación).

¿Por qué son necesarios los valores religiosos? Es una pregunta por las causas eficientes (igual a ¿qué produce un efecto?, causa o motivo), o una pregunta por causas finales (fines, razones o móvil).

¿Existen los valores religiosos? Esta pregunta apunta hacia la existencia de entidades que podamos reconocer como valor.

¿Cómo determinan los valores religiosos la conducta de los hombres? ¿De qué manera reconocemos los valores religiosos vigentes? ¿En qué forma lo constatamos? ¿Quién afirma tal cosa? Son preguntas que apuntan hacia las características de cierto tipo de entidad.

¿Todo valor religioso es moralmente deseable? Plantea el problema de la generalización de un atributo.

¿En qué sentido uno puede decir que se están perdiendo los valores religiosos? La pregunta exige la necesidad de trabajar a partir de la significación de una afirmación.

¿Es necesario tener conciencia de los valores implícitos en la conducta de los hombres? Dada la condición, ¿qué es necesario?, ¿qué es suficiente? No son necesarias otras características y si es así ¿cuáles? Esto obliga a considerar los matices que pueden estar comprendidos en la pregunta: lo que en realidad puede significar el acceso a la pregunta. Por ejemplo, los matices pueden ser de distinto tipo: necesariamente, esencialmente, siempre, solamente, forzosamente, verdaderamente, etc. De esta manera nunca se deben descuidar estos aspectos ya que ellos orientan el cuestionamiento hacia sentidos distintos.

Así pues, las preguntas ¿qué es Dios?, ¿qué deben aprender los estudiantes acerca de Dios?, ¿cómo se debe definir e implementar un programa de estudios acerca de Dios? ¿En qué términos se deben definir las metas del curso sobre teología? Y todas las que anteriormente se han formulado son preguntas filosóficas porque para responderlas no necesitamos buscar únicamente más información sino una mejor manera de organizar lo que ya sabemos acerca del concepto de Dios.

Dicho lo anterior y reconocida la complejidad de la pregunta formulada en torno a Dios definamos la intención de esta reflexión.

Se trata de leer, analizar, discutir y evaluar las distintas respuestas encontradas para las preguntas ¿qué es una religión?; ¿qué es Dios?, para mejor comprenderlos.

(continuará)

Ronald Myles Dworkin (1931-2013) 

México el árbol de los mil frutos tiene sitio web

Acompáñanos a nuestro sitio donde encontrarás todo el contenido al día como se hacía en éste blog. Da click en la imagen: