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martes, 1 de octubre de 2024

Descubrimiento o invención de América

Descubrimiento o invención de América

12 de octubre de 1492

In memoriam de Edmundo O´Gorman (1906-1995)


La tesis de que América fue descubierta propuesta en el libro Historia Natural y Moral de las indias del jesuita José de Acosta (1540-1600) fue puesta en duda por Edmundo O’Gorman desde 1940 cuando éste redactó su estudio preliminar. 

¿Qué tratan de explicar Acosta y O´Gorman? Respuesta: el ser del Nuevo Mundo. 

El proceso seguido por O´Gorman para este propósito está compuesto de seis etapas: duda, meditación-reflexión, cambio de concepción, sospecha, absurdo y reconstrucción. A partir de la duda comenzó una meditación reflexiva sobre el proceso explicativo del ser del Nuevo Mundo. La reflexión de O´Gorman lo condujo a un cambio de concepción de la historia hasta ese momento narrada. 

Para O´Gorman la tesis del descubrimiento, por parte de Acosta, no explicaba de un modo satisfactorio la “aparición” de América. Esta tesis alude a un proceso (conquista filosófica de América) explicativo del ser del Nuevo Mundo. Eliminar la manera tradicional de entender el primer viaje de Colón requería una meditación previa acerca del valor y sentido que elabora la ciencia histórica. O´Gormann compartió su reflexión en 1947, en su libro Crisis y porvenir de la ciencia histórica. Esta tesis revisada en el artículo titulado “Historia y vida” por el mismo O´Gorman en 1956 donde establece: la necesidad de considerar la historia dentro de una perspectiva ontológica, es decir, O´Gorman propone el concepto fundamental: invención.

La duda respecto a la manera tradicional de entender el primero y famoso viaje de Cristóbal Colón provocó en O´Gorman una meditación acerca del valor y el sentido de la verdad que elabora la ciencia histórica. Como ya dijimos los resultados de esta reflexión fueron publicados en 1947.

Para O´Gorman hay que considerar a la historia dentro de una perspectiva ontológica, es decir, como un proceso productor de entidades históricas y no ya, según es habitual, como un proceso que da por supuesto, como algo previo, el ser de dichas entidades. Este resultado lleva a O´Gorman a reconstruir la historia no del “descubrimiento de América”, sino de la idea de que América había sido descubierta.

En su libro La invención de América. El universalismo de la cultura de Occidente, publicado en 1958 Edmundo O’Gorman, señala “Quisiera que se viera en este libro algo así como una investigación de la fisiología (el estudio científico de funciones y mecanismos en un sistema vivo) de la historia, pero de la historia entendida no ya como un acontecer que le “pasa” al hombre y que así como le sucedió pudo haberle no ocurrido, mera contingencia y accidente que en nada lo afecta, sino como algo que lo va constituyendo en su ser espiritual; la historia, por lo tanto, como una modalidad de lo que llamamos la vida.”

La invención de América debe verse, dice O´Gorman como una “inspección del modus operandi y del modus vivendi de la historia” que revela —dentro de los límites del campo de observación elegido— cómo del seno de una determinada imagen del mundo, estrecha, particularista y arcaica, surge un ente histórico imprevisto e imprevisible que, al irse constituyendo en su ser, opera como disolvente de la vieja estructura y cómo, al mismo tiempo, es el catalítico que provoca una nueva y dinámica concepción del mundo más amplia y generosa.”

Como puede apreciarse los problemas que O´Gorman estudia desbordan por todos lados los límites concretos del tema americano, para acabar ofreciendo una idea de la marcha y progresos de la Cultura de Occidente, que así se revela como el único proyecto vital de la historia con verdadera promesa en virtud de la dialéctica interna que lo vivifica.

Edmundo O´Gorman y O´Gorman nació en la ciudad de México en 1906 en el seno de una familia que unía dos ramas del mismo tronco irlandés. Avencindada primero en Guanajuato, ya que el padre era ingeniero de minas, la familia se asentó después en Coyoacán (en donde nacería Edmundo) y, posteriormente, en San Ángel. Ambos rumbos se volvieron entrañables para Edmundo y para su hermano mayor, el pintor y arquitecto, Juan. Edmundo O´Gorman se licenció en la Escuela Libre de Derecho en 1928 y ejerció la abogacía durante poco más de una década. Posteriormente, estudió historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde obtuvo la maestría en Historia con la tesis “Crisis y porvenir de la ciencia histórica”, y el doctorado con su disertación sobre “La idea del descubrimiento de América”. Conocido como el “historiador filósofo”, O'Gorman, -según Antonio Saborit-, fue “uno de los pocos ingenios auténticamente grandes en nuestra historia moderna”.


Proceso de construcción de la tesis de la invención de América:

1940 Acosta, Joseph de, Historia natural y moral de las Indias. Estudio preliminar de Edmundo O’Gorman, Fondo de Cultura Económica, México.

1942 Edmundo O’Gorman, Fundamentos de la historia de América. Imprenta Universitaria, México, véase especialmente la Segunda Parte, “Trayectoria de América”.

1947 Edmundo O’Gorman, Crisis y porvenir de la ciencia histórica. Imprenta Universitaria, México.

1951 Edmundo O’Gorman, La idea del descubrimiento de América. Historia de esa interpretación y crítica de sus fundamentos. Ediciones del IV Centenario de la Universidad de México. Centro de Estudios Filosóficos. Imprenta Universitaria, México. 

1955 Polémica con el profesor Marcel Bataillon publicada con el título de Dos concepciones de la tarea histórica, con motivo de la idea del descubrimiento de América. Imprenta Universitaria, México.

1956 Artículo titulado “Historia y vida” he expuesto mis ideas más recientes acerca de los mismos problemas. Véase Diánoia Anuario de Filosofía, II, 2. México.

1958 Edmundo O’Gorman, La invención de América. El universalismo de la cultura de Occidente. Fondo de Cultura Económica, México.


Edmundo O´Gorman falleció el 28 de septiembre de 1995


robledomeza@yahoo.com.mx

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domingo, 25 de febrero de 2024

El “Narco” la invención de un enemigo formidable y el sentido de la campaña contra AMLO.

El “Narco” la invención de un enemigo formidable y el sentido de la campaña contra AMLO.

José Antonio Robledo y Meza

 

El libro de Oswaldo Zavala, Los-carteles-no-existen. Narcotráfico y cultura en México, nos ayuda a comprender el porqué de la existencia de ese enemigo formidable que es el “narco”. Oswaldo se formula las siguientes preguntas: ¿De dónde proviene el arquetipo tan recurrente en la imaginación colectiva sobre el “narco”? Si los traficantes, no tenían ni la capacidad histórica ni el deseo político de disputar la soberanía del Estado, ¿qué motivaba entonces la “guerra contra el narco”, y de dónde provenía la violencia atribuida a los supuestos “cárteles de la droga”? ¿Qué motivaba entonces la “guerra contra el narco”, y de dónde provenía la violencia atribuida a los supuestos “cárteles de la droga”?

En menos de 260 páginas Oswaldo Zavala infiere tres conclusiones:

1) Desde su inicio la matriz discursiva del “narco” tuvo su origen en la compleja relación binacional entre México y Estados Unidos.

2) La supuesta crisis de seguridad nacional que según Calderón justificó la “guerra contra las drogas” está sustentada principalmente en una estrategia discursiva sin fundamento material. La violencia sólo repuntó en las zonas del país donde se concentraron los miles de soldados y los agentes federales enviados por el presidente Calderón. La presidencia de éste quiso militarizar el país para contener una supuesta “guerra de cárteles” que no producía violencia. El ejército y los agentes federales tomaron ciudades donde no había ninguna emergencia. El Estado fue a detener una guerra de cárteles inexistente porque los cárteles no existen.

3) El “narco” en México y Estados Unidos funciona como ese inteligente y perverso ardid de la caja de arena de Tony Soprano. El “narco” aparece en nuestra sociedad como una temible caja de Pandora que, de ser abierta, creemos que desataría un reino de muerte y destrucción. Si pudiéramos vencer el miedo y confrontar aquello que llamamos “narco” abriendo por fin la caja, no encontraríamos en ella a un violento traficante, sino al lenguaje oficial que lo inventa: escucharíamos palabras sin objeto, tan frágiles y maleables como la arena. Abramos, pues, la caja.

La travesía cronológica que nos presenta Oswaldo va de 1947 2017. A continuación, destaco solo algunos detalles:

En 1947 el Congreso estadounidense promulga la Ley de Seguridad Nacional (National Security Act), que fue el mecanismo por medio del cual dio sustento legal a la estrategia global que polarizó el planeta después de la Segunda Guerra Mundial. La Guerra Fría, desde luego, involucró directamente al Estado mexicano. Durante este mismo año se crearon dos instituciones claves de la nueva era securitaria: en Estados Unidos, la Central Intelligence Agency (CIA), y en México, la Dirección Federal de Seguridad (DFS). A lo largo de las siguientes tres décadas, ambas agencias entrelazaron esfuerzos para contener la supuesta amenaza comunista en el hemisferio.

Durante los años 70s la Central Intelligence Agency (CIA), y la Dirección Federal de Seguridad (DFS) profundizaron su colaboración con la llamada Operación Cóndor, por medio de la cual el gobierno de Estados Unidos desplegó una agresiva política intervencionista en el continente a mediados de la década de 1970. La versión mexicana de la Operación Cóndor, sin embargo, fue la única que se enfocó en el tráfico de drogas y no en el combate al comunismo. Los miles de soldados y agentes de policía federal que destruyeron los sembradíos de droga entre 1975 y 1978 produjeron también el desplazamiento en masa de campesinos y de los productores y traficantes de droga. Al cerrar la década, el “narco” mexicano no sólo seguía existiendo, sino que había trasladado su central de operaciones a la ciudad de Guadalajara y ahora dominaba en el terreno internacional cobrando a las organizaciones colombianas hasta un 50% de las ganancias del tráfico de cocaína que pasaba por el territorio nacional.

En 1986 se da un giro securitario del comunismo a las drogas. Para dar forma legal a este giro securitario, el presidente Ronald Reagan firmó la National Security Decision Directive 221, que desde entonces designó a las drogas ilegales como la nueva amenaza a la seguridad nacional estadounidense. La “guerra contra las drogas”, que había comenzado en la década de 1970 durante la presidencia de Richard Nixon como una estrategia doméstica para combatir la disidencia de izquierda, ahora tomaría el lugar del comunismo para legitimar la política intervencionista de Estados Unidos.

Justo al final de la Guerra Fría, la politóloga Waltraud Morales escribió en 1989 un artículo fundamental para comprender el nuevo orden mundial posterior a la caída del muro de Berlín: “The War on Drugs: A New U.S. National Security Doctrine?”. Durante medio siglo, el anticomunismo ocupó el centro de la política de seguridad nacional de Estados Unidos. Todavía resulta asombrosa la predicción de la politóloga Waltraud Morales en su artículo, tan pertinente y urgente en el contexto contemporáneo como en el de entonces: El “malvado imperio de las drogas” tiene el potencial de evocar ese miedo del enemigo tan básico y tan poderoso en la doctrina del anticomunismo. El peligro, por lo tanto, es que una generación más de política exterior en Estados Unidos estará enraizada en el odio de un enemigo mítico, en conspiración y no en democracia, y en doctrinas ideológicas de seguridad nacional.

Con la información proporcionada por Oswaldo Zavala podemos acercarnos a la comprensión del porqué de la campaña de los medios que representan los intereses de la élite estadunidense contra el Presidente Manuel López Obrador.

 

N.B. Si quieres un ejemplar en versión pdf del libro de Zavala solicítalo al whatsapp de abajo.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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viernes, 14 de julio de 2023

La invención de nuevos partidos políticos resolución de problemas e imaginación. 1813-1867

La invención de nuevos partidos políticos resolución de problemas e imaginación. 1813-1867

José Antonio Robledo y Meza

 

Durante casi dos siglos (1813-2011) México ha visto aparecer y desaparecer decenas de partidos políticos. Un partido político es, ante todo, un objeto construido e inventado por los hombres. Tal es el caso de cualquier objeto político, si bien un partido político no puede considerarse un objeto como otro cualquiera. El partido político ha sido, casi siempre, inventado y concebido como solución a un problema; viene determinado por la función precisa a la que debe responder.

Para reproducir sintéticamente la historia de la construcción de los partidos políticos en México he dividido esta colaboración en dos partes. La primera abarca desde el surgimiento del primer “partido” político en 1813, cuando nace el “Partido escocés”, hasta 1867 que marca el fin del “Partido conservador”. La segunda parte abarcará de 1876, con los intentos de constituir el “Partido Constitucionalista Liberal”, hasta la creación, en 2011, del partido Morena (Movimiento de Regeneración Nacional).

En el inicio del México independiente, año de 1813, nació el “Partido escocés” integrado por oficiales del ejército, profesionistas y clérigos, comerciantes y terratenientes quienes se confrontaron con vehemencia dando por resultado la división en dos tendencias políticas: “monarquistas” y “republicanos”. Estas dos tendencias agruparán las primeras organizaciones políticas de México: las logias masónicas. Los antiiturbidistas se dividieron rápidamente en “borbonistas” y “republicanos”. El “Partido monárquico” o “borbonista” estaba formado por los miembros del alto clero, algunos oficiales del ejército, los terratenientes y los miembros de la burguesía que controlaban el comercio y la minería. El “Partido republicano” agrupó de su lado al clero bajo y medio, a los profesionistas y a una facción del ejército.

Después de que la República remplazó al Imperio (1823-1824) las dos tendencias antagonistas discutieron lo que sería la primera Constitución. Como consecuencias de ellas las élites continuaron con su división en dos partidos: el “Partido de los cambios” o “Partido del progreso” y el “Partido del orden”. El primero de ellos, quien se apoyaba esencialmente en las fuerzas americanas. exigía la ocupación de los bienes del clero y hablaba de “libertad” y de “progreso”. El “Partido del orden”, llamado por sus adversarios partido “del inmovilismo” y que se apoyaba en el clero y el ejército, hablaba de “orden público” y de “religión”. En el seno de los “escoceses” se produjo una escisión cuándo los “mexicanos” dejaron sus logias para formar, bajo la dirección de Nicolás Bravo, las primeras logias puramente mexicanas. Los partidarios del “progreso” carecían entonces de organización y, para oponerse a Bravo, el presidente Guerrero trató infructuosamente de formar el que hubiese sido el primer partido de gobierno de la historia mexicana: el “Partido del Águila Negra”.

En 1826 nace el “Partido yorkino” lo que acarreó como consecuencia la reorganización del “Partido escoces” y los dos “partidos” lograron rápidamente dividir a las élites del país por lo que, algunos meses más tarde, tanto los funcionarios como los oficiales comenzaron a actuar en función de su pertenencia a uno de los dos “partidos”. Los adeptos del rito “yorkino”, partidarios de la República Federal, de la separación entre Iglesia y Estado y de la progresiva eliminación de la influencia española eran pronorteamericanos. Los masones del rito “escocés”, de tendencia monarquistas y defensores de las instituciones de la Colonia española, eran profundamente proeuropeos.

Durante la Primera República Federal (1824-1835) los dos “partidos” tenían en común la falta de un programa definido y de una organización sólida y los caudillos recurrieron de nuevo a las armas. Las dos tendencias comenzaron después a identificarse como “federalistas” y “centralistas”. El federalismo simbolizó los cambios sociales, la separación entre la Iglesia y el Estado y el respeto a los gobiernos estatales y el centralismo se identificó con el absolutismo del período colonial, a la intolerancia religiosa e ideológica, al mantenimiento de las estructuras económicas existentes y a la constitución de un poder central fuerte. Tanto el “Partido centralista” como el “Partido federalista” carecían de una organización sólida, de un programa bien definido y sus tesis fueron por lo general mal comprendidas por las masas populares. Sostuvieron desde ese momento postura irreconciliables.

Durante la Segunda República Centralista (1841-1846) se redactó una nueva Constitución que reafirmó los privilegios de la Iglesia católica y del ejército, y además creó nuevas restricciones en materia de participación política. Al restablecerse la Constitución de 1824, los dirigentes del “Partido centralista” rechazaron en gran número colaborar en la lucha contra los invasores norteamericanos (1846-47) y la Iglesia negó al gobierno la ayuda económica necesaria. Al disolver Santa-Anna al Congreso y proclamándose dictador vitalicio regresó a la antigua oligarquía sus privilegios. El país se encontró con un régimen autoritario. En el curso de treinta años (1824-1855), las élites dirigentes de los dos “partidos” fueron incapaces de crear un aparato de Estado sólido, de desarrollar un programa coherente o de realizar una política de reformas que instaurase un nuevo orden social y económico.

A mediados del siglo XIX Las tendencias comenzaron a identificarse como “Partido conservador” y “Partido liberal”. El “Partido liberal” se definía por un rechazo de la tutela y del apoyo eclesiástico y en consecuencia por una especie de anticlericalismo de la raíz hispánica, estaba compuesto por miembros de las antiguas clases poseedoras o de las nuevas capas sociales que se oponían a las estructuras económicas existentes. Tenía por modelo al sistema norteamericano y sostenía firmemente el federalismo. El “Partido conservador”: se reclamó de una ideología tradicional, buscó para legitimarse el apoyo de la Iglesia católica, contó entre sus rangos a los miembros más prominentes de la oligarquía virreinal, encomió el principio de la autoridad, la tradición y la sumisión al orden establecido y representó la tendencia a un aparato estatal centralizado. La derrota con los EUA desprestigió a los militares y fue cuando los intelectuales comenzaron a dominar el área política. Las élites se agruparon en los periódicos de la época y éstos se convirtieron en poderosos medios de difusión de sus tesis, manteniendo los liberales la tradición de reunirse en logias. El área de las ideas fue mucho más importante que en el pasado y de esta manera, hacia 1843, dos tendencias aparecieron en el seno de los liberales: los “puros” o “radicales” y los “moderados”.

Durante el Congreso Constituyente (1856-57) se presenta probablemente la confrontación ideológica más importante de los “partidos” en el curso del siglo XIX. Se impusieron en el seno del Congreso las tesis de los “moderados” y la Constitución de 1857 organizó así a México como república representativa, democrática, federal y fundada en la separación de poderes, eliminó a la religión católica como religión oficial y proclamó la libertad de enseñanza. El “Partido conservador”, apoyado por la Iglesia católica, rechazó entonces la Constitución y hundió al país en una nueva guerra civil. La intervención francesa (1860-1867), que fue el último episodio de la guerra civil, constituyó además el último gran enfrentamiento armado de los dos “partidos” marcó el fin del “Partido conservador”.

En conclusión podemos afirmar que durante el periodo que va de 1813 a 1867 fueron decantándose dos tendencias políticas. Comenzó esta división en “monarquistas” y “republicanos”, los republicanos impulsaran la propuesta de una República Federal, la separación entre Iglesia y Estado y la progresiva eliminación de la influencia española (eran pronorteamericanos), y los monarquistas enarbolaron la defensa de las instituciones de la Colonia española, (eran proeuropeos). La división fue adquiriendo las identidades de “federalistas” y “centralistas”. El “Partido liberal” se autodefinía por un rechazo de la tutela y del apoyo eclesiástico y en consecuencia por una especie de anticlericalismo, el “Partido conservador” se reclamó de una ideología tradicional y católica, encomió el principio de la autoridad, la tradición y la sumisión al orden establecido y representó la tendencia a un aparato estatal centralizado.

Durante el Congreso Constituyente (1856-57) se impusieron en el seno del Congreso las tesis de los “moderados” y la Constitución de 1857 organizó así a México como una república representativa, democrática, federal y fundada en la separación de poderes, eliminó a la religión católica como religión oficial y proclamó la libertad de enseñanza. El “Partido conservador”, apoyado por la Iglesia católica, rechazó entonces la Constitución y hundió al país en una nueva guerra civil.

En nuestra próxima entrega abordaremos la historia de los partidos político mexicanos durante el periodo de 1867 a 2011.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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