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domingo, 8 de junio de 2025

Todavía nos queda mucho por hacer juntos

Todavía nos queda mucho por hacer juntos

José Antonio Robledo y Meza


La situación actual de México después de las elecciones de los nuevos miembros del poder judicial el pasado 1 de junio de 2025 puede ser leída como un libro bífido que puede ser interpretado como una promesa, aunque también como el anuncio de un final. Algunos hablan de que se está destruyendo la democracia y que se avecina una terrible crisis económica; otros señalan que se continúa construyendo la democracia de abajo hacia arriba al mismo tiempo que se avanza en un lento pero firme crecimiento económico guiados por las manos estables de Claudia Sheinbaum. Algo que llama la atención es que quienes quieren reprimir la democracia hablan de su defensa construyendo cacareados terrores del futuro.

Quienes han impulsado las trasformaciones de los tres poderes políticos de México han tenido en los últimos años el propósito de construir, no la Ciudad de Dios, sino una nueva República Terrena. Para visualizar este futuro propuesto lo mejor es alzar la mirada y plantear un argumento de discusión que, aun siendo de actualidad, hunde sus raíces lo suficientemente lejos y que ha sido causa de fascinación, temor y esperanza para todos los componentes de la familia humana en el curso de los dos últimos milenios.

Los negacionistas de las trasformaciones están viviendo sus propios terrores del final de los tiempos; ven aparecer una y otra vez fantasmas sin vislumbrar que la fuerza de estos reside precisamente en su irrealidad. Los negacionistas manifiestan un milenarismo desesperado en donde cada vez el fin de los tiempos se contempla como inevitable, y cualquier esperanza cede el sitio a una celebración del fin de la historia, o a la convocatoria del retorno a una tradición intemporal o arcaica, que ningún acto de voluntad y ninguna reflexión, no digo ya racional, sino razonable, podrá jamás enriquecer. 

El miedo al futuro existe y todo indica que al carecer de propuesta ética los negacionistas no pueden valorar críticamente cuanto hemos dejado atrás. Pareciera que toda idea de futuro es fuente de temor, de miedo, de repliegue o de evasión hacia ninguna parte. No se dan cuenta que junto a ese miedo al futuro se hallan grupos humanos que en el pasado fueron oprimidos por graves sufrimientos religiosos, sociales y políticos; grupos que han aprendido a construir una salida en la acción inmediata; se proyectan no en la espera de un tiempo en el que las fuerzas cósmicas se abatan sobre la tierra para derrotar a todos sus enemigos sino en la conciencia de que son ellos quienes están construyendo la historia. Es cierto que esta postura tiene una gran carga utópica y una gran reserva de esperanza, pero al mismo tiempo, es un enérgico rechazo a la desolada resignación que, respecto al presente, se tenía en el pasado inmediato.

La mirada contraria a los negacionistas se ha construido a partir de entender que la historia es un proceso infinitamente perfectible, de modo que el mañana perfecciona el ahora, siempre y sin reservas, y en el curso de la historia misma. Es una visión de la historia que se construye bajo el signo de la Esperanza. De modo que, aun siendo capaz de juzgar la historia y sus horrores, es una mirada fundamentalmente propositiva y optimista. Razón y voluntad son elementos que acompañan a esta construcción histórica. Sólo si se cuenta la historia con un sentido de dirección se pueden amar las realidades terrenas y creer —con altruismo— que existe todavía lugar para la Esperanza.

De esta manera, los transformacionistas ven la historia como un camino hacia una meta dentro de ella, inmanente a ella. Esta perspectiva podría ser expresada mediante una triple convicción: 1. La historia posee un sentido, una dirección de marcha, no es un mero cúmulo de hechos absurdos y vanos. 2. Este sentido es puramente inmanente, es objeto, al mismo tiempo, de cálculo y Esperanza. 3. Esta perspectiva no agota, sino que solidifica el sentido de los acontecimientos contingentes: son el lugar político-moral en el que se decide el futuro histórico de la aventura humana. Esto es así porque el problema de la Esperanza encierra la cuestión del futuro del hombre. 

Podemos concluir que es mucho el camino por recorrer pero que estamos dispuestos a caminarlo porque ese camino se llama ejercicio de inteligencia y valor para escrutar colectivamente las cosas sencillas. 


robledomeza@yahoo.com.mx

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viernes, 9 de mayo de 2025

La madre, vale mucho o poco

La madre, vale mucho o poco

José Antonio Robledo y Meza

 

Nunca estamos solos. El mundo no nos resulta extraño, ni hostil si vamos acompañados de una madre real o ficticia. En México lo sabemos porque tenemos madre para todos. Este exceso de sentimientos los expresamos a través del juego que nos ilumina: el lenguaje. “Madre” pertenece al ambiguo universo con lo que controlamos enojo y censura. Su fuerza infinita radica en su ambigüedad. Es una palabra que se encuentra más allá de las contradicciones. “Madre”, dice Octavio Paz pertenece a ese grupo de palabras “a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos. Confusamente reflejan nuestra intimidad: las explosiones de nuestra vitalidad las iluminan y las depresiones de nuestro ánimo las oscurecen. Lenguaje sagrado, como el de los niños, la poesía y las sectas. Cada letra y cada sílaba están animadas de una vida doble, al mismo tiempo luminosa y oscura, que nos revela y oculta. Palabras que no dicen nada y dicen todo. Son las malas palabras, único lenguaje vivo en un mundo de vocablos anémicos. La poesía al alcance de todos.”

En México los significados de la palabra son innumerables. Es una voz mágica. Basta un cambio de tono, una inflexión apenas, para que el sentido varíe. Hay tantos matices como entonaciones: tantos significados como sentimientos.

Veamos algunos ejemplos de la fuerza expresiva de la palabra: alegría (que a toda madre), escepticismo (no te creo ni madre), venganza (vamos a darle en la madre), accidente (se dio en la madre), efecto visual (no se ve ni madre), sentido del olfato (eso huele a madres), rspeculación (¿qué es esa Madre?), sorpresa (¡¡¡madresss!!!). superlativo (¡a todisísima madre!), expresión de alegría (¡Que Madre tan buena!), exceso de velocidad (va hecho la madre), egoísmo (no me dio ni madre), como acción (vamos a hacer esa madre), acción futura (vamos a terminar esa madre), animos (andale con esa madre), despectivo (¡vales pa’pura madre!), juramento (por mi madre), reparación (haz que funcione esta madre!), reclamo (no tienes madre - o - qué poca madre), negativa rotunda (¡¡¡ni Madres!!!), alquimista (lo que toca le da en la madre), ubicación geográfica (dónde está esa madre), valor dietético (trágate esa madre), adjetivo calificativo (qué poca madre) fracaso (¡ya valió madres!), reclamo (¡qué poca madre tienes!) negativa rotunda = ¡Ni madres!, amistad (¡es a toda madre!), recuerdo (¡madre solo hay una! (por eso en cualquier momento o lugar la recuerdan)), sentido del gusto (eso sabe a madres), sentido del valor (me vale madre).

A continuación, veamos otros juegos del lenguaje:

Madreado. Una persona muy golpeada, en mal estado. Se utiliza también cuando la persona se encuentra muy cansada o enferma, así como también a cosas. Ejemplo: "Raúl se peleó y lo dejaron muy madreado", "tengo gripa y me siento muy madreado", "ese carro que me venden está muy madreado". Sinónimos: Golpeado En mal estado Fregado Chingado.

Madrazo. Golpe. Existen derivaciones de esta palabra (ver "Madriza", "Madreado")

Ejemplo: "Se enojó y le dio un madrazo", "Se dieron unos buenos madrazos", sinónimos: golpazo chingadazo fregadazo golpe. 

Madrear. Propinar una paliza o golpiza en grado superlativo a alguien, también se puede usar como "romper la madre", ejemplo: ""vamos a madrear a Carlos ya nos tiene hartos", "voy a romperle la madre a Paco"", sinónimos: golpear, vapulear. 

Madriza. Golpiza, tundir a una persona a golpes, ya sea entre varios o uno solo. Ejemplo: "le dieron una buena madriza", sinónimos: chinguiza, putiza, golpiza, tunda, paliza.

Imposible olvidar el grito de batalla cotidiano “¡grandísimo quijote de la tiznadísima chingamusa!”.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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