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jueves, 14 de julio de 2022

Pensar la guerra. Segunda parte

Pensar la guerra. Segunda parte

José Antonio Robledo y Meza

 

La guerra contra el narco ¿logró algún resultado satisfactorio? El no haberlo logrado, habla de la imposibilidad y de la inutilidad de continuar con la guerra y esa fue la decisión del Estado mexicano.

Después de la llegada a la presidencia de Felipe Calderón, por medio del fraude electoral, la guerra contra el narco comenzó. Junto con el fraude la declaratoria de guerra al narco fueron signos que de lo que se trataba era desalentar el incremento de la cultura democrática. Se trataba de mantener la estructura del Estado neoliberal y para ello era necesaria la presencia cotidiana de la violencia.

El movimiento democrático creció y se manifestó contundentemente de una forma doble a partir de la elección presidencial en 2018: la masiva votación a favor del triunfador y el retiro del instrumento de la violencia como medio para trasformar la estructura del Estado. Con los resultados electorales del 2018 la estructura del Estado neoliberal empezó a contar sus días de permanencia. Se decidió alargar su agonía por medio de la violencia y la posición contraria a la política de “abrazos y no balazos”, que es la demanda permanente para que el Estado use la violencia a la que tiene derecho. La trampa diseñada era presionar al Estado en construcción, a usar la violencia. El hacerlo llevaría al fracaso el intento de transformación de la estructura del Estado.

Reiterar el cambio de la estrategia de seguridad ha sido la posición mediática a lo largo de los últimos cuatro años. Como rito de exorcismo, quienes demandan el uso de la violencia por parte del Estado argumentan lo cruel que es la violencia causada por la “delincuencia”.

El hecho de que la guerra al narco no haya continuado con la conducta violenta del Estado es señal de que la guerra ya no existe y de que el discurso de los intelectuales pro-violencia no ha obtenido éxito alguno. Su discurso no ha sido eficaz porque el espacio histórico se ha modificado. Buena parte de los mexicanos miran hoy la guerra con ojos diferentes de aquellos con los que podían mirarla a principios de siglo, y, los que hablan hoy de la benignidad de la guerra como la única higiene del mundo, están demandando un tratamiento psiquiátrico.

Ha sucedido con la guerra lo que sucedió con la ley del talión: no se trata de que ya nadie la practique, es que la comunidad la juzga un mal, mientras que otrora la juzgaba un bien.

Pero éstas son reacciones morales y emotivas, aunque a veces la misma moral acepta excepciones a la prohibición de matar, así como la sensibilidad colectiva puede aceptar horrores y sacrificios que garanticen un bien mayor.

Hay una forma más radical de pensar la guerra en términos meramente formales, de coherencia interna, reflexionando sobre sus condiciones de posibilidad, para concluir que no se puede hacer la guerra porque la existencia de una sociedad de la información instantánea, unida a la naturaleza de la nueva tecnología bélica, ha hecho de la guerra algo imposible e irrazonable. La guerra está en contradicción con los mismos argumentos por las que se hace. Estas son algunas razones de porque el Estado mexicano ya no está en guerra. La guerra ya no existe, aunque la violencia persista.

La renuncia del Estado mexicano a usar la violencia es signo de la inauguración de un cambio de era. La política basada en el amor y no en la violencia, inaugura una era inédita. La soberanía del Pueblo gana espacios en el mundo.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

WA: 2223703233

 

martes, 12 de julio de 2022

Pensar la guerra. Primera parte

Pensar la guerra. Primera parte

José Antonio Robledo y Meza

 

La guerra es una especie de “juicio de Dios”, del que se vale la providencia histórica para hacer triunfar la mejor encarnación del Espíritu en el mundo. Hegel.

 

Esforzarse por la paz es la ley fundamental de naturaleza. Hobbes.

 

¿Cuál ha sido, en el transcurso de los siglos, la finalidad de una guerra? Se obraba de una determinada manera para obtener como resultado la derrota del adversario. En México, en los últimos años, aparentemente el adversario era “el narco”. Sin embargo, las tácticas y estrategias desplegadas que se pusieron en el campo han ido mostrando que el enemigo real era el movimiento democrático. Signos de lo anterior fueron el uso de la violencia electoral y el arribo de Felipe Calderón -por la puerta de atrás del Congreso para tomar protesta como presidente- y su declaratoria de guerra al narco como primera política de su gobierno. Estos dos signos permiten comprender que la intención era mantener por el mayor tiempo posible la estructura “neoliberal” del Estado mexicano. Con la guerra al narco, el uso permanente de la violencia, el miedo y el dolor se pretendía “persuadir” a la población a conservar su condición de subordinada a la estructura del Estado neoliberal. Con Peña Nieto entró en el campo de batalla el “ni modo” de la corrupción -otra forma de violencia- promoviendo la idea de que ésta era parte de la cultura inamovible de “lo mexicano”.

 

La estructura del Estado neoliberal tenía como enemigo a vencer al Pueblo Soberano y con ello impedir la trasformación de la estructura del Estado. La violencia era y es, el recurso para minar la fortaleza democrática. Por otro lado, la renuncia del uso de la violencia por parte del Estado democrático ha resultado una de las más eficaces armas para trasformar la estructura del Estado, al igual que el combate a la corrupción, otro pilar del Estado neoliberal.

 

En esta guerra no hay restricciones, ni tampoco neutralidad alguna. La violencia agrede a todos por igual, incluso a quienes la promovieron inicialmente.

 

Para derrotar al movimiento democrático trasformado en el movimiento llamado Morena (no confundir con el partido) se pusieron en el campo todas las fuerzas de las que disponía el llamado lado “conservador”. He aquí algunas:

 

1) los 3 Expresidentes: Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón…

 

2) los 11 Gobernadores integrantes de la Alianza Federalista; cinco del PAN: Francisco García Cabeza de Vaca, Tamaulipas, José Rosas Aispuro, de Durango, Diego Shinué, de Guanajuato, Javier Corral, Chihuahua, Martín Orozco, de Aguascalientes, Francisco Domínguez, de Querétaro; tres del PRI: Miguel Riquelme, Coahuila, José Ignacio Peralta de Colima, Juan Manuel Carreras, de San Luis Potosí; uno de Movimiento Ciudadano: Enrique Alfaro, de Jalisco; uno del PRD: Silvano Aureoles, de Michoacán; un independiente: Jaime Rodríguez, El Bronco, de Nuevo León. A finales del año 2022 la Alianza Federalista a desaparecido.

 

3) Partidos políticos: PRI, PAN PRD, VOX.

 

4) Medios de comunicación: Televisa, Reforma, El Universal, El Financiero, El Economista, New York Times, Washington Post, The Guardian, The Economist, El País…; Latinus (proyecto político-mediático).

 

5) Grupos empresariales como Coparmex (Gustavo de Hoyos), Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (Claudio X. González Guajardo, María Amparo Casar María Amparo Casar, Luis Carlos Ugalde, Leonardo Núñez González y Ximena Mata, Julio Ríos Figueroa, Sofía Ramírez Aguilar y José Manuel Toral, Julio Ríos Figueroa, Janet de Luna Jiménez, Víctor Aguilar Méndez y Ricardo Alvarado Andalón) financiados por la Confederación Suiza y los fondos privados Ford Foundation, MacArthur Foundation, National Endowment for Democracy y USAID y empresas (Kimberly Clarck, OXXO)…

 

6) El Proyecto Bloque Opositor Amplio (BOA) Rescatemos a México, que fracasó en sus intentos de ganarle a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados - elecciones del 2021- y revocar el mandato del presidente en 2022. A finales del año 2022 la coalición PAN-PRI-PRD redujo su presencia de 12 a ocho estados.

 

7) El Instituto Nacional Electoral.

 

8) Instituciones de Educación Superior: ANUIES, CONACyT, CIDE.

 

9) Actores y cantantes: Kate del Castillo, Eugenio Derbez, Natalia Lafourcade, Rubén Albarrán, Ofelia Medina, Omar Chaparro, Bárbara Mori, Saúl Hernández, Ana Claudia Talancón…

 

10) Élites, youtubbers, plataformas de Internet y redes sociales.

 

11) Personajes: Javier Lozano, Fernando Belaunzarán, Marko Cortés, Dante Delgado, Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Arturo Sarukhán, Alejandro Moreno (“Alito”)…

 

12) El Parlamento europeo.

 

Llaman la atención dos cosas. Primero la liga atlántica conservadora compuesta por empresas de comunicación, partidos políticos y el parlamento europeo en defensa del sistema neoliberal. Segundo la creciente ola democrática en Latinoamérica proyectando un sistema basado en la justicia social.

 

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jueves, 16 de junio de 2022

Pensar la política a través del arte


Diego Rivera, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, 1948, fragmento.



Pensar la política a través del arte

José Antonio Robledo y Meza


El punto geométrico es invisible. De modo que debe ser definido como un ente abstracto. Pensado materialmente, el punto semeja un cero. Wassily Kandinsky. Punto y línea sobre el plano.



¿Qué es un artista? ¿Cómo piensa un artista o mejor dicho cómo evoluciona el pensamiento de un artista? ¿Cuáles son la naturaleza y la función del conocimiento de un artista en la habilitación de un pensamiento complejo? La búsqueda de respuestas son las que abordaremos en esta ocasión.

Si meditamos un poco sobre las preguntas anteriores se multiplican las preguntas: ¿que tipo de “realidad” es la que conoce un artista?, ¿cómo la conoce?, ¿cómo sabe que su saber es “verdadero”?, ¿cómo comunica su saber a otros?, ¿cómo intenta persuadir a otros que su “visión” es legítima?, ¿para qué el hombre dedica tantas energías y esfuerzos para producir conocimiento artísticos? Unas preguntas apuntan al 1) objeto de estudio de los artistas, otras 2) al tipo de lenguaje utilizado, otras más 3) al criterio de verdad y finalmente, otras apuntan hacia 4) la intencionalidad que los artistas tienen para producir y transmitir conocimiento artístico. Si los artistas y los filósofos han reflexionado sobre todo lo anterior ¿qué tipo de saber se produce cuando el objeto de estudio es el mismo conocimiento artístico? ¿Cómo se justifica ese saber filosófico sobre los productos artísticos…? Y así consecutivamente.

Dejemos hablar a un artista sobre los asuntos en que se ocupan. El texto es de Wassily Kandinsky (Punto y línea sobre el plano. Edición, Raimon Arola) que reflexiona sobre el significado intrínseco del origen de la “Definición del punto como fundamento de la pintura abstracta”.

Kandinsky reflexiona en torno a los objetos abstractos geométricos y matemáticos (punto, cero), las percepciones (es invisible) y propiedades “humanas”. El punto -el cero- habla con la mayor reserva, es el puente esencial, único, entre palabra y silencio, encuentra su forma ma­terial en la escritura: pertenece al lenguaje y sig­nifica silencio. En la conversación corriente, el punto es sím­bolo de interrupción, de no-existencia (compo­nente negativo) y al mismo tiempo es un puente de una unidad a otra (componente positivo). Tal es en la escritura su significado intrínseco. El punto es un símbolo sonoro. El punto pertenece a los fenómenos cotidianos de la mudez. A causa de su lenguaje monótono, todos los fenómenos corrientemente tradicionales se vuel­ven mudos. No oímos más su voz y el silencio nos rodea. Yacemos muertos bajo lo «práctico-funcional».

Kandinsky reflexiona y sentencia “La nueva ciencia artística sólo podrá surgir cuando los signos se vuelvan símbolos y el ojo y el oído abiertos permitan sal­tar del silencio a la palabra. Quien no sea ca­paz de observar debe dejar en paz el arte teó­rico.

Las tensiones internas del arte surgen una tras otra desde lo profundo de su ser e irradian su influencia y efectos sobre el hom­bre, superando cada vez con mayor facilidad las inhibiciones de la costumbre. Concluye Kandinsky su reflexión señalando que “el punto muerto se vuelve un ser viviente.”

Aquí Kandinsky nos habla que la ciencia artística es un sistema de investigación, un conjunto de métodos. Dicho así el asunto cabe preguntarse ¿qué investiga? ¿cuáles son sus métodos? Si el objetivo es que los humanos superen las inhibiciones de la costumbre a través del desciframiento de su pasado, comprendan las razones que explican su situación presente y las perspectivas de que deben partir en la elaboración de su futuro. Kandinsky define que la tarea de quien reflexiona en torno a las obras artísticas son tres: descifrar el pasado para comprender el presente y con ello elaborar un futuro. Todo ello es una herramienta que sirve para enriquecer la capacidad de comprensión, de crítica y creatividad. Como todo conocimiento deben construirlo los interesados, esto es, es un conocimiento social. Esto nos lleva a preguntarnos sobre la naturaleza del tiempo y el espacio y sobre la comprensión y crítica. ¿Qué significa comprender? ¿Qué significa criticar?

Para responder estas preguntas nos apoyaremos en las experiencias de tres historiadores: Lucien Febvre (Combates por la historia), Marc Bloch (La historia, los hombres y el tiempo), y Pierre Vilar (Iniciación al vocabulario del análisis histórico).

Lucien Febvre establece la condición de la historia como estudio científico y como objeto de estudio de las diversas actividades y creaciones de los hombres de otros tiempos y cuyos resultados son susceptibles de compararse.

Para Marc Bloch la historia es un esfuerzo para conocer mejor una cosa en movimiento como lo es el conocimiento racional. Bloch pone énfasis en la condición histórica del mismo conocimiento histórico pero es significativa la identificación de la ciencia histórica con un tipo de conocimiento racional.

Finalmente, para Pierre Vilar “La investigación histórica es el estudio de los mecanismos que vinculan la dinámica de las estructuras - es decir, las modificaciones espontáneas de los hechos sociales de masas- a la sucesión de los acontecimientos -en los que intervienen los individuos y el azar, pero con una eficacia que depende siempre, a más o menos largo plazo, de la educación entre estos impactos discontinuos y las tendencias de los hechos de masas -.” Lo planteado por Vilar impone la comprensión de los siguientes conceptos: “mecanismos”, dinámica de las estructuras”, “acontecimiento”, “azar”, “impactos discontinuos”, “tendencias” y “hechos de masas”.

Comprender la política, comprender su historia exige el esfuerzo de conocerla como una acción humana, compuesta de actividades e intenciones que producen procesos de creatividad de los hombres de todos los tiempos y conocer la política en su movimiento histórico, conocerla como una acción colectiva racional. Siendo la política un abstracto que pretende comprender cosas concretas, en movimiento, cambios -aparentemente espontáneos- de los hechos sociales de masas y a la sucesión de los acontecimientos que definen procesos distintos.

¡Gulp! Parece que la empresa es harto compleja. Pero no nos amedrentemos y busquemos posibles respuestas a las preguntas originales apoyándonos también en las reflexiones de algunos historiadores del arte. Esto último lo abordaremos en la siguiente entrega.



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martes, 14 de junio de 2022

El valor de la especulación en la historia de la humanidad De la ignorancia al pensar

El valor de la especulación en la historia de la humanidad
De la ignorancia al pensar


José Antonio Robledo y Meza



Para ver un mundo en un grano de arena
y un paraíso en una flor silvestre,
sostén el infinito en la palma de la mano
y la eternidad en una hora.
William Blake, fragmento de Augurios de inocencia.


Los humanos sabemos muchas cosas, tenemos información que nos interesa y de muchos tipos: de valor histórico, de interés intelectual, de importancia práctica (tecnología), de profundo conocimiento teorético (filosofía y ciencia). Estas informaciones nos procuran comprensión del mundo y el Universo; pero también nos permiten reconocer que es infinita nuestra ignorancia. 

Adquirimos conciencia de nuestra ignorancia por el conocimiento adquirido en la vida cotidiana y en el campo de las ciencias, y por la reflexión que a cada paso que damos en la solución de una pregunta que nos permite descubrir nuevas preguntas incluso ahí donde creíamos estar en terreno firme.

Al preguntar y estudiar aprendemos y adquirimos saberes y conocimientos; con preguntas, saberes y conocimientos desarrollamos las condiciones para formular nuevas preguntas-problema y seguir estudiando, y el estudio -al mismo tiempo que nos abre las puertas de los saberes y conocimientos- nos hace estar conscientes de nuestra ignorancia. El estudio hace posible que adquiramos distintas habilidades y capacidades -como las de dudar, sorprendernos y la creatividad-. El estudio al ayudarnos a formular preguntas nos conduce al pensar. 

Por lo dicho, los humanes reconocemos que día a día crecen nuestros saberes y conocimientos, pero al mismo tiempo que nuestra ignorancia es casi infinita. Y esta tensión entre saber, conocer e ignorancia, se mantiene todo el tiempo.

Todo saber-conocer es para el pensador una fuente de preguntas y es con preguntas que se mantiene vivo el pensar. Son las preguntas -la tensión entre saber, conocer e ignorar- lo que da sentido al pensar. Después sigue el análisis de las preguntas y los ensayos de solución y su correspondiente argumentación.

Una fuente del pensar nos lo proporcionan las contradicciones contenidas en nuestros saberes y conocimientos; otra son las contradicciones presentadas entre los saberes y los hechos a los que se pretende dar cuenta. Sea uno u otro el caso, el problema es conceptual ya que si el problema viniera del mundo práctico esto nos obligaría a meditar, a teorizar, a especular, dando con ello lugar a conceptualizaciones.

Hagamos un pequeño ejercicio. Supón que eres astronauta, y que tu nave espacial cae en un planeta desconocido para ti. ¿Qué es lo que harías una vez recobrado el conocimiento? Lógicamente, las cuatro primeras preguntas que un humán haría en tales circunstancias serían: ¿dónde estoy?, ¿cómo lo sé?, ¿qué debo hacer?, ¿cómo le hago? Estas preguntas, fundamentales para el estudio de la existencia y por ende, para la supervivencia humana, son respondidas por las cuatro primeras ramas de la filosofía: metafísica (¿dónde estoy?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?), epistemología (¿cómo lo sé?), ética (¿qué debo hacer?) y política (¿cómo le hago?).

A continuación, analiza cada pregunta formulada con negritas y te percatarás que algunas tienen tanto componentes teóricos como prácticos. 

Lo dicho hasta aquí nos permite inferir que:
1) No hay preguntas sin ignorancia.
2) No hay preguntas sin conocimientos y saberes.
3) No hay pensar sin ignorancia.
4) No hay pensar sin conocimientos y saberes.
5) No hay pensar sin preguntas, i.e., sin ignorancia y conocimientos y saberes.

Concluyo que es el reconocimiento de que la ignorancia nos pone en el camino del estudio y de las preguntas; son el carácter y la cualidad de las preguntas juntamente con su análisis, la audacia y singularidad de las soluciones propuestas lo que determina el valor o falta de valor del pensar. Y una forma de problematizar es enunciando preguntas así que un ciudadano formado como pensador no debe conformarse con repetir las soluciones ofrecidas sino debe habilitarse como un formulador de preguntas.

Sugerencia de lectura: João Magueijo. Más rápido que la velocidad de la luz. Historia de una especulación científica. 


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miércoles, 23 de junio de 2021

Pensar Bien, para Vivir Mejor

 

Pensar Bien, para Vivir Mejor

Modo de significación y una forma no limitada en tiempo y espacio.

José Antonio Robledo y Meza

“Pensar Bien, para Vivir Mejor” es, como lema, un modo de significación y una forma no limitada en tiempo y espacio.

Ejemplos de otros lemas asociados a universidades están “Por mi raza hablará el espíritu” (UNAM), “La verdad nos hará libres” (UIA), "La técnica al servicio de la patria" (IPN), "In Calli Ixcahuicopa" (Casa abierta al tiempo) (UAM), "Vince in Bono Malum" (Vence al Mal con el Bien) (U. Anáhuac), "Espíritu emprendedor con sentido humano" (ITESM), "Piensa y trabaja" (UdG), "Por un México más libre, más justo y más próspero" (ITAM), "Lux et Veritas" (Luz y verdad) (U, de Yale), "Veritas" (Verdad) (U de Harvard), "Alere Flammam Veritatis" (Alentando la llama de la verdad) (UANL), "Indivisa Manent" (Lo que está unido permanece) (U. La Salle), "Sapientiae Dilectione Augebitur Nos" (El amor a la sabiduría nos engrandecerá) (UDLA), "In Christi lumine pro mundi vita" (A la luz de Cristo para la vida del mundo) (Pontificia U Católica de Chile), "Libertas Perfundet Omnia Luce" (La libertad lo llena todo de luz) (U de Barcelona), "Libertas Perfundet Omnia Luce" (La libertad ilumina todas las cosas) (U Complutense de Madrid), "Mens et manus" (mente y manos) (MIT), "Die Luft der Freiheit weht" (Sopla el Viento de la Libertad) (U Stanford), "Fiat Lux" (Hágase la luz) (U de California en Berkeley), "Artes, Scientia, Veritas" (Artes, Conocimiento, Verdad) (U de Michigan), "In lumine tuo videbimus lumen" (En tu luz veremos la luz) (U de Columbia), "Ubi spiritus, libertas" (Donde está el espíritu, hay libertad) (U Panamericana).

Características del lema:

El lema toma como objeto dos cuestiones: conceptos y acciones.

1) Conceptos o nociones abstractas. En nuestro caso son cuatro: “pensar”, “bien”, “vivir” y “mejor”

2) Proyecto de acción a realizar: “el pensar”, “el pensar bien”, “el vivir” y “el vivir mejor”.

Responder culturalmente a las necesidades de un grupo es lo que articulan los conceptos y acciones del lema. De esta manera, el lema explica coherentemente con imágenes, descripciones, explicaciones y argumentaciones los proyectos de acción representados por los conceptos. En otras palabras, el lema “Pensar Bien, para Vivir Mejor” es un sistema de representaciones que constituyen un sistema de comunicación, un mensaje. El lema no se refiere a una idea sino a un modo de significación y de una forma no limitada históricamente.

El lema “Pensar Bien, para Vivir Mejor” es un recurso político y, por lo tanto, más que la expresión de un acto del intelecto, analítico y abstracto, es la expresión de un acto de la voluntad, fundado sobre la adquisición intuitiva -inmediata, global y no analítica- de una verdad vinculada a las más fuertes tendencias de la institución, particularmente idónea para sostener la acción política colectiva.

Por medio del lema se trata de suministrar a los miembros de la institución un tipo de conocimiento político inmediatamente verdadero, que explicite de manera directa su conciencia de grupo -es decir la autoconciencia- sin la necesidad de pasar el filtro de formas intelectualizadas, siempre manipulantes y manipuladas.

La comunicación atrapada por el lema es constituye una organización de imágenes capaces de evocar instintivamente todos los sentimientos que corresponden a las distintas manifestaciones que dan cuenta de la institución.

En resumen, los elementos que están contenidos en nuestro lema “Pensar Bien, para Vivir Mejor” y que deben desencadenar un determinado tipo de culto son:

La universidad

Los muertos, la sangre de los muertos que continúa corriendo en las venas de los vivos

La cultura

Las costumbres

Las instituciones (escuelas, facultades, institutos) que ellas transmiten: una herencia biológica e intelectual que sola da dimensión, equilibrio y sentido a la vida.

De esta manera el lema de la BUAP alude a dos cuestiones:

Un hipotético y venerado “principio de los tiempos”, que apunta hacia una verdadera realidad que es matriz y fundamento del tiempo presente: el tiempo originario dominado por el pensar racional y crítico.

Un hipotético y definido intencionalmente porvenir, el futuro a alcanzar; vivir mejor.

En sentido amplio significa lo que guarda la verdadera sustancia de la vida de la institución: el pensar racional y crítico para vivir mejor.

Metafísicamente hablando el lema acrisola una triple concepción de la realidad: una realidad “social”, una realidad “psicológica” y una realidad “intelectual”. Incita a construir y a vivir en esa compleja realidad.

Mediante la repetición del lema el grupo recuerda y se obliga a recrear la realidad aludida por él mismo. El contenido del lema constituye una parte importante de la vida mental del grupo que lo asume como propio y por lo mismo es una realidad con un cariz cultural “pensar bien” para influir y construir una sociedad republicana, democrática, justa, libre, para “vivir mejor”.

De esta manera al interpretar el lema debemos hacerlo buscando su significado en las características de su contexto cultural, contexto que tiene muchas dimensiones.

El lema de la BUAP da cuenta del estilo o perspectiva –considerada como el conjunto de los conceptos y valores ínsitos en la cosmovisión de una cultura dada en una época histórica concreta-. El lema contiene la serie de conocimientos aceptados como básicos por los miembros del grupo de lo adopta y que consideran útiles de aplicar a lo largo de su vida. El lema es una explicación a los problemas críticos que encuentran los seres humanos; en él están contenidas las respuestas a esos problemas y preocupaciones importantes como son el propósito de la vida, las contingencias que lo obstaculizan, etc. Su función es explicar la realidad, así como dar pautas para la organización de los grupos sociales que la adoptan y sobre la dirección que deben tomar.

Un modo de significación del lema la puedes encontrar en:

La razón amenazada, Adolfo Sánchez Vázquez

https://mexicoelarboldelosmilfrutos.blogspot.com/2021/06/la-razon-amenazada.html

https://elsudamericano.wordpress.com/2016/06/16/la-razon-amenazada-adolfo-sanchez-vazquez/

https://es.scribd.com/document/153941365/Adolfo-Sanchez-Vazquez-La-razon-amenazada

También varios de mis alumnos han formulado su propia significación las que daré a conocer más adelante.

Puebla, Pue. Paseo de las Fuentes, 23 de junio de 2021

robledomeza@yahoo.com.mx

cel. 2223703233

 

sábado, 29 de febrero de 2020

Cambio de rumbo para la FFyL. Las humanidades a debate. Pensar, evaluar y vivir el mundo.


Cambio de rumbo para la FFyL. Las humanidades a debate.
Pensar, evaluar y vivir el mundo.

José Antonio Robledo y Meza
Tel: 2223703233
robledomeza@yahoo.com.mx

“Ser educado no es haber llegado a un destino; es viajar con una manera diferente de ver el mundo y la vida. Lo que es necesario no es la preparación febril para algo que está por delante, sino trabajar con precisión, pasión y gusto en lo valioso que está a nuestro alcance”. R.S. Peters en Educación como Iniciación

¿Formar mentes o formar profesionales? ¿Formar una mente libre o subordinada? ¿Formar mentes como herramientas o como potenciales detonadores de la creatividad? ¿Formar mentes para facilitar la realización de tareas mecánicas que sólo requieren del uso de una “correcta” energía, mentes consideradas como utensilios útiles para realizar labores rutinarias o mentes que estén formadas para realizar actividades que no se les enseñó hacer? ¿La formación profesional un peligro intelectual?

Las preguntas anteriores surgen al reflexionar sobre las palabras dichas en 1910 por Woodrow Wilson, director de Princeton, quien dirigió un discurso en Madison, Wisconsin, a la Asociación de Universidades Americanas; en ese discurso planteó: “Toda especialización, incluida la formación profesional, es nítidamente individualista en su objetivo... El objetivo... es el interés particular de la persona que busca esa formación”. Manifestaba que dicha exclusividad era “el peligro intelectual y económico de nuestra época”: un peligro intelectual porque el individuo que sólo así ha sido formado es una herramienta y no una mente, y un peligro económico porque la sociedad requiere de mentes y no sólo de herramientas. Wilson consideraba que “para cuando un hombre llega a la edad en que su hijo puede asistir a la universidad, está tan inmerso en una especialización que ya no puede entender el país ni la época en que vive”. Por ello -decía Wilson- la tarea de la universidad (debía ser) re-generalizar cada generación a medida que apareciera”.

Estamos hoy en el año 2020, ciento seis años después del discurso de Wilson y, por lo tanto, debemos admitir, las condiciones han cambiado. Si esto es así, entonces ¿debemos admitir que las preguntas anteriores son irrelevantes porque se admite que las universidades deben limitarse a la formación profesional, formar mentes que sirvan como herramientas para realizar labores bien especificadas en los manuales correspondientes? ¿Tenemos que admitir que es correcta la propuesta de concebir a quien enseña ya no un “maestro” sino un “facilitador del aprendizaje” y al aprendiz una herramienta solo capaz de hacer lo que está definido como “correcto”; admitir todo esto sin detenerse a pensar en que significan los conceptos de “enseñar”, “aprender” y “contenido” del proceso enseñanza-aprendizaje.

En una facultad como la de Filosofía y Letras ¿es pertinente preguntarse a qué está obligada la comunidad en la formación de los jóvenes? ¿Sigue siendo válido sostener que el paso de los jóvenes por la universidad debe ayudarles a adquirir saberes que les permita orientar el pensamiento y la conducta a largo plazo, les permita su refinamiento y la posibilidad de embellecer su vida?

En una facultad como la de FyL ¿es pertinente preguntarse a qué está obligada la comunidad en la formación de los jóvenes? ¿Sigue siendo válido promover saberes que permitan reconocer la bondad, la belleza y la calidad intelectual de los productos humanos? En otras palabras, ¿qué el tránsito por la universidad les ayude a transformarse en personas educadas, i.e., en personas cuya mente y cuya conducta exhiban conocimiento y comprensión, sentido de responsabilidad, consideración hacia lo demás, adquisición de una conciencia crítica?

Si la pretensión de las humanidades es formar personas educadas ¿deben cultivarse las humanidades como parte de la formación de los jóvenes en la BUAP? ¿Se justifica la presencia de las humanidades en los curricula de todas las unidades académicas, incluyendo el bachillerato?

Como puede verse, si se revisa la historia de las propuestas en los últimos años, son innumerables los “objetivos de la educación” que se han considerado. Los resultados están a la vista. Se han formado profesionales, mentes subordinadas, mentes vistas como herramientas, mentes para facilitar la realización de tareas mecánicas que sólo requieren del uso de una “correcta” energía, mentes consideradas como utensilios útiles para realizar labores rutinarias, labores profesionales que limitan la creatividad.

Si esto es así ¿qué hacer?, ¿qué objetivos proponer?, ¿cómo elegirlos?, si de lo que se trata es de formar personas educadas.

Necesitamos criterios para hacerlo. Así pues, pasemos a reflexionar sobre tales criterios.

En primer lugar está el criterio epistemológico o de comprensión de los principios. Una persona educada es alguien que no sólo es capaz de realizar una actividad particular, como la abogacía o la investigación o el fútbol, sino además, es capaz de realizarlas por lo que es ella misma (la búsqueda de la verdad por ella misma, hacer algo por lo que tiene de encomiable, hacer algo de la mejor manera posible), a diferencia de cultivarla por algo a lo que podría llevar: ser citados por otros, riqueza o prestigio, por ejemplo. Este criterio es necesario pero no es suficiente ya que es necesario que el hombre educado posea un conjunto de conocimientos y algún esquema conceptual que eleve esos conocimientos por encima de una serie de datos inconexos. 

No es suficiente la información histórica. Es necesario que dicha información esté integrada a una estructura cognitiva significativa, teórica. Estamos hablando de aprendizajes superiores. Lo cual implica comprender los principios que permitan organizar los datos, tal y como lo hacen Sherlock Holmes, Guillermo de Baskerville o el viejo detective de la película Seven, William Somerset. No basta estar bien informado sino también tener alguna comprensión del “por qué” de las cosas. Es necesario un desarrollo profundo del conocimiento y de la conciencia. Todo esto es necesario pero no suficiente. Así que pasemos al segundo criterio.

El segundo criterio para reconocer a alguien educado es el criterio sistémico. Alguien, por ejemplo, podría ser un abogado o científico bien preparado y sin embargo negarnos a llamarlo un hombre educado. ¿Por qué? No lo hacemos porque la ciencia carezca de valor intrínseco, tampoco porque al hombre no le importe la ciencia, o porque no comprenda sus principios, entonces ¿cuál es su limitación? Su limitación se muestra en su unidimensional especialización y en su incapacidad para conectar lo aprendido con muchas otras cosas –el teatro, la música, la poesía, etc.- que le permitan captar una estructura coherente de la vida. La función principal de este principio sistémico es descartar un especialismo estrecho, más que la de sugerir requisitos positivos.

Finalmente podemos formulas un tercer principio que es el criterio praxiológico. Un hombre puede estar bien informado pero sin embargo no lo calificaríamos de educado. ¿Por qué? Estar educado implica que la manera que un hombre tiene de ver y entender el mundo ha sido transformada por los conocimientos adquiridos. Gracias a lo aprendido transforma el mero vivir en cierta calidad de vida. Pues la manera de vivir del hombre depende de lo que ve y entiende. Es un contrasentido “educarse para ser un mejor delincuente”, quién se justifica diciendo que “quien no tranza no avanza”… En la universidad hay actividades concentradas en la literatura, la ciencia, la historia que poseen mucho contenido cognoscitivo, pero la persona educada no es simplemente la que sigue dedicándose a tales actividades cuando sale de dicha institución, sino aquella cuya gama total de actos, reacciones y actividades se han ido transformando gradualmente al profundizar y ampliar su comprensión y sensibilidad. Este proceso no termina jamás. Eso es lo que significa educación para toda la vida. La educación no termina al obtener un certificado.

Hace algunos años un joven estudiante de derecho, que llamaré Paco, formulaba una serie de preguntas en un seminario organizado para adiestrarnos en el arte de preguntar. En ese entonces participábamos cinco personas y ahora quiero compartir con ustedes tanto las preguntas como algunas de las respuestas ensayadas por el grupo.

Como joven y estudiante que soy –decía Paco-:

- ¿puedo reclamar el derecho a tener una formación que me permita orientar el pensamiento y la conducta a largo plazo? 

- ¿Puedo, a la institución a la que pertenezco, demandar como derecho para que se comprometa con el desarrollo de mi capacidad de comprensión? 

- ¿Estaré exigiendo demasiado si pido a mis maestros me ayuden a adquirir criterios para reconocer lo excelente y duradero, para desarrollar el sentido crítico, el sentido de las virtudes ciudadanas y valores ideales, la simpatía por el trabajo bien hecho de un hombre dondequiera que se haya realizado, para reconocer la sabiduría? 

- ¿Tendría sentido demandar la posibilidad de conjuntar las experiencias indirectas –por medio de lecturas, audiciones musicales, proyecciones de películas, visita a museos, etc.- con las experiencias que directamente me proporcione la vida? 

- ¿Seré racional si exijo que al terminar mis estudios haya logrado tener una mente disciplinada y mejor organizada, capaz de inquirir y distinguir lo falso de lo verdadero y los hechos de la mera opinión; tener una mente formada y capacitada para escribir, leer y calcular, una mente atenta al mundo y abierta a cualquier buena influencia, aunque sólo sea por estimular mi curiosidad, una mente que me permita seguir desarrollando formas de pensamiento y sentimientos? 

- ¿Estaré fuera de lugar si exijo una formación vinculada al desarrollo del método de la discusión que supone un intercambio dirigido y disciplinado, que se caracteriza por el orden y la secuencia lógica? 

- ¿No seré un iluso si demando una formación que me permita tener un cuerpo de conocimiento, un lenguaje común y la habilidad para conversar y exigir que se concrete el principio de “pensar bien para vivir mejor”, para con ello ser un ciudadano comprometido con la construcción de una buena sociedad y una buena vida?

Hoy ese joven es ya un profesional pero continúa manifestando entusiasmo por incluir en la formación de los universitarios el contacto con las humanidades. Yo preguntaba en aquellos momentos -cómo lo hago ahora con ustedes- ¿por qué es necesario o al menos recomendable el estudio de las humanidades en la todas las unidades académicas de la BUAP? 

Son varias las preguntas que se derivan de la pregunta anterior y que es necesario responder antes: 
- ¿Qué son las humanidades? 
- ¿Cómo deben enseñarse y aprenderse? 
- ¿Cuál debe ser el propósito de su estudio?

Durante algún tiempo se consideró que las humanidades (latín humanitas) eran las disciplinas relacionadas con la cultura humana, con los estudios clásicos –arte y cultura de la Antigüedad grecorromana-. Las humanidades eran consideradas distintas a las disciplinas profesionalizantes y entre aquellas estaban la filosofía, la filología (lingüística, semiología, literatura, historia de la literatura, crítica literaria), la historia, la geografía, el derecho, la economía, la ciencia política, la antropología, la sociología, los estudios de arte –artes plásticas, artes escénicas, música, musicología, teoría del arte, crítica de arte, ciencias de la comunicación periodismo, publicidad, documentación, biblioteconomía-, etc. Se decía que las humanidades eran las disciplinas que estudian al hombre y su comportamiento en la sociedad eran las ciencias del espíritu frente a las ciencias centradas en la materia. Este divorcio existente entre ciencias materiales y ciencias del espíritu se intenta superar hoy día con, por ejemplo, la teoría del constructivismo. Hoy se plantea que las humanidades son el medio para que los humanes desarrollemos autoconciencia y que la mejor forma para desarrollar esta autoconciencia son los estudios del lenguaje y las matemáticas ya que desarrollan las inteligencias compartidas por todos los humanes. Edgar Morin ha señalado que la formación de la ciudadanía terrestre pasa por la enseñanza de la condición humana; esta condición puede estudiarse mediante triadas: cerebro-mente-cultura, razón-afecto-impulso, impulso-sociedad-especie.

Si tomamos a las humanidades en su sentido amplio el término se refiere fundamentalmente a la literatura e incluso, en un sentido más amplio, al estudio de las grandes obras maestras en prácticamente cualquier campo de la actividad humana. La literatura que se compone de obras literarias y trata en gran medida con obras maestras en dónde se encuentran los logros humanos en todos los campos del saber, se reconoce como parte de las humanidades sobre todo si no sólo se estudian como “logros” sino como resultados de procesos que involucran la generación de preguntas y los intentos de respuestas que incluyen el ensayo y el error, esto es, como logros históricos; las humanidades son también la historia y filosofía de la ciencia, donde se estudia la creación científica como parte de la biografía y la historia cultural humanas. Dice Jacques Barzún en Adiós a las humanidades “La criba de la creación humana: a eso debemos referimos cuando hablamos de humanidades.”

En las unidades académicas no hay duda de que se estudia el con un enfoque vocacional o profesional, i.e., se reproduce un conocimiento práctico; pero existe también la posibilidad de realizar otros estudios para refinar la condición de los estudiantes y futuros profesionales. Un obstáculo que hay que superar es la confusión existente entre los dos usos del término conocimiento: el que sirve a un propósito inmediato y el que orienta el pensamiento y la conducta a largo plazo. 

En la Facultad de Filosofía y Letras ¿cuál es el enfoque de sus planes de estudios especialmente en los colegio? ¿Cómo se concibe a los profesionales de la filosofía, la historia, la literatura, la antropología? Si hay algo que debe caracterizarlos está muy lejos de lo que el día de hoy ocurre.

Hoy día todas las instituciones están involucradas en la doble empresa de satisfacer la demanda social de profesionales y la demanda académica de especialistas. Los compromisos con las nuevas generaciones deben ir más lejos: deben formar personas educadas.

Puebla, Pue. 29 de febrero de 2020
Paseo de las Fuentes


jueves, 23 de enero de 2020

Pensar, evaluar y vivir el mundo. Las humanidades a debate.

Pensar, evaluar y vivir el mundo. Las humanidades a debate.
José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
robledomeza@yahoo.com.mx
wa: 2223703233

“Ser educado no es haber llegado a un destino; es viajar con una manera diferente de ver el mundo y la vida. Lo que es necesario no es la preparación febril para algo que está por delante, sino trabajar con precisión, pasión y gusto en lo valioso que está a nuestro alcance”. 
 R.S. Peters en Educación como Iniciación

¿Formar mentes o formar profesionales? ¿La formación profesional un peligro intelectual? ¿Formar una mente libre o subordinada? ¿Formar mentes como herramientas o como potenciales detonadores de la creatividad? ¿Formar mentes para facilitar la realización de tareas mecánicas que sólo requieren del uso de una “correcta” energía, mentes consideradas como utensilios útiles para realizar labores rutinarias o mentes que estén formadas para realizar actividades que no se les enseñó hacer?

Las preguntas anteriores me surgieron al reflexionar sobre las palabras dichas en 1910 por Woodrow Wilson, director de Princeton, quien dirigió un discurso en Madison, Wisconsin, a la Asociación de Universidades Americanas; en ese discurso planteó: “Toda especialización, incluida la formación profesional, es nítidamente individualista en su objetivo... El objetivo... es el interés particular de la persona que busca esa formación”. Manifestaba que dicha exclusividad era “el peligro intelectual y económico de nuestra época”: un peligro intelectual porque el individuo que sólo así ha sido formado es una herramienta y no una mente, y un peligro económico porque la sociedad requiere de mentes y no sólo de herramientas. Wilson consideraba que “para cuando un hombre llega a la edad en que su hijo puede asistir a la universidad, está tan inmerso en una especialización que ya no puede entender el país ni la época en que vive”. Por ello -decía Wilson- la tarea de la universidad (debía ser) re-generalizar cada generación a medida que apareciera”.

Estamos hoy en el año 2016, ciento diez años después del discurso de Wilson y, por lo tanto, debemos admitir que las condiciones han cambiado. Si esto es así, entonces debemos admitir que las preguntas anteriores son irrelevantes porque debemos admitir que las universidades deben limitarse a la formación profesional, formar mentes que sirvan como herramientas para realizar labores bien especificadas en los manuales correspondientes. Admitir que es correcta la propuesta de concebir a quien enseña ya no un “maestro” sino un “facilitador del aprendizaje” y al aprendiz una herramienta solo capaz de hacer lo que está definido como “correcto”; admitir todo esto sin detenerse a pensar en que significan los conceptos de “enseñar”, “aprender” y “contenido” de la enseñanza-aprendizaje.

En una facultad como la de FyL ¿Es pertinente preguntarse a qué está obligada la comunidad en la formación de los jóvenes? ¿Sigue siendo válido sostener que el paso de los jóvenes por la universidad debe ayudarles a adquirir saberes que les permita orientar el pensamiento y la conducta a largo plazo, les permita su refinamiento y la posibilidad de embellecer su vida?

En una facultad como la de FyL ¿Es pertinente preguntarse a qué está obligada la comunidad en la formación de los jóvenes? ¿Sigue siendo válido promover saberes que permitan reconocer la bondad, la belleza y la calidad intelectual de los productos humanos? En otras palabras, ¿Qué el tránsito por la universidad les ayude a transformarse en personas educadas, i.e., en personas cuya mente y cuya conducta exhiban conocimiento y comprensión, sentido de responsabilidad, consideración hacia lo demás,  adquisición de una conciencia crítica?

Si la pretensión de las humanidades es formar personas educadas ¿Deben cultivarse las humanidades como parte de la formación de los jóvenes en la BUAP?

Como puede verse son innumerables los “objetivos de la educación” que pueden considerarse. ¿Cómo elegirlos? Necesitamos criterios para hacerlo. Así pues pasemos a reflexionar sobre tales criterios.

En primer lugar está el criterio epistemológico o de comprensión de los principios. Una persona educada es alguien que no sólo es capaz de realizar una actividad particular, como la abogacía o la investigación o el fútbol, sino además, es capaz de realizarlas por lo que es ella misma (la búsqueda de la verdad por ella misma, hacer algo por lo que tiene de encomiable, hacer algo de la mejor manera posible), a diferencia de cultivarla por algo a lo que podría llevar: riqueza o prestigio, por ejemplo. Pero esto no es suficiente ya que es necesario que el hombre educado posea un conjunto de conocimientos y algún esquema conceptual que eleve esos conocimientos por encima de una serie de datos inconexos. Lo cual implica comprender los principios para poder organizar los datos, tal y como lo hacían Sherlock Holmes, Guillermo de Baskerville o el viejo detective de la película Seven, William Somerset. Tampoco basta estar bien informado sino también tener alguna comprensión del “por qué” de las cosas. Es necesario un desarrollo profundo del conocimiento y de la conciencia. Todo esto es necesario pero no suficiente. Así que pasemos al segundo criterio.

El segundo criterio para reconocer a alguien educado es el criterio sistémico. Alguien, por ejemplo, podría ser un abogado o científico bien preparado y sin embargo negarnos a llamarlo un hombre educado. ¿Por qué? No lo hacemos porque la ciencia carezca de valor intrínseco, tampoco porque al hombre no le importe la ciencia, o porque no comprenda sus principios, entonces ¿cuál es su limitación? Su limitación se muestra en su unidimensional especialización y en su incapacidad para conectar lo aprendido con muchas otras cosas –el teatro, la música, la poesía, etc.- que le permitan captar una estructura coherente de la vida. La función principal de este principio sistémico es descartar un especialismo estrecho, más que la de sugerir requisitos positivos.

Finalmente podemos formulas un tercer principio y es el criterio praxiológico. Un hombre puede estar bien informado pero sin embargo no lo calificaríamos de educado. ¿Por qué? Estar educado implica que la manera que un hombre tiene de ver y entender el mundo ha sido transformada por los conocimientos adquiridos. Gracias a lo aprendido transforma el mero vivir en cierta calidad de vida. Pues la manera de vivir del hombre depende de lo que ve y entiende. En la universidad hay actividades concentradas en la literatura, la ciencia, la historia que poseen mucho contenido cognoscitivo, pero la persona educada no es simplemente la que sigue dedicándose a tales actividades cuando sale de dicha institución, sino aquella cuya gama total de actos, reacciones y actividades se han ido transformando gradualmente al profundizar y ampliar su comprensión y sensibilidad. Y este proceso no termina jamás.

Hace algunos años un joven estudiante,que llamaré Paco, formulaba una serie de preguntas en un seminario organizado para adiestrarnos en el arte de preguntar. En ese entonces participábamos cinco personas y ahora quiero compartir con ustedes tanto las preguntas como algunas de las respuestas ensayadas por el grupo.

Como joven y estudiante que soy –decía Paco- ¿puedo reclamar el derecho a tener una formación que me permita orientar el pensamiento y la conducta a largo plazo? ¿Puedo,a la institución a la que pertenezco, demandar como derecho para que se comprometa con el desarrollo de mi capacidad de comprensión?¿Estaré exigiendo demasiado si pido a mis maestros me ayuden a adquirir criterios para reconocer lo excelente y duradero, para desarrollar el sentido crítico,el sentido de las virtudes ciudadanas y valores ideales, la simpatía por el trabajo bien hecho de un hombre dondequiera que se haya realizado, para reconocer la sabiduría? ¿Tendría sentido demandar la posibilidad de conjuntar las experiencias indirectas –por medio de lecturas, audiciones musicales, proyecciones de películas, visita a museos, etc.- con las experiencias que directamente me proporcione la vida? ¿Seré racional si exijo que al terminar mis estudios haya logrado tener una mente disciplinada y mejor organizada, capaz de inquirir y distinguir lo falso de lo verdadero y los hechos de la mera opinión; tener una mente formada y capacitada para escribir, leer y calcular, una mente atenta al mundo y abierta a cualquier buena influencia, aunque sólo sea por estimular mi curiosidad, una mente que me permita seguir desarrollando formas de pensamiento y sentimientos? ¿Estaré fuera de lugar si exijo una formación vinculada al desarrollo del método de la discusión que supone un intercambio dirigido y disciplinado, que se caracteriza por el orden y la secuencia lógica? Y finalmente, ¿no seré un iluso si demando una formación que me permita tener un cuerpo de conocimiento, un lenguaje común y la habilidad para conversar y exigir que se concrete el principio de “pensar bien para vivir mejor”, para con ello ser un ciudadano comprometido con la construcción de una buena sociedad y una buena vida?

Hoy ese joven es ya un profesional pero continúa manifestando entusiasmo por incluir en la formación de los universitarios el contacto con las humanidades.Yo preguntaba en aquellos momentos -cómo lo hago ahora con ustedes- ¿Por qué es necesario o al menos recomendable el estudio de las humanidades en la Facultad de Derecho de la BUAP? Señalo que son varias las preguntas que se derivan de la pregunta formulada y que es necesario responder antes: ¿Qué son las humanidades? ¿Cómo deben enseñarse y aprenderse? ¿Cuál debe ser el propósito de su estudio?

Durante algún tiempo se consideró que las humanidades (del latín humanitas) eran las disciplinas relacionadas con la cultura humana, con los estudios clásicos –arte y cultura de la Antigüedad grecorromana-. Las humanidades eran consideradas distintas a las disciplinas profesionalizantes y entre aquellas estaban la filosofía, la filología (lingüística, semiología, literatura, historia de la literatura, crítica literaria), la historia, la geografía, el derecho, la economía, la ciencia política, la antropología, la sociología, los estudios de arte –artes plásticas, artes escénicas, música, musicología, teoría del arte, crítica de arte, ciencias de la comunicación periodismo, publicidad, documentación, biblioteconomía-, etc. Se decía que las humanidades eran las disciplinas que estudian al hombre y su comportamiento en la sociedaderan las ciencias del espíritu frente a las ciencias centradas en la materia. Este divorcio existente entre ciencias materiales y ciencias del espíritu se intenta superar hoy día con,por ejemplo, la teoría del constructivismo. Hoy se plantea que las humanidades son el medio para que los humanes desarrollemos autoconciencia y que la mejor forma para desarrollar esta autoconciencia son los estudios del lenguaje y las matemáticas ya que desarrollan las inteligencias compartidas por todos los humanes. Edgar Morin ha señalado que la formación de la ciudadanía terrestre pasa por la enseñanza de la condición humana; esta condición puede estudiarse mediante triadas: cerebro-mente-cultura, razón-afecto-impulso, impulso-sociedad-especie.

Si tomamos a las humanidades en su sentido amplio el término se refiere fundamentalmente a la literatura e incluso, en un sentido más amplio, al estudio de las grandes obras maestras en prácticamente cualquier campo de la actividad humana. La literatura que se compone de obras literarias y trata en gran medida con obras maestras en dónde se encuentran los logros humanos en todos los campos del saber,se reconoce como parte de las humanidades sobre todo si no sólo se estudian como “logros” sino como resultados de procesos que involucran la generación de preguntas y los intentos de respuestas que incluyen el ensayo y el error, esto es, como logros históricos; las humanidades son también la historia y filosofía de la ciencia, donde se estudia la creación científica como parte de la biografía y la historia cultural humanas. Dice Jacques Barzún en Adiós a las humanidades “La criba de la creación humana: a eso debemos referimos cuando hablamos de humanidades.”

En cualquier facultad no hay duda de que se estudia con un enfoque vocacional o profesional, i.e., se reproduce un conocimiento práctico; pero existe también la posibilidad de realizar estudios para refinar la condición de los estudiantes y futuros profesionales.Un obstáculo que hay que superar es la confusión existente entre los dos usos del término conocimiento: el que sirve a un propósito inmediato y el que orienta el pensamiento y la conducta a largo plazo. 

En la FFyL ¿cuál es el enfoque de sus planes de estudios especialmente en el colegio de filosofía? ¿Cómo se concibe al filósofo? Si hay algo que debe caracterizarlos está muy lejos de lo que el día de hoy ocurre.

Hoy día todas las instituciones están involucradas en la doble empresa de satisfacer la demanda social de profesionales y la demanda académica de especialistas. Los compromisos con las nuevas generaciones no deben quedar en objetivos tan chatos.


Mtro. en Historia José Antonio Robledo y Meza, P.I. Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP y fundador y director del proyecto “México el árbol de los mil frutos”.
Miguel Nava, Coordinador de la Asociación Filosófica de Puebla A.C., “Ecos del Espejo”.
C. Mtra. en Filosofía UNAM Karla Pérez Rodríguez, profesora Escuela Preparatoria 2 de Octubre de 1968, BUAP y Secretaria de actividades y proyectos de la Asociación Filosófica de Puebla A.C., “Ecos del Espejo”.
Lic. en Filosofía BUAP Lizzet González García, profesora del Colegio Liceo Reforma.
Lic. en Filosofía BUAP Gonzalo Salgado Villa, profesor del Instituto de estudios superiores VW.
Estudiante del Colegio de Filosofía BUAP, Martín González Rojas, miembro de Sphaera.
Estudiante del Colegio de Filosofía BUAP, Angélica Guadalupe Salazar Ruiz, miembro de Sphaera.

Proyectos participantes:

México el árbol de los mil frutos.

Tlciudadana, la televisión para todos.

Temiki Radio.
Sphaera.

Asociación Filosófica de Puebla A.C. Ecos del Espejo


viernes, 17 de mayo de 2019

¿Pueden pensar las máquinas?


El desarrollo de la web semántica será importante para estructurar y dar significado a los datos para que puedan ser útiles para las personas y las computadoras.

La importancia de la web semántica (Otras Fuentes)
Sonia Pacheco Moreno, profesora de The Valley DBS
21/10/2016 13:48 Actualizado a18/09/2017 17:33


Hoy casi todo está en Internet. El problema radica en buscar la información correctamente y, lo que es más complicado, encontrar lo que uno busca de manera precisa.

Disponemos de millones y millones de webs, si bien un 75% están inactivas. Tantas, que si medimos el tamaño de la ‘www’ por el tráfico online generado, ya estaríamos inmersos en la era Zettabyte (un zettayte=1021 bytes) según Cisco y su Visual Networking Index. La cifra equivale aproximadamente a unos 36.000 años de vídeo en alta resolución.

Más de 336 millones de dominios se han dado de alta en el último trimestre en todo el mundo. Aunque parezca mucho, solo estamos en el inicio: en España, por ejemplo, el ratio de registro de dominio (.es) por habitante es de 23 por cada 1.000. En uno de los países más activos en este ámbito, Alemania, cuenta con un ratio de hasta 190 por cada 1.000 habitantes, lo que da cuenta de que hay mucho más recorrido con webs y aplicaciones que están por llegar. Nunca la humanidad tuvo a su alcance tanta información con tan fácil acceso.

La cifra En los últimos tres meses se han dado de alta 336 millones de dominios. Un millón y medio por hora.

A todo esto hay que añadir que cualquier persona, independientemente de su edad, con o sin formación, puede crear contenidos y volcarlos en la red en pocos segundos, sobre todo desde la aparición de los smartphone. Esta facilidad se traduce en millones de personas generando contenido a diario: un 29% de la población dispone de cuenta en alguna red social, empleando en ellas un tiempo de 2,4 horas al día.

 

 Los humanos le damos significado a toda la información que hay en la red (exdez)
 
Sin embargo, para la web actual, toda la información existente carece de significado. Las máquinas no entienden su sentido, salvo que el humano detrás de la pantalla pueda dárselo. La ‘www’ fue concebida de manera que unas webs enlazaban con otras webs, pero los enlaces, desde el punto de vista del sistema, necesitan que los humanos les doten de significado (una web no sabe que el link pertenece a la home de otra web o al enlace de una cuenta de social media, o a un fichero pdf).

Puede sorprender que, habiendo creado sistemas complejos de computación, aún hoy mucha parte del trabajo lo debamos realizar las personas. En el caso de las búsquedas y tratamiento de la información en Internet, son los usuarios los que deben extraer la información, contextualizarla, resumirla, interpretarla y organizarla.

Las máquinas no entienden el significado de la información, a no ser que el humano pueda dársela”

Pongamos un ejemplo: si alguien busca un hotel en una zona específica donde alojarse en Londres, y pregunta en un buscador genérico ‘¿Dónde alojarse en La City?’, las cientos de miles de respuestas no responderán a esta pregunta concreta. ¿El motivo? El buscador no entiende la pregunta ni tampoco los términos de la misma. Es el usuario quien debe navegar resultado por resultado para comprobar que la información de cada uno de los enlaces puede resultar la adecuada a su búsqueda.

Parece que hemos diseñado estos sistemas complejos de computación solo para presentar la información de manera muy veloz, pero no para llevar a cabo esas labores de las cuales nos encargamos en la actualidad y consumen mucho de nuestro tiempo. Todo indica que en algunos aspectos no aprovechamos de manera óptima las posibilidades que ofrecen Internet y nuestros dispositivos.

¿Podemos hacer que esto cambie?

La web semántica, sí. Da significado y estructura los datos para que puedan ser útiles para las personas y también para las máquinas; para que puedan elaborar información de utilidad sin que los usuarios tengan que malgastar tiempo y esfuerzo. Así se conseguirá un nivel de automatización tal que ayude a los usuarios a realizar con eficacia y eficiencia las tareas de búsqueda, interpretación o clasificación de la información, entre otras. Esto va a permitir el desarrollo de aplicaciones, programas y agentes, redefiniendo con una alta probabilidad la relación hombre-máquina que hoy en día conocemos y abriendo, por tanto, nuevos usos y formas relación máquina-máquina, las cuales podrán generar conocimiento de manera autónoma.

El mayor impulsor de la web semántica es Tim Berners-Lee, padre de la ‘www’. El británico ya se refería a esta web semántica, en 2001, de la siguiente manera: “No es una web independiente sino una extensión de la actual, en la que se da información de significado bien definido, que puede permitir que ordenadores y las personas trabajen en cooperación”. El mismo indicaba que “la Web se ha desarrollado rápidamente como un medio de documentos para las personas más que un lugar para que los datos y la información pueda ser procesada de forma automática.

Cinco años después, Berners-Lee presentó el concepto Linked Data: no vale dar significado a los conceptos, hay que enlazarlos unos con otros. Todo esto le lleva a ser un firme defensor del Open Data que está íntimamente ligado a la buena marcha de la web semántica.

 
Nos encontramos ya en la era de los Zettabytes (Otras Fuentes)

Pero despegar todo el potencial de la web semántica es un trabajo arduo y complejo cuyo éxito depende en gran medida de varios factores, entre otros, los avances en el desarrollo de herramientas como los anotadores semiautomáticos y aplicaciones en Procesamiento de Lenguaje Natural, una disciplina englobada dentro del campo de la Inteligencia Artificial.

El PLN trabaja para hacer comprender a las computadoras y los sistemas el lenguaje que hablamos los humanos, porque las máquinas en la actualidad no disponen de la capacidad para entender lo que decimos. Se trata de una tarea aún no resuelta a nivel computacional: los sistemas pueden dominar la sintaxis de una lengua, pero no su significado conceptual. Esto se debe a la complejidad que de la propia lengua. Por ese motivo se nos escapa una sonrisa cuando ciertas aplicaciones como los asistentes de voz no nos comprenden o transcriben erróneamente lo que decimos.

Algunos Data Scientists señalan que la inteligencia artificial ha tenido cierto nivel de éxito en todo aquello que tiene que ver con la lógica, no así con respecto al procesamiento del lenguaje humano.

Ese es precisamente el objetivo de la web semántica: dotar de significado a los datos. Es decir, si buscáramos respuestas a preguntas como: ¿Qué ciudad es más grande, Tokio o Bangkok? obtendríamos una respuesta clara y precisa, al contrario del enfoque actual donde el usuario tiene que: 1) buscar los habitantes de Tokio; 2) Discriminar y elegir una fuente fidedigna; 3) Anotar el resultado; 4) 5) 6) realizar los mismos pasos para Bangkok; 7) comparar resultados.

Con la web semántica esto no ocurriría. El sistema sería capaz de realizar estas operaciones por sí mismo; extraería el dato de fuentes fidedignas, incluso aquellas que estuvieran en un idioma diferente. Por este motivo Berner-Lee aboga por el Open Data, ya que es necesario que los datos estén disponibles para que esta magia ocurra. Afortunadamente cada vez hay más instituciones que permiten el acceso a los mismos - por ejemplo en España http://datos.gob.es- .

La web semántica permite dotar de significado a los datos

Pero antes de que todo esto sea posible, hay que afrontar uno de los mayores retos de la web semántica: el traslado unificado de la base conceptual del mundo que nos rodea. Es decir, estandarizar, independientemente de la lengua, todo el conocimiento universal que aglutina la ‘www’.

Ante este reto surge la siguiente pregunta: ¿Cómo y quién se va a encargar de esta inmensa tarea? Parece que, por el momento, necesitaremos inteligencia y esfuerzo colectivo para llevarlo a cabo, y ya se están incentivando ciertos estímulos para los más ‘adelantados de la clase’. De no ser así, y con la cantidad de información que se espera en los próximos cinco años, tal vez empecemos a preguntarnos sobre la calidad de las respuestas ofrecidas por los buscadores y estos últimos sobre sus modelos de negocio.

De tener éxito creando este complejo sistema, tal vez tendríamos que empezar a plantearnos muy seriamente la pregunta más famosa de Alan Turing: Can Machines Think? (¿Pueden pensar las máquinas?).

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