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lunes, 28 de abril de 2025

Trump y el miedo al futuro

Trump y el miedo al futuro

José Antonio Robledo y Meza

 

Hablar del futuro es implicar a la ética. Si entendemos que en este campo filosófico se discute sobre mundos posibles, entonces entre los problemas que más nos ocupan se cuentan, sin duda, los relacionados con el futuro.

Los futuros pueden ser narrados como utópicos o distópicos y estas narraciones articuladas a la vida cotidiana son las que más impresionan a la opinión pública. Dicho lo anterior ¿cómo explicar el discurso de Donald Trump? ¿Qué pretende? ¿Con qué medios? ¿De qué premisas parte?

El discurso de Donal Trump acompañado de amenazas tiene como objetivo provocar temor y miedo. Al mismo tiempo, y como contraste, hay otros discursos, por ejemplo, el de Claudia Sheinbaum, que invitan a mejorar la convivencia hacia el futuro. Mientras Sheinbaum alienta a construir un mejor futuro, Trump intenta, con sus amenazas, a adoptar una actitud que desahucia a la humanidad. Ante estas posturas parece que lo importante es determinar los grandes horizontes entre cuyos límites se formarán nuestros juicios y a partir de ellos discernir los porqués de las valoraciones prácticas en conflicto.

El problema de la esperanza o el desahucio de la humanidad es uno de los problemas que involucra el futuro del hombre, en este inicio del siglo XXI. Trump intenta evocar imágenes apocalípticas que, en el pasado, por ejemplo, hacia finales del primer milenio, hicieron temblar a las multitudes. Aunque lo dicho por Trump no sea verdad tiene un fuerte impacto social porque el miedo al futuro existe.

Las amenazas trumpianas intentan acompañar a las amenazas ecológicas que juntas empiezan a sustituir a las fantasías del pasado, y su carácter científico las hace todavía más espantosas. Lo que intenta Trump es construir un nuevo apocalipsis

En los apocalipsis el tema predominante es, por lo general, la fuga del presente para refugiarse en un futuro que, tras haber desbaratado las estructuras actuales del mundo, instaure con y por la fuerza un orden de valores definitivo, conforme a las esperanzas y deseos de quien construye el mito. Tras el mito apocalíptico se hallan grupos humanos oprimidos por graves sufrimientos religiosos, sociales y políticos, los cuales, al no ver salida alguna en la acción inmediata, se proyectan en la espera de un tiempo en el que alguna fuerza sobrenatural se abata sobre la tierra para derrotar a todos sus enemigos. En este sentido, puede observarse que en todo apocalipsis hay una gran carga utópica y una gran reserva de esperanza, pero al mismo tiempo, una desolada resignación respecto al presente.

Frente a este discurso apocalíptico está la propuesta laica de la construcción humana de un diferente futuro; futuro resultado de la acción colectiva de humanos sin más. Expresiones de esta visión laica están las propuestas de “Juntos hagamos historia” y “Juntos sigamos haciendo historia”. La visión laica de la historia no admite un fin de los tiempos. Por lo tanto, no hay ni habrá potencia divina o satánica que pueda oponerse a la esperanza de los hombres.

En la visión laica la historia no es más que un camino construido por objetivos humanos y nada trascendente a ellos. Los objetivos son inmanentes a la historia misma. De esta manera la racionalidad de la historia está marcada por las acciones de los humanos. Esta racionalidad es inmanente a la historia y es resultado de cálculos y esperanzas. Estos cálculos y esperanzas deben definir las discusiones éticas del cambiante presente humano que da lugar a un caminar histórico donde cada mínimo progreso en este entendimiento sobre las grandes cosas sencillas significará un paso adelante para compartir las razones de la esperanza también.

La reflexión sobre la historia humana implica dos cosas: reconocer los errores del pasado y prestar interés por el futuro. Tal reflexión nos obliga a descartar el éxito del discurso trumpiano basado en el temor y el miedo a un distópico futuro. Racionalmente la humanidad desde siempre se ha propuesto objetivos que con su acción ha corregido permanentemente. La experiencia nos demuestra cómo hacer las cosas cada vez mejor. Todavía nos queda mucho por hacer juntos.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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viernes, 10 de enero de 2025

Las amenazas y el temor de Donald Trump

Las amenazas y el temor de Donald Trump

José Antonio Robledo y Meza

 

El temor tiene una doble acepción: por una parte, como el sentimiento de rechazo de cosas consideradas peligrosas, o por la otra, como el de presunción o sospecha de que suceda algo contrario a lo que se desea. En ambos casos, se encontraría que el temor vendría referido al futuro, esto es, al recelo de un daño futuro.

Trump pretende manipular mediante el temor provocado por sus amenazas que considera necesarias medidas extremas, en “defensa propia”.

Trump quiere provocar temor, porque tiene temor y con él un grupo de individuos que manifiestan un profundo temor a la creciente democratización en el mundo. Aduce preocupación por su seguridad y para ello amenaza con expandirse territorialmente hacia Canadá y Groenlandia. Entienden que la expansión, la expulsión de migrantes y la construcción de un muro que lo separe de México, es el camino hacia su seguridad.

Y la manifestación reiterada de Trump de “recuperar la grandeza de los Estados Unidos” revela el profundo temor a seguir sufriendo derrotas morales a lo largo del mundo debido a su afán de doblegar a los “otros” por medio de la violencia. Se trata de establecer el predominio de sus intereses por sobre las bases de la violencia, el dolor y el derramamiento de sangre”.

Profundo temor revela el proyecto de alejar o eliminar a quienes no se parecen a ellos.

Debajo de ese temor está el marco teológico y retórico falso del “destino manifiesto”, de que la misión de los Estados Unidos era redimir al mundo difundiendo sus ideales y estilo de vida. Los problemas internos no resueltos han hecho que la utopía se haya trastocado en la distopía de una sociedad que ha perdido la fe en su propia cultura y que, por lo tanto, ha perdido su identidad y unidad.

La política de Trump esta fincada no en la persuasión, el argumento y el debate razonado sino en la imposición y la violencia. La democracia es el principal enemigo de Trump y lo que representa, eso se revela al rechazar todo lo que suene diferente a su propia voz. Trump quiere que, mediante sus gesticulaciones y amenazas, las poblaciones se acurruquen bajo el paraguas de la discriminación y la violencia.

Y son las gesticulaciones y expresiones de Trump una clara muestra del profundo temor al presente y a la creciente democratización del mundo. Trump es fiel representante de quienes viven con el temor a perder sus privilegios.

Esos temores no son y no debemos hacerlos nuestros.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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