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lunes, 12 de septiembre de 2022

Barreda y el 16 de septiembre de 1867

Barreda y el 16 de septiembre de 1867

José Antonio Robledo y Meza

 

La causa primera del actual Movimiento de Renovación Nacional es el movimiento encabezado por Miguel Hidalgo y asociado simbólicamente con la principal fecha de conmemoración ciudadana en México como lo es el Grito del 16 de septiembre de 1810. Sin embargo, el lazo más fuerte del mundo simbólico actual es la conmemoración realizada el día 16 de septiembre de 1867 en la ciudad de Guanajuato. En esa ocasión un personaje de primera importancia en nuestra historia, aunque un poco olvidado, y líder ideológico del juarismo pronuncio la famosísima “Oración cívica” que en su párrafo inicial construye el significado de la conmemoración que una vez más vamos a celebrar. Sus palabras adquieren un significado político muy relevante en los días que corren en este año de 2022.

Barreda dice en el primer párrafo lo siguiente: “En presencia de la crisis revolucionaria que sacude al país entero desde la memorable proclamación del 16 de septiembre de 1810; a la vista de la inmensa conflagración producida por una chispa, al parecer insignificante, lanzada por un anciano sexagenario en el oscuro pueblo de Dolores; al considerar que después de haberse conseguido el que parecía fin único de ese fuego de renovación que cundió por todas partes, quiero decir, la separación de México de la Metrópoli Española, el incendio ha consumido todavía dos generaciones enteras y aún humea después de cincuenta y siete años, un deber sagrado y apremiante surge para todo aquel que no vea en la historia un conjunto de hechos incoherentes y estrambóticos, propios sólo para preocupar a los novelistas y a los curiosos; una necesidad se hace sentir por todas partes, para todos aquellos que no quieren, que no pueden dejar la historia entregada al capricho de influencias providenciales, ni al azar de fortuitos accidentes, sino que trabajan por ver en ella una ciencia, más difícil sin duda, pero sujeta, como las demás, a las leyes que la dominan y que hacen posible la previsión de los hechos por venir, y la explicación de los que ya han pasado. Este deber y esta necesidad, es la de hallar el hilo que pueda servirnos de guía y permitirnos recorrer, sin peligro de extraviarnos, este intrincado dédalo de luchas y resistencias, de avances y de retrogradaciones, que se han sucedido sin tregua en este terrible pero fecundo periodo de nuestra vida nacional: es la de presentar esta serie de hechos, al parecer extraños y excepcionales, como un conjunto compacto y homogéneo, como el desarrollo necesario y fatal de un programa latente, si puedo expresarme así, que nadie había formulado con precisión pero que el buen sentido popular había sabido adivinar con su perspicacia y natural empirismo; es la de hacer ver que durante todo el tiempo en que parecía que navegábamos sin brújula y sin norte, el partido progresista, al través de mil escollos y de inmensas y obstinadas resistencias, ha caminado siempre en buen rumbo, hasta lograr después de la más dolorosa y la más fecunda de nuestras luchas, el grandioso resultado que hoy palpamos, admirados y sorprendidos casi de nuestra propia obra: es, en fin, la de sacar, conforme al consejo de Comte, las grandes lecciones sociales que deben ofrecer a todos esas dolorosas colisiones que la anarquía, que reina actualmente en los espíritus y en las ideas, provoca por todas partes, y que no puede cesar hasta que una doctrina verdaderamente universal reúna todas las inteligencias en una síntesis común.”

El valor simbólico del año de 1867

1867 es el año de la victoria de Benito Juárez sobre Maximiliano y Conservadores. Antes de que se cumpliera un mes de la victoria liberal, Juárez propuso que se extendiera a los clérigos el derecho de votar y que se hicieran distinciones de grado al castigar a quienes hubieran colaborado con los franceses o con Maximiliano. Sus propuestas fueron muy debatidas, pero finalmente se aprobó una amplia ley de amnistía el 10 de octubre de 1870. Se comienza a identificar al liberalismo con la nación misma. Se establece una tradición liberal oficial. El liberalismo dejó de ser una ideología en lucha contra: a) unas instituciones; b) un orden social; c) unos valores heredados. El liberalismo se convirtió en un mito político unificador. Se encontró con un ambiente intelectual nuevo, influido en parte por la filosofía positivista.

Con Juárez electo constitucionalmente, el 2 de diciembre de 1867 y en un ambiente de creciente antijuarismo por el proceso y resultado de las elecciones presidenciales, se expidió la Ley Orgánica de Instrucción Pública en el Distrito Federal. Esta norma estableció todo un sistema de instituciones educativas dividido en dos niveles: la instrucción primaria y la instrucción secundaria. La escuela de estudios preparatorios se ubicó en el nivel secundario junto con otras escuelas e instituciones: instrucción secundaria para mujeres, estudios profesionales -en sus distintas modalidades: jurisprudencia, medicina, cirugía y farmacia, agricultura y veterinaria, ingenieros y naturalistas-, bellas artes, música y declamación, comercio, normal, artes y oficios, para la enseñanza de sordomudos, un observatorio astronómico, una academia nacional de ciencias y literatura, y un jardín botánico.

1867 es el inicio del vigente Estado mexicano: republicano, democrático y laico.

Estado republicano donde el presidente es el jefe de Estado.

Estado democrático. La forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes; 2) forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen conforme a mecanismos contractuales

Estado laico. El Estado pertenece a la sociedad civil, es independiente de cualquier organización o confesión religiosa.

 

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martes, 19 de febrero de 2019

In Memoriam: Gabino Eleuterio Juan Nepomuceno Barreda Flores

(Puebla 19 de febrero de 1818-México 20 de marzo de 1881).

201 años de su natalicio 



Quien dirige la mirada hacia el último tercio del siglo XIX mexicano encontrará en el horizonte la figura de un hombre entre real y mítico, fundador y primer director de la moderna Escuela Preparatoria, y que llevó por nombre el de Gabino Eleuterio Juan Nepomuceno Barreda Flores.

El recién nacido fue bautizado el 19 de febrero de 1818. En su acta de nacimiento se lee: “En la Ciudad de los Ángeles veinte de Febrero de mil ocho / cientos diez y ocho años; Yo el Pbro. Dn. Mariano Goya, Tente. / de Cura del Sagrario de esta S. y C. Bauticé solemnemente / a Gavino Eleuterio, Juan Nepomuceno,, que nació el día ante / rior, hijo legítimo del Tente. de Dragones de España Dn. Anto. / Barreda Beltrán y de Da. María Dolores Flores Alator / re Españoles; fueron sus padrinos el Sr. Cura de Pahuatlán, / Licdo. Dn. José Ma. Barreda y Da. Ma. Josefa Flores Ala / torre, y por ausencia de estos, nombre y representacion / lo tuvo Dn. Jph. Franco. Díaz, Vecino de esta otra Ciudad; y / pa. que conste lo firmé. / Mariano Goya. (Archivo del Sagrario Angelopolitano, Puebla, Pue. Libro de bautizos de españoles núm. 102 (1817-1819), f. 66).

Gabino vivió algunos años de su niñez en la ciudad de Puebla. Ciudad que sirvió de refugio temporal a la familia Barreda Flores quien huyó de la violencia producida por el movimiento encabezado por Hidalgo en Guanajuato. Puebla era una ciudad con magníficas Iglesias, grandes abastecimientos de agua y calles tan apacibles que las casas que hay en ellas parecen ser conventos que se siguen unos a otros. Integrado a esto estaba, también la actitud generalizada de los poblanos de piedad religiosa.

A principios del siglo XIX, Puebla estaba vinculada a los intereses españoles como lo había sido desde su fundación y con ello estrechamente con el clero que representaba la figura tanto del Rey como del Papa. Debe recordarse que era el Rey quien nombraba al clero como autoridad suprema del Real Patronato. Así que no es de extrañar que al darse el levantamiento encabezado por Hidalgo algunas familias residentes en Guanajuato emigraran hacia mejores lugares. Para la familia Barreda-Flores ese lugar fue Puebla aunque la situación no era tan buena como a simple vista pareciera. Por ejemplo, para la primera década del siglo XIX, había ojos críticos como la de Alejandro de Humboldt quien culpaba a la Iglesia del retraso económico, sobre la base de que las cuatro quintas partes en Puebla le pertenecían y eran usadas para comunidades religiosas, conventos, hospitales y corporaciones eclesiásticas a perpetuidad. El estudio realizado por Humboldt fue de tal importancia para el futuro médico positivista que incluso colaboró en la fundación de la sociedad científica que llevaría su nombre como más adelante veremos.

En 1820 los usuarios de tierras que rentaba el clero mostraban malestar al tener dificultades para pagar sus adeudos que incluían los intereses moratorios que estas deudas generaban. Esto tenía por causa el “la deplorable condición económica en el que se encontraban los estados durante la guerra de Independencia”.

Aún en estas condiciones Puebla presentaba mejores augurios para los padres de Barreda que decidieron radicar ahí. De éstos poco se sabe. Don Antonio Barreda Beltrán –padre de Gabino- era Teniente de Dragones de España de donde era originario y había pasado con las tropas destinadas a combatir en la guerra de Independencia. En 1819 figura como militar agregado en el Departamento de Capitanía General e Inspección de la Secretaría del Virreinato. Se dice que después de la independencia ocupó el cargo de mayordomo de los propios y rentas del opulento convento de monjas de la Purísima Concepción de México. Agustín Aragón, refiere que Barreda a pesar de que tenía copia de una lista de las propiedades del Convento de la Concepción, que había sido de su padre, nunca denunció los bienes para su adjudicación.

Don Antonio Barreda se casó en la Villa de Aguascalientes con María Dolores Flores Alatorre, miembro de una caracterizada familia originaria de ese lugar, a la que pertenecían algunos destacados funcionarios virreinales.

Los padrinos de Gabino, Don José María Barreda y María Josefa Flores Alatorre, eran tíos del mismo. Del primero se sabe que fue cura vicario de la parroquia de Santiago de Pahuatlán, del 25 de julio de 1802 al 15 de octubre de 1803 y párroco del 16 de octubre de 1803 al 23 de enero de 1825. Después de esta fecha posiblemente pasó a la ciudad de México.

Por parte de la familia materna los tíos de Gabino Barreda eran: José Martín, Ignacio, Félix, Juan José y Francisco. Todos ellos nacidos en Aguascalientes con excepción del último que nació en Puebla.

José Martín Flores Alatorre fue alumno del Colegio de San Ildefonso y Doctor canonista por la Real Universidad de México. Posteriormente fue canónigo doctoral, provisor y vicario general del obispado de Durango, donde falleció.

Ignacio Flores Alatorre fue abogado de la Real Audiencia y del Juzgado General de Indios; y de 1829 a 1832, secretario del Distrito Federal y del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Félix Flores Alatorre fue provisor y vicario general del Arzobispado de México. Entre 1811 y 1813 desempeñó el cargo de vocal de la Junta de Seguridad y Buen Orden Público.

Juan José Flores Alatorre nació en 1766 y murió en México 1851. Estudió en Guadalajara y en San Ildefonso. Se desempeñó como abogado de la Real Audiencia, de pobres y juez de la Acordada, en 1793; diputado en las Cortes por la provincia de Zacatecas; asesor comisionado de la Real Casa de Moneda y oidor honorario de la Real Audiencia de Guadalajara; después de la Independencia, juez del Juzgado de Letras del DF, Magistrado interino en la Audiencia Nacional y Magistrado propietario en la audiencia de Guadalajara, y de 1827 hasta su muerte en 1851, ministro de la Suprema Corte de Justicia. Fue presidente de la Academia de Jurisprudencia.

Francisco Flores Alatorre (Puebla 1838-Puebla 1897). Abogado y político conservador. Fundó el Colegio de Artes y Oficios así como los periódicos El Amigo de la Verdad (1871) y La Voz de Alerta. Fue autor de El pueblo cautivo, Los dos estandartes y Jalapa. Leyendas fantásticas.

La infancia de Barreda es todavía una incógnita. Sabemos que cuando Barreda era aún muy joven la familia Barreda Flores pasó a residir a la ciudad de México y el puesto de mayordomo en el convento de monjas de la Purísima Concepción de México le a su padre tener los suficientes recursos para educar a Gabino quien ingresó al Colegio de San Ildefonso de la Ciudad de México. La información disponible es contradictoria en lo que respecta a sus estudios de leyes iniciados aproximadamente en 1827. Para algunos autores estos estudios los realiza en Puebla lo que es muy improbable y para otros en el Colegio de San Ildefonso. Finalmente, hay quien señala que estos estudios los realiza en la Universidad Nacional y Pontificia a pesar de que no le gustaba la orientación escolástica del currículo.

Según Fuentes Mares “su innata aversión al estudio de conocimientos carentes de demostración al estilo de la ciencia natural -cual la jurisprudencia y la filosofía tradicional-, se traduce en la repulsión del título de licenciado en derecho, a pesar de que sus estudios los había finalizados con inusitada brillantez. Para la Enciclopedia de México no obtuvo el título de abogado por su rechazo a los conocimientos no sujetos a comprobación.

Después de dar por terminados estos estudios, Barreda se interesó por la química que estudió en el Colegio de Minería. La asistencia a este colegio le dejó una mala impresión debido básicamente a dos circunstancias. Los maestros marginaban a los estudiantes externos pues los consideraban intrusos y porque el currículo lo consideraba atrasado, de tal suerte que los conocimientos que se impartían sobre química eran muy limitados y los estudiantes que se formaban ahí no tenían la preparación suficiente. Parece que sólo se enseñaba la historia natural y las matemáticas que sirvieran para los “propósitos” de la minería. Los conocimientos de química eran tan parciales qué materias como la lógica y la física, consideradas como la “quinta esencia” dentro de la preparación de la minería, no cumplían con su cometido. Mientras Barreda notaba la necesidad de una enseñanza más completa de química orgánica, botánica y zoología, sus profesores dedicaban demasiado tiempo en enseñar cómo se aplicaba la prueba del mercurio para la extracción de la plata.

El 26 de octubre de 1843 Barreda se inscribe en el Establecimiento de Ciencias Médicas (la Escuela de Medicina) que también estaba ubicada en el Colegio de San Ildefonso. Declaró depender “de sí mismo" y vivir en la calle de Tacuba número 1. Protestó exhibir su fe de bautismo, certificados de buena conducta y de química. Un año más tarde, el 19 de octubre de 1844, Barreda realiza los exámenes del primer curso obteniendo el primer premio. Al año siguiente, el 5 de noviembre de 1845 realiza los exámenes del 2do curso con la calificación de “A.A.A.S.S.M” y también el primer premio. Durante los días 9 al 11 de diciembre de ese mismo año concursó en las oposiciones sobre ejercicios prácticos de Anatomía y obtuvo el primer lugar. Sus sinodales fueron: Manuel Andrade, José María Vértiz y Luis Muñoz, y como suplentes Ignacio Torres y Luis Hidalgo Carpio. Concursaron, junto con Barreda, Manuel Pastor y José M. Siliceo. El jurado dio el primer lugar por tres votos a Barreda y a Pastor, y el segundo por unanimidad a Siliceo.

Al iniciar los cursos del tercer año, Barreda es admitido bajo nueva protesta de entregar la fe de bautismo y el certificado de haber cursado inglés. Barreda en octubre 26 de 1846 presentó exámenes y resultó aprobado con la calificación “A.A.A.S.S.S”. Sin embargo, seguía debiendo la partida de bautizo.

Durante el año académico de 1846-1847 fue maestro auxiliar de la cátedra de anatomía. El 27 de enero de 1848, Barreda figura todavía como alumno del cuarto año de medicina de tal suerte que presentó el examen del cuarto año volviendo a obtener la calificación de “A.A.A.S.S.S”. Cuatro días más tarde pasa al quinto año con protesta de entregar copia de su partida de bautizo la cual, parece, nunca entrega. ¿Acaso esta negativa muestra ya su rechazo a la autoridad que los papeles eclesiásticos representaban?

Barreda muestra su insatisfacción por estos estudios. Mas adelante comentaría que, a diferencia de los médicos europeos, quienes practicaban la medicina en México carecían de los conocimientos de los últimos avances de ésta. Se sabe que las innovaciones en el terreno de la medicina entraron a México de manera muy lenta y sólo en muy pocas localidades fueron conocidas. En las instituciones de enseñanza imperaba “la tradición medieval que se orientaba hacia una explicación teológica sobre el acontecimiento de los fenómenos naturales”. La enseñanza de la medicina, basada en las obras de Hipócrates y Avicena, persistió mucho tiempo después del periodo colonial en la Universidad Nacional y Pontificia, y mucho después en quienes practicaban la medicina y la cirugía. Así pues, el aprendizaje mecánico y memorista prevaleció durante mucho tiempo y fue desplazado, por el aprendizaje por la observación empírica, tiempo después. Fue hacia 1804 que la anatomía que se estudiaba en México adquirió el perfil práctico. Antes los estudiantes sólo memorizaban los conocimientos de fisiología y copiaban por escrito los nombres de las partes del cuerpo humano. Los doctores y los estudiantes de medicina tenían que obtener conocimientos más avanzados fuera de la universidad, por ejemplo, en los hospitales o en otro tipo de espacios. Se dice que el doctor Luis Montaño fundó una asociación de estudios académicos que prácticamente era una sociedad secreta.

Por los datos mencionados puede apreciarse que la actividad académica más relevante de la época se concentraba en el corazón de la ciudad de México, concretamente en el edificio del Colegio de San Ildefonso. Y lo ocurrido con la escuela de medicina es un ejemplo de lo que por tradición pasaba entre los intereses académicos y políticos. Estos subordinaban, y seguirán haciéndolo, a aquellos. Lo mismo pasará con la escuela dirigida por Barreda. Lo político subordinando a lo académico.

Volviendo a la escuela de medicina de la Ciudad de México estaba o integrada a la Universidad Nacional y Pontificia o se trataba de una institución independiente en función de la facción política en el poder. Se trataba de un constante vaivén, en donde los liberales cerraban la universidad y los conservadores la abrían, hasta que Maximiliano la cerró definitivamente en 1865. El daño que sufrió la vida académica por esta incertidumbre socavó la identidad profesional de los estudiantes. Pero a pesar de todo, la escuela de medicina sobrevivió a estos embates y obtuvo una lenta mejoría. En 1843 la escuela de medicina fue durante un tiempo una institución separada de la Universidad Nacional y Pontificia, y se asoció al Colegio de San Ildefonso, esta administración duró hasta 1847 fecha en la cual el general Winfield Scott entró a la Ciudad de México y le ordenó a las tropas que usaran los edificios de la ciudad como trincheras. Durante la estancia de Barreda la escuela de medicina gozó de una temporal estabilidad y desarrollo ya que al reformarse el currículo se adoptaron algunos libros de texto franceses además de que se ofrecieron cursos de física, química y medicina legal.

Barreda se alistó durante la guerra contra los Estados Unidos en los servicios de sanidad participando en combate. En 1847 sirvió como voluntario en el “Batallón Independencia”, sirviendo en junio en el Cuerpo Médico Militar como cirujano. En compañía del doctor Juan Navarro, catedrático de clínica interna, atendió a los heridos de la batalla de Padierna en un hospital provisional instalado en la “Casa del Risco”, ubicada en la plaza de San Jacinto, en San Ángel la cual se convirtió en el hospital para los soldados mexicanos. Durante esta época enseñó a los que fueron sus profesores. Barreda cayó prisionero después de la batalla del Molino del Rey. Los norteamericanos hicieron prisionero a Barreda en la Casa Colorada cerca de Chapultepec, y años más tarde en 1878 fue condecorado con la medalla de la guerra de México contra los Estados Unidos.

Barreda parte hacia París el 18 de febrero de 1848 donde se encuentra con Pedro Contreras Elizalde quien lo interesó en los cursos de Comte.

Pedro Contreras Elizalde (España 1823-?) era hijo de un militar que había combatido a los insurgentes de Venezuela. Antes de Barreda realizó estudios de medicina en París, y a través de sus maestros, los médicos Robin y Segond, discípulos de Comte, entró en contacto con éste, llegando a pertenecer a la Sociedad Positivista. A su regreso a México en 1855, Contreras Elizalde conoció a Juárez y actuó como diputado por el Estado de Yucatán en el Congreso Constituyente de 1856-1857. Más tarde contrajo matrimonio con Margarita Juárez Maza, una de las hijas del presidente.

Estando en Francia Barreda inicia sus lecciones en la Facultad de Medicina de París, el primero de noviembre de 1848; asiste a las lecciones de clínica que impartió Paul Dubois hasta el 15 de abril de 1849. Durante el año de 1849 Barreda asiste a los curso de Medicina Legal de A. Delon y a las lecciones de Moreau. El once de marzo de ese mismo año Barreda, en el Palais Royal, tiene la oportunidad de escuchar de viva voz a Augusto Comte invitado por Pedro Contreras Elizalde en las sesiones dominicales del “Curso de filosofía sobre la historia general de la humanidad”.

De acuerdo con algunos de sus biógrafos Barreda no aceptó la religión positiva, pero se interesó en “su moralidad”, pues se encontraba “en el momento preciso de su gradual pero rápida emancipación mental espontánea”, que le hacía sentir el vacío de las doctrinas puramente “metafísicas y negativas”, pero “no encontrándose entonces en estado de profundizar las bases de una filosofía tan eminentemente científica, reservó el examen que quería hacer de ella para mejor ocasión”. Al año siguiente el 15 de abril de 1849 Barreda recibe su certificado por el curso de Dubois. Al año siguiente Barreda recibe su certificado por participar en el curso de medicina legal de A. Delon -el 10 de mayo- y su certificado por participar en las lecciones de Moreau -el 20 del mismo mes-.

A su regreso a México lo hizo con varios tomos sobre Positivismo, incluyendo los seis volúmenes básicos del Curso de Filosofía Positivista de Augusto Comte.

Barreda termina la carrera de medicina en la Ciudad de México. El 12 de agosto de 1851 presenta en la Escuela de Medicina las constancias y certificados que acreditaban los estudios realizados en la Facultad de Medicina de París para que dos días después presente su examen del 5to año. Finalmente, presenta los días 1 y 2 de septiembre su examen general ante un jurado de médicos formados por: el doctor José María Vertiz (medicina operatoria), el doctor Ladislao de la Pascua (física médica) y el doctor Juan Navarro (clínica interna) quienes lo premian con los más altos honores -la calificación de A.A.A.S.S.S.-. Fue entonces que empezó a ejercer la medicina y a participar activamente en varias sociedades médicas y científicas. Este mismo año inicia sus escritos. Publica dos artículos “Extracción de cuerpos extraños” y “Tumores mamarios o adenoides”. También impartió cursos en la escuela de medicina y durante este tiempo obtuvo un gran prestigio. Con el tiempo su trabajo como médico lo compartió con las actividades educativas, aunque su interés por la medicina siempre se mantuvo vivo y atento a las técnicas más avanzadas de su tiempo. Barreda fue el primer doctor en México en implementar el uso del cloroformo como anestésico también fue pionero en el uso de importantes vermífugos y terapias, debido a su prestigio y aptitudes formó parte de los doctores que atendieron a Benito Juárez cuando sufrió el fatal ataque cardiaco que lo llevó a la muerte, de hecho, el presidente Juárez murió en los brazos de Barreda según informes de Agustín de Aragón.

El 30 de noviembre de 1851, en la casa del doctor Leopoldo Río de la Loza, Barreda se reúne con un grupo de médicos deseosos de instalar una academia. Entre los fundadores de esta academia estaban Ramón Alfaro, Ignacio Alvarado, Domingo Aramburu, Francisco Armijo, Patricio Balbuena, Gabino Barreda, Manuel Berganzo, Bruno Caso, Manuel Carpio, Carron du Villards, Domingo Calderón, Felipe Castillo, Manuel Cobo, José Ignacio Durán, José María Echeveste, Ignacio Erazo, Ramón Espejo, José Espejo, Miguel Heras, Severiano Hermosillo, Luis Hidalgo Carpio, Miguel Jiménez, Lauro Jiménez, Modesto Jiménez, Sebastián Labastida, Fernando Leguia, Miguel Lerdo, Rafael Lucio, Pablo Martínez del Río, y Luis Martínez del Villar; el presidente: Leopoldo Río de la Loza (26 votos); secretario: Gabino Barreda (24 votos, sobre 2 de Navarro y 1 de Lucio). Aniceto Ortega presenta una memoria acerca de la historia natural y usos terapéuticos de la planta Brayera Anthelmíntica, vulgarmente conocida como “cuso”; alude que su usó se debió a Barreda ya que la trajo de Francia. Barreda presenta unos apuntes sobre tumores mamarios adenoides.

El Periódico de la Academia de Medicina de México circuló durante los dos años siguientes teniendo como editores a Barreda y Río de la Loza.

La participación de Barreda en la Academia de Medicina de México fue durante el año de 1852 destacada. El 31 de enero en una sesión de la academia hace observaciones acerca de la administración del cloroformo; el 31 de marzo participa en una discusión sobre el cáncer. Habla de las ventajas del uso del microscopio para determinar los caracteres distintivos de la enfermedad lo que perdonaba el uso del mismo. Barreda había hecho estudios al microscopio con el doctor Carlos Robin (famoso histólogo que había creado la cátedra de histología de la Facultad de Medicina de París, pero además uno de los discípulos de Augusto Comte, que en compañía de Emilio Littré fundó la primera sociedad de sociología. El 30 de septiembre opina sobre las lesiones patológicas de un paciente.

La primera cátedra de Barreda fue la de botánica, después de historia natural. Es por esta época que se inició en los estudios de la filosofía positivista y que divulgaba en su clase de historia natural.

De acuerdo con algunos biógrafos la carrera como docente Barreda la inicia en el año de 1854 cuando en la Escuela de Medicina dicta la cátedra de física Médica y filosofía médica. Ya para 1855 Barreda es maestro de historia natural y anatomía en la escuela de medicina curso que dictará hasta 1857. También dicta la cátedra de Patología natural.

En 1856, el 31 de enero, interviene en un informe acerca de los problemas del diagnóstico de la neumonía de los niños. El 1 de octubre del mismo año presenta, en la sesión de la academia, un estudio acerca “De la amputación en los casos de gangrena seca”. El 31 del mismo mes, en la sesión de la Academia, interviene durante la discusión acerca de “la influencia paludiana” y su tratamiento con el empleo del ácido arsenioso, cuando la quinina resultaba insuficiente.

El 12 de noviembre de 1856, Barreda publica en el vol II, núm. 6 de La Unión Médica un extenso artículo con el título “Curación del Mal de San Lázaro. Documentos sobre el caso” donde se hace referencia a otro artículo publicado por el Boletín Médico-militar firmado por un señor Tellechea donde aseguraba que la persona que había autorizado el Ayuntamiento para asistir a los enfermos del Hospital de San Lázaro, no había hecho ningún progreso en su curación. Durante los próximos dos años se publica La Unión Médica de México, órgano publicitario de la Academia que logró publicar 29 números, en dos volúmenes. El director de la publicación: Dr. Gabino Barreda. Barreda publica “¿Qué cosa es el ozono?” y durante los años de 1857-58, dirige La Unión Médica de México.

Durante el año de 1857 Barreda continúa con sus actividades profesionales. El 15 de abril comenta en la sesión de la Academia, de como las viruelas también podían presentarse en las personas vacunadas. El 27 de junio del mismo año, Barreda da lectura en la Academia a su estudio “Modos de extraer los anzuelos y otros instrumentos análogos que se hayan por acaso, implantado en las carnes”. El 11 de noviembre Barreda como presidente de la comisión de hospitales, acerca de la solicitud del señor Juan Journé, que pidió continuar curando a los enfermos del Hospital de San Lázaro, como lo había estado haciendo y según las observaciones que había presentado. El 2 de octubre Journé decide retirarse por no poder cumplir con los compromisos que había contraído. Del 18 al 20 de noviembre se presentan actos públicos de física, química y botánica en la Escuela de Medicina; fueron presididos respectivamente por los doctores Ladislao de la Pascua, Modesto Jiménez y Barreda.

El 15 de mayo de 1858, en la sesión de la Academia y en relación a la epidemia de sarampión, Barreda se opuso a que la discusión acerca del dictamen presentado por otros médicos se aplazara hasta que haya pasado aquella. En el año de 1861 Barreda publica el folleto La Homeopatía o juicio crítico sobre este nuevo medio de enseñar a los cándidos.

El 3 de mayo de 1862 –dos días antes de la famosa batalla de Puebla-, a la edad de 44 años, Barreda se casa con Adela Díaz Covarrubias con quien tuvo cuatro hijos. Su padre fue poeta y periodista don José de Jesús Díaz (Jalapa 1809-Puebla 1846), fue un antiguo combatiente del Ejército Trigarante al que se unió a la edad de 12 años y siguió durante varios años la carrera de las armas. A partir de 1829 publicó poesías en periódicos de la época y fue redactor del Diario del Gobierno. Fundó El Zempoalteca. Los hermanos de Adela fueron Francisco, José y Juan Díaz Covarrubias. Los dos primeros también fueron positivistas y contribuyeron a la educación y a la ciencia destacando como colaboradores del gobierno juarista.

Francisco Díaz Covarrubias (1833 Jalapa-1889 Francia) estudió en el Colegio de Minería donde se graduó ingeniero topógrafo (1853) y fue posteriormente catedrático. Contribuyó en el desarrollo de México en muchos aspectos: escribió libros de texto de matemáticas y libros de astronomía y geodesia, junto con Barreda fundó la Sociedad Humboldt. Juárez apreció mucho la participación de Francisco Díaz Covarrubias durante la ocupación Francesa y en 1867 le pidió colaborara en la reforma educativa. Se dedicó a desarrollar el método empírico y a promover los principios positivistas. También enseñó matemáticas en la Escuela Nacional Preparatoria y dirigió el levantamiento de la carta geográfica del valle de México (1855), para lo cual él mismo construyó los aparatos; precisó la posición geográfica de la capital del país corrigiendo a Humbodt; calculó el eclipse de sol que ocurrió el 25 de marzo de 1857, visible en México. Durante la intervención francesa y el imperio residió en Tamaulipas para no servir a Maximiliano. Al ser restaurada la República fue oficial mayor del Ministerio de Fomento. Colaboró al establecimiento de la Escuela Nacional Preparatoria; en 1847 viajó al Japón para observar el paso de Venus por el disco del sol. En 1884 pasó a Francia como cónsul general en París. Al morir era cónsul general en París. Entre las obras que escribió se cuentan: Nuevos métodos astronómicos (1867), Tratado de Topografía, geodesia y astronomía (1870), Determinación de la posición geográfica de México (1870), Sistema métrico decimal (1870), Viaje de la comisión astronómica mexicana al Japón para observar el tránsito del planeta Venus por el disco del Sol (1874 o 76). Cuando murió sus compañeros con quienes compartía sus principios Positivistas manifestaron: “Nuestro amigo no ha muerto, vivirá siempre en su obra”.

Los cuatro hijos tenidos por Gabino Barreda y Adela Díaz fueron una mujer y tres hombres: Sus nombres fueron: Horacio, Octavio y Ernesto. De Ernesto y de la hija se conoce muy poco, pero la obra de Horacio y Octavio fueron de gran importancia. Horacio el hijo mayor a quien le decían de cariño “Gabineto” por el gran parecido con su padre, dedicó la mayor parte de su vida a cultivar el positivismo, enseñó matemáticas, cosmografía y lógica en la Escuela Preparatoria, y estuvo al frente de la Secretaría de Educación, aunque su trabajo más importante fue como co-editor de la Revista Positiva, siendo un sincero devoto del culto Comtiano hacia la humanidad. Combatió a Porfirio Díaz, denunciando a su gobierno como explotador. Horacio sostenía que todos los hombres deberían beneficiarse del orden y del apego a las leyes constitucionales, y que el servicio hacia los semejantes los dignificaba. El talento de Octavio fue diferente al perfil cientificista propio de su familia. Fue editor de El Pródigo, una revista que se dedicaba a publicar ensayos de diversa índole, ahí Octavio anunciaba que: “todos somos hijos pródigos”. La poesía significó para este idealista una invitación a la rebelión y no una forma de evasión de la realidad, sino un deseo de transformarla, de algo estúpido y mecánico a algo más íntegro y libertario.

La vida política de Barreda empieza a ser más evidente con su casamiento. Así, apenas trascurrida una semana de éste, el 9 de mayo de 1862 Barreda suscribe junto con Francisco Díaz Covarrubias, José de Jesús Díaz Covarrubias, Antonio Martínez de Castro y otros 12 miembros del Ayuntamiento de la ciudad de México un Manifiesto celebrando la victoria del cinco de mayo y exhortando a la población a guardar la compostura frente a los prisioneros de guerra, a mostrar que son “un pueblo verdaderamente culto y civilizado”. Esta actividad política lo acompañará el resto de sus días y determinará su actividad como médico, filósofo y educador. Es claro que para Barreda la intencionalidad política del grupo juarista y sus necesidades subordinaron sus demás actividades.

En 1863 Barreda sale para Querétaro acompañando a Juárez y en agosto, el 3 de mayo, publica en El Siglo Diez y Nueve su artículo titulado “De la Educación Moral” el cual fue leído en el seno de una sociedad científica posiblemente la Academia de Medicina de México. Con este artículo nace el filósofo Barreda. Y es claro que fue una respuesta a la urgente necesidad de legitimar nuevas relaciones políticas que más tarde se concretarán. Estas nuevas relaciones quedan perfiladas en este documento en el que se sustituye la autoridad de la Iglesia y religión por las nuevas autoridades seculares. El 27 de noviembre del mismo año, Pedro Contreras Elizalde, José Díaz Covarrubias y otros 73 diputados suscriben un Manifiesto del Congreso de la Unión a sus comitentes contra la intervención francesa. Está firmada en la ciudad de San Luis Potosí. Antes de terminar el año, Barreda gran admirador de Comte, pasa a vivir a Guanajuato, ejerciendo la medicina justificando con ello su negación a aceptar del “gobierno de la intervención todos los honores con que pretendió atraerlo, como el nombramiento de Miembro de la comisión científica de México, no obstante la nota laudatoria de Víctor Duroy, que lo acompañaba” y los honores que otros franceses le ofrecieron. Años más tarde admitió lo difícil que fue resistir al enemigo “desde el frente civil”. Sólo quienes vivieron en México en el caótico y penosos periodo de 1818 a 1867 pudieron realmente entender, lo que Barreda sintió, cuando las tropas francesas dejaron el país. Cuando Juárez regresó a la ciudad de México como presidente, Barreda junto con otros juaristas, se dedicaron a la construcción de la nación que hoy es México. Mientras tanto, junto con su práctica médica Barreda siguió cultivando la ideología positivista.

Con motivo de la aparición de una endemia en la cuenca del río Guanajuato, Barreda se trasladó en 1865 a la ciudad de Irapuato, para estudiarla, atendiendo a una solicitud de la Sociedad Médica de México (institución imperial) que presidía el doctor Miguel Jiménez. Esta institución sobrevivió en la República con designación de Sociedad Médica de México, se originó en la Sección Sexta de Medicina, Cirugía, Higiene, Estadística y Materia Médica de la comisión científica Franco-Mexicana, que organizó en 1864, la Expedition Scientifique du Mexique. Barreda publica durante ese año dos textos en la Gaceta de la Academia de Medicina. En 1866 publica Barreda: “Endemia en Irapuato”.

Con la derrota del II Imperio nuevas oportunidades se presentan y Barreda no las desperdicia. Es así como el 16 de septiembre de 1867 Barreda pronuncia en Guanajuato, a petición del Ayuntamiento, la “Oración cívica” con motivo de la conmemoración de la Independencia. La importancia de este documento está asociada a la génesis de un nuevo mitologema político que permitirá la definición de una nueva legitimidad del poder político mexicano. El análisis del documento lo desarrollaremos en el siguiente capítulo.

A la semana siguiente de leída la “Oración cívica” Barreda se traslada a la ciudad de México y se integra a la comisión General del Plan de Estudios de la Instrucción Pública. Esta comisión queda integrada por Francisco y José Díaz Covarrubias (cuñados de Barreda), Ignacio Alvarado (médico de Juárez), Eulalio María Ortega (defensor de Maximiliano, Mejía y Miramón), Pedro Contreras Elizalde (médico y yerno de Juárez) y nombrada por Antonio Martínez de Castro (Ministro de Justicia e Instrucción Pública). Según Lemoine también participaron el doctor Leopoldo Río de la Loza (fundador y colaborador de Barreda de la asociación de médicos desde 1851), el licenciado Agustín Bazán y Caravantes (colaborador de Martínez de Castro en el ministerio de justicia y futuro maestro de la Preparatoria), el lic. Antonio Tagle (último director del colegio de San Ildefonso y primero de la nueva Escuela de Jurisprudencia) y el Dr. Alfonso Herrera. Como puede verse la característica más relevante de los personajes de la comisión es su filiación juarista.

La instrumentalización de la educación por parte de los juaristas era parte de una visión largamente meditada. Es un hecho qué mientras Juárez fue gobernador de Oaxaca, se esforzó por mejorar las escuelas de ese lugar, y al igual que Barreda, creía que la educación debería puntualizar el aspecto científico y formar una conciencia cívica entre la población y no difundir ningún tipo de religión. De acuerdo con Sierra, Barreda creía que hubiera sido mejor la propagación del protestantismo entre los indios, pues de esta manera se los hubiera obligado a aprender y a escribir. Gracias al apoyo de la administración de Juárez, Barreda disfrutó de una época en donde su obra fue muy fecunda, esto ocurrió en el periodo de 1867 a 1877; durante este tiempo promovió el desarrollo de la educación laica y gratuita, fundó, dirigió y fue maestro de la Escuela Nacional Preparatoria; propagó el positivismo en las clases

En esta etapa Barreda colabora en sus estudios de la cátedra de fisiología experimental con Ignacio Alvarado y juntos elaboran el nuevo plan de estudios de la Escuela Nacional de Medicina, que empezó a regir en 1868, encargándose de la cátedra de patología general, creada entonces y cubierta por él durante nueve años y la cual abandonó por la disposición legal que determinó que no se podía tener dos empleos en instrucción Pública. Impartió también, en esta institución, el curso de lógica, experimentó en el campo de la fisiología y diseñó un nuevo plan de estudios para la mencionada escuela. Entre los años de 1872 y 1875, Barreda ofreció clases gratuitas de biología todos los domingos, también fue autor de importantes ensayos sobre filosofía, educación y medicina. Es evidente que la influencia de Barreda fue mayor durante el gobierno de Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada.

Como director de la Escuela Preparatoria, Barreda realizó un sostenido trabajo político. El 2 de noviembre del mismo año de 1867 sale a la luz pública la Ley de Instrucción Pública. Una quincena después, el día 17 Barreda es nombrado director provisional o interino de la Escuela Preparatoria. El 24 de diciembre realiza sus primeras intervenciones en la Cámara de Diputados bajo la presidencia de Ezequiel Montes.

Al año siguiente el 8 de enero junto con Pedro Contreras Elizalde, José Díaz Covarrubias y otros diputados firman un Manifiesto donde se celebra la instalación del Congreso, la restauración de la independencia y el orden constitucional. En este documento se manifiesta que no se computarán los votos emitidos conforme a la Convocatoria de 14 de agosto sobre reformas constitucionales. El 24 del mismo mes se publica el Reglamento de la Ley Orgánica de Instrucción Pública en el D.F. En marzo Barreda es nombrado presidente de la comisión de Instrucción Pública de la Cámara de Diputados y aparece el Dictamen sobre la Ley Orgánica de Instrucción Pública del D.F. del 2 de diciembre pasado. Barreda dictamina en contra del libro propuesto como texto de moral: el Catecismo Moral de Nicolás Pizarro, por no ser ajeno a los dogmas teológicos y metafísicos. Este Informe fue presentado a la Junta Directiva de Estudios. El 7 de julio toma posesión como director de la Escuela Preparatoria.

En sentido estricto las actividades de la Escuela Preparatoria arrancan propiamente el 3 de febrero de 1868 que es el día en que abre sus puertas. Como director y profesor Barreda se reserva el derecho de dictar la cátedra de lógica. El 28 de noviembre del mismo año Barreda ingresa a la Academia Nacional de Medicina al igual que el dr. Ignacio Alvarado.

Ahora bien, en estos momentos vamos a repasar las actividades realizadas por Barreda para poder mostrar lo que hemos afirmado arriba: que el perfil más importante de Barreda es el político por encima del de filósofo, médico o educador.

Como podemos ver en la cronología que se anexa, Barreda transita por una etapa como médico y académico que va de 1851 a 1862. En esta etapa pública textos médicos participa con responsabilidades en la Academia de Medicina de Mégico, la Unión Médica de México, en la comisión de hospitales, etc. Después de 1862 sólo publica un trabajo relacionado con la medicina en 1866. Su casamiento coincide con el inicio de una participación abiertamente política que durará hasta 1876 año en que polemiza con Sierra y llega al poder el grupo de Díaz. Durante esta etapa Barreda tiene una intensa actividad política: es diputado (en 1862 y 1868) es representante del grupo juarista en eventos como el del 16 de septiembre de 1867. Salen a la luz diversos documentos jurídicos donde la participación de Barreda fue tal que muchos autores consideran son sus documentos. Tiene también una considerable participación en la prensa de la época. Su prestigio le permite seguir participando en distintas instituciones como academias y sociedades académicas y culturales a las cuales representa leyendo discursos. Es notable también la energía invertida para organizar la Escuela Preparatoria. Durante los 10 años que fungió como director leyó tres informes sobre su gestión (1869, 1873, 1877) publica una extraordinaria carta a Mariano Riva Palacio, dicta conferencias dominicales y después de la muerte de Juárez, desempeña una fuerte campaña defensiva contra los que querían anularlo atacando a la Escuela Preparatoria. Los documentos realizados por Barreda adquieren un tono beligerante a partir de 1870 cuando publica la carta antes mencionada. Es en esta época en la que Barreda produce más documentos educacionales intentando legitimar sus reformas educativas además de contar con el apoyo político juarista también con el discurso.

Con la fundación de la “Sociedad Metodófila Gabino Barreda”, en 1877, empieza el ocaso de Barreda. En esta última época se ocupa más de producir documentos filosóficos y científicos. La razón le asiste a Beller cuando señala que el tono de amargura invade al Discurso leído en la distribución de recompensas escolares, acordada por la Junta de Profesores de la ENP y verificada el 8 de septiembre de 1877. Después de ser separado de la dirección de la Preparatoria el 28 de febrero de 1878, y ser enviado a Europa como embajador plenipotenciario en abril del mismo año.

Cuando Barreda dejó el cargo de Alemania en 1880, viajó a París donde conoce a Pierre Laffitte, el heredero intelectual de Comte y líder de los positivistas ortodoxos. Durante su regreso a México Barreda tenía planeado dar una serie de cursos sobre la Religión del Hombre, pero la enfermedad que lo llevó a la muerte se lo impidió. Sin embargo, Barreda regresó a México en 1880, sereno, estoico y quizás mortalmente herido por los esfuerzos tan intensos que realizó. Pasó sus últimos días recluido en la tranquilidad de su casa de Tacubaya, donde murió el 10 de marzo de 1881.

Alberto Cárdenas, Andrés Almaraz y Luis E. Ruiz estuvieron a cargo de las pompas fúnebres que se llevaron a cabo en la biblioteca de la Escuela Nacional Preparatoria. El gobierno del presidente Díaz sufragó los gastos del funeral, y en la ceremonia se presentaron Justo Sierra representando a la Escuela Nacional Preparatoria y el doctor Manuel Domingues representando a la escuela de medicina. En las paredes de la biblioteca habían grandes estandartes con los nombres de las numerosas organizaciones a las cuales Barreda perteneció: Geografía, Historia Natural, Liceo Hidalgo, Academia de Medicina, La Sociedad Metodófila “Gabino Barreda” y las Asociaciones Larrey, Pedro Escobedo y Andrés del Río.

Como parte del funeral, sus amigos colgaron su retrato en la parte posterior de la biblioteca y colocaron encima de éste las palabras “Orden y Progreso” con grandes letras doradas, al pié de su féretro pusieron un volumen abierto de la obra de Comte.

En el epitafio de su tumba, en la rotonda de los hombres ilustres, se lee lo siguiente: “Familia, Patria y Humanidad. Pensar para actuar y actuar con amor”.


¡Sapere aude! A don Gabino Barreda Flores a 201 años de su natalicio: 19 de febrero 1818

José Antonio Robledo y Meza

Colegio de Filosofía, FFyL, BUAP
robledomeza@yahoo.com.mx
WA: 2223703233



Dimidium facti, qui coepit, habet: sapere aude, / incipe ("Quien ha comenzado, ya ha hecho la mitad: atrévete a pensar, empieza"). Epístola II
de Horacio del Epistularum liber primus. La frase fue acuñada por Horacio en el siglo I a. C. y se encuentra en una epístola a su amigo Lolius. Tiene muchas traducciones, pero en el contexto de la carta (en la cual trata sobre los múltiples procedimientos que Ulises usó en su regreso de Troya para superar las pruebas a las que se enfrentó) se puede entender como «tener el valor de usar tu habilidad para pensar». Otros la traducen como «atreverse a pensar». Desde entonces se utiliza muy frecuentemente como lema de varias universidades.
Su divulgación se debe al filósofo Immanuel Kant en su ensayo ¿Qué es la Ilustración?

De la evolución de tres conceptos podemos entender lo que hoy es la autonomía de una universidad pública y podemos derivar su proyección para el futuro. Nos referimos a los conceptos de “autonomía”, “laicismo” y “universidad pública”.



El laicismo surge a fines del siglo V (492) durante el papado de Gelasio I, quien expuso la teoría de las “dos espadas” en un tratado y en algunas cartas. Fue probablemente el primero en apelar con claridad al principio del laicismo, desconocido por la Antigüedad clásica, ya que ésta no conoció conflicto alguno de principios entre las diferentes actividades humanas. Esta teoría -la de los dos
poderes distintos, derivados ambos de Dios, el del papa y el del emperador- sirvió a Gelasio para reivindicar la autonomía de la esfera religiosa con relación a la política. Fue doctrina oficial de la Iglesia durante muchos siglos. Todavía en el siglo XII el canonista Esteban de Tournai la expresó con extrema precisión en la introducción de su Summa Decretorum. En 1302 Juan de París en su tratado Sobre la potestad regia y papal utiliza la misma doctrina cuando se invierten los papeles, para defender el poder político contra el poder eclesiástico.

Fragmento de la portada del libro de Thomas Hobbes, Leviatán, o La materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil, 1651.

En 1313 Dante en su De Monarchia vuelve a defender el poder político contra el poder eclesiástico, esto es, defiende al Imperio contra las injerencias excesivas de la Iglesia buscando una nueva interpretación de la naturaleza y puesto del Imperio –como instrumento para la realización de la humana civilitas-, con el fin
de conseguir una nueva y más sólida concordia entre los poderes temporal y espiritual.

 Guillermo de Ockam, (c. 1280/1288-1349) fue un fraile franciscano, filósofo y lógico. Como miembro de la Orden Franciscana dedicó la vida a la pobreza extrema. Murió a causa de la peste negra. Se le conoce principalmente por la Navaja de Ockham, un principio metodológico e innovador, y por sus obras significativas en lógica, medicina y teología.

El principio laico fue introducido en el mundo académico por Guillermo de Ockam. A principios del siglo XIV y a propósito de la condena de algunas de las proposiciones de Santo Tomás, de parte del Obispo de París, Occam sentenció: “Las aserciones principalmente filosóficas, que no conciernen a la teología, no
deben ser condenadas o interdictas por nadie, ya que en ellas cada uno debe ser libre de decir libremente lo que guste” (Dialogus Inter magistrum et discipulum de imperatorum et pontificum potestates, I, II, 22). Más adelante durante el Renacimiento y la Ilustración se consolida la progresiva prevalencia del laicismo en la vida política y civil de Occidente.

 Justus Sustermans, Portrait of Galileo Galilei, 1636

Es importante recordar el célebre caso del siglo XVII. Galileo Galilei, reafirmó el principio de laicismo formulado por Occam con respecto a la ciencia, polemizando contra los límites y los obstáculos opuestos a la ciencia por la autoridad eclesiástica. La Sagrada Escritura y la naturaleza –decía Galileo- proceden ambas del Verbo divino, pero en tanto que la palabra de Dios ha debido adaptarse al limitado entendimiento de los hombres a los cuales
se dirigía, la naturaleza es inexorable e inmutable y nunca trasciende los términos de las leyes que le son impuestas, porque no se cuida de que sus recónditas razones sean o no comprendidas por los hombres y, de tal manera, “lo que los efectos naturales o la sensata experiencia nos pone ante los ojos o lo que también las demostraciones necesarias afirman, de ninguna manera debe ser puesto en duda, ni tampoco condenado, en virtud de que fragmentos de la Escritura tuvieran diferente significación” (Lett. Alla Grand. Cristina, en Op., V, 316)



Como podemos ver el principio del laicismo ha sido uno de los fundamentos de la cultura moderna y, por lo tanto, ha resultado indispensable a la vida y al desarrollo de todos sus aspectos. En el mundo de hoy los auténticos adversarios del laicismo son las direcciones políticas totalitarias, esto es, las direcciones que pretenden adueñarse del poder político y ejercerlo con la única finalidad de conservarlo para siempre. Tales direcciones, en efecto, pretenden adueñarse del cuerpo y del alma del hombre para impedirle toda crítica o rebelión. Una dirección política totalitaria puede ser reconocida con facilidad precisamente en
relación con el principio del laicismo: ya se apoye en una confesión religiosa, en una ideología racista o clasista o en otra cualquiera, tiende en primer lugar a disminuir y por último a destruir la autonomía de las esferas espirituales, como tiende a disminuir y a destruir los derechos de libertad del ciudadano. El laicismo, en efecto, es en el plano de las relaciones de las actividades humanas
entre sí, lo que es la libertad en el plano de las relaciones de los hombres entre sí: es el límite o la medida que garantiza a esas actividades la posibilidad de organizarse y desarrollarse, como la libertad es el límite y la medida que garantiza a las relaciones humanas la posibilidad de mantenerse y desarrollarse. El saber humanístico y el conocimiento científico exigen la autonomía de sus reglas, o sea el laicismo.

Aquí surgen las preguntas ¿a quién interesa la defensa del laicismo? ¿La defensa del laicismo es de interés público?

Respondemos que el principio del laicismo interesa a todos ya que la administración del Estado, las ciencias, la cultura, la educación y, en general, las esferas de la actividad humana, se organicen y rijan por principios que puedan ser reconocidos por todos, o sea que resulten independientes de la inevitable disparidad de creencias y de ideologías y que, por lo tanto, hagan eficaces y fecundas las actividades en las que se fundan. Es bastante evidente que una administración política que favorezca a determinados grupos de ciudadanos en perjuicio de los demás es simplemente una administración ineficaz y corrompida. Una ciencia que sirva los intereses de partidos, creencias e ideologías, no puede considerarse meritoria bajo ningún título y no es, en efecto, una ciencia. Sería parecida a un arte médico que admitiera como criterio de diagnosis, prognosis y cura los deseos del paciente o de otras personas o, más exactamente, un arte médico semejante sería un caso de ciencia “no laica” o sea clerical o partidista. El laicismo es un criterio que interesa a todos, ya que se supone que el interés de todos es el desarrollo armonioso de las actividades que aseguren la supervivencia del hombre en el mundo.

El criterio laico es el fundamento del principio de la autonomía de las actividades humanas, o sea la exigencia de que tales actividades se desarrollen según reglas propias, que no le sean impuestas desde fuera, con finalidades o intereses diferentes a los que ellas mismas se dan. Este principio es universal y puede ser invocado a nombre de cualquier de cualquier actividad “legítima” (que no obstaculicen, destruyan o imposibiliten a las demás). El principio de autonomía ha servido para sustraer la esfera del saber, a las influencias extrañas y deformadoras de las ideologías políticas, de los prejuicios de clase o de raza, etc.

 Gabino Eleuterio Juan Nepomuceno Barreda Flores (Puebla, 19 de febrero de 1818 – Ciudad de México, 20 de marzo de 1881) fue un médico, filósofo positivista y político mexicano. Primer director de la Escuela Nacional Preparatoria. Introdujo el método científico en la enseñanza elemental.

No otro es el sentido que el México republicano vigente se acompañara de la reforma educativa encabezada por Gabino Barreda Flores en 1867 donde la Ley Orgánica de Instrucción organiza la enseñanza laica.

Justo Sierra Méndez


 Félix Fulgencio Palavicini Loria

Fue en 1881 que como diputado Justo Sierra planteo por primera vez la autonomía de la universidad. En 1914 Félix Palavicini presentó nuevamente ante el Congreso un proyecto de ley para la autonomía de la universidad.

 José Vasconcelos Calderón

En 1920 José Vasconcelos al tomar posesión de la Rectoría dijo: “Yo no vengo a trabajar por la Universidad sino a pedir que la Universidad trabaje para el pueblo”.

En 1929 se expide la Ley de Autonomía. En 1979 el Congreso elevó la autonomía de las universidades públicas a rango constitucional.

Resulta relevante que a partir del principio de laicidad que, como hemos visto, da sentido a la autonomía se dé respuesta a las muchas son las interrogantes existentes en torno a la naturaleza y legitimidad de la Universidad pública. Destacan en estos momentos, por ejemplo, la problemática definida por las cuestiones siguientes: ¿Cómo concebir la forma de educación? ¿La educación debe ser un fin en sí misma o debe ser pragmática y orientada a una profesión? ¿Qué tipo de aprendizaje debe atender y de qué manera está vinculada la educación general con él? ¿Conforme a que criterio de cultura (calidad y cantidad de las materias de enseñanza), deben formularse los planes de estudios? ¿Cuáles deben ser las actividades a desarrollar por los estudiantes? ¿Qué áreas de conocimiento y disciplinas deben proponerse?

La Universidad Pública tiene dos fuentes de legitimidad. En primer lugar, ser una institución pública y, en segundo lugar, por su especificidad de ser una universidad. Esto nos conduce a la necesidad de referirnos a los fundamentos epistemológicos que pueden sustentar la educación en una universidad. Formular tal epistemología requiere de formular una concepción de la enseñanza y una del aprendizaje, con la definición, por supuesto, del tipo de conocimientos que justifiquen ambas teorías.

Analicemos cada uno de estos aspectos y a partir de él derivemos las cuatro conclusiones básicas relacionadas con la caracterización de la educación, las metas, los fines y los objetivos de la universidad pública.

En la historia de México la enseñanza ha estado ligada a otras manifestaciones socio-culturales como la religión, la ciudadanía, la alfabetización, la moralidad y el patriotismo. Los nexos de la educación con la moral y la religión se debilitaron en distintos momentos históricos y se volvieron más relativas. La alfabetización incluyó la lectura, la escritura y la comprensión de ideas y al expandirse el núcleo común de conocimientos necesarios se volvió fragmentado. El patriotismo incorporó perspectivas críticas del propio país y de sus instituciones, y, por esto, las expectativas hacia la educación crecieron hasta incluir la igualdad de oportunidades.

Hoy día, podemos decir que la escuela pública se configura como el instrumento central de la oportunidad y la igualdad, de la reforma social, de la justicia social, de la productividad económica y del aprendizaje individual y socialmente relevante. Esto lo podemos constatar si observamos el marco jurídico de la educación pública –Constitución (Artículos 3, 5, 44, 45) y Ley Federal de Educación- en nuestro país.

La sociedad mexicana -como sociedad democrática- al estar fincada en el sufragio universal está indisolublemente unida a laescolarización universal. El sufragio sin escolarización de la mejor calidad posible produce demagogia, da lugar a un electorado ignorante y equivale a una mistificación de las instituciones y procesos democráticos.

Una sociedad democrática debe capacitar para el diálogo racional, para los acuerdos responsables y una conducta apegada a la ley, por ello debe proporcionar igualdad de oportunidades educativas: dando la mayor cantidad -y de la mejor calidad posible- de educación pública. Los cambios que precisamos deben asegurar la continuidad en la historia de nuestra sociedad e instituciones.

En otro instrumento jurídico -la Declaración de los Derechos Humanos- se alude, en su segundo párrafo, a los fines de la educación y a los valores que han de inspirarla, poniendo énfasis en aspectos que contribuyen a la formación de los ciudadanos del mundo: la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y grupos étnicos o religiosos, así como la promoción de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

La Ley de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, establece en su artículo 1§ que la Universidad como Organismo Público Descentralizado del Estado tiene por objeto contribuir a la prestación de los servicios educativos (...); realizar investigación (..) y coadyuvar al estudio, preservación, acrecentamiento y difusión de la cultura. Para ello se regirá por los principios normativos básicos de las libertades de cátedra, de expresión e investigación.

Con estas premisas podemos derivar que el marco jurídico aludido expresa nuestros propósitos comunes, nuestro pluralismo, nuestro deseo de igualdad y excelencia educativa. Esto queda claramente expresado en la demanda de que cada uno de los planteles del sistema educativo proporcione a los futuros ciudadanos el conocimiento, las actitudes y los instrumentos que les permitan participar plenamente en la vida democrática y ejercer sus derechos y obligaciones. Para alcanzar esto se requiere de una educación que favorezca la adquisición de conocimientos básicos, el pensamiento crítico y la imaginación. Estas tres cosas es lo que definirían una educación con orientación a la excelencia, esto es, del pensar bien. Cada retroceso en este sentido devaluaría a los estudiantes y pondría en peligro nuestra democracia.

¿Cómo puede la Universidad pública involucrarse en esta empresa social? Veámoslo.

La finalidad última de la universidad pública es la promoción del desarrollo de los jóvenes en una doble dimensión: su nivel de competencia para aprender y su nivel de conocimientos mediante el aprendizaje de las experiencias culturalmente organizadas y a través de la asimilación de las destrezas, las habilidades, los conceptos, las normas y los valores, racionalmente pertinentes.
De este compromiso es que la escolarización en una universidad pública está ineludiblemente vinculada a la promoción de la inteligencia de los alumnos. De aquí la exigencia a los estudiantes a pensar por sí mismos y motivarlos a responder preguntas importantes. La universidad pública debe capacitar a los
estudiantes para que puedan desarrollar argumentaciones y con ello defender puntos de vista, entender puntos de vista opuestos para tomar en consideración las alternativas.

De lo dicho se desprende la función de la universidad pública como un instrumento que promueve de manera simultánea la igualdad de oportunidades educativas y la excelencia académica. Nada está más alejado de los verdaderos derechos de los jóvenes que una educación mediocre teniendo la posibilidad de algo mejor. De aquí que se proponga como metas educativas el desarrollo de la expresión imaginativa y del pensamiento crítico. La llave de la inteligencia flexible es el pensamiento imaginativo y crítico, el pensar bien.

Al cultivar la expresión imaginativa sólo se estaría cultivando una capacidad inherente a los estudiantes y que necesita ser liberada. Sin embargo, el cultivo del comportamiento imaginativo, requiere de una guía bien pensada cuidadosa y disciplinada. Esta enseñanza no debe confundirse con el simple dejar correr libremente la imaginación, al margen de las restricciones de las normas, de las instituciones o del conocimiento. La expresión imaginativa debe estar apoyada de conocimientos, técnica, disciplina y propósito. Es necesario reconocer que, la imaginación hace posible ver el mundo de otra manera, permite ver posibilidades y fomenta una percepción de las alternativas.

Hay que aceptar, en relación al pensamiento crítico, que éste es una perspectiva, una forma de buscar relaciones y sentidos másallá de la rutina y el lugar común. Esto no es lo mismo, como generalmente se malentiende, con estar siempre “en contra” de todo.
 
Pensar críticamente significa, fundamentalmente, tres cosas actuar sobre un cuerpo de conocimientos, actuar sobre un conjunto de hábitos y actitudes con el objeto de probar, analizar y resolver cuestiones problemáticas y evaluar los resultados. El pensamiento crítico no se da en el vacío: el dominio del conocimiento y de información es esencial. Para que los estudiantes sean críticos necesitan algo sustancial en qué pensar.

Pero el pensamiento crítico va más allá de una mera adquisición de conocimientos e información. Involucra una comprensión de la naturaleza de ese conocimiento y de esa información y de las inevitables predisposiciones que son parte del conocimiento. Significa reconocer los límites de la certeza o la posibilidad de un conocimiento completo, los límites impuestos al conocimiento científico por el problema a tratar, por los datos buscados y utilizados o por el método de interpretar esos datos. Significa comprender la “interpretación” en historia, literatura u otras disciplinas.

Desarrollar la capacidad para pensar críticamente es importante para decidir y escoger lo que está construido con fundamento de lo que está sin él; para separar lo serio de lo trivial; lo significativo de lo insustancial; para regir las modas, trivialidades y cultos de toda clase.

Establecer el pensamiento crítico como meta educativa es poner un especial énfasis en problemas que no tienen respuestas claras y que son asuntos controvertidos.

La complejidad tecnológica, la interrelación y la confusión entre los problemas políticos, científicos, sociales y económicos, las fluctuación y divergencia de valores entre diversos grupos y un ejército de otras incertidumbres, ponen en tensión nuestra capacidad de conocer y de cumplir con nuestras obligaciones, de decidir y actuar por nuestro propio bien y por el de la sociedad.

La capacidad de pensar críticamente no ofrece certezas ni promete decisiones buenas y correctas; permite hacer elecciones libres, informadas por la inteligencia, decisiones que afirman la voluntad humana y la dignidad del individuo.

La expresión imaginativa y el pensamiento crítico son, pues, fundamentales para cualquier definición de excelencia en la educación.

La universidad pública como una institución con finalidades primordialmente académicas orienta la conducta de sus integrantes hacia la búsqueda de un valor: la verdad.

Decir que la búsqueda de la verdad es el fin último que orienta nuestras exigencias cognoscitivas es imponer un código de conducta. Es señalar que los aprendizajes suscitados estén subordinados a aquellos conocimientos obtenidos con método, con coherencia, con inteligencia, con paciencia, con seriedad y con escrúpulo.

Entender la verdad de esta manera nos permite entender por qué la misión de la universidad incluye aspectos como formar los investigadores que la sociedad requiere, formar y seleccionar su propio cuadro docente, conservarse como un lugar de tradición cultural y de renovación social todo unido a las funciones de enseñar, producir, divulgar y usar conocimientos.

Puebla, Paseo de las fuentes, 19 de febrero de 2019

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