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miércoles, 13 de marzo de 2024

Católicos liberales versus católicos conservadores

Católicos liberales versus católicos conservadores

José Antonio Robledo y Meza

 

En junio de 1870 el diario liberal El Monitor Republicano publicó varios artículos firmados por Roberto A. Esteva que explicaban el plan de los católicos liberales. El programa consistía en: aceptar sin reservas la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma, también demandaban organizar un nuevo partido conservador. Estos católicos que se llamaron a sí mismo “unionistas” intentaron adaptar a los católicos de la Sociedad Católica al estado liberal (Adame, El pensamiento político y social de los católicos mexicanos, 1867-1914). La idea del grupo fue tomada de la “Unión Católica española”.

El diario México y Europa se convirtió desde 1871 en el órgano del nuevo grupo; anunciaba que representaba a la "mayoría ilustrada del partido conservador" (La Voz de México, 10 de junio de 1874 y 22 al 30 de enero de 1871).

Los unionistas mexicanos alcanzaron en las elecciones de 1872 algunos escaños en la Cámara de Diputados, pero nada pudieron hacer ahí, dada la inmensa mayoría de diputados liberales. (ver Diario de los Debates del Séptimo Congreso Constitucional de la Unión, correspondiente al segundo periodo de sesiones ordinarias del año 1874, sesiones de los días 16 y 20 de noviembre.

Los católicos contrarios a los unionistas criticaron a éstos, por haber aceptado sin aclaraciones la libertad de enseñanza, por excluir la religión como fundamento del orden social para poner en su lugar la "moral práctica" y por dar su consentimiento al sistema de "separación" entre la Iglesia y el Estado.

El fondo de los argumentos de los católicos antiunionistas era el Syllabus (documento publicado por Pío IX en 1864, junto con la encíclica Quanta cura) en el que definen y condenan los errores del racionalismo y del derecho nuevo. El Syllabus definía como errores contrarios al dogma y doctrina católicos, entre otros, los principios liberales de soberanía popular (Prop. 60), la libertad de cultos (Prop. 15, 77, 78), la separación de la Iglesia y el Estado (Prop. 65), la desamortización (Prop. 26, 27), la educación laica (Prop. 45, 47, 48), matrimonio civil (Prop. 73) y otros.

La declaración del dogma de la infabilidad dio más fuerza a los textos y declaraciones pontificias, al grado de que se estableció como extremos irreconciliables la fe con el liberalismo, el Syllabus con la Constitución de 1857.

La división entre católicos "conservadores" y "liberales" se definía por dos diferencias: el Syllabus y la participación política de los católicos mexicanos. Los "conservadores" consideraron el Syllabus como un documento infalible que ningún católico podía contradecir sin comprometer su conciencia. Los "liberales" insistían en separar los principios políticos de los principios religiosos, el Estado y la Iglesia, y declaraban obedecer al papa en materia religiosa y a la Constitución en materia política. Los conservadores recomendaban la abstención de los católicos en materia política mientras no hubiera posibilidades de triunfo. Y los liberales querían que los católicos mexicanos participaran activamente en la política y colaboraran con el gobierno establecido.

El Syllabus y su definición de los errores tocantes a la sociedad civil considerada en sí misma o en sus relaciones con la Iglesia

Esta definición de los errores se encuentra en el parágrafo VI del Syllabus que contiene las proposiciones que van de la XXXIX a la LV un total de 11.

A continuación, señalaremos algunos de estos errores definidos por la Iglesia y que tienen ver con la postura laica y la subordinación de la Iglesia al Estado.

Para la iglesia considera errores

1) Es bien que la Iglesia sea separada del Estado y el Estado de la Iglesia. (Prop. LV)

2) que el Estado, sea considerado como origen y fuente de todos los derechos, goza de cierto derecho completamente ilimitado. (Prop XXXIX)

3) En caso de colisión entre las leyes de una y otra potestad debe prevalecer el derecho civil. (Prop XLII)

4) Los Reyes y los Príncipes no sólo están exentos de la jurisdicción de la Iglesia, pero también son superiores a la Iglesia en dirimir las cuestiones de jurisdicción. (Prop. LIV)

Con relación a la educación la iglesia definió como errores:

5) Todo el régimen de las escuelas públicas, en donde se forma la juventud de algún estado cristiano, a excepción en algunos puntos de los seminarios episcopales, puede y debe ser de la atribución de la autoridad civil; y de tal manera puede y debe ser de ella, que en ninguna otra autoridad se reconozca el derecho de inmiscuirse en la disciplina de las escuelas, en el régimen de los estudios, en la colación de los grados, ni en la elección y aprobación de los maestros. (Prop. XLV)

6) La óptima constitución de la sociedad civil exige que las escuelas populares, concurridas de los niños de cualquiera clase del pueblo, y en general los institutos públicos, destinados a la enseñanza de las letras y a otros estudios superiores, y a la educación de la juventud, estén exentos de toda autoridad, acción moderadora e ingerencia de la Iglesia, y que se sometan al pleno arbitrio de la autoridad civil y política, al gusto de los gobernantes, y según la norma de las opiniones corrientes del siglo. (Prop. XLVII)

7) Los católicos pueden aprobar aquella forma de educar a la juventud, que esté separada, disociada de la fe católica y de la potestad de la Iglesia, y mire solamente a la ciencia de las cosas naturales, y de un modo exclusivo, o por lo menos primario, los fines de la vida civil y terrena. (Prop. XLVIII)

Como puede apreciarse, en el fondo de todo esto está la lucha por establecer la máxima autoridad política, esto es la Soberanía política. La opción radicaba en la disyunción siguiente: o es el Estado o es la Iglesia. En México se decidió, en la Leyes de Reforma, fuera el Estado. Las Leyes de Reforma se dictaminaron del 12 de julio al 11 de agosto de 1859. Estas leyes son desde entonces, las normas proclamadas y en donde queda definida la separación de la Iglesia y el Estado, y la subordinación de aquella a éste.

Para continuar leyendo:

Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores (Índice de los principales errores de nuestro siglo ya notados en las Alocuciones Consistoriales y otras Letras Apostólicas de Nuestro Santísimo Padre Pío IX

Jorge Adame Goddard, El pensamiento político y social de los católicos mexicanos (1867-1914), 1981

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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sábado, 8 de julio de 2023

Soberanía popular e igualdad social versus derecho divino y privilegios

Soberanía popular e igualdad social versus derecho divino y privilegios

José Antonio Robledo y Meza

 

La tarea de la narrativa conocida como “Cuarta Trasformación (4T)” consiste en construir una historia aleccionadora y edificante cuya materia a examinar “a la luz del humanismo mexicano (la razón y la filosofía)” es el periodo de que va de 1810 a 2018 que incluye el decadente periodo neoliberal, y que culmina con la sublime apoteosis de 2018, identificada por el inicio de la 4T. La “mirada retrospectiva” que la 4T propone acerca de un poco más de dos siglos (208 años) tiene un fin práctico a la vez que intelectual: que la política marcha por la idea de transformación.

Habría, por tanto, que insistir en que el examen histórico contenido en la “4T” se basa en ciertas creencias: los acontecimientos o hechos históricos son encadenamientos de causa-efecto y son susceptibles de explicación y previsión racional gracias a que están sujetos a leyes: ¿cómo impedir que la luz que emanaba de las creencias populares penetrase a su vez en la conciencia histórica? La estatura histórica, entonces, podía ser alcanzada al identificar una ley o al enunciar un hecho general. A lo largo de ese pasado que la 4T menciona se encuentra la existencia de un hecho histórico, ni único ni excepcional, ni tampoco momentáneo, que está atrás de los eventos políticos: la idea de trasformación.  

Después de más de tres décadas de política neoliberal (1982-2018) es imposible que aparezca súbitamente la voz del pueblo que como movido por un resorte, arrancarles la victoria electoral a sus poderosos enemigos. Tan importante acontecimiento fue preparado de antemano por un concurso de influencias lentas y sordas, pero reales y poderosas; el 2018 sería inexplicable de todo punto, y no sería ya un hecho histórico sino un romance fabuloso. ¿Cuáles fueron esas influencias insensibles cuya acción acumulada por el transcurso del tiempo, pudo en un momento oportuno luchar primero, y más tarde salir vencedora de resistencias que parecían incontrastables? Todas ellas pueden reducirse a una sola -pero formidable y decisiva- la revolución de las conciencias, caracterizada por la gradual decadencia de las doctrinas, y su progresiva sustitución; decadencia y sustitución que, marchando sin cesar y de continuo, acabaron por producir una transformación. La revolución de las conciencias es el hecho general indiscutible que se presenta a la vez como emancipación científica, religiosa y política, y que explica el conjunto de conflictos producidos.

En el discurso de la 4T la obra trasformadora, en su “triple venero”, la soberanía del pueblo, la construcción de una nueva república y la idea de un proceso encabezado por el movimiento de reconstrucción nacional (Morena), un movimiento popular que durante mucho tiempo parecía navegar sin brújula y sin norte; el pueblo, al través de mil escollos y de inmensas y obstinadas resistencias, fue caminando siempre en buen rumbo, hasta lograr el grandioso resultado que hoy palpamos, admirados y sorprendidos de nuestra propia obra: juntos estábamos haciendo historia.

El poder simbólico de la narrativa de la 4T radica en que formula una explicación del presente, con base en el pasado y una proyección para el futuro. De ahí que puedan distinguirse en él una proyección temporal casi cronológica que va de la época precuauhtémica a la Nueva República y estableciendo que entre ambas tres trasformaciones.

Esta división revela la importancia en que consistió establecer un diagnóstico del presente, revisando el pasado, para formular el remedio y superar la degradación causada por el neoliberalismo. Este remedio está hoy asociado al seguimiento de un itinerario que conducirá a México a marchar hacia adelante. Con ello quedan señaladas las dos características de la 4T para quien guía la permanencia del nuevo orden: debe saber la historia del humanismo mexicano para prevenir y explicar la historia como necesidad.

La narrativa de la 4T hace énfasis en una concepción racional de la historia cuando establece que la historia no debe verse como un conjunto de hechos incoherentes entregada al capricho de influencias providenciales, ni al azar de fortuitos accidentes. En estos momentos es necesario plantearse una pregunta ¿por qué insistir en la racionalidad de la historia? La respuesta es porque sus conclusiones tendrán así el apoyo del principio de racionalidad-crítica y no en fuerzas ajenas a la voluntad de los hombres, ni al capricho de unos cuantos ni, mucho menos, al azar.

El principio político de la soberanía popular, está claramente explicito en el texto constitucional. El artículo 39 expresa que “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.”

Los acontecimientos políticos en el mundo han propiciado la emergencia de nuevos valores políticos: la formulación del principio de la igualdad social y en la demarcación de los bandos. Así como la soberanía popular es contraria al derecho divino, la igualdad social es, incompatible con los privilegios de quienes los tienen. Con estos dos axiomas se encuentra en lo político, minado desde sus principios el edificio social que el neoliberalismo quería construir y que hoy pretende volver.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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domingo, 10 de noviembre de 2019

La dulzura versus la violencia


La dulzura versus la violencia

                     

José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
WA: 2223703233

¿Qué valor sería el antónimo de la violencia?
¿Es suficiente, políticamente hablando, el rechazo a la violencia como programa?
¿Cuál sería el lugar de ese valor antónimo a la violencia en la política, la economía y la cultura?
¿Qué se exigiría –teórica y jurídicamente hablando- a un Estado republicano y promotor de ese valor antónimo de la violencia?
¿Es posible una sociedad sin violencia?
¿Eliminar la violencia de las sociedades es un problema sólo de conciencia individual o es un problema de conciencia colectiva?

En este y siguientes ensayos daremos algunas respuestas a estas preguntas.

Violencia es un término que se deriva dellatín violentia (violare), que a su vez de vis (fuerza).

W. Jankélévitch en Le pur et l'impur, dice: “No sería exagerado definir la violencia como una fuerza débil. La fuerza es lo opuesto a la debilidad; la violencia, en cambio, se opone a la dulzura. Hasta tal punto no se opone la violencia a la debilidad que la debilidad no tiene con frecuencia otro síntoma que la violencia; débil y brutal, y brutal precisamente por ser débil.

Entre más débil es una sociedad más brutal será la violencia contra sus miembros. Así se constata en todos los regímenes autoritarios, totalitarios…

Hablemos de la dulzura como antónimo de violencia. La dulzura alude al tipo de interacción entre sujetos que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada, provocan seguridad física y psicológica a un individuo o a una colectividad; afectan de tal manera que incrementa sus potencialidades presentes y futuras. La dulzura puede producirse a través de acciones y lenguajes, pero también de silencios e inacciones.

El elemento esencial en la dulzura es la renuncia de la fuerza tanto física como psicológica para lograr los objetivos. La dulzura puede manifestarse de múltiples maneras (por ejemplo, los estímulos adecuados de los que depende) y asociado igualmente, a variadas formas como estima, salvaguarda, aceptación o tranquilidad verbales.

Es destacable también el beneficio (en forma de confianza) sobre el que se construyen las relaciones interpersonales, pues está en el origen de los problemas en las relaciones grupales, bajo formas como la amistad, el amor, que, a su vez, beneficia las redes sociales y de comunidad.

En otro orden de cosas la dulzura es la expresión de una intencionalidad consciente frente a la contingencia de la violencia.

Hablemos de la dulzura de manera anafórica,

La dulzura debe ser manifestación abierta; estructural e individual.

La dulzura es un comportamiento deliberado, que tiene el propósito de provocabeneficios físicos o psicológicos a otros seres, y se asocia, necesariamente, con el buen trato físico, psicológico, y emocional; la dulzura es la mejor respuesta frente a la represión política, o la intolerancia política o religiosa que se hacen manifiesto a través de amenazas, ofensas o acciones.

La dulzura individual y colectiva debe ser la respuesta a la violencia en sus diferentes tipos: el abuso físico, el abuso psíquico y el abuso sexual.

La dulzura debe hacer frente a la estilización de la violencia a la estetización que de la violencia se hace en distintas expresiones del arte, la cultura y los medios de comunicación. Por ejemplo, frente a la violencia de una crucifixión la dulzura de un rostro.






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