miércoles, 19 de febrero de 2020

Análisis financiero-político de la rifa del avión


Análisis financiero-político de la rifa del avión
Financieramente hablando esto es una maniobra maestra, digna de tesis doctoral.

Del muro de Mini Gaby
Tomado a la vez de MARTHA BRISEÑO GOMEZ ESPAÑA

"La solución "ridícula" es la mayor reestructuración financiera del gobierno a costo cero, sin usar impuestos del erario público.
"Ni la empresa más grande del mundo habría podido hacer esta reestructuración.
"Un modelo de conversión de capital político a capital financiero".

Solución disruptiva en su más puro nivel.
No hablo de ningún personaje, me centro en estrategias."

"LAS ESTRATEGIAS -¿ABSURDAS-?

Cuando escuché por vez primera lo de la rifa del avión, pensé que era broma, pensé que era una estupidez monumental, lo que aquí escribo es un razonamiento que ahora me hace sentido.

Sin apasionamientos ni sombrerazos, sin fanatismos, sin simpatías ni antipatías, en diferentes escuelas de negocios nos enseñaron a analizar las oportunidades y situaciones sin ver colores, y aplicando esto al tema exclusivamente financiero de la rifa del avión presidencial, dejando de lado las mofas o lo sui generis que puede ser esto, vale la pena comentar que un CEO reconocería una buena estrategia de reestructuración financiera y que se conectó con algo llamado "capital político".

Hechos:

1) Hay una deuda a 15 años de 2 724 millones de pesos por el avión.

2) La ONU lo a valuó en 130 millones de dólares (2500 mdp).

3) En mantenerlo se erogaron 30 mdp/año.

4) No se rifa el avión en sí mismo no se transfiere propiedad, se rifa lo que vale, con 100 premios de 20 millones.

5) Datos duros reportan que al inicio del 2020 la aceptación presidencial es de 70%. Lo cierto es que 30 millones votaron por esta opción. Se ofrecen 6 millones de cachitos a la venta ¿Crees que no se venderán? Se llama -uso de capital político- se venderán y fácil!

Sobran seguidores del actual presidente para comprar 6 millones de cachitos. Y él lo sabe.

6) Se obtendrán 3 mil millones de ingresos, los cuales serán distribuidos entre ganadores, fuerza aérea para mantenimiento, redes de comercialización y otra parte se destina al denominado -Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado-. Ningún peso sale del erario público, sino del patrimonio personal y particular de quienes por voluntad propia adquieren un cachito.
Costo gubernamental = $0
Ingreso gubernamental = $3,000,000,000
3 mil millones líquidos y sin intereses.

7) Los ganadores obtienen dinero, no el avión. El avión podrá ser arrendado o vendido nuevamente! Y el producto de eso es dinero adicional, una nueva ronda y se pueden obtener no menos de 95 millones de dólares más. Pero entre tanto, sin erogación pública, se cubren sus gastos y se genera un ingreso superior.

8) Hay compradores del avión que ofrecen 95 millones de dólares y alguno incluso por 125 mdd.

9) Se resuelve una pésima compra.

10) La solución "ridícula" es la mayor reestructuración financiera del gobierno a costo cero, sin usar impuestos del erario público.

11) Ni la empresa más grande del mundo habría podido hacer esta reestructuración.

12) Un modelo de conversión de capital político a capital financiero.

13) Saneamiento financiero y ejecución de estrategia "imposible" de un avión no vendible por estar en rango de costo superior a la rentabilidad de mercado.

Financieramente hablando esto es una maniobra maestra, digna de tesis doctoral.

Solución disruptiva en su más puro nivel.

No hablo de ningún personaje, me centro en estrategias."


martes, 18 de febrero de 2020

Gabino Barreda el poblano cofundador de la república.


Gabino Barreda el poblano cofundador de la república.

José Antonio Robledo Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
robledomeza@yahoo.com.mx
wa: 2223703233

Hay en los tribunales de la historia hombres que suscitan el interés de otros por conocerlos y que encuentran por doquier solo resquicios. Hombres que frente a la mirada de otros tienen un velo que los convierten en un auténtico misterio cuya verdad se mantiene en secreto. Hombres cuyos perfiles se adivinan como en la sombra proyectada sobre la caverna platónica, pero cuya alma nunca será accesible si no se está dispuesto a romper con las cadenas.

Este 19 de febrero de 2020 se conmemora el ducentésimo segundo aniversario del natalicio de don Gabino Barreda Flores. Barreda el médico, el docente, el hombre de partido y el teórico que relató la historia de México bajo una nueva clave. Barreda el productor consiente, hábil y certero de la vigente legitimidad republicana en México.

Es en estos momentos en que los mexicanos hemos sido convocados a construir una Nueva República sobre la base del principio Pueblo Soberano y a través de la Cuarta Transformación se hace necesario recordar a un poblano de nacimiento, que hizo posible junto con Juárez y otros la vigente república mexicana.

Gabino Barreda Flores nació en la ciudad de Puebla el 19 de febrero de 1818. Los padres de Gabino fueron Don Antonio Barreda y Doña María Dolores Flores Alatorre quienes contrajeron matrimonio en la Villa de Aguascalientes lugar donde la familia Flores Alatorre era muy importante. Al cumplir dos años Gabino, ocurren hechos trascendentales en el interior de la nación española. Al restablecerse la Constitución de Cádiz se inicia un movimiento de independencia en la Nueva España como reacción antiliberal.

Al cumplir Barreda nueve años inicia sus estudios en derecho tradicionales entre la familia Flores Alatorre. Contrario a las expectativas familiares, Gabino se interesará por la química, que estudiará en el Colegio de Minería. En 1836 la Convención de Texas, dirigida por Samuel Houston declara su Independencia de México. Inician en la frontera norte las revueltas abiertas en contra de México. 

Las agresiones contra el territorio mexicano continuaban. En 1838, por las armas francesas, sin mayor justificación. Se llegó a afirmar que por las constantes asonadas y cuartelazos los súbditos franceses habían sufrido graves prejuicios. Tan exageradas eran las reclamaciones, que uno sólo de los quejosos, un pastelero de Tacubaya, aseguraba haber perdido, de repostería, la fantástica suma de $600,000. Con razón, el pueblo llamó a esta inicua guerra, la “Guerra de los pasteles”. Durante la década de los 40, México pierde California y Nuevo México, y Yucatán se declara independiente.

Todos estos acontecimientos impactarán a Barreda quien durante su vida verá pasar dos Imperios, tres periodos de repúblicas federales, un período de república central, un periodo aconstitucional centralista y el inicio del periodo constitucional. En total le tocará conocer a 63 presidentes (tres de ellos elementos del triunvirato de 1829), dos monarcas y tres dictadores.

A partir de 1843, a los 25 años, Barreda inicia sus estudios de medicina. Su trayectoria como estudiante fue brillante y titubeante. Barreda realizaba sus estudios de medicina en 1844 cuando los miembros de la cámara baja en el Congreso mexicano debatieron la definición de una provincia de frontera, incluyeron en la lista a Chiapas por el sur, y Alta California, Nuevo México y Texas por el norte (en 1844 todavía México no reconocía la independencia de Texas). La agresión de los EUA continuará durante toda una década ya que EUA mediante una triple maniobra -anexión, conquista y compra-, se hicieron de la mitad de México. En el año de 1845 el Congreso de Yucatán declara su Independencia y proclama un Gobierno Federal al unísono del estallamiento de la guerra entre Estados Unidos y México por la posesión de Texas. Siendo aún estudiante, Barreda inicia sus prácticas médicas durante la guerra contra los EEUUAA y cuando deja de arriarse la bandera de México en California y Nuevo México. 

Después de la guerra con los EUA se hizo “una seria reflexión acerca de la realidad mexicana. Se hizo entonces hincapié en la falta de cohesión nacional, llegando algunos a preguntarse si realmente se podía hablar de la existencia de una nación. Dicho cuestionamiento se convirtió en un acicate para la historiografía, ya que sirvió para que personajes de la talla de Lucas Alamán y Luis G. Cuevas produjeran sus magnas obras de revisión histórica, en las que se propusieron mostrar el derrotero equivocado que había tomado México a raíz de su independencia. Fue entonces cuando los miembros de la generación posterior empezaron a mostrar su preocupación por los hechos que acababan de vivir, como fue el caso de los quince autores de los Apuntes para la historia de la guerra entre México y los Estados Unidos, y plantear propuestas para la regeneración del país. Si bien las ideologías de nuestros historiadores estuvieron encontradas tanto en aquellos años como en los venideros, es evidente que el motivo que los movió a todos ellos fue el mismo: la necesidad de crear una conciencia nacional. 

“Los liberales moderados trataron de llevar al país a una situación de equilibrio”. Tanto los liberales “puros” como los conservadores agudizaron sus diferencias y diseminaron, como bien nos dice Charles Hale, “las semillas de un gran conflicto”. En 1848 se firma el Tratado de Guadalupe Hidalgo entre Estados Unidos y México. Se proclama la República en Francia con Luis Napoleón como presidente.

Simultáneamente a la publicación del Manifiesto Comunista, Gabino Barreda, con treinta años a cuestas, se traslada a París y conoce al médico Pedro Contreras Elizalde quien, por más de un motivo, resultará un personaje de influencia inconmensurable en su vida. Es Contreras quien interesa a Gabino en los cursos de Comte, quien lo acompañará en la comisión encargada de la reforma educativa en 1867 y quien lo asistirá en sus primeras experiencias como diputado en 1868. Gabino permanecería en París hasta cumplir los 33 años y no sin antes aderezar con estudios de positivismo los que originalmente lo habían llevado a la Facultad de Medicina de París. Mientras en México se desarrollan en 1849 las Guerras de castas en Yucatán y Alamán escribe su Historia de México. Durante 1950 adviene el estado liberal y anuncia una ruptura con el pasado y con la Iglesia. Casi simultáneamente, a la muerte de Mariano Otero vio la luz el himno nacional, segundo símbolo secular.

Gabino Barreda regresa a México en 1851 con los seis tomos del Cours de Philosophie Positive a cuestas. El 12 de agosto presenta en la Escuela de Medicina las constancias y certificados que acreditaban los estudios realizados en la Facultad de Medicina de París. Dos días después presenta su examen del 5to año y el 1 y 2 de septiembre presenta su examen general de la carrera de médico, ante el jurado integrado por los doctores José María Vértiz (medicina operatoria), Ladislao de la Pascua (física médica) y Juan Navarro (clínica interna) que lo aprobaron por unanimidad. Por fin obtiene su licencia para ejercer como médico, evitando para siempre la entrega de su acta de bautizo. Durante los próximos años Barreda combinó la práctica profesional con la docencia, la fundación de instituciones y su actividad como escritor. 

Barreda, el médico juarista.

Para obtener su grado de médico decide viajar a París el 18 de febrero de 1848 donde se encuentra con Pedro Contreras Elizalde quien lo interesó en los cursos de Augusto Comte y quien seguramente lo puso en contacto con Benito Juárez. De regreso a México Barreda obtuvo su grado en medicina en 1851, con lo que incrementó una autoridad ya ganada entre sus colegas al haber realizado estudios con las más altas distinciones y haber iniciado su vida como autor de estudios médicos con el trabajo “Apuntes sobre tumores mamarios o adenoides” (1851). Tal reconocimiento se hace palpable cuando es elegido un 30 de noviembre de 1851 secretario de la Academia de Medicina de México presidida por Leopoldo Río de la Loza.

La guerra de los tres años alteró la dinámica de actividades de Barreda y fue en 1861 que reanuda su carrera como escritor al publicar el trabajo “La Homeopatía o juicio crítico sobre este nuevo medio de enseñar a los cándidos.” Desde entonces Barreda empieza a conjuntar a su reconocida capacidad de observación clínica su sentido crítico que lo llevará a formular atinados diagnósticos de la situación social –política y cultural- de México y recomendar remedios que resultaron certeros en sus propósitos. Ejemplos de diagnósticos sociales son los contenidos en sus trabajos “De la educación moral” (3 de mayo de 1863), “Oración cívica” (16 de septiembre de 1867) y la Carta a Mariano Riva Palacio (10 de octubre de 1870).

El tres de mayo de 1862 Gabino Barreda –dos días antes de la famosa batalla de Puebla contrae nupcias con Adela Díaz Covarrubias, hija del poeta y periodista José de Jesús Díaz y hermana de dos destacados juaristas Francisco y José de Jesús. Para el nueve del mismo mes Barreda firma un manifiesto celebrando la victoria del cinco de mayo y exhortando a la población a guardar la compostura frente a los prisioneros de guerra.
Antes de terminar el año de 1862 Barreda se traslada a vivir a Guanajuato como respuesta a la invitación hecha para “con todos los honores con que se pretendió atraerlo con el nombramiento de Miembro de la Comisión Científica, Literaria y Artística de México y no obstante la nota laudatoria de Víctor Duruy, que lo acompañaba”.

Del compromiso político de Barreda no quedan dudas cuando el 27 de noviembre de 1863 suscribe con otros 73 diputados -entre los que se encuentra Pedro Contreras Elizalde- un manifiesto del Congreso de la Unión a sus comitentes contra la Intervención Francesa y firmada en San Luis Potosí. En mayo del mismo año Barreda inicia sus escritos políticos, dando a luz “De la educación moral” –un breve documento de 21 párrafos- trata de la fundamentación de la reforma en el ramo de la educación moral que debe ser impulsada por el gobierno. Moral racional que Barreda funda, no en dogmas religiosos, sino en la biología (fisiología y patología) y la psicología, cuyo fin sería el cultivo de los buenos instintos: la inclinación al bien común, a los actos simpáticos, o altruistas. El documento resultó significativo en la biografía intelectual y política de Barreda, básicamente, tres razones. Fue el primero en abordar el asunto global de la educación pública en México; ofreció una constancia concreta de las motivaciones ideológicas y efectivas -liberales-positivistas- del autor. Finalmente, es un ejemplo concreto de los fuertes lazos políticos existentes entre Barreda y el grupo de juaristas ya que el documento fue un respaldo a Juárez como presidente frente a una terna de circunstancias adversas en ese momento.

Abordemos uno a uno estos últimos aspectos mencionados. En relación a las motivaciones ideológicas y afectivas Barreda es muy claro cuando señala que el fin de la educación moral sería la modificación de los actos del alma en el sentido más conveniente para alcanzar el bien común por medio del altruismo. A la pregunta de ¿Qué es la educación moral? Barreda responde, en el párrafo 18, que es la más importante de todas las ciencias y la más útil de todas las artes. Son las reglas de conducta comunes a todas las religiones y creencias. Son reglas universales cuyo objeto es la equidad y el amor al prójimo. Las inclinaciones hacia el bien o el mal responden a las necesidades que sus respectivos órganos manifiestan; tales órganos se encuentran en la masa cerebral (alma). Con respecto a la libertad Barreda plantea en el párrafo 15 que:

Lejos de ser incompatible con el orden, la libertad consiste en todos los fenómenos, tanto orgánicos como inorgánicos, en someterse con entera plenitud a las leyes que lo determinan. [...] Otro tanto sucede en el orden intelectual y moral, la plena sujeción a las leyes respectivas caracteriza allí, como en todas partes, la verdadera libertad. No es uno dueño de dar o rehusar su aquiescencia arbitrariamente a una demostración que se ha logrado comprender; la inteligencia, mientras conserva su estado fisiológico, no puede usar de su libertad de otro modo que convenciéndose de la verdad que así se le demuestra y exigir o aun pretender lo contrario, será siempre atacar nuestra libertad [...]

Con respecto a la filiación juarista Barreda en el mismo documento responde, en primer lugar, al maltrato del Episcopado Mexicano dado a Juárez definiéndose claramente en contra de una supuestas autoridad, doctrina y derechos de la Iglesia con respecto a la educación. En segundo lugar, responde al antijuarismo presente expresado de manera concertada por un grupo de 51 diputados que habían pedido su renuncia como Presidente Constitucional el 7 de septiembre de 1861. En respuesta el mismo día otros diputados dan su apoyo a Juárez. La historia de la solicitud de renuncia comienza el día 15 de julio en sesión secreta extraordinaria, tuvo lugar el dictamen de las comisiones unidas de Hacienda y Crédito Público, en relación a la iniciativa del gobierno de percibir todo el producto líquido de las rentas federales. El 16 de julio las sesiones secretas extraordinarias continuaron y en ellas se aprobaron dos propuestas: primero, el Gobierno de la Unión recibiría todo el producto líquido de las rentas federales y se suspenderían los pagos de la deuda externa por el término de dos años; segundo, cada 15 días las aduanas marítimas y oficinas recaudadoras de las rentas federales, tendrían que remitir su estado de ingresos y egresos a la Tesorería General. Pese a los esfuerzos realizados, la firma oficial del decreto de suspensión del día 17 de julio de 1861, aceleró la intervención extranjera. No pasaron más de tres meses de la expedición de aquel decreto, cuando el 7 de septiembre, un grupo de diputados en nombre de supremas necesidades y de la salvación de los principios políticos liberales que profesaban, le pidieron al Ejecutivo su renuncia temporal o absoluta.

¿Cuál era la esencia de aquella protesta? Ante todo, la redefinición de las relaciones políticas entre Juárez y los Estados de la República. Pues entonces la facción antijuarista descubrió que en México no existía la unidad federativa que el sistema republicano exige, como tampoco la unidad nacional: “Vemos en la situación actual un elemento mayor que otro alguno de desorganización en la rotura casi absoluta de los lazos federativos [...] Falta pues, la unidad federativa y con ella faltará dentro de poco la unidad nacional”. Y los solicitantes argumentan de manera categórica que el gobierno ha perdido su legitimidad:

Creemos que para consumar una gran revolución no son bastantes los títulos legales, es necesario el tacto político; creemos que para mandar a un pueblo que tiene la conciencia de su fuerza no alcanza la coacción de la ley y que, en los países que han aspirado ya las auras de la libertad, el único Gobierno posible es el basado sobre el prestigio y el amor de los pueblos, prestigio y amor que desgraciadamente a perdido de todo punto el actual personal de la administración.

En este mismo año las elecciones favorecieron a Juárez por 5282 votos; el triunfo fue ratificado por 61 diputados que votaron por Juárez frente a 55 que votaron por Jesús González Ortega. De acuerdo con Justo Sierra atrás del movimiento contra Juárez estaban desde exaltados hasta moderados y entre estos dos colores se distribuían todos los matices de los enemigos políticos de Juárez que “constituían una suerte de grupo girondino, pero no con un programa de doctrinas, sino una aversión personal.”

Finalmente, el documento de Barreda es un abierto apoyo a Juárez frente a la presencia y consolidación de la intervención francesa. Barreda escribe su documento, bajo la presidencia itinerante de Juárez, dos años después de suspendida la deuda externa, y un ambiente de guerra por todos lados. Guerra de secesión en los Estados Unidos, guerra de intervención preparando la llegada de Maximiliano a México para fundar el II Imperio Mexicano y guerra civil -enfrentamiento entre republicanos y monarquistas, entre liberales y absolutistas, y entre facciones liberales-. Con los actores en lucha, mexicanos, estadunidenses, europeos, el mundo Atlántico mostraba cuan estrechas eran sus relaciones.

En este caos nada aparente Barreda se manifiesta como el ideólogo juarista del orden. Su interés por las reformas educativas para hacer posible un orden político y social -encabezado por el gobierno juarista- es claramente expresado por primera vez. Notable por su consistente argumentación, “De la educación moral” habla en favor de la intervención estatal en la instrucción pública y de cómo las escuelas pueden convertirse en el instrumento de culto a los héroes para dar “ejemplos de moralidad y de verdadera virtud excitándoles el deseo de imitarlos, no a fuerzas de aconsejárseles ni menos de prescribírseles, sino haciendo que este deseo nazca espontánea e insensiblemente en ellos, en virtud de la veneración irresistible de que se vean poseídos hacia hombres cuyos hechos se les hayan referido.”

Otros documentos por venir -del mismo Barreda- como la “Oración cívica” del 16 de septiembre de 1867 y la “Carta” dirigida a Mariano Riva Palacio el 10 de octubre de 1870, compartirán este interés por la educación pública en aras de un orden político secular y laico-. El documento “De la educación moral” es una importante constancia de una visión del mundo compartida por un grupo de mexicanos encabezados por Juárez en el terreno político y por Barreda en el ideológico. Así mismo establece con claridad que el objetivo del orden político, es el objetivo que podría alcanzarse a través de las escuelas públicas.

Otro hecho de primera magnitud que hay que tomar en cuenta son las reacciones generadas en torno a la Constitución de 1857. Muy pronto se vio frustrada en su objetivo de unir a los mexicanos al grado que el presidente en turno –Ignacio Comonfort- se ve obligado a derogarla creando una división mayor entre los actores políticos que estaba muy lejos de los esfuerzos políticos de conciliación con los que se inició el Constituyente de 1856. Tanto los dividió que fue el pretexto para iniciar una feroz lucha por el poder entre defensores y denostadores, preparando con ello la intervención extranjera. Y nuevamente Barreda da muestra de sus habilidades como clínico, tanto en su “De la educación moral” como en su “Oración cívica”. En ambos documentos se interpretan hechos sociales y se replantean problemas en torno a su pasado y presente –la tradición cultural en lo relativo a la condición humana-, y de una posible salida a su desarrollo y progreso. De esta manera, la visión del pasado y futuro de la humanidad están considerados en el diagnóstico que el médico Barreda hace del presente mexicano. Es así que en ambos documentos los lectores nos vemos envueltos en las preguntas acerca de la validez del conocimiento de la realidad y de su uso en la práctica para determinar el futuro de la sociedad mexicana.

En el contenido “De la educación moral” se aprecia la orientación positivista del autor. Como ya lo señalamos antes es con este tema que Barreda abre su expediente en torno a su personal interés en materia político-educacional y en las reformas encabezadas por el Estado en dicha materia. La regeneración a la que aspira, Barreda pretende llevarla a cabo dividiendo la responsabilidad entre la familia y las escuelas públicas. La primera debe estimular la práctica de las buenas acciones y reprender las malas, mientras que la segunda debe proporcionar los ejemplos de moralidad y de verdadera virtud. De esta manera Barreda distribuye responsabilidades: la familia educa y la escuela instruye.

Del título del documento se desprenden las preguntas que le dan sentido. ¿Quién debe educar? La familia. El gobierno debe instruir. ¿Qué debe enseñar? La moral. ¿A quién debe instruir? A los ciudadanos, a los súbditos del gobierno. En otras palabras la escuela pública mediante la enseñanza de las buenas acciones, de ejemplos de verdadera virtud, debe moralizar al ciudadano. La necesidad de la reforma o regeneración, dice Barreda, viene de la necesidad por revertir, fundamentalmente, dos efectos de la tradición cultural: la influencia desastrosa de una educación puramente egoísta dependiente de los dogmas religiosos, y el anárquico e inmoral escepticismo, que fue la necesaria e inmediata consecuencia del rápido y creciente descrédito a que desde la aparición de las doctrinas disolventes del siglo XVIII, y sobre todo, desde la gran explosión francesa, quedó irrevocablemente sujeto el catolicismo, y con mayor razón, el protestantismo. Todo esto está anunciando una mejor sistematización de los mitos liberales en torno a la legitimidad del nuevo Estado que está inmerso en el mito de la civilización, esto es, de que la única fundamentación racional del nuevo Estado debería provenir de la ciencia, ya que ella garantizaba el orden político y social, y por medio de la reforma educativa –donde se conciliara el laicismo con la obligación del gobierno en velar por él- era posible la reforma social y política, la conciliación y la unidad nacional. Esta sistematización será objeto de la “Oración cívica”.

Ese objetivo lo fundamenta en el develamiento de varias dicotomías utilizadas por Barreda entre los que resaltan las que tienen que ver con la oposición entre la autoridad versus la convicción: el mezquino interés individual (las inclinaciones malévolas, los malos instintos, las tendencias egoístas) versus el bien común (las inclinaciones benévolas, los buenos instintos, las inclinaciones altruistas), el espíritu teológico (los teólogos y los metafísicos) versus el espíritu positivo (lo científico), la moral sobre bases positivas y evidentes versus el anárquico e inmoral escepticismo y, finalmente, la verdadera libertad, la plena sujeción a las leyes del orden intelectual (la verdad) y la moral (amar siempre lo se cree bueno y rechazar lo que parece malo) versus la libertad inmoral y absurda, la arbitrariedad, el ciego capricho, la inquisición.

Con la Intervención en su momento más álgido, el documento de Barreda no tuvo mayor impacto. De eso dan cuenta los periódicos de la época que no refieren polémica alguna. Y mientras tanto Barreda, según sus biógrafos, se dedicó a la práctica profesional de la medicina en Guanajuato en donde se daría la lectura de la “Oración cívica”.

Con el triunfo de los republicanos don Gabino es nombrado para pronunciar, el 16 de septiembre de 1867 en la ciudad de Guanajuato, el discurso conocido como “Oración cívica”. Con lo dicho hasta aquí comprendemos que la designación de Barreda como orador en fecha y lugar tan simbólicos para los mexicanos no era gratuita. Barreda cubría con creces el requisito político de lealtad hacia el grupo juarista para representarlo, era una autoridad reconocida en el campo de la medicina y, algo importante, tenía un discurso que decir y que seguramente contaba con el aval de sus más allegados y probablemente del mismo Juárez.

Cuando se acercaba el año de 1878, Díaz se engrandecía políticamente y le dio el cargo a Barreda de ministro plenipotenciario de México en Alemania, Barreda se fue a Europa en abril de ese año, donde también ahí dio muestras de su gran laboriosidad, pues además de cumplir con los deberes propios de su puesto, recibió un premio por haber descubierto una manera más eficaz de hacer las operaciones quirúrgicas con un alto grado de complejidad que existían hasta ese momento, representó a su país en la Conferencia Internacional de Sistemas Penitenciarios llevada a cabo en Estocolmo, y participó como delegado mexicano en el Congreso Mundial de Correos. 

Cuando dejó el cargo de Alemania 1880, viajó a París donde conoció a Pierre Laffitte, el heredero intelectual de Comte y líder de los Positivistas ortodoxos, durante su regreso a México tenía planeado dar una serie de cursos sobre la Religión del Hombre, pero la enfermedad que lo llevó a la muerte se lo impidió. Barreda regresó a México en 1880, “sereno, estoico y quizás mortalmente herido por los esfuerzos tan intensos que realizó”, siempre con el deseo de servir a su patria, regresó a morir y no a difundir la Religión del Hombre. Muchos de sus amigos que estuvieron cerca de él en los buenos tiempos le dieron ahora la espalda. Pasó sus últimos días recluido en la tranquilidad de su casa de Tacubaya, donde murió el 10 de marzo de 1881. 

En un homenaje rendido a Barreda en el Teatro Abreu de la ciudad de México el 22 de marzo de 1908, Justo Sierra, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, habla frente al cadáver:

Maestro: yo, en mis años juveniles, saturado el espíritu de adoraciones revolucionarias; quise medir contigo mis armas, te creí injusto; tu pulverizaste mis argumentos y sonreíste con augusta bondad de mis frases irrespetuosas. Hoy, el viejo y poco fatigado luchador, coloca en los peldaños de tu altar su espada rota, y el vencido se confunde venturoso en el grupo inmenso de los que te admiran, de los que te bendicen, de los que te aman.

Seguramente en todos los reunidos estaban presentes tanto las palabras de Juárez como de Barreda:

Mexicanos: hemos alcanzado el mayor bien que podíamos desear, viendo consumada por segunda vez la independencia de nuestra Patria. Cooperemos todos para poder legarla a nuestros hijos en camino de prosperidad, amando y sosteniendo siempre nuestra independencia y nuestra libertad.

Que en lo sucesivo una plena libertad de conciencia, una absoluta libertad de exposición y de discusión, dando espacio a todas las ideas y campo a todas las aspiraciones, deje esparcir la luz por todas partes y haga innecesaria e imposible toda conmoción que no sea puramente espiritual, toda revolución que no sea meramente intelectual. Que el orden material, conservado a todo trance, por los gobernantes y respetado por los gobernados, sea el garante cierto y el modo seguro de caminar siempre por el sendero florido del progreso y de la civilización.

Puebla, Pue., Paseo de las Fuentes, 18 de febrero de 2020



Material extra: Barreda y el mitologema liberal

domingo, 16 de febrero de 2020

Del Big Bang a la visión cultural de la Cuarta Transformación (4T). La lengua el factor constituyente de una persona. 3er Congreso de etnografía contemporánea del estado de Puebla 17-21 de febrero de 2020

Del Big Bang a la visión cultural de la Cuarta Transformación (4T).
La lengua el factor constituyente de una persona.
3er Congreso de etnografía contemporánea del estado de Puebla
17-21 de febrero de 2020
Mtro. José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP
robledomeza@yahoo.com.mx
wa: 2223703233

Resumen
Es a partir de los hallazgos de los etnólogos que el filósofo produce un enfoque más general y abstracto; el filósofo observaría que en el discurso del etnólogo hay dos elementos centrales: el hablar y el hacer (la cultura) de los grupos.

¿Existe un grupo social que podría denominarse mexicano? Si la respuesta es afirmativa entonces pasaríamos a la pregunta ¿qué habla es la que constituye “la cultura mexicana? En el presente mexicano de 69 lenguas existentes el español es la lengua subordinante y por lo tanto, el español es el habla constituyente de la cultura mexicana si es que ésta existe. Y ¿dónde el español ejerce su relación subordinante? La respuesta es: en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos la que originalmente fue discutida y aprobada utilizando el español.

Si a lo anterior agregamos que existe un proyecto político-económico-cultural llamado 4T, entonces resulta significativo observar “cómo” se comunican las intenciones y las actividades propuestas para concretarlas para así constituir un grupo que podemos llamar “mexicano”.

Entonces preguntémonos por la importancia del español en la cultura “mexicana” y por el instrumento que puede hacer posible “lo mexicano”: la educación.

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El papel de la cultura y la educación en la divisa “El Pueblo Soberano como base, una Nueva República como fin y la Cuarta Transformación como "medio”.

El papel de la lengua en la cultura

El próximo año –el 13 de agosto- se cumplirán 500 años de la llegada de Hernán Cortés a las costas del actual Veracruz y de los procesos que provocaron la caída de Tenochtitlán (13 de agosto de 1521).

Si los etnógrafos estudian de manera sistemática la cultura de los diversos grupos humanos; si observan las prácticas culturales de los grupos sociales para poder participar en ellos y así poder contrastar lo que la gente dice (discurso) y lo que hace (prácticas culturales) si esta técnica se utilizó para analizar a las comunidades aborígenes, actualmente se aplica para el estudio de cualquier grupo humano que se pretenda conocer mucho mejor. El grupo que pretendo poner frente a nosotros es el de los mexicanos cuya lengua madre es el español.

Es a partir de los hallazgos de los etnólogos y lingüistas que el filósofo produce un enfoque más general y abstracto; el filósofo observa que en el discurso de los etnólogos hay dos elementos centrales: el hablar y el hacer -la cultura- de los grupos.

Junto a esta información mencionaré algunos elementos que me permitieron sorprenderme y que me permitieron redactar esta comunicación. Espero sorprenderlos también.

Hemos hecho un viaje un poco largo para estar aquí ahora. Los cosmólogos hablan de un viaje de 13,800 millones de años. Estoy en este momento -2020- asumiéndome como mexicano pero antes que nada como persona que se asombra de estar comunicándome con ustedes en español y en esta coyuntura llamada 4T. Como lo he dicho entre la génesis del Universo hasta la aparición de la 4T han transcurrido 13,800 millones de años. Toda la historia de la humanidad ocupa solo los últimos 21 segundos de la historia del Universo. En esta escala de tiempo cósmico la edad humana promedio dura 0.15 segundos¹. Hace apenas 9 segundos (31 de diciembre a las 23:59:51) que hemos inventado el alfabeto y la rueda y hace 8 segundos (31 de diciembre a las 23:59:51) el código de Hammurabi (Babilonia), hace un segundo Cortés conquista la ciudad de México.

¡Ahora mismo!: el primer instante del primer día del segundo año cósmico estamos aquí reunidos en este congreso haciendo evidente que la computadora es una herramienta de la vida cotidiana, herramienta que, entre otras cosas, nos ha permitido imitar la vida biológica, extender el desarrollo de la ciencia y tecnología; ver surgir una nueva cultura global, una civilización cosmopolita. Con este instrumento hemos podido dar los primeros pasos en la exploración planetaria en naves espaciales, buscar inteligencia extraterrestre y producir los primeros artefactos producto de los proyectos de Inteligencia y Conciencia Artificiales. Pero también producir los medios de autodestrucción humana. 

Es en este contexto que intentamos los mexicanos construir una visión cultural del Universo a partir de la divisa “El Pueblo Soberano como Base, una Nueva República como fin y la Cuarta Transformación como medio”. Esta historia que va del Big Bang a la 4T puede construirse gracias al proceso de continuidad de la mente. En esta historia hay tres momentos notables: la aparición de la vida, la aparición de la vida mental y la aparición de la evolución por amor creador. Es en este contexto que nos preguntamos ¿de qué manera construimos un sistema de 70 lenguas y 364 variantes para continuar mejorando nuestra condición de personas? Esto sí solo contemplamos el espacio llamado México. Si vamos más allá y según el portal “La etnología: Lenguas del mundo” en el año 2018, el número de lenguas que existían en el mundo era de 7.100 y 9,231 idiomas extintos conocidos actualmente.

Si nos apoyamos en la mirada de los etnólogos y vemos lo que aquí está pasando, cómo estamos hablando y qué estamos haciendo concluiríamos que hay un grupo que está compartiendo su cultura por medio de una lengua: el español. Se hablará de otras lenguas usando el español. Podríamos decir que en este momento el español es la lengua subordinante. Aún más el español es la lengua subordinante desde la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos la que originalmente fue discutida y aprobada utilizando el español.

Preguntémonos entonces por la importancia del español en la construcción de una visión cultural del Universo aprovechando el instrumento que puede hacer posible esta tarea: la educación dentro del proyecto político-económico-cultural llamado 4T. Por supuesto que no debe obviarse que en la actualidad se manifiesta en la violencia un gran malestar cultural, esta violencia revela un síntoma: el amor por los demás y por lo que se hace es una práctica cada vez menos valorada. No es un buen augurio para la cultura que el amor por los demás y por lo que se hace –valor intrínseco- empiece a parecer inaceptable y hasta ridículo. Se hace solo lo que tiene mercado o patrocinio. 

Otro ingrediente más para sazonar nuestra sorpresa. El pasado 31 de enero apareció en la revista Proceso la entrevista titulada “La conquista perdida: El español contra las lenguas originarias” que Judith Amador Tello le hiciera al lingüista de El Colegio de México, Luis Fernando Lara Ramos, quien dirige el proyecto del Diccionario del español de México. En esta entrevista Luis Fernando señala “Todo pasa por el lenguaje”, “El proceso de adopción del español por parte de los nahuas tomó 200 años”, debido a una fuerte resistencia cultural –en la que participaron enfrentados el clero regular y el secular– antes de comenzar a ser bilingües. De ahí que sitúe en el inicio el papel de la lengua en la Conquista, y por supuesto el de Malinche traductora, porque el grueso del ejército de Cortés no hablaba español.” Esto es muy importante en el contexto de los 500 años de la llegada de Hernán Cortés a las costas del actual Veracruz y de los procesos que provocaron la caída de Tenochtitlán (13 de agosto de 1521). A la Malinche como a la lengua española les “atribuye un papel tan “estratégico” que sin ella –la Malinche- Cortés no hubiera podido organizar a sus aliados tlaxcaltecas. Dice Luis Fernando “las lenguas que se hablaban en aquel momento y las traducciones, fueron decisivas en el desarrollo de los acontecimientos. Sin embargo, el español tardó más de 200 años en ser aprendido por los indígenas, y hasta hoy más de 60 idiomas originarios, y sus variantes persisten y se han constituido en una forma de resistencia cultural.” Continua el investigador, “los españoles en general no aprendieron alguna de nuestras lenguas, si acaso algunas palabras para actos elementales como pedir comida. En cambio, sí lo hicieron “de manera maravillosamente buena” los misioneros como fray Pedro de Gante, quien “al percatarse de la cantidad de imágenes y símbolos que se utilizaban en los códices mexicas, el fraile pretendió escribir un Padre Nuestro “con monitos”. Y otro franciscano, Jacobo de Testera, imitó la idea con los “catecismos ilustrados” o “catecismos testerianos”. Es difícil imaginar su efecto, apunta, porque De Gante ponía un monito como Jesús, otro como un ángel y etcétera, “pero los jeroglíficos no son monitos, tienen un contenido simbólico muy profundo”.” Subraya el lingüista que durante el siglo XVI sólo los misioneros “se tomaron el trabajo de aprender no sólo náhuatl, sino todas las lenguas de las regiones que iban colonizando. A ellos les debemos trabajos centrales para entender el mundo náhuatl: fray Bernardino de Sahagún con la Historia general de las cosas de la Nueva España; a fray Alonso de Molina con su diccionario español-náhuatl/náhuatl-español y muchos más”. “Por su parte, los nahuas tuvieron que aprender sobre todo los nombres de las instituciones políticas y administrativas creadas por los españoles, porque se les impuso ese gobierno, y poco a poco fueron aprendiendo palabras que hoy nos parecen comunes: caballo, yegua, tabaco, que traían los españoles de fuera, de parte de las Antillas, pero “el proceso de adopción del español por parte de los nahuas tomó 200 años. Presentaron una fuerte resistencia antes de comenzar a ser bilingües”.” “Recuerda que fray Juan de Palafox, quien fue primero oidor de México, luego obispo de Puebla y finalmente virrey, hizo un viaje para reconocer su obispado, que comprendía parte de Veracruz y Oaxaca, e iba tomando nota de los sacerdotes que hablaban lenguas indígenas, y la mayor parte de ellos lo hacía. Entonces puntualiza el investigador que la pérdida de las lenguas fue un proceso distinto a la guerra de Conquista: “Se debió al mestizaje. Muy al principio, los mestizos, hijos de español e india, pasaban a formar parte de las casas de los españoles y aprendían el idioma. Seguramente conservaban el náhuatl, pero cuando empezó a crecer la población de mestizos, los españoles ya no los querían tener en sus casas y entonces los echaron. De modo que se produjo una población cada vez más grande de mestizos que no tenía casa, que vagaba, y su lengua de comunicación era el español. A estos mestizos se debe que, poco a poco, se hayan ido perdiendo en este caso el náhuatl y después las otras lenguas. Y es lo que nosotros heredamos.”

–¿Entonces el idioma español no se impuso “a sangre y fuego”?
–Por el hecho de que establecieron en los dominios indígenas formas políticas e instituciones españolas con las cuales vino la lengua, sí, sin duda fue una imposición, pero también fueron las condiciones sociales del mestizaje, y con ello no estoy acusando a los mestizos de una especie de traidores. No, de ninguna manera: Las condiciones sociales que vivieron los obligaron a aprender el español. Lo mismo pasó con los africanos que llegaban como esclavos, hablaban diversas lenguas africanas y la única manera que tenían de comunicarse entre sí, con los españoles, con los indios y los mestizos, era el español. Entonces se vieron en la obligación de aprenderlo.”

Hablemos rápidamente de la historia del español contemporáneo. Es a partir del castellano medieval (X-XIV) que Alfonso el sabio (1252-1284) impulsó lo que se conoce como español medio (XV) y este a su vez dio origen español moderno. Todo esto ocupó solo 2 segundos de la escala cósmica mencionada.

Por medio del español millones de personas en el mundo desarrollamos diferentes operaciones lingüísticas: hablar, escuchar, entender, escribir, leer, traducir, interpretar, etc. y hacerlas de diferentes modos: monologando, dialogando, discutiendo, razonando, planeando, etc. para desempeñar varios tipos de actos lingüísticos: describir, preguntar, ordenar, expresar, etc. Para los hablantes del español experimentar el mundo, es experimentarlo a través de las categorías lingüísticas del español. El concepto de realidad depende de estas categorías. 

Por el español nombramos nuestras experiencias, nuestras relaciones sociales, los objetos con los que nos encontramos. Por el español es que poseemos el poder del pensamiento abstracto que nos permite conceptualizar y relacionarnos con el mundo tal y como lo hacemos. En pocas palabras, las posibilidades de usar el español son infinitas. Sin el español serían imposibles todas aquellas manifestaciones características de nuestra cultura. Por el español nos hacemos personas, nos hacemos individuos dentro de una amplísima comunidad: la humanidad².

Los conceptos tienen una importancia decisiva en toda actividad humana: pensamos, planeamos, razonamos, etc., mediante conceptos; si no se comprenden los conceptos, si no se organizan entonces estas capacidades permanecen bloqueadas con la consiguiente incapacidad tanto de resolver problemas como de generar conceptos nuevos que nos ayuden hacerlo. Los conceptos son parte de la experiencia y, en muchos casos, sería del todo imposible tener la experiencia sin un dominio del vocabulario apropiado.

No estamos afirmando que el español haga la realidad sino que lo que cuenta como realidad, depende de las categorías que le imponemos al mundo; y esas categorías, en la gran mayoría, son lingüísticas, pertenecen al español.

De esta manera queda revelada la importancia del desarrollo de las habilidades lingüísticas en el desarrollo cognitivo de las personas: las habilidades amplias de leer, escribir, escuchar y hablar son importantes para el aprendizaje significativo. Los filósofos se preocupan por el lenguaje porque existe el convencimiento de que pensamos con palabras y, además porque estas mismas son actos. El examen de las palabras o conceptos es, al mismo tiempo, el examen del pensamiento y de las distintas formas de vida, incluso de ser.

Dicho lo anterior es comprensible que las afirmaciones siguientes sean equivalentes: “el humán hizo el lenguaje; el lenguaje hizo al humán”. Tan importante es el lenguaje para la condición humana que Aristóteles definió al humán como el animal dotado de lenguaje.

En México es de primera importancia aprender a usar correctamente el español. Por el español es que los mexicanos podemos comunicarnos y establecer racionalmente nuestros acuerdos y desacuerdos. Por el español es que adquirimos los sistemas conceptuales que nos permiten describir, explicar y comprender la realidad. El español nos proporciona junto con la lógica y las matemáticas las categorías lingüísticas necesarias. Examinar los discursos a través de las palabras es examinar nuestros pensamientos.

¿Cómo se aprende el español? Usándolo correctamente y una táctica para estudiar el español es analizando sistemas de “pensamientos”. Es aquí donde se puede articular un sistema de 70 lenguas a través del español.

Aquí surge la propuesta de un posible enfoque en el estudio del español para los hablantes de otras lenguas. Concebir el español como una actividad que se concreta en operaciones, actos y modos lingüísticos para facilitar la comunicación de los demás hablantes.

Durante el siglo XX, millones de hispanoamericanos han emigrado a Estados Unidos, con lo que se han convertido en la minoría más numerosa del país: más de 41 300 000 personas (2004).

El 1 de mayo de 2006 durante el Gran Paro Americano de inmigrantes ilegales se entonó el Himno Nacional de los EUA en castellano.

En México, a principios del siglo XX, aparecieron diferentes representaciones o modelaciones de la realidad: mitos, religiones, poesía, pinturas, música, artes plásticas, ciencias… y el proyecto político que hoy identificamos como 4T. Todo lo anterior es cultura y con todo ello México comenzó a existir. Con estas representaciones la mente del mexicano adquirió la capacidad para controlar las condiciones de su existencia. En esas representaciones hay un valor de supervivencia; con ellas el mexicano ha intentado apropiarse del orden de la existencia y llevarlo a servir propósitos humanos. Con el uso cotidiano de la computadora como instrumento para estudiar la realidad y con ello la posibilidad de simularla y simular la mente, los jóvenes empiezan adquirir conciencia de que toda vida puede ser creadora de muchas maneras, y lo mejor sería que, sobre la marcha, aprendamos a convertir nuestra opresión en libertad, nuestra vida cotidiana en alegría.

Para la mayoría de los mexicanos –de todas las edades y de todas las condiciones- el español es mucho más que un simple universo de signos convencionales provistos de significados (conceptos). El español es el medio que sirve para comunicarnos, las palabras que lo componen nos permite expresar ideas. Por el español podemos referir experiencias, expresarlas y transformarlas. El español es la vía por la cual transmitimos y aprendemos conceptos que son los componentes más importantes del intercambio cultural. Por el español es que podemos persuadir a millones de humanes a modificar nuestras creencias y conductas y socializar lo que está plasmado en los tres primeros artículos de nuestra Constitución Política.

El artículo 1 de la Constitución, del Capítulo I De los Derechos Humanos y sus Garantías establece que en los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece.

Artículo 2o. La Nación Mexicana es única e indivisible.
La Nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas que son aquellos que descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciarse la colonización y que conservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas. La conciencia de su identidad indígena deberá ser criterio fundamental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre pueblos indígenas.

Artículo 3o. Toda persona tiene derecho a la educación que se basará en el respeto irrestricto de la dignidad de las personas, con un enfoque de derechos humanos y de igualdad sustantiva³. Tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará el amor a la Patria, el respeto a todos los derechos, las libertades, la cultura de paz y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia; promoverá la honestidad, los valores y la mejora continua del proceso de enseñanza aprendizaje. (…) El Estado priorizará el interés superior de niñas, niños, adolescentes y jóvenes en el acceso, permanencia y participación en los servicios educativos.

A manera de colofón recojo las palabras del lingüista en la entrevista mencionada:

–En el presente, pero con perspectiva histórica y de la revisión de los 500 años, ¿cuál es la fortaleza del español en el mundo globalizado?

–El español en su conjunto es la segunda lengua más hablada del mundo después del chino, más que el inglés. Ahora el inglés es la lengua extranjera más hablada en el mundo porque la aprenden los chinos y la aprende todo el mundo y, además, desde finales de la Segunda Guerra Mundial está realizando el comercio, la política, las relaciones internacionales, etcétera. Eso nos coloca a todos los hispanohablantes en una posición secundaria, pero no quiere decir que nuestro español no funcione, por el contrario, es muy pujante, podemos dividirlo en 22 nacionalidades, tenemos una literatura perfectamente creativa, un español popular riquísimo.
Donde sí hay dificultades es en el uso del español en las ciencias, precisamente por la globalización del inglés. Y recuerda que hace años viene haciendo un llamado a los científicos de habla hispana para divulgar sus avances en español, cumplir con el inglés si lo requieren sus necesidades discursivas para la academia, pero hacer una versión al español, para establecer relación con la gente y vaya apoderándose de ese conocimiento: “Siempre he dicho que la ciencia es la avanzada de la cultura y no podemos permitir que se nos corte la cultura. Nos sucedería lo que les pasó a los nahuas, que ya no pudieron seguir desarrollando su propio conocimiento y ahora, lamentablemente, no hay todavía una escuela perfectamente bilingüe en náhuatl. Si uno intenta explicar en náhuatl química ¿cómo le hace?” 


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1 1 año = 12 meses = 48 semanas = 365 días = 8,760 horas, horas = 525,600, 31,536,000 segundos.
1 segundo = 438 años.
2 El Instituto Cervantes en El español, una lengua viva. Informe 2018, nos informa que hay 577 millones de hablantes de español; 480 millones lo hablan con dominio nativo como primera o segunda lengua, el resto lo habla con competencia limitada entre los que hay 22 millones de estudiantes. La Wikipedia a su vez nos informa que el español es la segunda lengua del mundo por el número de personas que la hablan como lengua materna tras el chino mandarín, de modo que puede ser considerada la tercera lengua del mundo por el total de hablantes tras el mandarín y el inglés, con cerca de 22 millones de estudiantes, y la tercera en comunicación internacional tras el inglés y francés. El español posee la tercera población alfabetizada del mundo (un 5,47 % del total), siendo la tercera lengua más utilizada para la producción de información en los medios de comunicación, y también la tercera lengua con más usuarios de Internet, después del chino y el inglés, con 256 millones de usuarios aproximadamente, lo que representa el 7,6 % del total. La lengua es hablada principalmente en España​e Hispanoamérica; es oficial pero no nativa en Guinea Ecuatorial y en el estado en el exilio de Sahara Occidental. Es hablada también por inmigrantes en muchos países, notablemente en Estados Unidos, donde una parte muy pequeña de las comunidades de hablantes proviene de la época colonial española. El español es uno de los seis idiomas oficiales de la Organización de las Naciones Unidas. Es también idioma oficial en varias de las más importantes organizaciones político-económicas internacionales -la Unión Europea, la Unión Africana, la Organización de Estados Americanos, la Organización de Estados Iberoamericanos, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la Unión de Naciones Suramericanas, la Comunidad del Caribe, los Estados de África, del Caribe y del Pacífico y el Tratado Antártico, entre otras- y del ámbito deportivo, la FIBA, la FIFA, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo, etc.
3 En términos legales, la igualdad sustantiva se conoce como de facto, cuando los derechos se aplican y practican en la realidad, logrando cambios que van más allá de las palabras y acuerdos escritos, es decir, con resultados que En términos legales, la igualdad sustantiva se conoce como de facto, cuando los derechos se aplican y practican en la realidad, logrando cambios que van más allá de las palabras y acuerdos escritos, es decir, con resultados que pueden observarse

sábado, 15 de febrero de 2020

AMOR EVOLUTIVO

AMOR EVOLUTIVO
Charles S. Peirce (1893)

Traducción castellana de Sara Barrena (2006)

Este texto fue publicado originalmente en The Monist 3 (Enero 1893): 176-200 y, posteriormente se reprodujo en CP 6.287-317. La traducción se ha realizado a partir del texto original, “Evolutionary Love”, que se encuentra en EP 1, 352-371. Este artículo es el quinto y último de una serie de artículos que Peirce escribió para The Monist, en los que trataba de aplicar su filosofía evolutiva a las cuestiones metafísicas. En este último texto Peirce desarrolla su agapismo, esto es, la doctrina de que la ley del amor es operativa en el mundo. Argumenta que de los tres tipos de evolución (por variación fortuita, por necesidad mecánica y por amor creador) la tercera es la más fundamental. Peirce suscita una polémica contra el “evangelio de la avaricia”, realiza una defensa del sentimentalismo correctamente entendido, compara algunos de sus puntos de vista con los del Cristianismo y finaliza con una discusión de la continuidad de la mente.
Agapismo: sostiene que la evolución cósmica tendería a incrementar el amor fraterno entre los hombres.

A primera vista. Contra-evangelios
La filosofía, justo cuando estaba escapando de su dorada crisálida, la mitología, proclamó que el gran agente evolutivo del universo era el Amor. O, ya que esta lengua-pirata, el inglés, es pobre en tales palabras, digamos Eros, el amor-exuberancia. Después, Empédocles estableció el amor apasionado y el odio como los dos poderes coordinados del universo. En algunos pasajes la palabra es amabilidad. Pero, ciertamente, en cualquier sentido en el que el amor tenga un contrario, la posición más alta que éste puede alcanzar es ser una parte principal de ese contrario. A pesar de todo, el evangelista ontológico, en cuyo tiempo esas opiniones eran cuestiones familiares, hizo que el Único Ser Supremo, por el que todas las cosas habían sido hechas de la nada, fuese el amor que cuida. Entonces, ¿qué puede decir del odio? No importa en este momento lo que el escriba del Apocalipsis, si fuese Juan, pudiera haber soñado al ser llevado por la larga persecución a una rabia incapaz de distinguir entre las sugerencias del mal y las visiones del cielo, hasta convertirse así en el Difamador de Dios ante los hombres. La cuestión es más bien qué pensó el cuerdo Juan, o qué debería haber pensado, para llevar a cabo su idea consecuentemente. Su afirmación de que Dios es Amor parece apuntar a ese dicho del Eclesiastés de que no podemos decir si Dios nos guarda amor u odio. “No”, dice Juan, “sí que podemos decirlo, ¡y de forma muy simple! Conocemos el amor que Dios nos tiene y hemos confiado en él. Dios es amor”. No hay lógica en esto a menos que signifique que Dios ama a todos los hombres. En el parágrafo precedente había dicho “Dios es la luz y no existe oscuridad en Él”. Hemos de entender entonces que, así como la oscuridad es meramente la falta de luz, el odio y el mal son simplemente meros estados imperfectos de αγαπη y αγαθον, el amor y lo amable. Esto concuerda con esas palabras recogidas en el evangelio de Juan: “Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo fuera salvado por medio de Él. Aquel que cree en Él no será juzgado: aquel que no cree en Él ha sido ya juzgado…Y este es el juicio, que la luz ha venido al mundo y que los hombres prefirieron la oscuridad a la luz”. Es decir, Dios no les impone ningún castigo, sino que se castigan a sí mismos por su afinidad natural a lo defectuoso. Por tanto, el amor que Dios es, no es un amor del que el odio sea lo contrario, pues de otro modo Satán sería un poder coordinado, sino que es un amor que abraza al odio como un estado imperfecto suyo, un Anteros¹ —sí, que incluso necesita el odio y lo odioso como objeto suyo. Pues el amor a sí mismo no es amor, de modo que si Dios es en sí mismo amor, aquello que Él ama ha de ser el defecto de amor, de igual modo que una lumbrera sólo puede iluminar aquello que de otro modo estaría oscuro. Henry James, el Swedenborgiano, dice: “sin duda es muy tolerable que el amor finito o de las criaturas se ame a sí mismo en otro, que ame a otro por su conformidad con su propio ser, pero nada puede estar en más flagrante contraste con el Amor creador, cuya completa ternura ex vi termini debe reservarse sólo para lo que intrínsecamente es más amargamente hostil y negativo para sí mismo”. Esto es de Substance and Shadow: an Essay on the Physics of Creation. Es una pena que no hubiese llenado sus páginas con cosas como ésta, como fácilmente era capaz de hacer, en lugar de reprender a su lector y a la gente en general hasta que la física de la creación fuera poco menos que olvidada. Sin embargo, debo deducir de lo que acabo de escribir que obviamente ningún genio podría hacer todas sus frases tan sublimes como una que revele la solución perpetua al problema del mal.
El movimiento del amor es circular, proyectando creaciones hacia la independencia y trayéndolas en uno y el mismo impulso a la armonía. Esto parece complicado cuando se afirma así, pero se resume de forma completa en la fórmula simple que llamamos la Regla de Oro. Ésta no dice, por supuesto, Haz todo lo posible para satisfacer los impulsos egoístas de otros, sino que dice, Sacrifica tu propia perfección por el perfeccionamiento de tu vecino. Tampoco debe confundirse ni por un momento con el lema benthamita, o helvético o beccariano, Actúa por el bien mayor del mayor número de personas. El amor no se dirige a abstracciones sino a personas, y no a personas que no conocemos ni a números de gente, sino a nuestras personas queridas, nuestra familia y nuestros vecinos. “Nuestro vecino”, recordamos, es aquel que vive cerca nuestro, no quizá geográficamente, pero sí en vida y sentimiento.
Todo el mundo puede ver que la afirmación de San Juan es la fórmula de una filosofía evolutiva, que enseña que el crecimiento viene sólo del amor, no diré del auto-sacrificio, sino del impulso ardiente de llenar el impulso más alto de otro. Supongamos, por ejemplo, que tengo una idea que me interesa. Es mi creación. Es mi criatura, pues tal y como mostré en The Monist del pasado julio, es una pequeña persona; la amo, y moriría por perfeccionarla. No es aplicando la fría justicia al círculo de mis ideas como las haré crecer, sino queriéndolas y cuidándolas como haría con las flores de mi jardín. La filosofía que extraemos del evangelio de Juan es que esa es la manera en que la mente se desarrolla; y en cuanto al cosmos, sólo en tanto que es todavía mente, y por lo tanto tiene vida, es capaz de una evolución posterior. El amor, reconociendo gérmenes de amabilidad en el odio, lo lleva poco a poco hacia la vida, y lo hace amable. Esa es la clase de evolución que todo estudiante cuidadoso de mi ensayo “La ley de la mente” debe ver que el sinejismo reclama.
El siglo diecinueve está ahora tocando a su fin rápidamente, y todos comenzamos a revisar sus logros y a pensar qué característica está destinado a llevar en la mente de los futuros historiadores comparado con otros siglos. Creo que será llamado el Siglo Económico, pues la economía política tiene más relaciones directas con todas las ramas de su actividad de lo que tiene ninguna otra ciencia. Pues bien, la economía política tiene también su fórmula de redención. Es ésta: la inteligencia al servicio de la avaricia asegura los precios más ajustados, los contratos más justos, la conducta más inteligente en todos los tratos entre los hombres, y conduce al summum bonum, alimento en abundancia y perfecta comodidad. ¿Alimento para quién? Bien, para el avaro maestro de la inteligencia. No pretendo decir que ésta sea una de las conclusiones legítimas de la economía política, cuyo carácter científico reconozco plenamente, sino que el estudio de las doctrinas, verdaderas en sí mismas, a menudo fomentará de forma provisional generalizaciones extremadamente falsas, del mismo modo que el estudio de la física ha fomentado el necesitarianismo. Lo que digo entonces es que la gran atención prestada a las cuestiones económicas durante nuestro siglo ha provocado una exageración de los efectos beneficiosos de la avaricia y de los desafortunados resultados del sentimiento, hasta que ha dado lugar a una filosofía que llega inconscientemente a esto, a que la avaricia es el gran agente de la elevación de la raza humana y de la evolución del universo.
Abro un manual de economía política² —el más típico y normal que tengo a mano— y encuentro algunas observaciones de las que haré aquí un breve análisis. Omito las calificaciones, las observaciones que buscan la benevolencia, las frases para apaciguar los prejuicios cristianos, los adornos que sirven para esconder tanto al lector como al autor la fea desnudez del dios-avaricia. Pero he estudiado mi posición. El autor enumera “tres motivos de la acción humana:
- el amor a uno mismo; 
- el amor a una clase limitada que tiene intereses y sentimientos comunes a los de uno mismo; 
- el amor a la humanidad en general”. 
Nótese, como punto de partida, qué título servil se concede a la avaricia: “el amor a uno mismo”. ¡Amor! El segundo motivo es amor. En lugar de “una clase limitada” pongan “ciertas personas” y tendrán una descripción justa. Tomando “clase” en el sentido anticuado, se describe un tipo débil de amor. Como consecuencia, parece haber alguna vaguedad en la delimitación de este motivo. Por amor a la humanidad en general el autor no entiende esa pasión profunda y subconsciente que se llama así propiamente, sino meramente el espíritu público, quizá poco más que una inquietud por impulsar ideas. El autor continúa con una estimación comparativa del valor de esos motivos. La avaricia, dice, aunque usando por supuesto otra palabra, “no es un mal tan grande como se supone con frecuencia (…). Todo hombre puede promover sus propios intereses de forma mucho más efectiva de lo que puede promover los de nadie más, o de lo que nadie más puede promover los suyos”. Además, como señala en otra página, cuanto más avaro es un hombre, mayor es el bien que hace. El segundo motivo “es el más peligroso al que una sociedad está expuesta”. El amor es muy bonito: “no existe ninguna fuente de felicidad humana más alta o más pura” (¡ejem!), pero es “una fuente de daño permanente” y, en resumen, debería ser desautorizado por algo más sabio. ¿Cuál es ese motivo más sabio? Veamos.
En cuanto al espíritu público, se vuelve insignificante por las “dificultades para que opere de forma efectiva”. Por ejemplo, podría sugerir que se inspeccionara la fecundidad del pobre y del vicioso y “ninguna medida de represión resultaría demasiado severa” en el caso de los criminales. La indicación es amplia. Pero desgraciadamente no puedes hacer que las legislaturas tomen tales medidas, debido a los apestosos “tiernos sentimientos del hombre respecto al hombre”. De este modo parece que el espíritu público o benthamismo no es lo suficientemente fuerte para ser el tutor efectivo del amor (estoy saltando a otra página), que debe por lo tanto ser entregado a “los motivos que animan a los hombres en la búsqueda de la riqueza”, que son los únicos en los que podemos confiar y que “son beneficiosos en el más alto grado”³. Sí, son sin excepción beneficiosos en el más alto grado para el ser sobre el que se vierten todas sus bendiciones, esto es, el Yo, cuyo “único objeto”, dice el escritor, al acumular riqueza es su “sustento y disfrute” individual. Claramente, el autor sostiene que la noción de que algún otro motivo podría ser beneficioso en el más alto grado incluso para el hombre mismo es una paradoja que carece de sentido. Busca paliar y modificar su doctrina, pero deja que el perspicaz lector vea cuál es el principio que le anima, y cuando, sosteniendo las opiniones que he repetido, reconoce al mismo tiempo que la sociedad no podría existir sólo sobre una base de avaricia inteligente, simplemente se clasifica a sí mismo como uno de esos eclécticos de opiniones poco armoniosas. Quiere que su riqueza tenga un sabor a una soupçon⁴ de Dios.
Los economistas acusan a aquellos a los que el enunciado de sus atroces infamias les produce un estremecimiento de horror de ser sentimentalistas. Puede que sea así: confieso de buena gana que tengo en mí algún tinte de sentimentalismo, ¡gracias a Dios! Desde que la revolución francesa llevó esa inclinación del pensamiento a una mala reputación —y debo admitir que no del todo inmerecidamente, verdadero, bello y bueno como era ese gran movimiento— se ha convertido en una tradición dibujar a los sentimentalistas como personas incapaces de pensamiento lógico y poco dispuestas a mirar de frente a los hechos. Esta tradición puede clasificarse junto a la tradición francesa de que un inglés dice godam cada dos frases, junto a la tradición inglesa de que un americano habla de “Britishers” y la tradición americana de que un francés lleva las formas de etiqueta hasta un extremo inoportuno, en resumen, junto a todas esas tradiciones que sobreviven simplemente porque los hombres que usan sus ojos y sus oídos son pocos y se encuentran lejos unos de otros. Sin duda había alguna excusa para todas esas opiniones en tiempos pasados, y el sentimentalismo, cuando la diversión de moda consistía en pasar las tardes en un mar de lágrimas por una lamentable representación en un escenario a la luz de las velas, se hacía a veces un poco ridículo. Pero, después de todo, ¿qué es el sentimentalismo? Es un ismo, una doctrina, a saber, la doctrina de que debería tenerse un gran respeto por los juicios naturales del corazón sensible. Eso es precisamente en lo que consiste el sentimentalismo, y ruego al lector que considere si condenarlo no es la más degradante de todas las blasfemias. Sin embargo el siglo XIX lo ha condenado continuamente, porque produjo el Reino del Terror. Es verdad que lo hizo. Sin embargo, toda la cuestión es una cuestión de cuánto. El reino del terror era muy malo, pero ahora el estandarte de Gradgrin⁵ ha estado ostentándose durante este siglo por mucho tiempo en la cara del cielo, con una insolencia como para provocar que los mismos cielos retumben y se irriten. Un rápido y súbito repique sacudirá pronto a los economistas y los hará salir de su complacencia, demasiado tarde. El siglo XX, en su segunda mitad, verá seguramente cómo se desencadena una inundación tempestuosa sobre el orden social —que mostrará un mundo tan profundamente en ruinas como esa filosofía de la avaricia que lo ha llenado de culpa durante largo tiempo. ¡No más jolgorios post-termidorianos entonces!
De modo que un avaro es un poder beneficioso en una comunidad, ¿no? Precisamente con la misma razón, sólo que en un grado mucho mayor, podrías afirmar que el astuto Wall Street es un ángel bueno que toma el dinero de personas descuidadas que probablemente no lo guardan bien, que hunde empresas débiles que es mejor parar y que administra saludables lecciones a científicos incautos al enviarles cheques sin fondo —como me hiciste a mí el otro día, mi millonario Maestro de Glomery⁶, cuando pensaste que habías encontrado la manera de usar mi procedimiento sin pagar por él, y de legarles así a tus hijos algo para enorgullecerse de su padre— y que mediante un millar de tretas pone el dinero al servicio de la avaricia inteligente, en su propia persona. Bernard Mandeville, en su Fable of the Bees, sostiene que los vicios privados de cualquier descripción son beneficios públicos y lo prueba, también, de forma tan convincente como el economista prueba su opinión acerca del avaro⁷. Incluso argumenta, con no menos fuerza, que, de no ser por el vicio, la civilización nunca hubiera existido. Con el mismo espíritu, se ha sostenido con fuerza y se cree ampliamente hoy en día que todos los actos de caridad y benevolencia, privados y públicos, degradan seriamente la raza humana.
El origen de las especies de Darwin meramente extiende los puntos de vista político-económicos del progreso a todo el ámbito de la vida animal y vegetal. La inmensa mayoría de nuestros naturalistas contemporáneos sostienen la opinión de que la verdadera causa de esas adaptaciones exquisitas y maravillosas por las que, cuando yo era niño, los hombres solían alabar la sabiduría divina es que las criaturas están tan apiñadas que todas aquellas que sucede que tienen la más mínima ventaja fuerzan a aquellas que tienen menos empujándolas a situaciones desfavorables para la multiplicación o incluso matándolas antes de que alcancen la edad de reproducción. Entre los animales, el mero individualismo mecánico es ampliamente reforzado como un poder que contribuye al bien por la avaricia despiadada de los animales. Como Darwin lo expresa en su portada, es la lucha por la existencia y debería haber añadido a su lema: ¡Todo individuo para sí mismo y que el diablo se lleve al último! Jesús, en su Sermón de la Montaña, expresó una opinión diferente.
Aquí, entonces, está la cuestión. El evangelio de Cristo dice que el progreso viene de que la individualidad de cada individuo se funda en simpatía con sus vecinos. Por otro lado, la convicción del siglo XIX es que el progreso tiene lugar en virtud de que cada individuo luche por sí mismo con toda sus fuerzas y pise a su vecino cuando tenga oportunidad de hacerlo. Esto podría denominarse acertadamente el Evangelio de la Avaricia.
Mucho ha de decirse acerca de ambas posturas. No he ocultado, ni podría ocultar, mi propia predilección apasionada. Tal confesión sacudirá probablemente a mis hermanos científicos. A pesar de todo, pienso que el fuerte sentimiento es en sí mismo un argumento de cierto peso a favor de la teoría agapástica de la evolución —en tanto que puede suponerse que indica el juicio normal del Corazón Sensible. Ciertamente, si fuera posible creer en el agapasmo sin creer en él con entusiasmo, ese hecho sería un argumento contra la verdad de la doctrina. En cualquier caso, puesto que el entusiasmo del sentimiento existe, debe en todo caso confesarse con franqueza, especialmente porque crea un riesgo de parcialidad por mi parte en contra del cual les toca tanto a mis lectores como a mí estar en guardia.

Segundos pensamientos. Irénica
Tratemos de definir las afinidades lógicas de las diferentes teorías de la evolución. La selección natural, tal y como fue concebida por Darwin, es una forma de evolución en la que el único agente positivo de cambio en toda la transformación de mono a hombre es la variación fortuita. Para asegurar el avance en una dirección definida, el azar tiene que ser secundado por alguna acción que impida la propagación de algunas variedades o que estimule la de otras. En la selección natural, así llamada estrictamente, es la exclusión del débil. En la selección sexual, es la atracción de lo bello, principalmente.
El origen de las especies fue publicado a finales del año 1859. Los años anteriores, desde 1846, habían sido una de las épocas más productivas —o si se extiende hasta cubrir el gran libro que estamos considerando, el periodo más productivo de esa longitud en toda la historia de la ciencia desde sus comienzos hasta ahora. La idea de que el azar engendra orden, que es una de las piedras angulares de la física moderna (aunque el Dr. Carus la considera como “el punto más débil del sistema del Sr. Peirce”⁸ ) se llevó en esa época a su máxima claridad. Quételet había iniciado la discusión mediante sus Letters on the Application of Probabilities to the Moral and Political Sciences, una obra que impresionó profundamente a las mejores mentes de la época y sobre la que Sir John Herschel había atraído la atención general en Gran Bretaña. En 1857, el primer volumen de History of Civilisation de Buckle había causado una enorme sensación, debido al uso que hacía de esa misma idea. Mientras tanto, el “método estadístico” había sido aplicado con gran éxito, bajo ese mismo nombre, a la física molecular. El Dr. John Herapath, un químico inglés, había esbozado en 1847 la teoría cinética de los gases en su Mathematical Physics, y el interés que provocó la teoría había sido recordado en 1856 por las notables memorias de Clausius y Krönig. El mismo verano anterior a la publicación de Darwin, Maxwell había leído ante la Asociación Británica la primera y más importante de sus investigaciones acerca de esta cuestión. La consecuencia fue que la idea de que los eventos fortuitos pueden resultar en una ley física y, más aún, que esa es la manera en que han de explicarse esas leyes que parecen entrar en conflicto con el principio de la conservación de la energía, había arraigado con fuerza en las mentes de todos aquellos que estaban al tanto de los líderes del pensamiento. Era inevitable que El origen de las especies, cuya enseñanza era simplemente la aplicación del mismo principio a la explicación de otra acción “no conservativa”, la del desarrollo orgánico, fuera aclamado y bienvenido por tales mentes. El sublime descubrimiento de la conservación de la energía por Helmholtz en 1847 y el de la teoría mecánica del calor por Clausius y por Rankine, de forma independiente, en 1850, habían impuesto respeto decididamente a todos aquellos que podrían haber estado inclinados a burlarse de la ciencia física. A partir de entonces, un poeta tardío que todavía hablara constantemente de “la ciencia pedaleando con los nombres de las cosas” fracasaría en su propósito. Ahora se sabía que el mecanismo lo era todo, o casi todo. Durante todo ese tiempo, el utilitarismo—ese sustituto mejorado para el Evangelio— estaba en su máximo esplendor, y era un aliado natural de una teoría individualista. El apoyo imprudente del Decano Mansel había llevado a una sublevación entre los partidarios de Sir William Hamilton, y el nominalismo de Mill se había beneficiado de ello; y aunque era seguro que la ciencia real a la que Darwin estaba llevando a los hombres daría algún día un golpe mortal a la pseudo-ciencia de Mill, había sin embargo diversos elementos de la teoría darwiniana que con seguridad encantarían a los seguidores de Mill. Otra cosa: la anestesia llevaba en uso trece años. La familiaridad de la gente con el sufrimiento ya había disminuido mucho y, como consecuencia, esa poco agradable dureza por la que nuestros tiempos contrastan tanto con aquellos que los precedieron inmediatamente ya se había asentado y había inclinado a la gente a saborear una teoría despiadada. El lector se equivocaría bastante en la intención de lo que estoy diciendo si entendiese que deseo sugerir que cualquiera de esas cosas (excepto quizás Malthus) influyó al mismo Darwin. Lo que quiero decir es que su hipótesis, que sin lugar a dudas es una de las más bellas e ingeniosas jamás ideada y que fue sostenida con gran riqueza de conocimiento, con la fuerza de la lógica, con el encanto de la retórica y, sobre todo, con cierta autenticidad magnética que resultaba casi irresistible, en absoluto apareció primero como cercana a ser probada; y para una mente sensata su argumento parece ser hoy en día menos esperanzador de lo que parecía hace veinte años; pero la recepción extraordinariamente favorable con la que se encontró era evidentemente debida, en gran medida, a que sus ideas eran aquellas hacia las que la época estaba favorablemente dispuesta, especialmente a causa del estímulo que daba a la filosofía de la avaricia.
Diametralmente opuestas a la evolución por azar, son las teorías que atribuyen todo progreso a un principio interno necesario, o a alguna otra forma de necesidad. Muchos naturalistas han pensado que si un huevo está destinado a pasar por una cierta serie de transformaciones embriológicas, de las que con toda seguridad no se desviará, y si en el tiempo geológico aparecen casi exactamente de forma sucesiva las mismas formas, una sustituyendo a otra en el mismo orden, hay una fuerte presunción de que esta última sucesión tendrá lugar de forma tan predeterminada y cierta como la primera. Así por ejemplo, Nägeli, concibe que de alguna manera se sigue de la primera ley del movimiento y de la peculiar, pero desconocida, constitución molecular del protoplasma que las formas deben complicarse más y más. Kölliker hace que una forma genere a otra después de que se ha logrado una cierta maduración. Weismann, también, aunque se llama a sí mismo darwiniano, sostiene que nada es debido al azar, sino que todas las formas son simples resultantes mecánicas de la herencia de dos progenitores⁹. Es muy destacable que todos estos sectarios diferentes busquen llevar a sus ciencias una necesidad mecánica a la que los hechos que caen bajo su observación no apuntan. Aquellos geólogos que piensan que la variación de las especies se debe a alteraciones cataclísmicas del clima o de la constitución química del aire y del agua están también haciendo de la necesidad mecánica el factor principal de la evolución.
Evolución por mutación azarosa y evolución por necesidad mecánica son concepciones reñidas entre sí. Un tercer método, que sustituye a esa contienda, yace envuelto en la teoría de Lamarck. De acuerdo con él, todo lo que distingue a las formas orgánicas más altas de las más rudimentarias ha sido ocasionado por pequeñas hipertrofias o atrofias que han afectado a los individuos temprano en sus vidas y que han sido trasmitidas a su descendencia. Tal transmisión de caracteres adquiridos es de la naturaleza general del tomar hábitos, y esto es lo representativo y derivado de la ley de la mente dentro del ámbito fisiológico. Su acción es esencialmente diferente a la de una fuerza física, y ese es el secreto de la repugnancia de necesitaristas tales como Weismann para admitir su existencia. Más aún, los lamarckianos suponen que, aunque algunas de las modificaciones de la forma así transmitidas eran originalmente debidas a causas mecánicas, los factores principales de su primera producción eran sin embargo la tensión del esfuerzo y el crecimiento excesivo sobreañadido por el ejercicio, junto con las acciones opuestas. Ahora bien, el esfuerzo, en tanto que se dirige a un fin, es esencialmente psíquico, aunque en ocasiones sea inconsciente. Y el crecimiento debido al ejercicio, como afirmaba en mi último artículoⁱ⁰, sigue una ley de carácter bastante contrario al de la mecánica.
La evolución lamarckiana es por lo tanto una evolución por la fuerza del hábito. Esa frase se deslizó de mi pluma mientras uno de esos vecinos cuya función en el cosmos social parece ser la de Interruptor, me hacía una pregunta. Por supuesto, es una tontería. El hábito es mera inercia, un dormirse en los laureles, no una propulsión. Ahora bien, es por la proyaculación [projaculation] energética (afortunadamente existe tal palabra, si no esta mano inexperta tendría que haberse puesto a inventar una) por la que en los casos típicos de evolución lamarckiana se crean primero los nuevos elementos de forma. El hábito, sin embargo, les fuerza a tomar formas prácticas, compatibles con las estructuras a las que afectan, y en forma de herencia y otras similares, reemplaza gradualmente la energía espontánea que las sostiene. De este modo el hábito juega un doble papel; sirve para establecer las nuevas características, y también para ponerlas en armonía con la morfología general y la función de los animales y plantas a los que pertenecen. Pero si ahora el lector se toma amablemente la molestia de retroceder una o dos páginas verá que esta explicación de la evolución lamarckiana coincide con la descripción general de la acción del amor, a la que, supongo, dio su aprobación.
Recordando que toda materia es realmente mente, recordando también la continuidad de la mente, preguntémonos qué aspecto toma la evolución lamarckiana dentro del dominio de la consciencia. El esfuerzo directo no puede conseguir casi nada. Es tan fácil añadir un codo a la propia estatura a través del pensamiento como producir una idea aceptable para alguna de las Musas simplemente esforzándose en ello antes de que esté lista para llegar. Rondamos en vano la fuente y el trono sagrado de Mnemosina; las obras más profundas del espíritu tienen lugar a su propia manera lenta, sin nuestra connivencia; pero dejemos que suene su clarín y podemos entonces realizar nuestro esfuerzo, seguros de que una ofrenda al altar de cualquier divinidad complace su gusto. Además del proceso interno está la operación del ambiente, que se dirige a romper hábitos destinados a ser rotos y a que así la mente se haga viva. Todo el mundo sabe que la larga continuidad de la rutina de un hábito nos hace letárgicos mientras que una sucesión de sorpresas ilumina maravillosamente las ideas. Donde hay movimiento, donde la historia es algo que hacer, ahí se encuentra el foco de la actividad mental, y se ha dicho que las artes y las ciencias residen en el templo de Jano, despertándose cuando se abre pero durmiendo cuando está cerrado. Pocos psicólogos han percibido qué fundamental es este hecho. Una porción de la mente abundantemente conectada a otras porciones trabaja casi mecánicamente. Disminuye hasta la condición de un cruce de vías. Pero una porción de la mente casi aislada, una península espiritual o cul-de-sacⁱⁱ, es como una estación de ferrocarril. Ahora bien, las conexiones mentales son hábitos. Donde abundan, no se necesita ni se encuentra originalidad, pero donde faltan, se da rienda suelta a la espontaneidad. De este modo el primer paso en la evolución lamarckiana de la mente es poner pensamientos diversos en situaciones en las que son libres para jugar. En cuanto al crecimiento por ejercicio, ya he mostrado al discutir “La esencia cristalina del hombre” en The Monist del pasado octubre cuál debe concebirse que es su modus operandi, al menos hasta que haya sido ofrecida una segunda hipótesis igualmente definida. A saber, consiste en la rápida ruptura de moléculas y en la reparación de las partes con nueva materia. De este modo, es una especie de reproducción. Sólo tiene lugar durante el ejercicio porque la actividad del protoplasma consiste en la perturbación molecular que es su condición necesaria. El crecimiento por ejercicio tiene lugar también en la mente. En efecto, eso es en lo que consiste aprender. Pero la ilustración más perfecta es el desarrollo de una idea filosófica a través de su puesta en práctica. La concepción que apareció, en primer lugar, como unitaria, se separa en casos especiales, y en cada uno de ellos debe entrar nuevo pensamiento para dar lugar a una idea practicable. Este nuevo pensamiento, sin embargo, sigue bastante fielmente el modelo de la concepción parental y de este modo tiene lugar un desarrollo homogéneo. El paralelismo entre esto y el curso de las acontecimientos moleculares es aparente. Una atención paciente será capaz de desentrañar todos esos elementos en la transacción llamada aprendizaje.
Por tanto se han traído ante nosotros tres modos de evolución; la evolución por variación fortuita, la evolución por necesidad mecánica y la evolución por amor creativo. Podemos denominarlas evolución tijástica o tijasmo, evolución anancástica o anancasmo y evolución agapástica o agapasmo. A las doctrinas que las representan respectivamente como de principal importancia podemos denominarlas tijasticismo, anancasticismo y agapasticismo. Por otra parte las meras proposiciones de que el azar absoluto, la necesidad mecánica y la ley del amor son respectivamente operativas en el cosmos, pueden recibir los nombres de tijismo, anancismo y agapismo.
Los tres modos de evolución se componen de los mismos elementos generales. El agapasmo los muestra de forma más clara. El buen resultado ha de pasar aquí, primero, por la donación de energía espontánea de los padres a la descendencia y, segundo, por la disposición de esta última a captar la idea general de aquellos sobre ella y de este modo ayudar al propósito general. Para describir la relación del tijasmo y el anancasmo respecto del agapasmo, permítanme tomar prestada una palabra de la geometría. Una elipse cruzada por una línea recta es una especie de curva cúbica, pues una curva cúbica es una curva cortada tres veces por una línea recta; ahora bien, una línea recta podría cortar la elipse dos veces y su línea recta asociada una tercera vez. Sin embargo la elipse con la línea recta a través de ella no tendría las características de una curva cúbica. No tendrá, por ejemplo, flexión inversa, de la que ninguna curva cúbica verdadera carece, y tendría dos nodos, lo que ninguna curva cúbica verdadera tiene. Los geómetras dicen que es una curva cúbica degenerado. Del mismo modo, el tijasmo y el anacasmo son formas degeneradas de agapasmo.
Los hombres que buscan reconciliar la idea darwiniana con el cristianismo observarán que la evolución tijástica, como la agapástica, depende de una creación reproductiva, preservándose aquellas formas que usan la espontaneidad que se les confiere de tal modo que sean llevadas a la armonía con el original, de forma muy parecida al esquema cristiano. ¡Muy bien! Esto sólo muestra que así como el amor no puede tener un contrario, sino que debe abrazar lo que es más opuesto a él como un caso degenerado suyo, así el tijasmo es una clase de agapasmo. Sólo que en la evolución tijástica el progreso se debe únicamente a la distribución del talento escondido en el pañuelo del siervo rechazado entre aquellos no rechazados, igual que los jugadores arruinados dejan su dinero en la mesa para hacer a aquellos que todavía no están arruinados mucho más ricos. La maldición de los carneros hace la felicidad de los corderos, llevada al otro lado de la ecuación. En el agapasmo genuino, por otra parte, el avance tiene lugar en virtud de una simpatía positiva entre lo creado que emana de la continuidad de la mente. Esa es la idea que el tijasticismo no sabe cómo manejar.
El anacasticista podría interrumpir aquí, afirmando que el modo de evolución que él sostiene coincide con el agapasmo en el punto en el que el tijasmo se separa de él. Pues hace que el desarrollo atraviese ciertas fases, que tienen sus inevitables flujos y reflujos pero que sin embargo tienden en su conjunto a una perfección preordenada. Por esto el destino de la pura existencia revela una afinidad intrínseca con el Bien. En esto, debe admitirse que el anancasmo muestra que él mismo es, en un sentido amplio, una especie de agapasmo. Algunas formas suyas podrían confundirse fácilmente con el agapasmo genuino. La filosofía hegeliana es un anancasticismo tal. Con su religión reveladora, con su sinejismo (aunque sea imperfectamente expuesto), con su “reflexión”, la idea completa de la teoría es magnífica, casi sublime. Sin embargo, después de todo, la libertad viva es prácticamente olvidada en su método. Todo el movimiento es el de un gran motor, impulsado por un vis a tergo, con un ciego y misterioso destino de llegar a una alta meta. Quiero decir que habría un motor tal si realmente funcionara, pero a decir verdad es un motor Keelyⁱ². Concedamos que realmente actúa como afirma que actúa, y que no hay nada que hacer sino aceptar esa filosofía. Pero no se ha visto nunca un ejemplo de una larga cadena de razonamiento —¿debo decir con una grieta en cada unión?— no, con cada unión como si fuera un puñado de arena, moldeado hasta darle forma en un sueño. O, digamos, es un modelo de cartón de una filosofía que en realidad no existe. Si usamos la única cosa preciosa que contiene, su idea, introduciendo el tijismo con la arbitrariedad que cada uno de sus pasos sugiere, y convertimos eso en el apoyo a una libertad vital que es la respiración del espíritu del amor, podemos ser capaces de producir ese agapasticismo genuino que Hegel pretendía.

Un tercer aspecto. Discriminación 
En la misma naturaleza de las cosas, la línea de demarcación entre los tres modos de evolución no está perfectamente definida. Eso no impide que sea del todo real, quizá es incluso una marca de su realidad. No hay en la naturaleza de las cosas ninguna línea clara de demarcación entre los tres colores fundamentales, rojo, verde y violeta, pero para todos son realmente diferentes. La cuestión principal es si tres elementos evolutivos radicalmente diferentes han sido operativos, y la segunda cuestión es cuáles son las características más notables de aquellos elementos que hayan sido operativos.
Me propongo dedicar unas pocas páginas a un examen muy superficial de estas cuestiones en su relación con el desarrollo histórico del pensamiento humano. Formulo en primer lugar, para conveniencia del lector, las definiciones más breves posibles de los tres modos concebibles del desarrollo del pensamiento, distinguiendo también dos variedades de anancasmo y tres de agapasmo. El desarrollo tijástico del pensamiento, entonces, consistirá en pequeñas desviaciones de las ideas habituales en direcciones diferentes de forma indiferente, sin ningún propósito y sin ninguna constricción ya sea por circunstancias externas o por la fuerza de la lógica, siendo seguidas estas nuevas desviaciones por resultados imprevistos que tienden a fijar algunas de ellas como hábitos más que otras. El desarrollo anancástico del pensamiento consistirá en nuevas ideas adoptadas sin prever a dónde tenderán, pero que tienen un carácter determinado por causas o bien externas a la mente, como cambios en las circunstancias de la vida, o internas a la mente como desarrollos lógicos de ideas ya aceptadas, tales como las generalizaciones. El desarrollo agapástico del pensamiento es la adopción de ciertas tendencias mentales, no del todo descuidadamente, como en el tijasmo, no del todo ciegamente por la mera fuerza de las circunstancias o de la lógica, como en el anancasmo, sino por una atracción inmediata hacia la idea en sí misma, cuya naturaleza se adivina antes de que la mente la posea, por el poder de la simpatía, esto es, en virtud de la continuidad de la mente, y esa tendencia mental puede ser de tres variedades, tal y como sigue. Primero, puede afectar a un conjunto de personas o comunidad en su personalidad colectiva, y ser comunicada de esa manera a los individuos que están en una poderosa conexión de fuerte simpatía con el colectivo de gente, aunque puedan ser intelectualmente incapaces de alcanzar la idea por sus comprensiones privadas o quizá incluso de aprehenderla conscientemente. En segundo lugar, puede afectar directamente a una persona privada, de modo que él sólo esté capacitado para aprehender la idea o para apreciar su atractivo en virtud de su simpatía con los vecinos, bajo la influencia de una experiencia chocante o de un desarrollo del pensamiento. La conversión de San Pablo puede tomarse como ejemplo de lo que quiero decir. En tercer lugar, puede afectar a un individuo, independientemente de sus afectos humanos, en virtud de una atracción que ejerce sobre su mente, incluso antes de que la haya comprendido. Éste es el fenómeno que ha sido llamado correctamente la adivinación del genio, pues es debido a la continuidad entre la mente de hombre y lo Más Alto. 
Consideremos a continuación por medio de qué pruebas podemos discriminar estas diferentes categorías de evolución. No es posible ningún criterio absoluto en la naturaleza de las cosas, ya que en la naturaleza de las cosas no hay una línea clara de demarcación entre las diferentes clases. A pesar de todo, pueden encontrarse síntomas cuantitativos por los que un juicio sagaz y amable de naturaleza humana puede ser capaz de estimar las proporciones aproximadas en las que se mezclan las diferentes clases de influencia. 
Hasta donde la evolución histórica del pensamiento humano ha sido tijástica, debería haber procedido mediante pasos inapreciables o diminutos, pues tal es la naturaleza de las casualidades cuando se multiplican de tal modo que muestran el fenómeno de la regularidad. Por ejemplo, supongamos que de los hombres blancos nativos de los Estados Unidos en 1880 una cuarta parte tuviera una estatura menor a cinco pies y cuatro pulgadas y una cuarta parte midiera más de cinco pies y ocho pulgadas. Entonces, según los principios de la probabilidad, deberíamos esperar que entre toda la población hubiera: 
216 por debajo de 4 pies y 6 pulgadas
48 por debajo de 4 pies y 5 pulgadas
9 por debajo de 4 pies y 4 pulgadas 
menos de 2 por debajo de 4 pies y 3 pulgadas 

216 por encima de 6 pies y 6 pulgadas
48 por encima de 6 pies y 7 pulgadas
9 por encima de 6 pies y 8 pulgadas
menos de 2 por encima de 6 pies y 9 pulgadas
Consigno estas cifras para mostrar qué insignificantemente pocos son los casos en los que algo muy alejado de lo común se hace presente por azar. Aunque sólo la estatura de uno de cada dos hombres se incluye dentro de las cuatro pulgadas entre los 5 pies y las 4 pulgadas y los 5 pies y las 8 pulgadas, sin embargo si ese intervalo se ampliara tres veces cuatro pulgadas por encima y cuatro por debajo abarcaría a los aproximadamente ocho millones de hombres blancos nativos (de 1880), exceptuando únicamente a nueve más altos y nueve más bajos.
La prueba de la variación diminuta, si no es satisfecha, niega absolutamente el tijasmo. Si es satisfecha, encontraremos que niega el anancasmo pero no el agapasmo. Queremos una prueba positiva satisfecha sólo por el tijasmo. Ahora bien, allí donde encontramos que el pensamiento de los hombres da en grados imperceptibles un giro contrario a los propósitos que les animan, a pesar de sus más altos impulsos, ahí, podemos concluir con seguridad, ha habido una acción tijástica. 
Habrá estudiantes de la historia de la mente con una erudición tal como para llenar a un estudioso imperfecto como yo de una envidia endulzada con una gozosa admiración, que mantengan que las ideas, justo cuando comienzan, son y pueden ser poco más que rarezas, ya que todavía no han podido ser examinadas críticamente y, más aún, que en todas partes y en todas las épocas el progreso ha sido tan gradual que es difícil distinguir con claridad cuál es el paso original que ha dado un hombre determinado. Se seguiría que el tijasmo ha sido el único método del desarrollo intelectual. Debo confesar que no puedo leer la historia así; no puedo evitar pensar que, aunque el tijasmo ha sido a veces operativo, en otras ocasiones grandes pasos que cubrían casi el mismo terreno y dados por hombres diferentes de manera independiente, han sido confundidos con una sucesión de pequeños pasos y, más aún, que los estudiosos han sido reacios a admitir un “espíritu” entitativo real de una época o de una gente bajo la impresión equivocada y no examinada de que de ese modo estarían abriendo la puerta a hipótesis salvajes y antinaturales. Encuentro, por el contrario, que independientemente de cómo sea con respecto a la educación de las mentes individuales, el desarrollo histórico del pensamiento apenas ha sido de naturaleza tijástica, y únicamente en movimientos recesionistas y bárbaros. Deseo hablar con la extrema modestia que corresponde a un estudioso de lógica que tiene que investigar un campo tan amplio del pensamiento humano que sólo puede cubrirlo mediante un reconocimiento, al cual sólo la mayor habilidad y los métodos más diestros pueden conferir algún valor. Pero, después de todo, sólo puedo expresar mis propias opiniones y no las de ninguna otra persona y, según mi humilde juicio, el mayor ejemplo de tijasmo es proporcionado por la historia de la cristiandad, desde su establecimiento por Constantino hasta, digamos, el tiempo de los monasterios irlandeses, una era o eón de aproximadamente 500 años. Indudablemente la circunstancia externa que más que ninguna otra inclinó a los hombres en primer lugar a aceptar el cristianismo con su amor y ternura, fue que la sociedad estaba dividida en unidades hasta un grado temible por la avaricia implacable y la dureza de corazón a la que los romanos habían llevado al mundo. Y sin embargo fue ese mismo hecho, más que ninguna otra circunstancia externa, el que favoreció esa amargura contra el perverso mundo de la que el primitivo Evangelio de Marcos no contiene ningún rastro. Al menos yo no lo percibo en la observación acerca de la blasfemia contra el Espíritu Santo, donde no se dice nada acerca de la venganza, ni siquiera en el discurso en el que se citan las líneas finales de Isaías acerca del gusano y el fuego que se alimentan de “los cadáveres de los hombres que han pecado contra mí”ⁱ³ Pero poco a poco la amargura aumenta hasta que en el último libro del Nuevo Testamento, su pobre autor confundido describe que Cristo estaba todo el tiempo hablando de que, habiendo venido a salvar al mundo, el designio secreto era tomar a toda la raza humana, con la excepción de unos insignificantes 144.000, y zambullirlos en un lago de azufre, y mientras el humo de su tormento se elevara por toda la eternidad volverse y decir “ya no existe la maldición”. ¿Sería una sonrisa insensible o una mueca diabólica lo que acompañaría tal afirmación? Ojalá pudiese creer que no lo escribió San Juan, pero es su evangelio el que habla acerca de “la resurrección para la condenación” —esto es, de que los hombres son resucitados sólo para torturarlos— y, en cualquier caso, la Revelación es una composición muy antigua. Uno puede entender que los primeros cristianos eran como hombres intentando con todas sus fuerzas escalar un abrupto declive de lisa arcilla mojada. El elemento más profundo y más verdadero de su vida, que animaba tanto su corazón como su cabeza, era el amor universal, pero estaban continuamente, y contra sus deseos, deslizándose hacia un espíritu de grupo, cada resbalón sirviendo como un precedente, de una forma demasiado familiar para todo hombre. Ese sentimiento de grupo creció imperceptiblemente hasta que alrededor del año 330 de nuestra era el brillo de la prístina integridad que refleja en San Marcos el blanco espíritu de la luz estaba tan deslustrado que Eusebioⁱ⁴ (el Jared Sparksⁱ⁵ de aquellos días), en el prefacio a su Historia, pudo anunciar su intención de exagerar todo lo que tendía a la gloria de la iglesia y de suprimir todo lo que pudiera deshonrarla. Su contemporáneo latino Lactancioⁱ⁶ es peor todavía, y de ese modo la oscuridad siguió creciendo hasta que antes de final de siglo la gran biblioteca de Alejandría fue destruida por Teófilo, hasta que Gregorio el Grande, dos siglos después, quemó la gran biblioteca de Roma proclamando que “la Ignorancia es la madre de la devoción”ⁱ⁷ (lo que es verdadero, así como la opresión y la injusticia son las madres de la espiritualidad), hasta que una descripción sensata del estado de la iglesia fuera algo que nuestros no demasiados buenos periódicos tratarían como “inadecuado para publicarlo”. Mediante la aplicación de la prueba dada anteriormente se muestra que todo este movimiento ha sido tijástico. Otro muy parecido a éste a pequeña escala, sólo que cien veces más rápido, para cuyo estudio están las bibliotecas llenas de documentos, se encuentra en la historia de la revolución francesa. 
La evolución anancástica avanza mediante sucesivos pasos con pausas entre ellos. La razón es que en ese proceso un hábito de pensamiento es suplantado por otro más fuerte al haber sido derrocado. Ahora bien, es seguro que ese otro más fuerte será ampliamente diferente al primero, y con mucha frecuencia será su contrario directo. Le recuerda a uno nuestra vieja regla de hacer vicepresidente al segundo candidato. Esta característica, por tanto, distingue claramente el anancasmo del tijasmo. La característica que le distingue del agapasmo es su carencia de propósito. Sin embargo el anancasmo externo y el interno han de examinarse de forma separada. El desarrollo bajo la presión de las circunstancias externas, o evolución cataclísmica, innegablemente es suficiente en la mayoría de los casos. Tiene incontables grados de intensidad, desde la fuerza bruta, la pura guerra, que ha hecho cambiar el curso del pensamiento del mundo más de una vez, hasta el hecho bruto de la evidencia, o lo que se ha tomado por ella, que se sabe que ha convencido a los hombres por multitudes. La única duda que puede subsistir ante una historia tal es una duda cuantitativa. Las influencias externas no son nunca las únicas que afectan a la mente, y por lo tanto debe ser una cuestión de juicio para la que apenas merecería la pena intentar establecer reglas si un movimiento dado ha de considerarse como principalmente gobernado desde fuera o no. En el surgimiento del pensamiento medieval, esto es, en el desarrollo del escolasticismo y del arte sincrónico, las cruzadas y el descubrimiento de los escritos de Aristóteles fueron sin duda influencias muy poderosas. El desarrollo del escolasticismo desde Roscelino hasta Alberto Magno sigue muy de cerca los pasos sucesivos del conocimiento de Aristóteles. Prantlⁱ⁸ piensa que esa es toda la historia, y pocos hombres han manejado más libros que Carl Prantl. Él ha hecho un trabajo bueno y sólido, a pesar de sus juicios descuidados. Pero nunca llegaremos ni siquiera a comenzar a comprender bien el escolasticismo hasta que todo él haya sido explorado de forma sistemática y resumido por un grupo de estudiantes organizados con regularidad y sujetos a reglas para ese propósito. Pero respecto al periodo que estamos ahora especialmente considerando, aquel que coincidió con la arquitectura románica, la literatura se domina fácilmente. No justifica bastante las sentencias de Prantl sobre la dependencia servil de esos autores respecto a sus autoridades. Más aún, mantienen un propósito definido fijamente ante sus mentes a través de todos sus estudios. Por tanto soy incapaz de ofrecer este periodo del escolasticismo como un ejemplo de anancasmo externo puro, lo que parece ser el flúor de los elementos intelectuales. Quizá la reciente recepción japonesa de las ideas occidentales sea el más puro ejemplo de ello en la historia. Sin embargo, en combinación con otros elementos, nada es más común. Si el desarrollo de las ideas bajo la influencia del estudio de hechos externos se considera como anancasmo externo —está en el límite entre la forma externa y la interna— es, por supuesto, lo principal en el aprendizaje moderno. Pero Whewell, cuya comprensión maestra de la historia de la ciencia los críticos han sido demasiados ignorantes para apreciar con propiedad, muestra claramente que está lejos de ser la influencia abrumadoramente preponderante, ni siquiera ahíⁱ⁹. 
El anancasmo interno, o el moverse a tientas lógico, que avanza sobre una línea predestinada sin ser capaz de prever si ha de continuarse ni de dirigir su curso, es la regla del desarrollo de la filosofía. Hegel fue el primero que hizo que el mundo comprendiera esto, y buscó hacer de la lógica no meramente una guía subjetiva y un monitor del pensamiento, que era todo lo que se había estado ambicionando antes, sino que fuera el mismo origen del pensamiento, y no meramente del pensamiento individual sino de la discusión, de la historia del desarrollo del pensamiento, de toda la historia, de todo desarrollo. Esto implica un error positivo, claramente demostrable. Dejemos que la lógica en cuestión sea del tipo que sea, una lógica de inferencia necesaria o una lógica de inferencia probable (la teoría podría quizá moldearse para ajustarse a ambas), en cualquier caso se supone que la lógica es suficiente por sí misma para determinar qué conclusiones se siguen de unas premisas dadas, pues de no hacerlo no sería suficiente para explicar por qué el tren del razonamiento de un individuo tomaría exactamente el curso que toma, por no hablar de otras clases de desarrollo. De ese modo supone que, a partir de premisas dadas, sólo puede obtenerse una conclusión de forma lógica y que no hay campo en absoluto para la libre elección. Que a partir de premisas dadas sólo puede obtenerse de forma lógica una conclusión es una de las falsas nociones que se han derivado de que los lógicos hayan limitado su atención a ese Nantucket²⁰ del pensamiento, la lógica de términos no-relativos. En la lógica de relativos, eso no puede sostenerse. 
Se me ocurre una observación. Si la evolución de la historia es en una parte considerable de la naturaleza del anancasmo interno, se parece al desarrollo de los hombres individuales, y así como 33 años es una unidad de tiempo aproximada pero natural para los individuos, siendo la edad media a la que el hombre obtiene resultados, del mismo modo habría un periodo aproximado al final del cual un gran movimiento histórico sería probablemente suplantado por otro. Veamos si podemos exponer algo de esta clase. Tomemos el desarrollo gubernamental de Roma como suficientemente largo y establezcamos las fechas principales: 
753 A. C. Fundación de Roma 
510 A. C. Expulsión de los tarquinos 
27 A. C. Octavio asume el título de Augusto 
476 D. C. Final del imperio occidental 
962 D. C. Sacro Imperio Romano 
1453 D. C. Caída de Constantinopla 
El último acontecimiento fue uno de los más significativos de la historia, especialmente para Italia. Los intervalos son 243, 483, 502, 486, 491 años. Muy curiosamente todos son casi iguales, excepto el primero, que es la mitad de los otros. Reinos de reyes sucesivos no estarían normalmente tan cercanos. Establezcamos unas pocas fechas de la historia del pensamiento: 
585 A. C. Eclipse de Tales. Comienzo de la filosofía griega 
30 D. C. La crucifixión 
529 D. C. Cierre de las escuelas atenienses. Fin de la filosofía griega 
1125 D. C. Surgimiento (aproximado) de las Universidades de Bolonia y París 
1543 D. C. Publicación de De Revolutionibus de Copérnico. Comienzo de la ciencia moderna 
Los intervalos son 615, 499, 596, 418 años. En la historia de la metafísica podemos tomar las siguientes: 
322 A. C. Muerte de Aristóteles 
1274 D. C. Muerte de Aquino 
1804 D. C. Muerte de Kant 
Los intervalos son 1595 y 530 años. El primero es unas tres veces el último. 
A partir de estas cifras no se puede sacar correctamente ninguna conclusión. Al mismo tiempo sugieren que quizás puede haber una era natural aproximada de 500 años. Si hubiera alguna evidencia independiente de esto, los intervalos señalados podrían ganar alguna significación. 
El desarrollo agapístico del pensamiento debería distinguirse, si existiera, por tener un propósito, siendo ese propósito el desarrollo de una idea. Deberíamos tener una comprensión y reconocimiento agápico o amable directo de ella, en virtud de la continuidad del pensamiento. Tomo como dado aquí que tal continuidad del pensamiento ha sido suficientemente probada por los argumentos usados en mi artículo sobre “La ley de la mente” en The Monist del pasado julio. Incluso aunque esos argumentos no sean del todo convincentes en sí mismos, a pesar de todo si son reforzados por un agapasmo manifiesto en la historia del pensamiento, las dos proposiciones se prestarán una a otra ayuda mutua. Confío en que el lector tendrá la suficiente formación lógica para no confundir tal apoyo mutuo con un círculo vicioso en el razonamiento. Si pudiera mostrarse directamente que hay una entidad tal como el “espíritu de una época” o de una gente, y que la mera inteligencia individual no explica todos los fenómenos, eso sería de inmediato una prueba suficiente del agapasticismo y del sinejismo. Debo reconocer que soy incapaz de producir una demostración convincente de esto, pero soy capaz, creo, de aducir argumentos tales que sirvan para confirmar aquellos que han sido extraídos a partir de otros hechos. Creo que todos los grandes logros de la mente han estado más allá de los poderes de los individuos por sí solos. Y encuentro, aparte del apoyo que esta opinión recibe de las consideraciones sinejísticas y del carácter intencional de muchos grandes movimientos, una razón directa para pensar así en la sublimidad de las ideas y en el hecho de que ocurran simultánea e independientemente en un número de individuos sin poderes generales extraordinarios. Me parece que la señalada arquitectura gótica es de tal carácter en varios de sus desarrollos. Todos los intentos de imitarla por parte de arquitectos modernos con el mayor genio y preparación parecen planos y sin brillo, y sus autores así lo sienten. Sin embargo, en el tiempo en el que el estilo estaba vivo, había una abundancia de hombres capaces de producir obras de esta clase de sublimidad y poder gingantesco. En más de un caso, documentos existentes muestran que los cabildos de las catedrales, al seleccionar los arquitectos, trataban a grandes genios artísticos como una consideración secundaria, como si no hubiera una falta de personas capaces de proporcionar eso. Y lo resultados justifican su confianza. Entonces, ¿estaban los individuos en general en aquella época en poder de tales naturalezas grandiosas y elevados intelectos? Tal opinión se vendría abajo con el primer examen. 
¡Cuántas veces han visto hombres que ahora están en la edad mediana que se hacían grandes descubrimientos de forma independiente y casi simultanea! El primer caso que recuerdo fue la predicción de un planeta exterior a Urano por Leverrier y Adams. Uno apenas sabe a quién debería atribuirse el principio de conservación de la energía, aunque puede considerarse razonablemente como el descubrimiento más grande que la ciencia ha hecho nunca. La teoría mecánica del calor fue establecida por Rankine y por Clausius durante el mismo mes de febrero de 1850, y hay hombres eminentes que atribuyen ese gran paso a Thomson. La teoría cinética de los gases, después de que la comenzara John Bernoulli y de que fuera largamente enterrada en el olvido, fue reinventada y aplicada a la explicación no meramente de las leyes de Boyle, Charles y Avogadro, sino también de la difusión y viscosidad, por al menos tres físicos modernos de forma separada. Es bien conocido que la doctrina de la selección natural fue presentada por Wallace y Darwin en el mismo encuentro de la Asociación Británica, y Darwin en su “Esbozo histórico” incluido en las últimas ediciones de su libro muestra que oscuros predecesores se anticiparon a ambos. El método del análisis del espectro fue reclamado tanto para Swan como para Kirchhoff, y había otros que tenían quizás incluso mejores reclamaciones. La autoría de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos se disputa entre un ruso, un alemán y un inglés²ⁱ, aunque no hay duda de que el mérito principal corresponde al primero. Esos son casi los descubrimientos más grandes de nuestros días. Sucede lo mismo con los inventos. No debe sorprendernos que el telégrafo se construyera de forma independiente por varios inventores, ya que era un corolario fácil de hechos científicos bien establecidos anteriormente. Pero no sucedió así con el teléfono y otros inventos. El éter, el primer anestésico, fue presentado de forma independiente por tres médicos de Nueva Inglaterra²². Ahora bien, el éter había sido un artículo común desde hacía un siglo. Había estado en una de las farmacopeas desde hace tres siglos. Es del todo increíble que sus propiedades anestésicas no se hubieran conocido. Sí se habían conocido. Probablemente habían pasado de boca en boca como un secreto de los días de Basil Valentine²³, pero durante mucho tiempo había sido un secreto de la clase de los de Punchinello²⁴. Durante muchos años, los jóvenes lo habían usado como divertimento en Nueva Inglaterra. ¿Por qué entonces no se le dio un uso serio? No puede darse ninguna razón, excepto que el motivo para hacerlo no era suficientemente fuerte. Los motivos para hacerlo sólo podían haber sido el deseo de ganancia y la filantropía. Alrededor de 1846, la fecha de su presentación, la filantropía estaba sin duda en una condición inusualmente activa. Esa sensibilidad, o sentimentalismo, que había sido introducida en el siglo anterior, había experimentado un proceso de maduración, como consecuencia del cual, aunque era entonces menos intensa de lo que había sido previamente, era más probable que influenciara a la gente poco reflexiva de lo que había sido nunca. Los tres que reclamaban el éter habían estado probablemente influidos por el deseo de ganancias, pero a pesar de eso no eran ciertamente insensibles a las influencias agápicas. 
Dudo acerca de si alguno de los grandes descubrimientos debería considerarse, propiamente, como un logro del todo individual, y pienso que muchos compartirán esta duda. Sin embargo, de no ser así, ¡qué argumento habría aquí para la continuidad de la mente y para el agapasticismo! No quiero resultar agotador. Si los pensadores se persuadieran al menos de dejar a un lado sus prejuicios y aplicarse al estudio de las evidencias de esta doctrina, estaría muy contento de esperar la decisión final.

Fin de: “Amor evolutivo”, Charles S. Peirce (1893). Fuente textual en CP 6.287-317

Fecha del documento: 27 julio 2006
Ultima actualización: 4 agosto 2006

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1 Anteros: en la mitología griega, dios del amor correspondido, hermano gemelo de Eros.
S. Newcomb, Principles of Political Economy, Nueva York, 1886.
¿Cómo puede un escritor tener algún respeto por la ciencia en cuanto tal, si es capaz de confundir con las proposiciones científicas de la economía política, que nada tienen que decir respecto a lo que es “beneficioso”, tales generalizaciones baratas como ésta? [Nota de CSP]
Pizca”, en francés en el original.
Peirce hace referencia al personaje de Dickens en Tiempos difíciles.
Título que ostentaba el director de la Escuela de Gramática de Cambridge.
Peirce habla aquí de forma personal. En una carta del 20 de Septiembre de 1892 a Augustus Lowell escribió: “Hace poco hice un informe sobre un proceso químico para un hombre de Wall St. que debía pagarme 500$ en efectivo y una participación en las patentes. Me entregó debidamente un cheque y el banco lo devolvió como 'no bueno'“. El master in glomery era Thomas J. Montgomery.
P. Carus, “Mr. Charles S. Peirce´s Onslaught on the Doctrine of Necessity”, The Monist 2 (1892), 576.
Me alegra encontrar que también el Dr. Carus sitúa a Weismann entre los oponentes de Darwin, a pesar de enarbolar esa bandera. [Nota de CSP]
10 Peirce se refiere a “Man's Glassy Essence”.
11 Callejón sin salida”, en francés en el original.
12 Peirce se refiere a un tipo de motor, que supuestamente funcionaba con agua, inventado por John Worrell Keely (1837-1898), quien anunció en 1878 que había descubierto un nuevo principio para la producción de energía.
13 Véase Marcos 3, 29; 9, 48, e Isaías 66, 24.
14 Eusebius Pamphili, Ecclesiastal History, Londres, 1876, 8, 2.
15 Jared Sparks (1789-1866), historiador y editor americano, presidente del Harvard College.
16 Lactancio, “Of the False Wisdom of Philosophers”, The Works, Edimburgo, 1871, libro 3.
17 Véase Juan de Salisbury, Polycraticus, 2, 26; 8, 19.
18 Véase Geschichte der Logik im Abendlande de Prantl, Leipzig, 1867, vol. 3, sección 17, p. 2.
19 Véase William Whewell, Novum Organon Renovatum, 3ª ed., Londres, 1858.
20 Pequeña isla de Massachusetts. Antiguamente era uno de los principales puertos balleneros, aunque el aislamiento que padeció durante la guerra civil americana la dejó prácticamente despoblada hasta mediados del siglo XX.
21 Mendeleiev, Lothar Meyer, y J. A. R. Newlands.
22 W. T. G. Morton, C. T. Jackson, y J. C. Warren.
23 Químico alemán del siglo XV. De acuerdo con la “Nota sobre la edad de Basil Valentine” de Peirce, se considera que Basil Valentine fue uno de los primeros químicos científicos en la Alemania del siglo quince; pero Peirce continúa y dice que puede haber sido una creación de Johann Thölde, quien publicó algunos trabajos atribuidos a Basil Valentine alrededor de 1600.
24 Con origen en la commedia dell’arte italiana, Punchinello es una especie de payaso rústico o bufón, y era el nombre de una revista publicada en Nueva York alrededor de 1870.

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