miércoles, 16 de marzo de 2022

Paralelismos entre la 2T y la 4T. El horizonte de la República y el miedo al mañana.

Paralelismos entre la 2T y la 4T. El horizonte de la República y el miedo al mañana.

Segunda parte
José Antonio Robledo y Meza

 

A más de 150 años de la solicitud de renuncia hecha por 51 diputados al Presidente Juárez la trama de hostilidad hacia el Ejecutivo se repite en este 2022 con un falaz comunicado de 607 eurodiputados. Cambian, por supuesto, los contextos global y nacional pero no cambia la intención de entorpecer el nuevo proyecto nacional. Se trata de impedir que los procesos democráticos creen alternativas viables al neoliberalismo y para ello se recurre a la divulgación de una visión apocalíptica asociada a una supuesta percepción de ingobernabilidad: México está en llamas. Los divulgadores, que responder a los intereses de las grandes empresas dueñas de los medios de comunicación, no es que se crean sus afirmaciones, sino que buscan con la distorsión informativa generar un malestar incierto, una desazón imprecisa, y vaga sobre el futuro que permita la intervención de los Estados Unidos.

La debilidad política de esas grandes empresas dueñas de los medios de comunicación y sus empleados que generan mensajes hasta ahora no han sido respaldadas con una recepción concreta y circunstanciada que los califique como verdaderas, esto es, sus actos de comunicación ya no desencadenan un fenómeno de costumbres -creer y hacer lo que proponen- en la sociedad mexicana.

El contexto global

Después de que el uso de la pandemia no les redituó ganancias políticas es más improbable que sea exitosa su solicitud de intervención de los Estados Unidos cuando sufre de una división interna. Joe Biden, ha cerrado su segundo año de gobierno con la sorpresa de que la mayoría de los ciudadanos desaprueba su gestión, pues en una encuesta nacional realizada por NBC News solo ha tenido un 43% de aceptación.

Tampoco les puede ayudar el asunto Ucrania, esto es, las tensiones entre la OTAN (USA) y Rusia que ha traído como resultado el debilitamiento de los USA a nivel global. Según Putin los países de la OTAN “no pueden considerar que el Derecho Internacional es lo que ustedes quieren, sino que debe ser fruto de un consenso”.

Las sanciones económicas tomadas contra Rusia son más simbólicas que reales. La UE es muy dependiente del gas ruso, en particular Alemania e Italia, y no hay sustitutos posibles, porque el gas que pueda venir de Estados Unidos o Nigeria solo puede ser entregado por GNL y en la actualidad las instalaciones de regasificación europeas están trabajando a su máxima capacidad.

El incremento, en máximos históricos, de los precios del trigo, el aluminio, el cobalto y el níquel. Con respecto al trigo Rusia es junto con China son los más grandes exportadores. China anunció malas cosechas y la capacidad de exportación de Ucrania -en el pasado gran exportadora- quedó aniquilada.

Los errores estratégicos de la OTAN han hecho posible un acercamiento mayor entre China y Rusia.

Los resultados de las políticas neoliberales han resultado catastróficos. Según el Banco Mundial, el porcentaje de desempleo total de la población activa total se incrementó en un 6.573 % en 2020. De acuerdo con la fundación CODESPA en 2016 había alrededor de 1.100 millones de personas, un quinto de la población mundial, viviendo con menos de un dólar al día, sin acceso a servicios básicos como salud y educación, personas que viven en una pobreza “crónica”, personas que están al margen de cualquier tipo de crecimiento económico y social.

El contexto mexicano

En el año 2018 tras el triunfo electoral de MORENA algunos sectores se agruparon para boicotear al nuevo gobierno, al proyecto político conocido como 4T. El boicot se concreta en la sistemática negación de cualquier cooperación política, económica o simbólica.

Básicamente son siete los temas de ataque: acusaciones de autoritarismo, denuncias internacionales de falta de libertad de expresión, violación de derechos humanos, manifestaciones callejeras con el propósito de que terminen en trifulcas contra la policía, guerra psicológica de que viene un peligro inminente como la inflación, o la corrupción, ataques a periodistas.

Las acusaciones de “autoritarismo” comenzaron desde el desplegado de los intelectuales, Krauze y Aguilar Camín, el del llamado “Contra la deriva autoritaria y por la defensa de la democracia” (15 de julio 2020).

La internacionalización de las denuncias ha sido reiterada y ha ido desde la visita de un candidato del PRIAN al Gobierno de Nuevo León a la OEA, hasta la acusación del entonces líder de Coparmex, Gustavo de Hoyos, el 8 de junio de 2020, ante el rey de la Corona Española. Desde las páginas del Washington Post, el New York Times, The GuardianThe EconomistEl País, Algunos intelectuales han pedido la intervención del Presidente de los Estados Unidos, o del Departamento de Estado para que “moderen” el populismo del Presidente de México. Enrique Krauze exhortó una intervención extranjera el 15 de marzo de 2021 en el New York Times.

Se ha intentado por el lado de los becarios del Conacyt, y los del CIDE, usando el argumento de que el Presidente es enemigo personal de la ilustración. El problema es que estos grupos existen más que en desplegados, memes, abajo firmantes, peticiones…

La guerra psicológica la han sostenido los medios corporativos y en algunos youtubers que, desde antes de diciembre de 2018, fecha de la toma de protesta presidencial, recomendaban a la gente “cambiar sus ahorros a dólares”. Previeron un desastre económico que no ocurrió. Entonces, les quedó la violencia generalizada y el “me dueles, México”. Eso es lo que se trató de detonar, cada vez, con en este inicio de año, tomando como noticias explotables la casa del hijo del Presidente, el supuesto “fusilamiento” de Michoacán y los supuestos muertos del estadio en Querétaro. Todo debía confluir en la Ciudad de México el 8 de marzo con una gresca entre encapuchadas y policías. Pero privó la causa de la equidad de género y la seguridad preventiva. Fracasó la operación de odio detrás de la intención de que hubiera muertos.

Se ha dicho que la corrupción es peor ahora que con Peña Nieto.

Instrumentos

Seis son los instrumentos que se han utilizado para actuar políticamente guiados por la idea de entorpecer la marcha de la 4T y no por un proyecto con ideas distintas a las de las expresadas por la 4T que todos podamos discutir racionalmente.

Estos instrumentos son: los jueces, las organizaciones civiles ligadas a los empresarios, los medios de comunicación ligados a las fundaciones internacionales de los Estados Unidos, la academia universitaria, los legisladores de oposición y el parlamento europeo.

En resumen, podemos decir que el boicot hacia el proyecto de la 4T, como ocurrió en el pasado con la 2T, no podrá triunfar. Sería mejor que la actuación política de los opositores a la 4T se hiciera proponiendo un proyecto alternativo que permita a los mexicanos discutir sobre su futuro. El miedo al futuro puede trasformarse en propuestas que permitan a todos construirlo. Eso sería ética y políticamente lo más viable. Eso es lo que los ciudadanos demandamos.

 

robledomeza@yahoo.com.mx

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lunes, 14 de marzo de 2022

Solicitud de renuncia de 51 diputados a Juárez como Presidente Constitucional, 7 de septiembre de 1861

Solicitud de renuncia de 51 diputados a Juárez como Presidente Constitucional, 7 de septiembre de 1861


Un grupo de diputados pide la renuncia a Juárez como Presidente Constitucional


Los que suscribimos, ciudadanos mexicanos en ejercicio de nuestros derechos, al ciudadano Presidente de la República, exponemos:

Que, elegidos por el libre voto de nuestros conciudadanos para venir a representarlos en el Congreso de la Unión, en nuestra calidad de Diputados, hemos llenado hasta hoy nuestro deber, estudiando la situación del país, el origen de los males que lo aquejan y los medios que, aunque escasos, sean eficaces para salvarlo y, después de un maduro examen que ha producido en nosotros la convicción más profunda respecto de las medidas indispensables para organizar la marcha de la causa pública y para alcanzar la salvación no sólo de los principios políticos conquistados sino aun de la autonomía nacional, con ella y, cumpliendo un deber indeclinable que nos impone nuestra conciencia de ciudadanos y haciendo abstracción de nuestro carácter de Diputados, venimos a elevar una petición respetuosa al ciudadano Presidente, usando del derecho que nos concede el artículo 8vo del Código fundamental.

Vemos en la situación actual un elemento mayor que otro alguno de desorganización en la rotura casi absoluta de los lazos federativos, que deberían ligar, haciendo una las diversas partes que constituyen nuestra nacionalidad y la escisión de los Estados que tanto espanta y con razón en la esfera de los hechos consumados, existe ya, así en el orden administrativo como en el Legislativo y Judicial. Falta pues, la unidad federativa y con ella faltará dentro de poco la unidad nacional, siendo imposible, por lo mismo, todo Gobierno en el centro y quedando, cómo está reducido a luchar estérilmente con su propia impotencia. La verdad de este hecho tiene el carácter de la evidencia; a dónde pueda conducirnos esta situación es demasiado fácil adivinarlo; cuál sea la causa de ella y cuál el remedio es, pues, el asunto de que venimos a ocuparnos.

La gigantesca revolución que ha hecho triunfar en los campos de batalla la bandera de la Reforma, no ha sido, ciudadano Presidente, una de tantas revueltas que han agitado durante 40 años nuestro desgraciado país; ha sido, sí, una verdadera revolución social, en que el pueblo ha adquirido la conciencia de su fuerza y se ha puesto a la altura de las conquistas que ha pretendido alcanzar; pero esa revolución, los combates y las victorias no han sido, ni podido ser más que el prólogo, estando encomendado su desarrollo y su consumación a la inteligencia política y administrativa e importante es recordar que en esa lucha los que alcanzaron la victoria, los que para ella sacrificaron su reposo y su hacienda, prodigando su sangre fueron, sin duda, los pueblos del interior de la República y de la frontera, que en el día del triunfo depusieron en el altar de la legalidad todas sus conquistas. esperaron, con razón, el desarrollo y consumación de la Reforma; con ella esperaron también ver curadas esas llagas que de antiguo minan nuestra existencia social y que nos ponen bajo la dependencia de las potencias extranjeras, que nos dominan con el título oprobiosos de acreedores; esperaron ver organizar la administración pública sobre los elementos de moralidad y de justicia, desterrados de ella tanto tiempo hace y, bajo el halago de esa esperanza, quedaron ahogadas las ambiciones bastardas y por la primera vez en la historia de nuestro país, el soldado victorioso acató la ley y cedió el puesto al depositario del Supremo Poder de la Nación.

Mas, por desgracia, todas esas esperanzas han salido fallidas; la revolución se ha detenido en su marcha, puesto que no ha adelantado un solo paso en la esfera administrativa; la desmoralización se ha entronizado en todas direcciones y luchando el Ejecutivo con la falta absoluta de recursos, se ve el país amenazado por la guerra extranjera, devastado por bandidos que, sin invocar un pretexto o un principio político al menos, todo lo destrozan a su paso. Esto es porque a faltado vida y acción en el centro, que ha visto desaparecer en menos de cien días inmensas riquezas acumuladas por el clero en tres siglos de dominación absoluta; que no ha podido cumplir una sola de las promesas mil que ha hecho al país; que ha tenido la desgracia de ver levantar en la puerta de la Capital por pequeñas hordas de bandidos cadalsos en que han perecido los hombres más prominentes de la revolución; que con el poder omnímodo no ha podido destruir unas cuantas bandas de forajidos, ni alcanzar siquiera asegurar la vida y las haciendas de los ciudadanos en el centro mismo de la Capital; que, por último, se ha visto obligado a los cuatro meses de existencia a buscar los medios de sostenerla en las fuentes mismas a que acudió la reacción caduca y moribunda, en los últimos instantes de su agonía.

El Ejecutivo, ciudadano Presidente, no procuró extender su acción legal, benéfica y conciliadora, en los Estados y éstos, temiendo por el porvenir de las causas en favor de las que habían luchado, se han encerrado en sus propias individualidades, dando por resultado, todo ello, la rotura de los vínculos federales.

Creemos que para consumar una gran revolución no son bastantes los títulos legales, es necesario el tacto político; creemos que para mandar a un pueblo que tiene la conciencia de su fuerza no alcanza la coacción de la ley y que, en los países que han aspirado ya las auras de la libertad, el único Gobierno posible es el basado sobre el prestigio y el amor de los pueblos, prestigio y amor que desgraciadamente a perdido de todo punto el actual personal de la administración.

Lejos de nosotros la idea de imputar como un delito, como un crimen o un error, los hechos que hemos referido; nos venimos hoy con el carácter de acusadores, ni en nuestra calidad de ciudadanos queremos abrogarnos los derechos de jueces. Desagracia o más bien resultado preciso de las grandes revoluciones que devoran no sólo la vida y las haciendas de los hombres prominentes, sino también su prestigio y reputación, el hecho es que, el actual Presidente de la República, a quien nos dirigimos, no es posible que salve la situación y su separación del alto puesto que ocupa es una necesidad tan imperiosa para la salvación del país, como fue importante su presencia en él, en los primeros días de la revolución. Durante ella y en los de prueba, usando de ese poder siempre ominoso que se llama dictadura, se gastó lo mas noble que poseía, su prestigio y su poder moral en vano se ha pretendido reconquistar por medio de combinaciones ministeriales que no han hecho más que sacrificar otras tantas reputaciones, esterilizando nobles y fecundas inteligencias.

La revolución, ciudadano Presidente, necesita de éstas; necesita que el nombre de Juárez no pase a la posteridad con las notas que sobre él arrojaría la historia, si apareciera como el hombre que sofocó los gérmenes de una gran revolución; la reforma exige la vida, la acción que presta sólo al prestigio perdido hoy y que es el único centro de unión que puede reanudar los vínculos federativos ya rotos; que puede revivir los elementos de la organización social ya apagados; que puede, por último darnos la fuerza para salir airosos en los conflictos interiores y exteriores que nos amenazan. Y, en nombre de esas supremas necesidades, en nombre de la salvación de los principios políticos que profesamos, en nombre del honor y la salvación de nuestro país, ocurrimos al ciudadano que es capaz de todas las virtudes republicanas, al ciudadano que ocupa el poder, según él mismo lo ha dicho, por un acto de noble abnegación; al ciudadano que jamás hará personal la cuestión de los interese sociales y respetuosamente le pedimos se separe temporal o absolutamente de la Presidencia de la República, en la que sus virtudes son estériles y en las que sacrifica, con su propia reputación, el porvenir de la República.

Protestamos de la manera más solemne ante el ciudadano Presidente y ante el mundo entero que al elevar esta súplica no nos mueve interés alguno bastardo, sino única y exclusivamente el sagrado de la salvación del país y esperamos que, en los términos prescritos por artículo 8vo del código fundamental, se sirva mandarnos sea manifiesta su resolución.


México, 7 de septiembre de 1861.


Manuel María Ortiz de Montellano

D. Balandrano

N. Medina

I. Calvillo Ibarra

Enrique Ampudia

Víctor Pérez

Antonio Rebollar

Susano Quevedo

Braulio Carballar

Pedro Ampudia

Joaquín Escalante

Antonio C. Ávila

Pantaleón Tovar

M. de la Peña y Ramírez

Manuel López

Manuel Romero Rubio

J.R. Nicolín

Jesús Gómez

Antonio Carrión

Juan Bustamante

J.M. Castro

Antonio Tagle

Francisco Ferrer

Ignacio M. Altamirano

Juan Ortiz Careaga

Pablo Téllez

José Linares

Francisco M. Arredondo

J.M. Savorio

Agustín Menchaca

Ignacio Escala

Luis Cossío

Domingo Romero

J.M. Carbó

Vicente Chico Seín

G. Aguirre

Juan González Urueña

Miguel Dondé

Manuel Castilla y Portugal

Justino Fernández

Antonio Herrera Campos

Vicente Riva Palacio

Ramón Iglesias

Francisco Vidaña

Trinidad García de la Cadena

M. Saavedra

R. Vázquez

Juan Zalce

Eufemio Rojas

J. Rivera y Río

Juan Carbó

Fuente Jorge L. Tamayo (Selección y notas de), 1966, Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia, t.5, Secretaría del Patrimonio Nacional, México, 13-15.

sábado, 12 de marzo de 2022

Paralelismos entre la 2T y la 4T. El horizonte de la República Primera parte



Paralelismos entre la 2T y la 4T. El horizonte de la República

Primera parte


José Antonio Robledo y Meza




El intento de golpe de Estado contra Juárez

En esta ocasión nos ocuparemos de dos manifestaciones en contra de Juárez. La primera es la Carta Pastoral del Episcopado Mexicano “Manifestación de los obispos en defensa del Clero y de la doctrina católica con ocasión del Manifiesto y Decretos expedidos por Juárez en Veracruz” del 30 de agosto de 1859 es. La segunda del 7 de septiembre de 1861 cuando un grupo de 51 diputados pide la renuncia a Juárez como Presidente Constitucional.

Tanto la Carta Pastoral como la solicitud de renuncia se dieron a conocer en el contexto de promulgación de la Ley de suspensión de pagos de México el 17 de julio de 1861 y en pleno ambiente de guerra por todos lados. Guerra de secesión en los Estados Unidos (1861-1865), intento de invasión por parte de España, Inglaterra y Francia, guerra de intervención para preparar la llegada de Maximiliano a México y fundar el II Imperio Mexicano (1862-1867) y guerra civil -enfrentamiento entre republicanos y monarquistas, entre liberales y absolutistas, y entre facciones liberales-. Con los actores en lucha, mexicanos, estadunidenses y europeos, el mundo Atlántico mostraba cuan estrechas eran sus relaciones.1 En conjunción a lo anterior se dio la presidencia itinerante de Juárez (31 de mayo de 1863- 5 de julio de 1867). Pese a todo esto Juárez funda exitosamente -en 1867- la vigente República Mexicana.


La Carta Pastoral



1) El Episcopado Mexicano publica una Carta Pastoral “Manifestación de los obispos en defensa del Clero y de la doctrina católica con ocasión del Manifiesto y Decretos expedidos por Juárez en Veracruz” de fecha 30 de agosto de 1859. En este documento dirigido “a todo el mundo católico” y firmado por “Don Lázaro de la Garza y Ballesteros, arzobispo de México; Licenciado Clemente de Jesús Munguía, obispo de Michoacán; Doctor Don Francisco de Paula Verea, obispo de Linares; Doctor Don Pedro Espinosa, obispo de Guadalajara; Doctor Don Pedro Barajas, obispo del Potosí, y Doctor Don Francisco Serrano como Representante de la Mitra de Puebla” recriminan al “Señor Juárez” los decretos de 12, 13 y 23 de julio que “ha llevado hasta sus últimos extremos la sistemada (sic) persecución a la Iglesia”. Los firmantes se quejan de “la exaltación demagógica e impía”, que ha hecho del clero mexicano “la primera causa de todos los males que pesan sobre México, como el enemigo constante de la civilización y del progreso, como el partidario instituido del depotismo y de la Tiranía, como el aliado nato del ejército contra las instituciones políticas y libertades públicas.” Los firmantes justifican su escrito como oposición “a la propaganda cismática” y que “libre de pasión” y “sana crítica” los sucesos que definen el conflicto de la Iglesia con el Estado han definido, “primero, que la Iglesia no ha hecho nunca oposición a ningún gobierno sino en clase de defensa canónica y cuando ha sido provocada por leyes y medidas que atacan o su institución o su doctrina o sus derechos; segundo, que siempre se ha defendido exclusivamente con sus armas, que son las espirituales; y por último, que aun esto lo ha hecho con suma prudencia y caridad heroica.”2

La solicitud de renuncia a Juárez

2) El antijuarismo presente entre distintas facciones liberales como los “orteguistas”, los “dobladistas” y los jóvenes abogados fogosos, expresado de manera concertada por un grupo de 51 diputados que pidieron su renuncia como Presidente Constitucional el 7 de septiembre de 1861. En respuesta el mismo día otros diputados dan su apoyo a Juárez y entre éstos está Porfirio Díaz.

La historia de la solicitud de renuncia comienza el día 15 de julio en sesión secreta extraordinaria, tuvo lugar el dictamen de las comisiones unidas de Hacienda y Crédito Público, en relación a la iniciativa del gobierno de percibir todo el producto líquido de las rentas federales.3 El 16 de julio las sesiones secretas extraordinarias continuaron y en ellas se aprobaron dos propuestas: primero, el Gobierno de la Unión recibiría todo el producto líquido de las rentas federales y se suspenderían los pagos de la deuda externa por el término de dos años; segundo, cada 15 días las aduanas marítimas y oficinas recaudadoras de las rentas federales, tendrían que remitir su estado de ingresos y egresos a la Tesorería General.4

Pese a los esfuerzos realizados, la firma oficial del decreto de suspensión del día 17 de julio de 1861, aceleró la intervención extranjera. No pasaron más de tres meses de la expedición de aquel decreto, cuando el 7 de septiembre, un grupo de diputados en nombre de supremas necesidades y de la salvación de los principios políticos liberales que profesaban, le pidieron al Ejecutivo su renuncia temporal o absoluta.5 Entre los solicitantes figuraban Ignacio Manuel Altamirano, Pantaleón Tovar, Manuel Romero Rubio, Justino Fernández, Vicente Riva Palacio.6

¿Cuál era la esencia de aquella protesta? Ante todo, la redefinición de las relaciones políticas entre Juárez y los Estados de la República. Pues entonces la facción antijuarista descubrió que en México no existía la unidad federativa que el sistema republicano exige, como tampoco la unidad nacional: “Vemos en la situación actual un elemento mayor que otro alguno de desorganización en la rotura casi absoluta de los lazos federativos [...] Falta pues, la unidad federativa y con ella faltará dentro de poco la unidad nacional”. Y los solicitantes argumentan de manera categórica que el gobierno ha perdido su legitimidad:

Creemos que para consumar una gran revolución no son bastantes los títulos legales, es necesario el tacto político; creemos que para mandar a un pueblo que tiene la conciencia de su fuerza no alcanza la coacción de la ley y que, en los países que han aspirado ya las auras de la libertad, el único Gobierno posible es el basado sobre el prestigio y el amor de los pueblos, prestigio y amor que desgraciadamente a perdido de todo punto el actual personal de la administración.7

En este mismo año las elecciones favorecieron a Juárez por 5,282 votos, pero Vicente Riva Palacio, electo diputado al Congreso de la Unión, argumentó que como el total de electores era de 15 mil, Juárez no logró la mayoría absoluta y por lo tanto la decisión la tendría el Congreso. A pesar de ello 61 diputados votaron por Juárez y 55 por González Ortega.8

De acuerdo con Justo Sierra atrás del movimiento contra Juárez estaban González Ortega, Doblado, Vidaurri y Comonfort; el primero era un exaltado, el último un moderado; entre estos dos colores se distribuían todos los matices de los enemigos políticos de Juárez -no hablamos de los religiosos-; “constituían una suerte de grupo girondino, pero no con un programa de doctrinas, sino una aversión personal.”9

A continuación, reproducimos la solicitud de renuncia de los diputados a Juárez

Un grupo de diputados pide la renuncia a Juárez como Presidente Constitucional

Los que suscribimos, ciudadanos mexicanos en ejercicio de nuestros derechos, al ciudadano Presidente de la República, exponemos:

Que, elegidos por el libre voto de nuestros conciudadanos para venir a representarlos en el Congreso de la Unión, en nuestra calidad de Diputados, hemos llenado hasta hoy nuestro deber, estudiando la situación del país, el origen de los males que lo aquejan y los medios que, aunque escasos, sean eficaces para salvarlo y, después de un maduro examen que ha producido en nosotros la convicción más profunda respecto de las medidas indispensables para organizar la marcha de la causa pública y para alcanzar la salvación no sólo de los principios políticos conquistados sino aun de la autonomía nacional, con ella y, cumpliendo un deber indeclinable que nos impone nuestra conciencia de ciudadanos y haciendo abstracción de nuestro carácter de Diputados, venimos a elevar una petición respetuosa al ciudadano Presidente, usando del derecho que nos concede el artículo 8vo del Código fundamental.

Vemos en la situación actual un elemento mayor que otro alguno de desorganización en la rotura casi absoluta de los lazos federativos, que deberían ligar, haciendo una las diversas partes que constituyen nuestra nacionalidad y la escisión de los Estados que tanto espanta y con razón en la esfera de los hechos consumados, existe ya, así en el orden administrativo como en el Legislativo y Judicial. Falta pues, la unidad federativa y con ella faltará dentro de poco la unidad nacional, siendo imposible, por lo mismo, todo Gobierno en el centro y quedando, cómo está reducido a luchar estérilmente con su propia impotencia. La verdad de este hecho tiene el carácter de la evidencia; a dónde pueda conducirnos esta situación es demasiado fácil adivinarlo; cuál sea la causa de ella y cuál el remedio es, pues, el asunto de que venimos a ocuparnos.

La gigantesca revolución que ha hecho triunfar en los campos de batalla la bandera de la Reforma, no ha sido, ciudadano Presidente, una de tantas revueltas que han agitado durante 40 años nuestro desgraciado país; ha sido, sí, una verdadera revolución social, en que el pueblo ha adquirido la conciencia de su fuerza y se ha puesto a la altura de las conquistas que ha pretendido alcanzar; pero esa revolución, los combates y las victorias no han sido, ni podido ser más que el prólogo, estando encomendado su desarrollo y su consumación a la inteligencia política y administrativa e importante es recordar que en esa lucha los que alcanzaron la victoria, los que para ella sacrificaron su reposo y su hacienda, prodigando su sangre fueron, sin duda, los pueblos del interior de la República y de la frontera, que en el día del triunfo depusieron en el altar de la legalidad todas sus conquistas. esperaron, con razón, el desarrollo y consumación de la Reforma; con ella esperaron también ver curadas esas llagas que de antiguo minan nuestra existencia social y que nos ponen bajo la dependencia de las potencias extranjeras, que nos dominan con el título oprobiosos de acreedores; esperaron ver organizar la administración pública sobre los elementos de moralidad y de justicia, desterrados de ella tanto tiempo hace y, bajo el halago de esa esperanza, quedaron ahogadas las ambiciones bastardas y por la primera vez en la historia de nuestro país, el soldado victorioso acató la ley y cedió el puesto al depositario del Supremo Poder de la Nación.

Mas, por desgracia, todas esas esperanzas han salido fallidas; la revolución se ha detenido en su marcha, puesto que no ha adelantado un solo paso en la esfera administrativa; la desmoralización se ha entronizado en todas direcciones y luchando el Ejecutivo con la falta absoluta de recursos, se ve el país amenazado por la guerra extranjera, devastado por bandidos que, sin invocar un pretexto o un principio político al menos, todo lo destrozan a su paso. Esto es porque a faltado vida y acción en el centro, que ha visto desaparecer en menos de cien días inmensas riquezas acumuladas por el clero en tres siglos de dominación absoluta; que no ha podido cumplir una sola de las promesas mil que ha hecho al país; que ha tenido la desgracia de ver levantar en la puerta de la Capital por pequeñas hordas de bandidos cadalsos en que han perecido los hombres más prominentes de la revolución; que con el poder omnímodo no ha podido destruir unas cuantas bandas de forajidos, ni alcanzar siquiera asegurar la vida y las haciendas de los ciudadanos en el centro mismo de la Capital; que, por último, se ha visto obligado a los cuatro meses de existencia a buscar los medios de sostenerla en las fuentes mismas a que acudió la reacción caduca y moribunda, en los últimos instantes de su agonía.

El Ejecutivo, ciudadano Presidente, no procuró extender su acción legal, benéfica y conciliadora, en los Estados y éstos, temiendo por el porvenir de las causas en favor de las que habían luchado, se han encerrado en sus propias individualidades, dando por resultado, todo ello, la rotura de los vínculos federales.

Creemos que para consumar una gran revolución no son bastantes los títulos legales, es necesario el tacto político; creemos que para mandar a un pueblo que tiene la conciencia de su fuerza no alcanza la coacción de la ley y que, en los países que han aspirado ya las auras de la libertad, el único Gobierno posible es el basado sobre el prestigio y el amor de los pueblos, prestigio y amor que desgraciadamente a perdido de todo punto el actual personal de la administración.

Lejos de nosotros la idea de imputar como un delito, como un crimen o un error, los hechos que hemos referido; nos venimos hoy con el carácter de acusadores, ni en nuestra calidad de ciudadanos queremos abrogarnos los derechos de jueces. Desagracia o más bien resultado preciso de las grandes revoluciones que devoran no sólo la vida y las haciendas de los hombres prominentes, sino también su prestigio y reputación, el hecho es que, el actual Presidente de la República, a quien nos dirigimos, no es posible que salve la situación y su separación del alto puesto que ocupa es una necesidad tan imperiosa para la salvación del país, como fue importante su presencia en él, en los primeros días de la revolución. Durante ella y en los de prueba, usando de ese poder siempre ominoso que se llama dictadura, se gastó lo mas noble que poseía, su prestigio y su poder moral en vano se ha pretendido reconquistar por medio de combinaciones ministeriales que no han hecho más que sacrificar otras tantas reputaciones, esterilizando nobles y fecundas inteligencias.

La revolución, ciudadano Presidente, necesita de éstas; necesita que el nombre de Juárez no pase a la posteridad con las notas que sobre él arrojaría la historia, si apareciera como el hombre que sofocó los gérmenes de una gran revolución; la reforma exige la vida, la acción que presta sólo al prestigio perdido hoy y que es el único centro de unión que puede reanudar los vínculos federativos ya rotos; que puede revivir los elementos de la organización social ya apegados; que puede, por último darnos la fuerza para salir airosos en los conflictos interiores y exteriores que nos amenazan. Y, en nombre de esas supremas necesidades, en nombre de la salvación de los principios políticos que profesamos, en nombre del honor y la salvación de nuestro país, ocurrimos al ciudadano que es capaz de todas las virtudes republicanas, al ciudadano que ocupa el poder, según él mismo lo ha dicho, por un acto de noble abnegación; al ciudadano que jamás hará personal la cuestión de los interese sociales y respetuosamente le pedimos se separe temporal o absolutamente de la Presidencia de la República, en la que sus virtudes son estériles y en las que sacrifica, con su propia reputación, el porvenir de la República.

Protestamos de la manera más solemne ante el ciudadano Presidente y ante el mundo entero que al elevar esta súplica no nos mueve interés alguno bastardo, sino única y exclusivamente el sagrado de la salvación del país y esperamos que, en los términos prescritos por artículo 8vo del código fundamental, se sirva mandarnos sea manifiesta su resolución.


México, 7 de septiembre de 1861.


Manuel María Ortiz de Montellano

D. Balandrano

N. Medina

I. Calvillo Ibarra

Enrique Ampudia

Víctor Pérez

Antonio Rebollar

Susano Quevedo

Braulio Carballar

Pedro Ampudia

Joaquín Escalante

Antonio C. Ávila

Pantaleón Tovar

M. de la Peña y Ramírez

Manuel López

Manuel Romero Rubio

J.R. Nicolín

Jesús Gómez

Antonio Carrión

Juan Bustamante

J.M. Castro

Antonio Tagle

Francisco Ferrer

Ignacio M. Altamirano

Juan Ortiz Careaga

Pablo Téllez

José Linares

Francisco M. Arredondo

J.M. Savorio

Agustín Menchaca

Ignacio Escala

Luis Cossío

Domingo Romero

J.M. Carbó

Vicente Chico Seín

G. Aguirre

Juan González Urueña

Miguel Dondé

Manuel Castilla y Portugal

Justino Fernández

Antonio Herrera Campos

Vicente Riva Palacio

Ramón Iglesias

Francisco Vidaña

Trinidad García de la Cadena

M. Saavedra

R. Vázquez

Juan Zalce

Eufemio Rojas

J. Rivera y Río

Juan Carbó10


robledomeza@yahoo.com.mx

cel: 2223703233


1 De acuerdo con un supuesto de Hale el liberalismo mexicano desde el principio “era una entidad histórica que formaba parte de un conjunto más amplio de pensamiento y de política, que es el mundo atlántico” (Hale, 1995, 10) y éstos sólo pueden entenderse adecuadamente si se les relaciona con la amplia experiencia occidental de la que forma parte.

2 Alfonso Alcalá y Manuel Olimón (comps.), 1989, “Manifestación de los obispos en defensa del Clero y de la doctrina católica con ocasión del Manifiesto y Decretos expedidos por Juárez en Veracruz, 30 de agosto de 1859, en Episcopado y Gobierno de México. Cartas Pastorales Colectivas del Episcopado Mexicano 1859-1875, México, Ediciones Paulinas, 19-23.

3 La sesión secreta extraordinaria del Congreso de la Unión tuvo lugar en la ciudad de México el 15 de julio de 1861, en Jorge L. Tamayo (Selección y notas de), 1966, Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia, t.4, Secretaría del Patrimonio Nacional, México, 653-654.

4 Tamayo, 1966, t.4, pp. 653-655.

5 “Un grupo de Diputados pide la renuncia a Juárez como Presidente constitucional”, en Tamayo, 1966, t.5, 13-16.

6 Tamayo, 1966, t.5, p. 16

7 Tamayo, 1966, t.5, pp. 13-15.

8 Tiempo de México, 1a época, Ciudad de México, de junio de 1861 a mayo de 1864, n. 15, 1-2; México, 1984, 2a ed. SEP.

9 Sierra, 1956, vol. III, p. 318.

10 Jorge L. Tamayo (Selección y notas de), 1966, Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia, t.5, Secretaría del Patrimonio Nacional, México, 13-15.



jueves, 10 de marzo de 2022

La traición redentora.

La traición redentora.

José Antonio Robledo y Meza



Era una noche solo iluminada por la tímides de la luna. El silencio solo roto por las resonancias de las antorchas y el sonido de los pasos de doce hombres. Uno de ellos llamado Jesús se encaminó hacia el monte de los Olivos rodeado por los soldados enviados por Pilatos para cumplir con la orden dada. Detrás de Jesús iban sus discípulos. Llegado al lugar elegido les pidió que oraran mientras él se retiraba murmurando «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Al regresar con el grupo y cuando les dirigía la palabra, llegó una multitud encabezada por Judas. Éste se acercó a Jesús para besarlo, pero ante su titubeo fue Jesús quien le besó. Judas fue aprendido y lo que siguió es por todos conocido. Esa noche no hubo suicidio alguno.




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martes, 8 de marzo de 2022

La historia de Dios. La intencionalidad política y pedagógica de los mitos.

La historia de Dios. La intencionalidad política y pedagógica de los mitos.

José Antonio Robledo y Meza

 

La historia de Dios está asociada a la historia de la teología, de los mitos y las religiones. Aquí solo consideraré la relación de la historia de los mitos (narraciones), sus interpretaciones y la teología.

Jenófanes de Colofón, fue el primer teólogo de la historia de la cultura; el primero que trató el problema de Dios. Según Sexto Empírico, Jenófanes afirmó: “Homero y Hesíodo han atribuido a los dioses todo cuanto es vergüenza e injuria entre los hombres, y narrado muy a menudo acciones injustas de los dioses: robar, cometer adulterio y engañarse unos a otros.” Jenófanes criticó el antropomorfismo de los dioses tradicionales a la par que predicaba un nuevo y único dios -que no respira y es ingénito, inmóvil y que todo lo mueve con la fuerza de su mente-, de características próximas a la divinidad de la teología del posterior cristianismo.

Otros griegos antiguos (Teágenes de Regio, Estesímbroto de Tasos, Glaucón, Metrodoro de Lámpsaco, Zenón de Citio, Cleantes de Assos y Crisipo de Cilicia, Plutarco de Queronea, Numenio de Apamea, Cronio, Plotino, Porfirio, Siriano de Alejandría y Proclo de Constantinopla) mostraron un vivo interés por la interpretación de la tradición mítica. Los relatos de Homero y Hesíodo fueron sometidos a crítica, dándose así diversos intentos de interpretación y análisis que no estaban exentos de participación en las ontologías de la época: monismo, pluralismo y metempsicosis pitagórica. Para Jenófanes y sus seguidores, los mitos eran reinterpretados atribuyéndoles un carácter moralista que preservara la figura de las divinidades y permitiera construir mediante ellas una teología, o justificar un sistema de creencias establecido.

Para otros griegos (Hecateo de Mileto, Herodoro de Heraclea, Heródoto, Sócrates-Platón, Evémero de Messina, Palefato, Lucrecio, y Marco Tulio Cicerón) reducían los mitos a algo externo al mismo, ya fueran alegorías, que habían dejado de ser comprendidas, o bien historia deformada por la imaginación de las gentes. Su postura es crítica, polémica y, en ocasiones, agresiva con las creencias míticas, en tanto que las consideraban como una suerte de ofensa a la razón y de ultraje al entendimiento. La meta que perseguía esta corriente interpretativa no era sino desproveer a los mitos de cualquier elemento fantástico o milagroso, con el fin de captar la realidad histórica subyacente a los acontecimientos que plasmaban los mitos.

Platón reconoce la utilidad y el poder de los mitos cuando éstos están en manos de “buenos gobernantes” (la famosa “mentira piadosa” platónica). Platón utilizó el mito en sus diálogos como medio de expresar “lo que está más allá y lo que está más acá del lenguaje filosófico”, y en Timeo explicitó que, en lo que concierne a los dioses y al nacimiento del mundo, es imposible aportar razonamientos enteramente coherentes, y era necesario contentarse con una fábula verosímil. Con Platón nace la utilización de los mitos con intencionalidad política y pedagógica.

Evémero de Messina mantuvo la teoría de que los dioses eran una magnificación de figuras históricas relevantes, esto es, que los dioses eran hombres que fueron divinizados en tiempos remotos a causa de su poder y su sabiduría; de esta manera, Zeus pudo ser el nombre de un poderoso rey. Esta doctrina, conocida como evemerismo, es la primera tesis radical de reducción historicista de la que tenemos conocimiento en nuestra cultura, en relación con la cuestión de la hermenéutica mitológica. Para Evémero los dioses eran seres humanos que fueron divinizados en consideración a sus méritos, y cabe señalar que tal asunción encuentra su basamento en la observación de los regímenes políticos de la época, especialmente en la denominada “monarquía divina” (la atribución a los monarcas de un estatuto divino), institución habitual en la época helenística.

Marco Tulio Cicerón, en su obra Sobre la naturaleza de los dioses, expuso críticamente las interpretaciones epicúreas y estoicas de la Teogonía hesiódica. Según Cicerón, las interpretaciones de los estoicos Zenón, Aristón y Crisipo “no son las ideas de unos filósofos, sino los sueños de gente que delira”. Cicerón, siguiendo explícitamente a Epicuro, postula que todos los hombres tienen, por su propia naturaleza, una idea anticipada e innata de los dioses (prolepsi o presciencia), y que la existencia de las divinidades debe admitirse por razones de tradición, educación y por convención social. Para Cicerón, “la misma naturaleza que nos dio el conocimiento de los propios dioses, imprimió también en nuestras inteligencias la idea de la eternidad y felicidad de los mismos”.

Las tres claves alegóricas desarrolladas por los autores antiguos continuaron siendo utilizadas a lo largo de la Edad Media, en la que la tradición clásica siguió formando parte de la herencia cultural.

Las interpretaciones medievales y renacentistas presentan una peculiaridad distintiva: las numerosas fuentes de datos constituidas por los escritos y manuales de los mitógrafos, junto a la repercusión de éstos como modelos en las representaciones pictóricas y escultóricas de los dioses paganos, unos dioses convertidos ahora en personajes que, negada su consideración de auténticas divinidades, campaban a sus anchas en la literatura y la pintura (lo cual posibilitó la pervivencia cultural de las divinidades antiguas).

Será Durkheim quien, posteriormente, pondrá el acento en la consideración de que la religión y la mitología son una creación del grupo social.

 

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viernes, 4 de marzo de 2022

Carta abierta

Carta abierta

 

A la Suprema Corte de Justicia de la Nación

Al Honorable Congreso de la Unión

Al Instituto Nacional Electoral

Exigencia ciudadana para que el INE respete lo establecido en el Artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos la Ley Federal de Revocación de Mandato decretada por el Honorable Congreso de la Unión y publicada en el Diario Oficial de la Federación en 14 de septiembre de 2021.

Considerando que:

1) El Artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece en su parágrafo IX que son derechos de la ciudadanía “Participar en los procesos de revocación de mandato.”

2) El Congreso de la Unión emitió la ley reglamentaria en el Diario Oficial de la Federación el 14 de septiembre de 2021.

3) El Artículo 41 de la Sección Quinta de la Jornada de Revocación de Mandato en su segundo párrafo establece que:

“El Instituto deberá habilitar la misma cantidad de las casillas que fueron determinadas para la jornada del proceso electoral anterior”.

4) En “la jornada del proceso electoral anterior” fue el de la elección presidencial” del 2018 y en ese proceso se instalaron 156 mil 899 casillas.

5) No hay dudas de que las 57,677 casillas propuestas por el INE no son igual a “la misma cantidad de las casillas que fueron determinadas para la jornada del proceso electoral anterior”.

6) 57,677 casillas equivalen al 37 por ciento de 156, 899 de las instaladas en la elección presidencial.

Por todo lo anterior, el abajo firmante, ciudadano en el ejercicio de sus derechos políticos exijo que el INE se apegue, en el próximo proceso de revocación de mandato a celebrarse el 10 de abril del 2022, a lo establecido en el mandamiento constitucional y en su ley correspondiente decretada por el Honorable Congreso de la Unión.

 

Atentamente

H. Puebla de Z. a 4 de marzo de 2022

 

José Antonio Robledo y Meza

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jueves, 3 de marzo de 2022

El Arte de la mentira política. El lado cilíndrico de las relaciones humanas.

El Arte de la mentira política. El lado cilíndrico de las relaciones humanas.


José Antonio Robledo y Meza


He aquí algo de lo que este Arte de la mentira (Jonathan Swift y John Arbuthnot, 1733) aporta a las discusiones políticas en torno del pasado, del presente y del futuro. Podremos encontrar en este texto materia para reflexionar, para distraernos o para sorprendernos de que cuestión tan grave sea tratada con ligereza. Quizá algunos prefieran anteponer la indignación a la ironía y optar por denunciar la corrupción de la vida pública, exigir su trasparencia y censurar la persistencia de la mentira en los usos políticos.

También puede aceptarse la invitación ofrecida por este opúsculo: abordar desde la sátira que la cuestión del disimulo político tiene, sobre la indignación moral, la ventaja de evitar presuponer un inicial estado de virtud que la política habría corrompido. Permite resaltar los excesos de la mentira sin tener por ello que apelar al reino de la trasparencia y a la dictadura de la verdad.

El Arte de la mentira política reconoce, en cierto modo, aquello que Maquiavelo supo vislumbrar como los fundamentos propios de la política cuando se atrevió a pensarla desde su autonomía frente a la religión: la política es un juego de pasiones y de intereses opuestos, y el disimulo es una de sus reglas esenciales.

Pero -dice Maquiavelo- es menester saber encubrir ese proceder artificioso y ser hábil en disimular y en fingir. Los hombres son tan simples y se sujetan a la necesidad en tanto grado, que el que engaña con arte halla siempre gente que se deje engañar. [...] No hace falta que un príncipe posea todas las virtudes, pero conviene que aparente poseerlas. [...] Puede aparecer manso, humano, fiel, leal y aun serlo. Pero le es menester conservar su corazón en exacto acuerdo con su inteligencia para que, en caso preciso, sepa variar en sentido contrario.

El Arte de la mentira política reitera así, desde la sátira, la lección de Maquiavelo: "Así es cómo se os miente" nos dice el autor anónimo al abrir una suscripción imaginaria a un tratado inexistente. ¡¡Mejores auspicios no podía tener un Arte de la mentira política!!

¿Conviene engañar al pueblo por su propio bien?

El Arte de la mentira política empieza señalando las bases fisiológicas de la mentira: el alma tiene un lado plano, que le viene dado por Dios y que refleja fielmente los objetos; también tiene un lado cilíndrico, heredado del Diablo, que los deforma sistemáticamente. Satanás, como indican los Evangelios, es el padre de la mentira. La mentira política tiene, así, su localización cerebral en el lado cilíndrico. Pero esto no es lo más importante. El tratado no se ocupa tanto de los fundamentos fisiológicos o espirituales del disimulo como de sus efectos políticos. Efectos que remiten, en definitiva, a una cuestión fundamental, presente en toda la reflexión política desde la República de Platón hasta el Príncipe de Maquiavelo: ¿conviene ocultar la verdad al pueblo por su propio bien, engañarlo para salvaguardarlo? El arte de la mentira política es, en efecto, "el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables con vistas a un buen fin".

Para terminar, les propongo estimados lectores que interpreten la siguiente afirmación: “Todos los que escriben en este sitio son unos mentirosos”.

 

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