jueves, 9 de marzo de 2023

1772 el año de la disputa por la soberanía en Puebla. Las monjas contra el obispo.

1772 el año de la disputa por la soberanía en Puebla. Las monjas contra el obispo.

La verdadera historia de las monjas apasionadas de Puebla.

José Antonio Robledo y Meza

 

Allá en la Puebla, señores, ni sopla ni silba el viento,

que teme el muy desgraciado que lo metan a un convento.

 

“Las monjas apasionadas de la ciudad de Puebla de los Ángeles constituyen uno de los capítulos más sorprendentes de la historia de México y, también, uno de los más desconocidos. Todo un mundo de ambigüedades, noticias confusas, informaciones contradictorias y misterios apenas revelados sobre el gesto de unas monjas que se amotinaron contra la Iglesia y el Estado, que dejaron de confesarse y de comulgar, que cerraron sus puertas a la ley para terminar siendo asaltadas con la misma saña y brutalidad que se hubiera empleado para invadir un castillo enemigo.

“La primera noticia del motín de las monjas poblanas me llegó a través de un profesor que investigaba en el Vaticano la relación Papa-Rey-Iglesia en el México del siglo XVIII (…) Lo primero que me sorprendió, en la larga lista de sorpresas que me esperaba, fue la violencia súbita en la que desembocaron las diferentes actitudes formales que habían venido adoptando las dos partes en conflicto. Durante meses los puntos de vista de las monjas poblanas chocaron contra la posición de un obispo, recién llegado de España, que manejaba conceptos y exhibía actitudes totalmente vencidas en el mundo mexicano.

“Las conversaciones habían sido aparentemente diplomáticas pero detrás de cada posición, de cada afirmación, se parapetaban dos bloques de ideas que estaban negándose ferozmente. Resulta curioso que hayan sido monjas poblanas las primeras en exhibir una actitud de total independencia frente a la corte española representada no solamente por el gobernador, sino por el virrey y también por el obispo, otra autoridad emanada del reino. Los aires de libertad, aún larvados y oprimidos, van dejándose advertir en los gestos más insignificantes de las monjas de Puebla.

“Parecía como que estas mujeres, separadas de sus familias, dedicadas aparentemente a rezar y contemplar el paso del tiempo, hubieran descubierto, de pronto, que su negativa ante las órdenes del obispo castellano implicaba mucho más que un gesto de desobediencia. Hay razones para suponer, observando el comportamiento de la autoridad poblana, que estaban ensayando un verdadero gesto de independencia.

“Y esto, que algunas de las monjas intuyeron en su momento, debió ser advertido y sopesado por las autoridades que, de pronto, apoyaron al obispo en una decisión que no hubiera tenido por qué ser tan salvaje si detrás de la misma no se hubieran acumulado todas estas sospechas. Lo que parecía un duelo de memoriales y reglamentos se convirtió, en un momento dado, en algo tan profundo que fue necesario usar la fuerza, la violencia más enconada, por parte de los represores.

“La beligerancia de las monjas dividió, a su vez, a toda la ciudad y polarizó las opiniones de familia y grupos. El hecho fue tan revelador que las autoridades poblanas se apresuraron a ocultar los acontecimientos tras toda una política de olvidos organizados. Puebla lavaba la ropa sucia en casa y cerraba la puerta a los ojos de los curiosos; fingía que nada había pasado y tachaba toda referencia de lo acaecido (…) “No hay páginas de historias, pero hay miles de diminutas anécdotas que han de ser descubiertas, capturadas y relacionadas entre sí.

“El rumor habla de envenenamientos, de conventos endemoniados, de mujeres guerreras, de obispos expulsados del país, de pasillos oscuros por los que los mensajeros traen y llevan misivas.

El rumor forma su propia historia ante los ojos de los advertidos y se muestra a quienes saben leer entre líneas. Se filtran los rumores en los memoriales y en los cuidados textos históricos y denuncian las cosas que querían ser ocultadas.

“Si el historiador ha de ser también detective, en este caso tiene que huir de las pistas falsas que se cruzan y forman toda una tela de araña maliciosamente dispuesta. “Que las monjas apasionadas significaron mucho más de lo que cabe suponer leyendo los textos de la época, resulta hoy muy claro para el observador atento. Ellas fueron las primeras en señalar, con su actitud, el hecho de que España y México eran dos países distintos para los cuales convenían dos formas distintas de gobierno.

“Al sublevarse contra una disposición que parece poco importante, las monjas estaban, en esencia, negando el derecho de Madrid de ordenar unas vidas cuyos secretos y principales motivaciones no comprendía ni podía comprender. Las monjas de Puebla insistían en señalar que los valores del catolicismo español y las fórmulas morales de los castellanos no eran equivalentes a los conceptos mexicanos y que lo que allí podía parecer santo aquí no lo era.”

La historia completa la puedes leer en la novela de Paco Ignacio Taibo I. Fuga hierro y fuego. Si la quieres leer puedes solicitarla a:

 

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sábado, 4 de marzo de 2023

Cabeza-Corazón.

Cabeza-Corazón.

José Antonio Robledo y Meza

 

Para comprender los fenómenos humanos ¿es lícito mantener la oposición razón/pasiones? ¿En verdad es justo el sacrificio de las propias ‘pasiones’ en nombre de ideales? ¿Acaso los ideales no han sido el vehículo de infelicidad no motivada?

¿Es irracional obedecer el imperioso reclamo de los impulsos, rendirse a los deseos, abandonarse a estados de ánimo imprevisibles y contradictorios, renunciar a la libertad, a la conciencia y al autocontrol en beneficio de una autoconciencia más exigente que la conciencia? ¿Son razonables las estrategias elaboradas para extirpar, moderar o domesticar las pasiones? ¿Y paralelamente, para conseguir el dominio sobre nosotros mismos, volviendo coherente la inteligencia, constante la voluntad, fuerte el carácter?

¿Razón y pasiones son contradictorias? O más bien ambas forman parte de constelaciones de sentido teórica y culturalmente condicionadas. “Razón” y “pasiones” son términos prejuzgados, que es necesario habituarse a considerar como nociones correlativas y no obvias, que se definen recíprocamente (por contraste o por diferencia) sólo dentro de determinados horizontes conceptuales y de específicos parámetros valorativos. Las combinaciones y las configuraciones a que dan lugar son múltiples y variadas; sin embargo, todas están subordinadas a la naturaleza de los movimientos y a los mapas mentales de partida.

Que nos impediría pensar a las “pasiones” (emociones, sentimientos, deseos) como estados que no se añaden de un abstracto exterior a un grado cero de la supuesta conciencia indiferente, para enturbiarla y confundirla, sino que son constitutivos de la tonalidad de cualquier modo de ser físico y hasta de toda orientación cognitiva.

Por qué no concebir las pasiones como formas de comunicación tonalmente “acentuadas”, lenguajes corporales o actos expresivos que elaboran y transmiten, al mismo tiempo, mensajes orientados, modulados, articulados y graduables que dan sentido e intensidad a la comunicación.

En las últimas movilizaciones en México se ha podido observar como las pasiones han preparado, conservado, reelaborado y presentado los ‘significados reactivos’ más directamente atribuidos a personas, cosas y acontecimientos por los sujetos que los experimentan dentro de contextos determinados, cuyas formas y trasformaciones evidencian. Frente a ello aparecen las explicaciones razonables -a posteriori- las que establecen el objetivo y el alcance de la acción colectiva, y con ello, individualizar los objetos sobre los cuales irrumpir, midiendo el punto en que detener el ímpetu, dosificando la virulencia de actitudes disipativas.

La lucha política en México en los últimos años ha mostrado lo endeble que es la idea opositora de que de lado de MORENA existe una energía íntimamente opaca e inculta que hay que someter y disciplinar. Todo parece indicar que la pasión aparece como la luz-sombra de la razón misma, como una construcción de sentido y una actitud ya íntimamente revestida de una propia inteligencia y cultura, fruto de elaboraciones milenarias, y la razón (racionalidad-crítica) como manifestación, a su vez, ‘apasionada’, selectiva, cómplice de aquellas pasiones que han modelado la cultura mexicana.

Si se observa con cuidado descubrimos lo inadecuado del concepto de pasión entendida como mero enceguecimiento. De aquí que resulte ineficaz la demonización de la 4T y el consiguiente llamado al exorcismo.

Cabeza y corazón han encontrado en MORENA su armonía lo que ha permitido enfocar y fundar la construcción de un movimiento político que inicia el camino de “reconstrucción” que es, más bien, la construcción de la conjunción de la razón-pasión. De aquí la inutilidad de la violencia para los nuevos propósitos, los nuevos horizontes éticos.

Con la conciencia de que los humanos construimos la historia, también nos hemos dado cuenta de la necesidad de construir las perspectivas de ella.

Pasado y futuro, tradición y proyección, nacional y universal, son los ingredientes más poderosos del humanismo mexicano.

 

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viernes, 3 de marzo de 2023

Liberal o conservador: un problema conceptual

Liberal o conservador: un problema conceptual

José Antonio Robledo y Meza

 

Tres son los usos que llaman la atención de los argumentos historiográficos en torno a la dicotomía liberal-conservador durante el siglo decimonónico mexicano: el conceptual, el empírico y el pragmático. En esta ocasión se trata de analizar conceptualmente los términos "conservador" y "liberal" utilizados recurrentemente como contradictorios y que ha intentado construir, generalizando simplistamente, los procesos políticos del México del siglo XIX.

Dos son las cuestiones que deben resolverse. Una de ellas apunta al significado descriptivo (o denotativo) de los términos "conservador" y "liberal". En otras palabras, es la pregunta que tiene que resolverse al advertir los significados históricos que identificaron y distinguieron a los actores políticos involucrados. ¿Qué tenían, de acuerdo a los actores políticos decimonónicos, las posturas políticas para ser reconocidas como diferentes? Esto es importante ya que la existencia de las diferentes posturas políticas mexicanas ha dependido de las ideas que se han tenido de ellas.

La otra pregunta tiene que ver con el significado normativo (o persuasivo) de los términos políticos como algo universalmente distinto a otras corrientes políticas y que se utilizaron en el México del siglo XIX. Por ejemplo, ¿Qué hace de esas otras corrientes -centralismo, monarquismo, catolicismo- parte de la historia del conservadurismo sin adjetivo? Las definiciones denotativas y persuasivas han sido y son importantes porque son las causantes de la imagen que se ha tenido y nos hemos formado de las corrientes políticas mexicanas.

El problema conceptual

"Conservador" y "liberal" son dos términos que se han empleado sobre el México decimonónico como antitéticos tanto semántica como históricamente. Se han empleado para designar el contraste de ideologías y movimientos políticos en que está dividido el universo del pensamiento y acciones políticas mexicanas. De esta manera se cae en el absurdo de situar entre liberales o conservadores a posturas tan disímbolas como borbonistas e iturbidistas -ambas monarquistas-, escoceses y yorkinos -ambas masónicas pero no monarquistas-, hombres de progreso y hombres de bien -que fueron tanto monarquistas como republicanos-, federalistas y centralistas, etc.

Limitar las posiciones políticas como, o liberales o conservadoras, es sencillamente falso ya que ni son recíprocamente exclusivos ni conjuntamente exhaustivos. En el primer sentido encontramos posturas que se autocalifican como liberal-conservadoras (ej. Justo Sierra) y en el segundo posturas que se consideran distintas a la opción planteada (ej. tradicionalistas, progresistas, etc.) Muchos declararon su progresismo al oponerse a los movimientos promonárquicos y favorecedores de la opción republicana con plena conciencia de que provenía de la tradición cristiana. Este tradicionalismo se repite en la defensa del principio laico como parte constituyente del nuevo estado mexicano y las declaraciones reiteradas de amor a las leyes y al constitucionalismo.

Históricamente localizamos posturas opuestas como las siguientes: borbonistas-iturbidistas, escoceses-yorkinos, hombres de progreso-hombres de bien, federalistas-centralistas, etc. Y junto con estas posturas encontramos posturas que intentaron conciliar y, por lo tanto, crear una tercera opción, produciendo con ello una tríada. Frente a posturas consideradas extremas se alzaron voces moderadas.

Las diferencias entre extremismo-moderación tienen poco que ver con la naturaleza de las ideas. Más bien tienen que ver con las diversas estrategias para hacerlas valer en la práctica. La moderación tiende a la democracia y al cambio gradual y evolutivo; los extremos se caracterizan por cambios catastróficos, revoluciones. Los moderados se identifican como mercantiles de la prudencia, la tolerancia, la calculadora razón y la paciente búsqueda de soluciones; los segundos como virtuosos de la guerra, el coraje y la temeridad. La diferencia es de método y no de valores.

Sobre el término "conservador", señala Sordo ("El pensamiento conservador del Partido Centralista en los años treinta del siglo XIX mexicano", 1999), son básicamente tres los problemas: 1) es ambiguo, 2) se presta a muchas confusiones y 3) falsas interpretaciones. Se le confunde, en el campo de la ciencia política, con los términos "tradicionalista", "retrógrado" o "reaccionario"; se le confunde, en la economía, con el defensor de las ideas liberales del más puro laissez- faire. Esta confusión intelectual no ha permitido dilucidar si realmente el movimiento conservador en el México del siglo XIX, con sus diferentes manifestaciones, fue insignificante, o, por otro lado, no se le ha dado el lugar e importancia que merecen en la historia de nuestras ideas políticas.

Sordo distingue las significativas diferencias conceptuales que existen en la ciencia política entre los términos "conservadurismo", "tradicionalismo" y "reacción" y distingue cuatro tipos de conservadurismos: el temperamental, el posesivo, el práctico y el filosófico. Tales distinciones le permiten a Sordo plantear dos interesantes hipótesis. Primera que el grupo centralista en 1835 tenía un programa de conservadurismo filosófico, fruto de la reflexión, de la experiencia de los años del federalismo y de la influencia de la literatura política inglesa; segunda, que las ideas políticas de los centralistas se ajustan en lo fundamental al conservadurismo filosófico de Burke y sus seguidores. Con estos resultados, Sordo recomienda que, para otros momentos de la primera mitad del siglo XIX, habría que definir si el pensamiento que llamamos conservador, realmente corresponde al conservadurismo filosófico o a otro tipo, o si, quizá, se trate de posiciones e ideas tradicionalistas o reaccionarias.

Si lo anterior no fuera suficiente, ya en 1968 Hale (El liberalismo mexicano en la época de Mora, 1821-1853), en la versión original de su texto sobre el liberalismo de Mora, había planteado en su argumento central las inquietantes pruebas de coalescencia entre liberales y conservadores ya que compartían muchos supuestos comunes y, por lo tanto, la distancia entre ellos era bastante menor de lo que se había creído.

 

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jueves, 2 de marzo de 2023

Benito Juárez, su monumento literario y el reconocimiento de cristianos y masones.

Benito Juárez, su monumento literario y el reconocimiento de cristianos y masones.

José Antonio Robledo y Meza

 

Es innegable que la figura de Benito Juárez (1806-1872) tiene un definitivo impulso en torno a la conmemoración del primer centenario de su natalicio. En esta ocasión recordaremos brevemente lo que ha sido llamado su “monumento literario”, y el reconocimiento que le hicieron en ese contexto las iglesias cristianas y la masonería.

Juárez y su monumento literario

Hace 118 años la editora Ballescá publicaba el libro Juárez, su obra y su tiempo de Justo Sierra; fue una publicación que reforzó lo que vendría un año después, la celebración del primer centenario del natalicio de Benito Juárez García. La obra fue calificada como un monumento a la gloriosa conmemoración de la obra redentora del gran patricio. La prensa de la época calificaba a la obra como una magnífica arquitectura literaria y un fuerte monumento histórico. La obra está dedicada “a la juventud” y la prensa señalaba que la obra era un vasto y poderoso relieve mural en el pronaos de un templo magnífico.

A través de la prensa decimonónica puede seguirse el proceso de preparación para conmemorar el Primer Centenario del Natalicio del Benemérito Benito Juárez, así como las ceremonias que tuvieron lugar el 21 de marzo de 1906 y los días siguientes, incluyendo la importante polémica suscitada entre liberales y conservadores; los primeros implacables críticos del Benemérito y su obra y, los segundos enérgicos defensores de su figura y obra.

En enero de 1906 la prensa dio a conocer a los miembros de la Comisión Nacional del Centenario. Esta comisión quedó integrada por los señores Félix Romero, Pablo Macedo, Rosendo Pineda, senador Carlos Rivas, General Jesús Alonso Flores, ingeniero Gabriel Mancera, diputado Trinidad García y los secretarios, los licenciados Ramón Prida, Adalberto A. Esteva, Victoriano Salado Álvarez y José Casarín.

La Comisión celebraría semanariamente sesiones en los elegantes salones de la Secretaría de Hacienda. El Popular. Diario independiente de la mañana, el viernes 12 de enero en “El Centenario de Juárez” comunicó que el 11 se había inaugurado en la Academia de Bellas Artes, la exposición de los proyectos del monumento a Juárez, presentados conforme a la convocatoria para el concurso arquitectónico abierto por la Comisión del Centenario. En opinión de El Popular de los diez proyectos sólo había tres notables. El 21 de enero El Colmillo Público. Revista humorística, de variedades, crítica y caricaturas en el artículo “Qué barbaridad” firmado por Alacrán (seudónimo de Juan Hernández Benítez) el autor reprobaba los proyectos presentados por el monumento al Benemérito. Ninguno se salvaba.

El 4 de febrero El Popular en el artículo “El Centenario de Juárez” daba cuenta de que la comisión había mandado acuñar cuatro mil medallas conmemorativas del Centenario. También El Popular el 17 de febrero publicó la carta del jurado en que se daba una muy amplia explicación del por qué no había sido posible premiar ninguno de los proyectos presentados y concluía el jurado. Al dar este fallo en cierto modo desagradable para nosotros, por el infeliz éxito del Concurso, no es nuestra mente impedir que con gran solemnidad se verifique la simbólica ceremonia de la colocación de la primera piedra, pues ella puede muy bien hacerse sin necesidad de un monumento especialmente determinado, bastando el propósito de levantar uno que corresponda a la cultura de México y a la excelsitud de uno de sus más grandes héroes. Reiterando a la H. Comisión Nacional nuestros testimonios de respetuosa adhesión. México, 30 de enero de 1906. Antonio Rivas Mercado, Manuel Velásquez de León, Nicolás Mariscal, arquitectos. El poeta José Juan Tablada en su muy leída sección “La Semana” que aparecía en El Mundo. Diario de la tarde, el 16 de marzo sentenció: “a Juárez lo honraría un monumento aún más grandioso, el de la indestructible palabra escrita, y por lo mismo perenne. Juárez tendrá un monumento.” Tal monumento fue la obra de Justo Sierra: Juárez, su obra y su tiempo, Ballescá, 1905.

De la abundante tinta que corrió se darán solo unos ejemplos aparecidos en la prensa en torno a la significación histórica de Benito Juárez.

Juárez y las iglesias.

El 1º de febrero El Faro, Órgano único de la Iglesia Presbiteriana de México, proponía el programa para que protestantes y presbiterianos celebraran el gran acontecimiento continental. El domingo 18 de marzo todas las iglesias y congregaciones celebren servicios especiales, en el que se consideren los beneficios que las leyes de Reforma han reportado a los verdaderos cristianos de México, dando gracias a Dios por el aparecimiento en el mundo de ese hombre providencial.

Juárez y la masonería

El 8 de enero Ignacio Ramírez “El Nigromante” (1808-1879) informaba que en diciembre de 1905 la Junta Masónica organizadora del Natalicio del muy respetable Maestro, Ilustre y Poderoso Benito Juárez, invitaba a todos los ritos francmasónicos existentes en la República, desde el Aprendiz hasta el último grado a celebrar de una manera digna el 21 de marzo de 1906, recordando que hace un siglo en ese día nació Juárez, la aurora intelectual que nos dio la libertad de conciencia y la libertad de derechos como pueblo libre.

Lectura sugerida: Justo Sierra: Juárez, su obra y su tiempo, Ballescá, 1905.

https://archive.org/details/jurezsuobraysu00sier

 

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