domingo, 9 de mayo de 2021

La política creo a Dios. La construcción de Dios como fuente de autoridad y poder.

 

La política creo a Dios.
La construcción de Dios como fuente de autoridad y poder.

Segunda tertulia del Primer ciclo de conferencias “Filosofar entre dos mundos”

Tertulia dedicada a nuestro amigo don Gustavo Rodríguez Zárate.

19 de mayo, 2021, 20 horas

José Antonio Robledo y Meza

Colegio de Filosofía, Facultad de Filosofía y Letras, BUAP

 

Supongo, Gorgias, que tú también tienes la experiencia de numerosas discusiones y que has observado en ellas que difícilmente consiguen los interlocutores precisar el objeto sobre el que intentan dialogar. Sócrates.[1]

 

Todo lo que se discute se reduce a tres cues­tiones: Si existe la cosa, qué es la cosa y cómo es la cosa. Cicerón.[2]

La historia de Dios en la teología

La historia del concepto de Dios está asociada a la historia de la teología y ésta a la historia de los mitos y las religiones. Aquí excluiremos la historia de Dios en relación a las segundas. Algo diremos acerca de los mitos (narraciones), sus interpretaciones y de la teología y su relación con la política.

Jenófanes de Colofón (570 aC-475 aC), fue el primer teólogo de la historia de la cultura, el primero que trató el problema de Dios. A él se atribuye la primera declaración. Según Sexto Empírico (Adversus Mathematicus, IX 193 y I 289), Jenófanes afirmó lo siguiente: “Homero y Hesíodo han atribuido a los dioses todo cuanto es vergüenza e injuria entre los hombres, y narrado muy a menudo acciones injustas de los dioses: robar, cometer adulterio y engañarse unos a otros.[3] Jenófanes también criticó el antropomorfismo de los dioses tradicionales a la par que predicaba un nuevo y único dios -que no respira y es ingénito, inmóvil y que todo lo mueve con la fuerza de su mente, de características sorprendentemente próximas a la divinidad de la teología del posterior cristianismo[4].

Junto con Jenófanes algunos griegos antiguos[5] mostraron un vivo interés por la interpretación de la tradición mítica. Los relatos de Homero y Hesíodo fueron sometidos a crítica, dándose así diversos intentos de interpretación y análisis que no estaban exentos de participación en las ontologías de la época: monismo, pluralismo y metempsicosis pitagórica. Para Jenófanes y sus seguidores los mitos eran reinterpretados atribuyéndoles un carácter moralista que preservara la figura de las divinidades y permitiera construir mediante ellas una teología, o justificar un sistema de creencias establecido.

Para otros griegos como Hecateo de Mileto, Herodoro de Heraclea, Heródoto, Sócrates-Platón, Evémero de Messina (s.III-IV ane), Palefato, Lucrecio (96-95 ane), y Marco Tulio Cicerón (106-43 ane) reducían los mitos a algo externo al mismo, ya fueran alegorías, que habían dejado de ser comprendidas, o bien historia, deformada por la imaginación de las gentes. Su postura es crítica, polémica y, en ocasiones, agresiva con las creencias míticas, en tanto que las considera como una suerte de ofensa a la razón y de ultraje al entendimiento. La meta que persigue es proveer a los mitos de cualquier elemento fantástico o milagroso, con el fin de captar la realidad histórica subyacente a los acontecimientos que plasman los mitos.

Platón, por boca de Sócrates, reconoce la utilidad y el poder de los mitos cuando éstos están en manos de ‘buenos gobernantes’ (la famosa “mentira útil” platónica[6]). Según Vernant, Platón utilizó el mito en sus diálogos como medio de expresar “lo que está más allá y lo que está más acá del lenguaje filosófico”, y en Timeo (29b-c) explicitó que, en lo que concierne a los dioses y al nacimiento del mundo, es imposible aportar logoi homologumenoi, esto es, razonamientos enteramente coherentes, y es necesario contentarse con una fábula verosímil o eikota mython[7]. Con Platón nace la utilización de los mitos con intencionalidad política y pedagógica.

Evémero de Messina[8] vivió en las postrimerías del s.IV a. C., en un momento histórico en el que las campañas de Alejandro Magno revitalizaron la literatura de viajes, abundante ésta en descripciones fantásticas de pueblos extraños y exóticos. Evémero mantuvo la teoría de que los dioses eran una magnificación de figuras históricas relevantes, esto es, que los dioses eran hombres que fueron divinizados en tiempos remotos a causa de su poder y su sabiduría; de esta manera, Zeus pudo ser el nombre de un poderoso rey. Esta doctrina, conocida como evemerismo, es la primera tesis radical de reducción historicista de la que tenemos conocimiento en nuestra cultura, en relación con la cuestión de la hermenéutica mitológica. Para Evémero, en suma, los dioses eran seres humanos que fueron divinizados en consideración a sus méritos, y cabe señalar que tal asunción encuentra su basamento en la observación de los regímenes políticos de la época, especialmente en la denominada “monarquía divina” (esto es, la atribución a los monarcas de un estatuto divino), institución habitual en la época helenística[9].

Marco Tulio Cicerón (106-43 a. C.), en su obra De natura deorum (Sobre la naturaleza de los dioses), expuso críticamente las interpretaciones epicúreas y estoicas de la Teogonía hesiódica. Según Cicerón, las interpretaciones de los estoicos Zenón, Aristón y Crisipo “no son las ideas de unos filósofos, sino los sueños de gente que delira[10]. Cicerón, siguiendo explícitamente a Epicuro, postula que todos los hombres tienen, por su propia naturaleza, una idea anticipada e innata de los dioses (prolepsi o presciencia), y que la existencia de las divinidades debe admitirse por razones de tradición, educación y, en suma, por convención social. Para Cicerón, “la misma naturaleza que nos dio el conocimiento de los propios dioses, imprimió también en nuestras inteligencias la idea de la eternidad y felicidad de los mismos”.[11]

Las tres claves alegóricas desarrolladas por los autores antiguos continuaron siendo utilizadas a lo largo de la Edad Media, en la que la tradición clásica siguió formando parte de la herencia cultural.[12]

Pero las interpretaciones medievales y renacentistas presentan una peculiaridad distintiva: las numerosas fuentes de datos constituidas por los escritos y manuales de los mitógrafos, junto a la repercusión de éstos como modelos en las representaciones pictóricas y escultóricas de los dioses paganos, unos dioses convertidos ahora en personajes que, negada su consideración de auténticas divinidades, campaban a sus anchas en la literatura y la pintura (lo cual posibilitó la pervivencia cultural de las divinidades antiguas).

Será Durkheim quien, posteriormente, pondrá el acento en la consideración de que la religión y la mitología son una creación del grupo social.

Con todo lo anterior apareció la teología sistemática -disciplina de la teología cristiana-, cuyo fin es formular una coherente, ordenada y racional presentación de la fe y creencias cristianas, inherentes a un sistema de pensamiento teológico que se desarrolla con un método, que puede aplicarse tanto en lo general y como en lo particular. Si bien una teología sistemática debe tener en cuenta los textos sagrados de su fe, también debe mirar a la historia, la filosofía, la ciencia y la ética. Clásicamente la teología sistemática se divide en 1) la doctrina de la Palabra de Dios, 2) la doctrina de Dios, 3) la doctrina del Hombre, 4) la doctrina de Cristo, 5) la doctrina del Espíritu Santo, 6) la doctrina de la Redención, 7) la doctrina de la Iglesia y 8) la doctrina del futuro; en esta teología se puede mencionar como representante principal a Tomás de Aquino.

Según Immanuel Kant (filósofo del siglo XVIII) los postulados de la razón práctica son las proposiciones no demostrables desde la razón teórica pero que, si se quiere entender el factum moral, se les ha de admitir. Dichos postulados serían la libertad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios.

El existencialismo es un movimiento filosófico del siglo XX. Su postulado fundamental es que cada ser humano crea el significado y la esencia de su vida. Uno de sus pensadores fundamentales fue Jean-Paul Sartre.

 

La historia de Dios en la política

Entre todo lo otro que por el bien y la prosperidad de la cosa pública dispusimos, quisimos en el pasado armonizar todas las cosas con el derecho y el orden público romano tradicional. También buscamos que, incluso los cristianos, que habían abandonado la religión de sus ancestros, se reintegrasen a la razón y al buen sentido.

En efecto, por algún motivo, la voluntad de los cristianos fue por su propia obra plagada de tal manera y fueron presa de tal tamaña estupidez, que abandonaron las instituciones ancestrales, que quizás sus mismos antepasados habían instituido. En su lugar, por su propio capricho y como bien les pareció, adoptaron y siguieron leyes propias congregándose en varios lados como grupos separados.

Así, cuando con tal finalidad pusimos en vigor nuestras leyes para que se conformasen a las instituciones tradicionales, muchos se sometieron por el miedo, otros fueron incluso abatidos.

Aun así, muchos perseveraron en su propósito y constatamos que no observaban la reverencia a los dioses de la religión debida ni tampoco aquella del Dios de los cristianos. Habida cuenta de nuestra gran clemencia e inveterada costumbre de indulgencia que ejercitamos frente a todos los hombres, creemos que debemos extenderla también a este caso. De tal modo pueden nuevamente los cristianos reconstituirse así como sus lugares de culto, siempre que no hagan nada en contra del orden público.

Por medio de otra carta indicaremos a los magistrados como deben conducirse. En razón de esta, nuestra benevolencia, deberán orar por nuestra salud y la del imperio, para que el imperio pueda continuar incólumne y para que puedan vivir en seguridad en sus hogares.

Este edicto se dicta en Nicomedia a un día de las calendas de mayo en nuestro octavo consultado y en el segundo de Máximo Lactancio, (30 de abril de 311)

Traducción de la transcripción en latín del mismo efectuada por Lactancio en su libro titulado Sobre la muerte de los perseguidores (De mortibus persecutorum).

El edicto es un acto de poder la autorización de ciertas creencias. Galerio, que era consciente del fracaso de la Tetrarquía (293-324) como forma de gobierno del Imperio, quería lograr para su sucesor en oriente mejores condiciones iniciales frente a occidente. La situación de los cristianos era una fuente permanente de conflictos y una amenaza para la paz social susceptible de debilitar la parte oriental en sus conflictos con la parte occidental del Imperio. Con la medida adoptada, Galerio quería ostensiblemente revertir tal situación. Por otra parte, era evidente que la política adoptada contra los cristianos no había dado el resultado esperado -lo que se reconoce explícitamente en el edicto- y que dado el número y poder creciente de aquellos, era quizás la actitud más racional a adoptar.

 

Origen y significado de la relación Estado e Iglesia; autoridad y poder.

La desintegración del Imperio Romano (27 a.C.-476 d.C.) primero, y del Sacro Imperio (962-1806) después –pasando por el Imperio Carolingio (siglo VII y desaparecido en el siglo X)-, junto con el proceso de rápida cristianización de la mayoría de los territorios que se encontraban en los mismos, dio lugar a la creación de numerosos y pequeños reinos, enfrentados las más de las veces, pero que mantenían unas mismas creencias espirituales basadas en el cristianismo.

La causa de esa homogénea manera de pensar, comienza con el edicto de Tolerancia de Nicomedia (311 30 de abril), que puso un punto final a las medidas represivas instituidas en el Imperio romano en contra de los cristianos por el emperador Diocleciano. El edicto de Nicomedia fue promulgado por el emperador Cayo Galerio Valerio Maximiano (c. 260 – abril/mayo de 311). Con el Edicto cesa la penalización del cristianismo que adquiere así el estatuto de religión permitida (religio licita) en las provincias del Danubio y de los Balcanes. Este es el primer reconocimiento histórico-legal del cristianismo.

Dos años después, en 313 por medio del Edicto de Milán (Edictum Mediolanense), se consagró totalmente la libertad de cultos colocando al cristianismo en un pie de igualdad con las otras religiones del Imperio. El edicto fue firmado por Constantino I el Grande y Licinio, dirigentes de los imperios romanos de Occidente y Oriente, respectivamente. De esta manera se inicia la alianza entre la Corona y la Iglesia, en un contexto en el que dominaban las discusiones en torno al libre albedrío y la justificación de la dignidad del hombre y la conciencia individual. La Iglesia desde siempre se apoyaba en el principio de que lo espiritual es superior a lo material.

Al paso del tiempo el poder de los Papas se fue incrementando, no sólo como autoridad espiritual, sino como autoridad terrenal también dando lugar a una suerte de teocracia. Los pontífices empezaron a dirimir disputas entre reinos, a determinar a los soberanos y sus líneas sucesorias, avalar o condenar determinados actos y prácticas y consolidarse como garantes frente a terceros. Nace el concepto de que el poder real tiene un origen divino, y será la Iglesia la encargada de señalar esa voluntad divina.

Esta situación no estuvo exenta de disputas entre los reyes y señores de los territorios y la Iglesia. Conforme los territorios adquieren importancia, incrementan sus recursos económicos y militares y se estabilizan con el paso del tiempo, el recurso a la autoridad Papal es menos necesario y mucho menos frecuente. A ello, se unen las alianzas entre soberanos que refuerzan determinadas líneas de gobierno, muchas de ellas duraderas. Durante este tiempo, los reyes se convierten en brazos ejecutores de las órdenes, instrucciones y medidas de gobierno ordinario de la Iglesia en sus territorios. La situación beneficia a ambas partes –a la Iglesia y los principados-: la primera no puede atender desde la lejana Roma todas las necesidades y no puede, tampoco, evaluar de forma conveniente cada una de las decisiones que sería preciso adoptar, por ejemplo, ante la sustitución de un determinado obispo; los monarcas amplían su poder, y a su soberanía por imperio de la fuerza añaden, no ya la bendición de la Iglesia, sino que ellos mismos reciben la autorización eclesiástica para tomar decisiones que incumben al Papado. Este momento histórico, que no está definido para toda Europa en un mismo periodo, sino que varía según los Estados, es conocido como el Derecho de patronato.

Doctrina de las dos espadas. A fines del siglo V durante el papado de Gelasio I, quien expuso la doctrina de las “dos espadas” -la de los dos poderes distintos. el del papa y el del emperador- en un tratado y en algunas cartas. Fue probablemente el primero en apelar con claridad al principio del laicismo. Esta doctrina sirvió a Gelasio para reivindicar la autonomía de la esfera religiosa con relación a la política. Gelasio I se sirvió de San Agustín para formular en 494 -basándose en las leyes romanas- la separación de poderes entre la esfera temporal y espiritual, lo que no significaba que estuviesen al mismo nivel. Esta fue la primera vez en plantearse esta cuestión que definiría una parte de la cultura occidental (ver agustinismo político, teocracia y cesaropapismo). Gelasio I se basó en la figura bíblica de Melquisedec y en pasajes del Nuevo Testamento para establecer la distinción entre el poder de la Iglesia, auctoritas, y el del emperador, potestas. En el derecho romano la primera era superior a la potestas. Gelasio I debía eliminar la teoría del poder bizantino que se basaba en el Cesaropapismo. El cisma no duró mucho tiempo, aunque su teoría renació más tarde con el papa Gregorio VII bajo una forma más radical, en la que se demandaría no sólo la separación de poderes, sino la sumisión del poder de los reyes a la autoridad del papa. En este contexto Gelasio dirigió una carta al emperador Anastasio I (491-518) en donde formulaba la doctrina de las dos espadas, entendida como la justificación de la superioridad de la potestad espiritual del papa sobre la temporal del emperador. ​

En el siglo XI el Papa Gregorio VII (1073-1085) otorgaba al Pontífice la facultad de deponer emperadores y de desligar a los súbditos del juramento de fidelidad prestado a los reyes inicuos, fundamentados en la preeminencia de la autoridad espiritual sobre la temporal. Los teólogos afirmaban que la autoridad emanaba de Dios quien la depositó en el pueblo y aunque el pueblo trasladó la soberanía a los monarcas, sin embargo podía recuperarla en ciertos casos, e incluso podía rebelarse cuando el Rey se convertía en tirano y llegar al regicidio.

A mediados del siglo XII (1140?) aparece la teoría de las dos espadas o de ambas espadas (en latín utrumque gladium) que es el nombre con el que se conoce a la teoría de la supremacía del poder espiritual (el Papa) sobre el temporal (el emperador -bizantino o germánico-) y es utilizada con profusión. Aparece explicitada en San Bernardo (1090—1153) (De Consideratione), que la funda en dos pasajes evangélicos (uno inmediatamente posterior a la Santa Cena​ y otro durante el prendimiento de Jesús), aunque parece que también fue usada en la misma época (primera mitad del siglo XII, el contexto histórico subsiguiente a la reforma gregoriana -Dictatus Papae-) por Godofredo de Vendôme (h.1070-1132) y Juan de Salisbury (c. 1120-1180).

La Teoría de las dos espadas sirve para respaldar la unidad de la Iglesia. La teoría debe aceptarse para pertenecer a la Iglesia y así alcanzar la salvación. La teoría establece la supremacía de lo espiritual sobre lo secular, define las relaciones entre los poderes. En ella el Papa establece la autoridad de Pedro y sus sucesores. En ella se sostiene que hay dos espadas en poder de la Iglesia: la espiritual y la secular (Lc 22, 38: Ellos le dijeron: “Mira, Señor, aquí hay dos espadas.” El les respondió: “¡Basta ya!”; Mt. 26, 52: Dícele entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán.) La espiritual es utilizada por la Iglesia a través del clero y la secular es utilizada por la Iglesia a través de la autoridad civil. La autoridad, aunque se le otorga al ser humano y es ejercida por él, no constituye una autoridad humana. Es una autoridad divina, otorgada a Pedro por decisión divina y, así mismo, confirmada en él y en sus sucesores. Quienquiera que se oponga a esta autoridad ordenada por Dios se opone a la ley de Dios y, al igual que los maniqueos, parece aceptar dos principios. Las personas y cosas se ungen para simbolizar la introducción de una influencia sacramental o divina, una emanación, espíritu o poder sagrados.

La teoría queda registrada el 18 de noviembre de 1302 en la bula Unam Sanctam (en latín, Una y Santa, i.e. la Iglesia); es la bula acerca de la supremacía papal, publicada por Bonifacio VIII durante la disputa con Felipe el Hermoso, rey de Francia. La bula fue promulgada en relación con el Concilio Romano de octubre de 1302, en el que probablemente fue discutida. No es improbable que el mismo Bonifacio VIII la haya revisado. Pero también parece que el texto sufrió influencia del arzobispo de Bourges, Egidio Colonna, quien había viajado al concilio de Roma a pesar de una prohibición real. Ya no existe el original de la bula; el texto más antiguo se encuentra en los registros de Bonifacio VIII en los archivos vaticanos [“Reg. Vatic.”, L, fol. 387]. También fue incorporada al “Corpus juris canonici” (“Extravag. Comm.”, I, VIII, 1; ed. Friedberg, II, 1245).

La bula establece ciertas posiciones dogmáticas acerca de la unidad de la Iglesia, la necesidad de pertenecer a ella para lograr la salvación eterna, y la obligación que de ahí se deriva de someterse al Papa para pertenecer a la Iglesia y así alcanzar la salvación. El Papa ahonda además en la supremacía de lo espiritual en comparación con el orden secular. Y a partir de ahí llega a conclusiones sobre la relación entre el poder espiritual de la Iglesia y la autoridad secular. Las principales proposiciones de la bula son las siguientes: 1) a partir de varios pasajes bíblicos y referencias al arca del diluvio universal y a la túnica sin costura de Cristo se declara y establece la unidad de la Iglesia y su necesidad para la salvación. 2) La unidad de la cabeza de la Iglesia, establecida en Pedro y sus sucesores, es idéntica a la unidad del cuerpo de la Iglesia. 3) Todo quien desee pertenecer al rebaño de Cristo queda bajo el dominio de Pedro y sus sucesores. De modo que cuando los griegos y otros afirman que no están sujetos a la autoridad de Pedro ni a la de sus sucesores, con ello están afirmando no pertenecer al rebaño de Cristo. Enseguida aparecen algunos principios y conclusiones referentes al poder espiritual y secular: hay dos espadas en poder de la Iglesia- expresión conectada con la teoría medieval de las dos espadas-: la espiritual y la secular. Ello se apoya en la acostumbrada referencia a las espadas de los apóstoles durante el arresto de Cristo (Lc. 22,38: Mt. 26,52). Ambas espadas están en poder de la Iglesia. La espiritual es utilizada por la Iglesia a través de la mano del clero; la Iglesia emplea la secular a través de la mano de la autoridad civil, bajo la dirección del poder espiritual. Una espada debe estar subordinada a la otra: el poder terrenal debe someterse a la autoridad espiritual, pues ésta tiene precedencia sobre aquél a causa de su grandeza y sublimidad; la autoridad espiritual tiene derecho a establecer y conducir a la secular, e incluso a juzgarla cuando no actúa correctamente. El poder terrenal es juzgado por el espiritual cuando se desvía; un poder espiritual inferior es juzgado por uno superior, y éste es juzgado por Dios. Tal autoridad, aunque se le otorga al ser humano y es ejercida por él, no constituye una autoridad humana. Es una autoridad divina, otorgada a Pedro por decisión divina y, así mismo, confirmada en él y en sus sucesores. Quienquiera que se oponga a esta autoridad ordenada por Dios se opone a la ley de Dios y, al igual que los maniqueos, parece aceptar dos principios. “Así pues, declaramos, afirmamos, determinamos y proclamamos que es necesario a toda creatura para su salvación sujetarse a la autoridad del pontífice romano” (Porro subesse Romano Pontifici omni humanae creaturae declaramus, dicimus, definimus, et pronuntiamus omnino esse de necessitate salutis). La bula tiene carácter universal. Su contenido hace una distinción cuidadosa entre los principios fundamentales relativos a la primacía romana y las declaraciones sobre la forma en que se deben aplicar al poder secular y a sus representantes. En el margen del texto de la bula se establece la última frase como su definición verdadera: “Declaratio quod subesse Romano Pontifici est omni humanae creaturae de necessitate salutis” (se declara, por tanto, que es necesario para la salvación que cada creatura humana se someta a la autoridad del pontífice romano). Esta definición, cuyo significado e importancia son evidentes por su conexión con la parte primera, relativa a la necesidad de la única iglesia, expresa la necesidad, para quien desee lograr la salvación, de pertenecer a la Iglesia y, por tanto, de someterse a la autoridad papal en cualquier asunto religioso. Esto ha sido una enseñanza constante de la Iglesia, y así fue declarado por el V Concilio Ecuménico de Letrán, en 1516: “De necessitate esse salutis omnes Christi fideles Romano Pontifici subesse” (Es necesario para la salvación de todos los fieles cristianos el estar sometidos al pontífice romano). La traducción de Berchtold de la expresión humanae creaturae como “autoridades temporales” es absolutamente incorrecta. La bula también declara que la sujeción del poder secular al espiritual constituye una sujeción a un poder superior y de ello concluye que los representantes del poder espiritual pueden instalar en sus puestos a los poseedores del poder secular y juzgar su desempeño, si éste fuese contrario a la ley de Cristo. Eso constituye un principio fundamental que ha nacido del desenvolvimiento integral de la centralidad del papado para la familia cristiana nacional de la Europa Occidental de la Edad Media. Ya había sido expresado en el siglo XI por teólogos como Bernardo de Claraval y Juan de Salisbury, y por papas como Nicolás II y León IX. Bonifacio VIII le dio una expresión precisa al oponerse al proceder del rey de Francia. Sus principales conclusiones se sacan de los escritos de San Bernardo, Hugo de San Víctor, Santo Tomás de Aquino, y de cartas de Inocencio III. Tanto de esas autoridades como de declaraciones hechas por el mismo Bonifacio VIII está claro que la jurisdicción del poder espiritual sobre el secular se basa en el concepto de la Iglesia como guardiana de la ley moral cristiana, y de ahí su jurisdicción se extiende hasta donde alcanza esa ley. Por ello, cuando el rey Felipe protestó, Clemente V fue capaz, en su breve “Meruit”, del 1 de febrero de 1306, de declarar que ni el rey francés ni Francia sufrirían daño alguno como consecuencia de la bula “Unam Sanctam”, y que la publicación de esa bula no los había hecho súbditos de la autoridad romana en forma distinta de cómo ya eran antes. De ese modo Clemente V pudo dar a Francia y a su gobernante una garantía en contra de perjuicios políticos y eclesiásticos derivados de las opiniones manifestadas en la bula, sin que la decisión dogmática contenida en ella sufriera tampoco demérito alguno. En las luchas del partido galicano en contra de la autoridad de la Sede Romana, y en los escritos de autores no católicos en contra de la definición de la infalibilidad papal, se utilizó in apropiadamente porque su contenido no da pie para ello- la bula “Unam Sanctam” en contra de Bonifacio VIII y de la supremacía papal. Las afirmaciones relativas a los poderes espiritual y secular tienen un carácter meramente histórico, en cuanto que no se refieren a la naturaleza del poder espiritual y se basan en las condiciones medievales de Europa Occidental.

Con la bula Unam Sanctam del papa Bonifacio VIII, se alcanza el máximo grado de descripción teórica del poder eclesial: el poder temporal está sometido al Papado y será el pontífice quién legitimará a los soberanos.

En 1344 Clemente VI concede al infante Luis de la Cerda las Islas Canarias para que fueran cristianizadas: esto por medio de la bula Tuae devotionis sinceritas donde se ofrecía la soberanía política pero no el derecho de patronato propiamente dicho. Algo semejante ocurre en el caso de la corona portuguesa que recibió del papa la legitimación de su expansión territorial pero, al menos inicialmente, no derecho de presentación.

El 13 de diciembre de 1486 el papa Inocencio VIII concedió a la reina de Castilla y a su esposo, el rey de Aragón, a petición de estos, el patronato perpetuo de Canarias y Puerto Real incluyendo además Granada, al prever su próxima conquista. Así quedó estipulado con la bula Ortodoxae fidei. El reconocimiento de este patronato se reitera en 1455 y 1456 con las bulas papales Romanus Pontifex e Inter caetera.

Seguirían las bulas de concesión del Patronato a los reyes de España. La primera el 13 de diciembre de 1486 cuando el Patronato Real español se produce con la promulgación de la bula “Ortodascue fidei”, realizada por el Papa Inocencio VIII. Posteriormente Alejandro VI promulga las llamadas “Bulas Alejandrinas”.

En 1492 se inicia la colonización de las indias occidentales. Se afianza la alianza entre la Corona y la Iglesia apoyada en el principio de que lo espiritual es superior a lo material y en el contexto de las reformas de los siglos XV y XVI (Lutero) y las discusiones en torno al libre albedrío y la justificación: la dignidad del hombre y la conciencia individual.

El proyecto común a la Corona y a la Iglesia tenía dos rasgos sobresalientes: 1) Hispanización (a) prolongación de España a las Indias occidentales y b) Convertir a las sociedades americanas al estilo y modo del ser y actuar español) y 2) Cristianización (a) El cristianismo es componente inseparable y fundamento esencial del Estado y civilización hispana, b) Implantar a la Iglesia católica.)

La tarea obligatoria y compartida: evangelizar a los hombres y a las sociedades americanas.

El Ideal: República cristiana.

Suprema autoridad de todas las naciones católicas: 1) Pontífice romano y 2) Emperador.

La religión se convirtió en religión de Estado.

La íntima unión entre trono y altar queda mostrada en los hechos: la herejía es un crimen de Estado y la insurrección un pecado.

Generaron una cultura cristiana con siete características: 1) el Estado es confesionalmente católico; 2) la religión del Estado es la católica con exclusión de otras; 3) las leyes de la Iglesia lo son del Estado, el cual asume, además, en su legislación los principios morales de la religión cristiana; 4) a los ministros de la Iglesia se les otorga un puesto privilegiado en la sociedad; 5) los bienes y patrimonio de la Iglesia son sagrados y gozan de un fuero especial; 6) el Estado toma en sus manos la defensa y expansión de la Iglesia y pone a su servicio el brazo secular; 7) finalmente, la Iglesia, por su parte, consagra y apoya a la autoridad real y, doctrinalmente, acepta a la Monarquía como la forma de gobierno más acorde al derecho natural, predica la obediencia a las autoridades y a las leyes civiles y cede, a favor de los reyes, algunas facultades de tipo espiritual.

Fricciones y tensiones en el campo doctrinal. En lo referente al origen del poder de la Monarquía, los teólogos y juristas afirmaban que la autoridad emanaba de Dios quien la depositó en el pueblo. Había dos corrientes:

1) la que defendía que el pueblo renunció a su soberanía irrevocablemente en favor de los reyes;

2) la que aseguraba que, aunque el pueblo trasladó la soberanía a los monarcas, sin embargo podía recuperarla en ciertos casos, e incluso podía rebelarse cuando el Rey se convertía en tirano y llegar al regicidio.

Lo anterior no gustaba a la Corona así como tampoco los famosos “dictados” del Papa Gregorio VII (1073-1085) que otorgaba al Pontífice la facultad de deponer emperadores y de desligar a los súbditos del juramento de fidelidad prestado a los reyes inicuos, fundamentados en la preeminencia de la autoridad espiritual sobre la temporal. En el siglo XVIII, al amparo de las doctrinas regalistas, se defenderá la doctrina de que el poder real deriva inmediatamente de Dios, sin la mediación del pueblo; el Rey, por tanto, sólo es responsable de sus actos ante Dios. Grandes tensiones se desarrollaron también en lo referente a la extensión de la autoridad espiritual del papado.

Los poderes del monarca para dirigir la Iglesia fueron aumentando con el tiempo. Estos poderes reales fueron: el envío y selección de los misioneros a América (breve Inter caetera, 1493), El papa Alejandro VI concertó la concesión de la bula Inter caetera o de donación el mes de abril, aunque su fecha se retrasó hasta el 3 de mayo de 1493. En este documento pontificio se les hacía donación a los monarcas católicos de las tierras e islas descubiertas navegando hacia el occidente -hacia las Indias-, siempre y cuando no pertenecieran a otro príncipe cristiano, con los mismos derechos y privilegios con que contaban los reyes portugueses en las suyas. En esta bula no se hace referencia a ninguna línea divisoria. Ese mismo día, 3 de mayo 1493, se expidió una segunda bula llamada Eximiae devotionis o de privilegios, despachada en julio por la Cámara secreta, en la que se reprodujo la anterior con algunas pequeñas variantes. En ella se equiparaban los mismos títulos jurídicos en sus respectivas tierras a los reyes de Portugal y Castilla. Cabe mencionar que la donación estaba condicionada, porque imponía la obligación de otorgar de los bienes de la Corona una dote para la manutención de los prelados que sería tasada por los diocesanos. De esta manera, el papa puso en manos de los reyes la administración de los bienes de la Iglesia en las Indias. Como resultado de lo anterior, se expidió una tercera bula Inter caetera o de donación y de partición, en la que se omiten los privilegios, fechada el 4 de mayo del mismo año, por la que se estableció una línea divisoria en dirección norte-sur, a cien leguas al oeste de las islas Azores y de Cabo Verde, asignando el territorio del occidente de la línea de demarcación a los reyes Isabel y Fernando y las tierras al este tenían de someterlos, según declaran ellos mismos. Ese señorío radical excluye al resto de reyes cristianos, como está claro; sin determinar: 1) si tal señorío radical ¿excluía los señoríos efectivos de los indígenas y, por tanto, los sustituía, o más bien, se sobreponía a ellos como señorío imperial y no anulaba, el de los reyes cristianos? No lo aclara la bula y 2) ¿cómo iban a conseguir los Reyes Católicos el sometimiento o señorío efectivo? Tampoco lo aclara la bula".

La bula Eximide devotionis (1501) crea el diezmo que consiste en el pago a la Corona de una décima parte de las aportaciones de los fieles, permite la expansión territorial de la evangelización, convierte al monarca absoluto y al Estado en recaudador para posteriormente gastarlos en la Iglesia. Las relaciones entre el Papa y el Estado se convierten en un Patronazgo Regio, en el que la Corona representa y sustituye en muchas ocasiones a la autoridad eclesiástica, que a través de instrucciones y bulas van cediendo poder.

El monarca adquiere la facultad para fijar y modificar límites de las diócesis en América (bula Ullius fulcite praesidio, 1504).

 

Conclusión.

Hemos mostrado de qué manera se construyó en primer lugar un sistema conceptual dentro de la filosofía cuyo objeto fue y sigue siendo Dios. Este sistema lleva por nombre el de “teología” cuya estructura es isomórfica al de la geometría euclidiana: definiciones, axiomas y proposiciones (teoremas), su sintaxis está vinculada a la lógica.

Construido Dios como cosa fuente de autoridad y poder, se instaló como recurso de legitimación política hasta su desplazamiento por otro criterio de soberanía: la democrática.

Paseo de las Fuentes, Puebla, Pue. 8 de mayo de 2021.

 



[1] Platón: Gorgias.

[2] El Orador, 14,45.

[3] Jenófanes, 21 B 11-12; # 529 de la compilación de textos de Conrado Eggers Lan & Victoria E. Juliá, Los filósofos presocráticos, Planeta D’Agostini - Ed. Gredos 1978-, Madrid 1995, Vol. I, pp. 301-302.

[4] Jonathan Barnes, Los presocráticos, Cátedra, Madrid 1992, 106 ss. y passim

[5] Teágenes de Regio (siglo VI aC), Estesímbroto de Tasos (siglo V), Glaucón (nacido c. 428 aC), Metrodoro de Lámpsaco (331 aC-277 aC), los estoicos Zenón de Citio (335-264 aC), Cleantes de Assos (312-232 aC) y Crisipo de Cilicia (277-204 aC), Plutarco de Queronea (45-125), y los neopitagóricos y neoplatónicos Numenio de Apamea (Siria, s.II), Cronio (150), Plotino (205-270), y Porfirio (232-304), Siriano de Alejandría (450) y su discípulo Proclo de Constantinopla (410-485).

[6] Platón, República, III, 389 b-c (157-158, traducción de J. M. Pabón y M. Fernández-Galiano, Alianza, Madrid 1988).

[7] Jean Pierre Vernant, Mito y sociedad en la Grecia antigua, S.XXI, Madrid 1994, 185-186.

[8] Evémero, filósofo griego (s.III-IV a.C.).

[9] Podemos encontrar reminiscencias de este planteamiento en algunas monedas contemporáneas donde reza la máxima “Fulano, rey de tal o cual lugar por la Gracia de Dios”.

[10] Cicerón, Sobre la naturaleza de los dioses, Vol. I, Libro I, XVI, 42; en parágrafos anteriores (XIV, 36 ss.), Cicerón ha criticado duramente las teorías -según él, “delirios”- de los estoicos Zenón, Aristón y Crisipo: al primero, por entender los nombres de los dioses como referidos a objetos sin vida, al segundo por dudar acerca de si la divinidad es o no un ser vivo, y al tercero por asimilar la divinidad a la idea del pneuma o ‘hálito envolvente’ -“alma del mundo”- y al mundo mismo. (traducción de Joan Manuel del Pozo, Fundació Bernat Metge, Barcelona 1988).

[11] Cicerón, op. cit., Libro I, XVII, 44; ibíd. Nótese aquí que el planteamiento de Cicerón no está excesivamente alejado de los presupuestos psicologicistas que posteriormente adoptarán las interpretaciones psicoanalíticas de los mitos, a principios del siglo XX.

[12] José Carlos Bermejo Barrera, Grecia arcaica: la mitología, ed.cit., 57.

miércoles, 5 de mayo de 2021

De chile de mole y de todo junto. El tamal de la política mexicana.

 


De chile de mole y de todo junto.

El tamal de la política mexicana.

 

José Antonio Robledo y Meza

¿Quién ganará las elecciones del próximo 6 de junio? La respuesta podrás conocerla al final de la siguiente reflexión.

Diez son los partidos que contenderán en las elecciones del próximo 6 de junio del 2021, los cuales dicen sostener 28 ideologías y cubrir 5 posiciones de la tradicional geometría política.

Los diez partidos políticos son:

Fuerza por México (FxM)

Movimiento Regeneración Nacional (Morena)

Movimiento Ciudadano (MC)

Partido Acción Nacional (PAN)

Partido Encuentro Solidario (PES)

Partido de la Revolución Democrática (PRD)

Partido Revolucionario Institucional (PRI)

Redes Sociales Progresistas (RSP)

Partido del Trabajo (PT)

Partido verde ecologista (PVE)

 

De las 28 ideologías tres partidos dicen estar orientados por el progresismo, dos partidos por el reformismo, la socialdemocracia y el socialismo.

Las otras 23 ideologías que completan el espectro son: antiimperialismo, anticapitalismo, antineoliberalismo, centralismo, conservadurismo, conservadurismo social, corporativismo, democrático, democracia cristiana, democracia participativa, derecha cristiana, ecosocialismo, humanismo cristiano, keynesianismo, laborismo, liberal, lopezobradorismo, nacionalismo de izquierda, nacionalismo popular, neoliberalismo, socialconservadurismo, transversalidad y tecnocracia. 

Del espectro geométrico son cinco posiciones las que declaran cubrir los diez partidos participantes. Tres partidos se declaran de izquierda, cinco partidos de centroizquierda, un partido del centro, tres partidos de centroderecha, y dos partidos de derecha.

Seis de los diez partidos están asociados en dos coaliciones: “Va por México” y “Juntos haremos historia”.

“Va por México” está conformado por el Pri, Pan y Prd; Juntos haremos historia la conforman Morena, Pv y Pes. El arcoíris ideológico de esta coalición está configurada por las siguientes ideologías: centralismo, corporativismo, tecnocracia, neoliberalismo, conservadurismo social, conservadurismo liberal, democracia cristiana, humanismo cristiano y keynesianismo, socialdemocracia. El posicionamiento geométrico está definido por auto-declararse de centro derecha, derecha y centroizquierda.

“Juntos haremos historia” está pintado por las siguientes ideologías: nacionalismo de izquierda, reformismo, antineoliberalismo, política verde, conservadurismo verde, conservadurismo, socialconservadurismo, derecha cristiana, transversalidad. El posicionamiento geométrico autodeclarado es la siguiente centroizquierda, izquierda, centro, derecha.

Los cuatro partidos restantes -Fuerza por México (FxM), Movimiento Ciudadano (MC), Partido del Trabajo (PT) y Redes Sociales Progresistas (RSP)- participaran con los siguientes condimentos ideológicos anticapitalismo, antiimperialismo, democracia participativa, ecosocialismo, laborismo, lopezobradorismo, nacionalismo popular, progresismo, socialdemocracia, socialismo democrático, socialismo y reformismo.

Tomando en consideración lo anterior, ganará el tamal de todos los colores y sabores.

¡Todos ganarán!

Fuente: Wikipedia del 19 al 21 de abril de 2021

José Antonio Robledo y Meza

Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP

Paseo de las Fuentes, Puebla, Pue. 05 de mayo de 2021



jueves, 22 de abril de 2021

Ideas y no ideas

Ideas y no ideas

José Antonio Robledo y Meza

 

Partamos de lo básico.

Toda proposición (enunciado) lo es porque está sometida a tres criterios:

1) La jurisdicción de la lógica y la matemática (demostración),

2) al tamiz de la verificación y

3) forma parte de un sistema conceptual (principios (premisas), reglas de la lógica y la matemática, y conclusiones).

Las proposiciones tienen básicamente dos valores: verdad, falsedad.

Tipos de ideas.

Las ideas científicas.

Una idea es científica si se ajusta a los tres criterios mencionados y que cuentan con los mejores elementos de juicio, en un momento dado, para ser aceptadas como verdaderas (principio de racionalidad crítica). No hay ideas científicas falsas. Sus objetos de estudio son abstractos-concretos. Abstractos en cuanto que son construidos teóricamente sujetándose a los criterios 1) y 3) y concretos en cuanto que se ajustan al criterio 2). Por ser abstractos existen, por ser concretos son.

Ideas filosófico-teológicas.

Su una idea solo se ajusta solo a los principios 1) y 3) es una idea filosófica-teológica… Sus objetos de estudio son abstractos, son conceptos y existen sin ser objetos de percepción, no se pueden verificar; sus objetos existen, pero no son.

No-ideas

Un enunciado que no se somete a ninguno de los criterios mencionados es una no-idea.

Conclusiones.

De esta manera, hay tres tipos de creencias:

1) científicas,

2) filosófico-teológicas y

3) asistémicas (no-ideas).

Todo sistema de creencias es intersubjetivo, no hay elementos idiosincráticos.

Puede haber o no coherencia entre ideas científicas e ideas filosóficas-teológicas. Serán coherentes si parten de las mismas premisas (principios).

Es imposible la coherencia entre ideas y no-ideas, ideas y no-ideas son excluyentes epistemológicamente hablando.

¿Dios es una idea o no-idea? ¿Qué clase de idea es?

Dios es una idea si se ajusta a los criterios mencionados. Al no ajustarse al criterio 2) no es una idea científica, pero si es una idea filosófica-teológica si se ajusta a los criterios 1) y 3).

Creer en Dios sin justificación alguna es una no-idea.

Todos tienen derecho a tener creencias a partir de ideas o no-ideas porque todos tienen el derecho a elegir con entera libertad.

 

José Antonio Robledo y Meza

Colegio de Filosofía, FFyL-BUAP

robledomeza@yahoo.com.mx

wa: 2223703233

Paseo de las Fuentes, Puebla, Pue.

22 de abril de 2021

 

domingo, 11 de abril de 2021

En busca de una didáctica para la Guía Ética para la Transformación de México

En busca de una didáctica para la Guía Ética para la Transformación de México

Laura Serrano Kérlegan

Hace ya algunos meses, el 26 de noviembre de 2020, el Gobierno Federal presentó la Guía Ética para la Transformación de México (GETM) para fomentar su difusión y discusión. El hecho de que un documento de esta índole (me refiero a su contenido) se haga público y que apele a todos y a cada uno de los ciudadanos de este país, sin importar absolutamente ninguna de nuestras diferencias, me parece esperanzador pues me hace creer nuevamente en la posibilidad de que nuestra realidad nacional cambie y, con ello, podamos transitar hacia un nuevo y mejor mundo posible creado a partir de nuestras necesidades y carencias con la fuerza de nuestra voluntad.

Sintetizo a continuación algunas de las ideas que me parecen importantes sobre la GETM y su contenido:

Rescata el pensamiento filosófico y ético en la vida pública, no como meras disciplinas teóricas sino como prácticas de la vida diaria y común a todo ciudadano; además de que las perfila como actividades que nos son comunes, naturales y que forman parte del sentido común.

Ensalza las capacidades y virtudes más humanas y sus diferentes manifestaciones: la razón (conciencia, entendimiento, conocimiento, reflexión), la palabra (el diálogo, la verdad, los acuerdos) y su actuar en interrelación con los otros y con el mundo (el aprendizaje, la educación; la voluntad, el honor, la congruencia, el compromiso, la responsabilidad, la reparación del daño).

Devuelve el poder al individuo, por lo menos en su dimensión moral de inicio al reconocerle dichas capacidades y virtudes y su responsabilidad para generar un cambio social. Pero, sin embargo, no lo empodera en un sentido individualista y egoísta, sino que le brinda al Otro un lugar privilegiado de esa relación (sobre todo del Otro desfavorecido).

Concatena pasado-presente-futuro en una visión pantemporal del actuar humano en dos dimensiones: en la ética y en la histórico-práctica. Busca rescatar los valores tradicionales y culturales de nuestros ancestros (pasado) y nutrirlas, desde el aquí y el ahora, con nuevas nociones morales para resolver dilemas éticos de nuestro tiempo que nos permitan incrementar, aumentar, expandir y mejorar el bienestar (presente) y así lograr heredar un país más justo, libre, democrático y soberano a las generaciones venideras (futuro).

Presenta una ambiciosa intención de generar una Revolución de las Conciencias para lograr una 4T de la Vida Pública Nacional. Una idea que es aparentemente contradictoria pues “revolución” denota un cambio con carácter violento y radical, sin embargo, en la GETM se le describe como fruto de acuerdos y de un proceso educativo que, sin perder su pretensión de ser un punto de inflexión de la historia al generar un cambio profundo y perdurable, no tendrá su anclaje en la imposición ni en la coerción.

A partir de un análisis comparativo de la GETM y la Cartilla Moral de Alfonso Reyes –en la cual está inspirada, les presento, a mi juicio, los aspectos menos coincidentes y hasta antagónicos de ambas obras: uno es su visión del público o los educandos a los que se dirigen (1) y otro su actitud ante lo dado, lo determinado (2).

Hay que recordar que serían analfabetos quienes recibieran las lecciones de la Cartilla Moral, por lo que su estructura y redacción debía adaptarse a dicha carencia, pero no por esto debía considerarse estúpidos o deficientes a los destinatarios sino suponerlos hombres normales. En la GETM este público no lo constituye un sector de la población o un grupo con ciertas deficiencias, sino que lo conforma el total de la población mexicana; y si bien hay un diagnóstico desolador al afirmar “la distorsión y la erosión de la ética”, “el declive moral generalizado del país”, “la descomposición y la decadencia de México”, no hay que olvidar que la causa no está en el ciudadano de a pie, ni en el pueblo que es “sabio y bueno”. Fueron el régimen neoliberal y oligárquico quienes difundieron una visión de la cultura tradicional del pueblo mexicano como sinónimo de atraso y fomentaron valores como la competitividad, la rentabilidad, la productividad y el éxito personal; acarreando con tal visión y tales valores la normalización de comportamientos corruptos y delictivos hasta introducirlos incluso al seno de núcleos familiares. Sin embargo, aunque la culpa de esta situación no es del ciudadano común, tampoco lo exime de su responsabilidad y aun lo convoca a transformarse, a revolucionar su conciencia por medio de los acuerdos y la educación. Esta visión del individuo le concede características muy superiores (razón, conciencia, voluntad y poder) a la vez que le confiere virtudes tales (amor, fraternidad, libertad, justicia, esperanza, gratitud, perdón, redención) que lo elevan muy por encima de aquel diagnóstico esbozado anteriormente y lo hace mirar al futuro y lo capacita para procurar generar un país más justo, cuyo objetivo sea el bienestar de todos.

Esta diferencia nos lleva a la segunda, a la actitud ante lo dado, lo determinado. La Cartilla Moral de Reyes no hace un llamamiento a la voluntad y a la confianza del poder transformador de la razón y la conciencia bien encausadas del ser humano; más bien me parece que, en general, constituye una convocatoria a la obediencia de todas las estructuras sociales y políticas que describe en cada uno de sus respetos; y redondea esta actitud con la virtud de la resignación, definida como el respeto a lo que escapa a nuestra voluntad y poder humanos; el respeto a la circunstancia de que dependemos de algo ajeno y superior a nosotros, para no vivir una vida imposible destruyéndola con rebeldías estériles y cóleras sin objeto. La resignación de Reyes es una resignación pasiva que implica soltar las riendas de la voluntad, sepultar la esperanza y mutilar el poder transformador del ser humano, en contraste la resignación de la GETM se me presenta como un ejercicio voluntario e ineludible de toda conciencia moral para re-significar la realidad, para darle un nuevo significado y sentido a lo que hacemos en ella pues nos invita a modificarnos y adecuarnos a las cambiantes realidades humanas y sociales, nos llama a trabajar para expandir nuestra propia libertad y la de los otros combatiendo las prohibiciones sin sentido, las leyes injustas, las limitaciones absurdas y el autoritarismo; nos convoca a utilizar las herramientas de la palabra, la organización social y los recursos legales para luchar por esa transformación.

Llegada a este punto, colmada de esperanza y entusiasmo para contribuir constructivamente con la idea de una posible transición a un mundo mejor, me asaltan varias preguntas dirigidas a mi entorno actual y presente: ¿qué clase de ciudadano requiere la Cuarta Transformación de México?, ¿qué fronteras tendrá que romper cada individuo para lograr una verdadera revolución de su conciencia y así ser co-constructor de un mejor mundo?, ¿qué podemos hacer como individuos en las ámbitos público, privado e íntimo para ayudar a la concreción de este proyecto político tan ambicioso?, ¿qué cambios deberían generarse en los individuos para que el pueblo llegue a ser este Pueblo Soberano necesario para la nueva realidad política de México?

Y en la búsqueda de respuestas a estas preguntas me asalta mi oscura yo pesimista y negativa que me baja a golpe de prejuicios de la cima a la que la esperanza me había subido previamente. Y me martillea constantemente con dos ideas básicas inquietantes:

(1) Padecemos en general de un analfabetismo moral que en nada ayuda a la transformación porque no sabemos leer a los otros ni a nosotros mismos en nuestro actuar cotidiano, no encontramos la diferencia entre una interpretación realmente personal de una imbuida, no sabemos descifrar los motivos profundos que nos impulsan, no sabemos cómo indagar ni nombrar los sentimientos, emociones y necesidades ni propios ni ajenos, somos incapaces de comprender el sentido al que nos conducirán en el futuro nuestros actos, no podemos siquiera posar nuestra mirada en el mundo y en los otros de manera que podamos significarlos y darles sentido y lugar en nuestra existencia. Y si no sabemos hacer esas lecturas básicas, menos podemos cuestionar lo que creemos ni por qué lo creemos ni a quienes nos hicieron creer lo que creemos, no sabemos a ciencia cierta por qué y para qué hacemos lo que hacemos, no podemos tampoco calcular las consecuencias de nuestros actos y omisiones para nosotros mismos, para los demás y para nuestro entorno.

(2) Los preceptores que han de encargarse de la transmisión de los principios y valores sintetizados en la GETM son los adultos mayores, dado que son ellos los depositarios y custodios de la cultura y las normas tradicionales del pueblo mexicano; y la inquietud reside en que desde mi experiencia personal dudo de la calidad de dichos preceptores, pues cuestiono que vayan ligados necesariamente a la edad habilidades intelectuales como la inteligencia, la apertura de criterio, la sabiduría, la madurez, y valores como la prudencia, la templanza, la ecuanimidad, la empatía, la tolerancia y, también, la autoridad moral que le debieran ser intrínsecas a un tal preceptor. Es decir, me parece que incluso esos preceptores requieren de una re-formación que les haga posible transmitir esos principios y valores condensados de la GETM de una forma crítica y con un afán de construcción de una nueva realidad; para evitar que se convierta en una herramienta más de adoctrinamiento que perpetué el adormecimiento del razonamiento, el silenciamiento de la voz, el entumecimiento de la voluntad y la atrofia de la libertad. Máxime si de contenidos éticos se trata, pues el campo de nuestras creencias es el más difícil de cuestionar, de de-construir; el cuestionarlo, criticarlo, el solo indagarlo nos mueve el suelo firme en el posamos cada paso que hemos dado hacia nuestra construcción como personas y como humanos y nos desquicia las autoridades morales a las que nos atuvimos a la hora de esa construcción. Si ya de sí los cambios nos repelen como seres buscadores de estabilidad y procuramos la permanencia de lo conocido, la transformación –y más aún la interior- se nos presenta como repulsiva, aversiva y repugnante o, en el mejor de los casos, se nos desdibuja en etérea utopía para quienes la procuramos.

Haciendo un esfuerzo constructivo nacido de la esperanza y el valor, me remito nuevamente al intento de dar respuesta a esas preguntas y termino formulando una nueva: ¿hemos construido una didáctica adecuada que permita la completa y correcta difusión de la GETM teniendo incluso como premisa negativa la existencia de sujetos reacios al cambio, que padecen el analfabetismo moral y que requieren de una re-formación para ser preceptores idóneos? Debe haberla, me respondo, y si no la hay, debemos crearla.

La didáctica es importante porque se encarga de articular un proyecto pedagógico desarrollando modos de enseñanza adaptados a las necesidades de los estudiantes y su entorno que facilitan el aprendizaje. Hay un sinnúmero de propuestas didácticas relacionadas con contenidos instruccionales y entornos escolarizados, abiertos y hasta autodidactas; pero mi interés se mueve por la invitación explícita que se hizo el día de la presentación de la GETM para que la difusión de su contenido –que se enmarca más bien en lo formativo- se dé en el ámbito de las familias y, yo le agrego uno más, el de la intimidad personal de cada individuo. Buscando didácticas específicas para la transmisión de contenidos de ética y moral en ambientes no formales, particulares e íntimos de la familia o inclusive para el personal e individual que se refieran a la actividad autodidacta en estos temas específicos: nada. Además, la mayoría de ellas están enfocadas en alumnado infantil y joven, muy pocas para adultos cuyo des-aprendizaje y re-aprendizaje sea una búsqueda consciente. En resumen, no existe una didáctica adecuada para la GETM y, por ello, debemos construirla. Y me doy cuenta de que, en el intento previo de buscarla, he encontrado su esbozo inicial en la propia GETM, pues abordarla, charlarla, dialogarla, discutirla, devanarla nos abren nuevas ventanas a posibles realidades que antes nos permanecían ocultas tras las cortinas del olvido de la ética y de su aparente inutilidad, sin por supuesto asumirla como un contenido unívoco y terminado.

No me siento capacitada para proponer una didáctica específica pues no soy experta en el tema. Sin embargo, por intuición y por inclinación tomaría ingredientes de dos autores cuya labor me inspira profundamente: Paulo Freire con su Pedagogía Crítica y Matthew Lipman con su programa de Filosofía para Niños. Me parecen idóneos por dos razones: ambos iniciaron sus trabajos con adultos en situaciones de desventaja social y ambos comparten una visión ética de su labor al buscar ayudar al Otro. Tanto el amor y el servicio a los demás como punto de partida del actuar y como el otorgarle un lugar privilegiado al Otro, y más aún, al Otro desprotegido, al desfavorecido, son valores que están presentes en la GETM. En términos generales, y sin abordar sus particularidades, las propuestas de estos autores:

Comparten su visión del individuo y la convicción y confianza en sus capacidades

Consideran relevantes todas las dimensiones del ser humano teniendo una visión integral de su persona

Dan relevancia al asombro, la curiosidad, la búsqueda de sentido

Les son esenciales los procesos de cuestionamiento, reflexión y argumentación

La pregunta y la lectura juega un papel crucial en el aprendizaje

Privilegian el diálogo y la comunidad como fuentes de aprendizaje

Su objetivo es ayudar a construir la identidad personal y a visualizarse como factores de transformación del mundo

La didáctica que pudiéramos construir a partir de estos elementos tendría por objetivo despertar y desarrollar todas las capacidades y virtudes más humanas y sus diferentes manifestaciones a los que alude el contenido de la GETM: la razón (conciencia, entendimiento, conocimiento, reflexión), la palabra (el diálogo, la verdad, los acuerdos) y su actuar en interrelación con los otros y con el mundo (el aprendizaje, la educación; la voluntad, el honor, la congruencia, el compromiso, la responsabilidad, la reparación del daño), que lo capaciten para procurar generar un país más justo, cuyo objetivo sea el bienestar de todos.

Pero además se requeriría de un perfil del que quiere transformarse y ayudar a la transformación de los otros y del país: no sólo debe tener y desarrollar continuamente sus habilidades para indagar, cuestionar e interrogar, sino que debe estar armado de tal valentía que le permita cuestionar a sus preceptores y autoridades morales, a sus ancestros, a su sistema familiar, a la historia que éstos le han contado, y a las creencias y valores que le han inculcado. Además, deberá no sólo desarrollar habilidades intelectuales y de razonamiento que le permitan detectar las mentiras que otros han dicho en los ámbitos públicos y privados a los que pertenece, sino que deberá tener la disposición de ánimo y el valor para desvelarlas, para erradicar los silencios y los secretos que nos niegan el acceso a la verdad, pero por sobre todas las cosas, para decir la verdad a sí mismo y a los demás. No sólo se conmoverá con la injusticia, sino que estará determinado a transformar las circunstancias para erradicarla utilizando la razón, alzando su voz y organizándose socialmente. Y si quisiera ser preceptor de otros, deberá ser un modelo a seguir y educar con la fuerza del ejemplo… pues éste constituye la mejor de las herramientas didácticas.


Laura Serrano Kérlegan

Puebla, Pue., a 14 de abril de 2021

 

jueves, 8 de abril de 2021

La Ética, campo de la construcción de mundos posibles. Pensar para actuar.

 


La Ética, campo de la construcción de mundos posibles. Pensar para actuar.


José Antonio Robledo y Meza

México, hoy.

En México está en marcha el proyecto de construcción de un “Nuevo Proyecto de Nación” que implica caminar hacia una Nueva República, hacia un mundo preferible entre distintos mundos probables y posibles. El camino del presente hacia el futuro -la Nueva República- deberá construirse intencionalmente en el terreno donde se discuten los mundos posibles, esto es, en el campo de la ética. Es, a partir de estas discusiones, que la política irá configurando el camino hacia la Nueva República y que deberá ser coherente con el principio de la Soberanía del Pueblo; en eso consiste la Cuarta Transformación, en formular y discutir en torno a probables y posibles mundos para elegir el preferible.

Los humanes somos quienes tenemos experiencias y hemos aprendido a comunicarlas, produciendo lenguajes para producir nuevas experiencias. A lo largo de su historia, los humanes hemos mantenido algunas preguntas fundamentales y las hemos respondido produciendo mitos, religiones, filosofías y ciencias. Todo lo hemos hecho, lo hacemos y seguiremos haciéndolo utilizando lenguajes corporales e icónicos, lenguas, escrituras, cálculos y distintas formas de comunicación.

Todo el tiempo se producen nuevas experiencias, nuevas informaciones, y en base a ellas cambiamos las respuestas; sin embargo, hay respuestas del pasado que se siguen repitiendo como si nada hubiéramos aprendido. Nuevamente surge la cuestión de ¿qué conservar?

Respondo: debemos conservar las preguntas fundamentales que han permitido a la especie sobrevivir.

1) ¿Quién soy y dónde estoy? (presente) De responder esta pregunta se encargan la sociología, la economía, las ciencias políticas, las humanidades.

2) ¿De dónde vengo? (pasado) Responder esta pregunta es tarea de la arqueología, la historia (arte, literatura), la etnología, la geografía, la geología, la lingüística, la semiología, la ciencia de la información, la química, la estadística, la paleocología, la paleografía, la paleontología, la paleozoología, la paleobotánica…

3) ¿A dónde voy? (futuro). Las propuestas intencionales son consideradas por la futurología y los proyectos de inteligencia y conciencia artificiales.

Representemos estas preguntas con una sencilla gráfica.



La ética y la construcción de mundos posibles, un espacio para la creatividad y la racionalidad crítica.

Responder la pregunta ¿A dónde vamos? Equivale a la pregunta ¿A dónde queremos ir? Esta pregunta genera respuestas diversas produciendo con ello una gama de posibilidades, de mundos posibles. Los humanes diseñamos, producimos respuestas que ofrecen la oportunidad de discutirlas. El campo de la discusión es el de la ética. La ética es la arena de la discusión de posibles, probables y preferibles futuros e impulsando nuevas combinaciones en los subsistemas económico, cultural y político del presente.

Es en el campo de la ética donde se producen los cambios en los lenguajes y conceptos intencionales que se traducen en políticas específicas y comportamientos morales. Es en el campo de la ética donde cambian creencias y conductas, donde cambia la moral.

Lo anterior es posible porque es por los lenguajes que poseemos el poder del pensamiento abstracto que nos permite conceptualizar y relacionarnos con el mundo tal y como lo hacemos. Por medio de los lenguajes nos hacemos personas, i.e., nos hacemos individuos dentro de una amplísima comunidad: la humanidad. Por medio de los lenguajes nombramos nuestras experiencias, nuestras relaciones sociales, los objetos con los que nos encontramos; sin el lenguaje serían imposibles todas las manifestaciones característicamente humanas. Sin el lenguaje sería imposible la ética.

Los lenguajes son la vía por la cual transmitimos y aprendemos conceptos y éstos son los componentes más importantes del intercambio cultural. Sin conceptos, o mejor dicho, sin sistemas conceptuales serían imposibles las experiencias humanas. Sin conceptos sería imposible la ética.

Considerando lo anterior, ¿es posible generar racional y críticamente propuestas éticas que orienten intencionalmente la moral y la política? La respuesta es sí. Y las mejores propuestas serán las que integren dos aspectos: las mejores experiencias y la mejor justificación posible. Por mejor justificación posible se entiende las racionalmente críticas y que las encontramos en los resultados de la investigación científica.

Las propuestas éticas toman en cuenta las condiciones específicas del desarrollo de una cultura (pasado-presente) y deberán responder preguntas, por ejemplo, como las siguientes:

¿Qué tipo de sociedad se propone? ¿Cómo formar a los humanes para que se integren libre y racionalmente a alguna de las propuestas?

Las preguntas que en México nos hemos hecho y cuyas respuestas debemos construir son: ¿qué Nueva República debemos construir? ¿Cómo caminar hacia ella desde el presente? ¿Qué necesidades en la formación de ciudadanos requiere satisfacer la sociedad contemporánea para comenzar el camino hacia la Nueva República? ¿Qué ideas y proyectos? ¿Cómo hacer que la educación no dependa solamente de las necesidades productivas? ¿Qué tipo de formación requieren los mexicanos, individual y colectivamente, de manera que el objetivo sea el hombre y no la empresa?

Se trata de formular propuestas que orienten y encaucen la conducta humana hacia lo virtuoso, lo correcto, lo bueno, el buen vivir, la felicidad y el deber. En esto último consiste la moral.

Se trata de ayudar y encauzar la conducta humana y realizar las acciones morales de manera libre, ya sean privadas, interpersonales o políticas que permitan avanzar hacia una sociedad cuyos valores prioritarios sean la libertad, la solidaridad, la igualdad, la seguridad, la paz y el orden.

En las tres ideas-fuerza 1) el “Pueblo Soberano” como fundamento, 2) la “Nueva República” como fin y 3) la “Cuarta Trasformación” como el camino que une presente y futuro está contenida la justificación filosófica de la propuesta “Nuevo Proyecto de Nación”. Es una propuesta racional, crítica e integral porque abarca la metafísica, la ética, la política y la epistemología.

José Antonio Robledo y Meza
Colegio de Filosofía, FFYL-BUAP
WA: 2223703233
Paseo de las Fuentes, Puebla, Pue. 8 de abril de 2021

 

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